Paseo del Faro · Biarritz

JOAQUÍN SOROLLA
Paseo del Faro · Biarritz 1906 
Museum of Fine Arts · Boston

Gioconda. Monna Lisa. Madonna Elisa

Gioconda. Monna Lisa. Madonna Elisa
(1503-8)
Óleo sobre tabla de álamo (77 x 53)
Leonardo da Vinci
Louvre. Paris

De mirada socarrona de parisina sentada en un café de los grandes bulevares, ve la vida que pasa y se deja ver por los que pasan por la vida. Estaba junto al xuadro de Las Bodas de Caná, de Paolo Veronese, la cambiaron de sala para introducir medidas de seguridad y ya regresó a su sitio. Ella sola se basta para atraernos esté donde esté, no en balde es la dama más observada, más retratada de la Historia: hace siglos, una vez ante el maestro; hoy, miles de veces al día. Puede que Leonardo le imprimiera ese gesto que conmueve pensando en la de ojos altivos que la mirarían, en la de figuras alzadas que querrían acceder a su altura, en la de perfiles aderezados ante el espejo para llamar su atención, en la de asombros que provocaría su rostro intentando descubrir el gran secreto de su sonrisa insinuada. Hay quien cree que Leonardo se oculta tras ella y que parte de la pintura utilizada se mezcló -¿casualmente?- con su propia sangre por un leve percance en el estudio, lo que pone a caminar la imaginación hasta el punto de pensar que Gioconda está allí viva, y que sale cuando el Louvre cierra sus puertas para deambular a sus anchas por las galerías, y que tiene sus charlas con los personajes de otros cuadros, y que se asoma a los enormes ventanales por los que se ve París desde todos los ángulos. Hasta se puede precisar que permanece más rato por la fachada que da al Sena que cuando mira hacia las Tullerías o Rívoli...Vaya usted a saber. Lo cierto es que de noche se escuchan pasos en la inmensidad del Museo; energías que no detectan las alarmas, pero sí la mente sensible. A menudo suben los bedeles porque sienten una música de salón, o el paso de un ejército que va a vencer o que vuelve derrotado, o el recuento de monedas, o el peso de la avaricia, o el vuelo susurrante de la Victoria de Samotracia, o el siseo de la Venus pidiendo prudencia. Uno de los fenómenos más bellos es el del Escriba Sentado, que se afana cada madrugada en colmar de signos un papiro -crónica mística- para que al alba lo lleve en su pico una paloma a una biblioteca oculta de Alejandría, antesala del Paraíso, ese lugar en el que te prometen plaza si eres bueno en la vida. Sobre estos asuntos hay quien opina que son pura mentira de gente enamorada del Louvre. Suelen ser los expertos en verdades absolutas, graves señores que argumentan, después de meditar durante la “breve eternidad de un instante” (verso de Lara) que Gioconda no se puede mover del sitio en el que la han puesto porque, simplemente, ella no es más que una pintura. Los que no pertenecemos a este grupo de escogidos y vamos a nuestro aire, no sólo creemos que Gioconda sale y entra, sino que derrama ternura cuando se sonríe ante los que la miramos al ver el triste espectáculo de los conflictos humanos, conflictos que no discutimos hasta agotar todas las palabras, sino que somos capaces de llevarlos al maldito y repugnante campo de batalla. Para unos, su gesto no pasa de ser óleo sobre madera. Para otros, la misma dimensión del misterio. Cuando Marlon Brando fue al Louvre y se puso ante ella dijo: «Este sí que es un rostro impenetrable». 

© Manuel Garrido Palacios

JOAQUÍN SOROLLA


JOAQUÍN SOROLLA
Paseo del Faro · Biarritz 1906 
Museum of Fine Arts · Boston

Amadeo Modigliani

Amadeo Modigliani (1884 - 1920)
Jeune Femme aux boucles d'oreilles 1915
huile sur toile 56 x 38,2 cm
© Pinacotheque de París 

Ulrike Voswinckel

Contra la vida establecida
Ulrike Voswinckel
El paseo · Editorial

"Monte Veritá contiene una emocionante historia
de proyectos contra la vida establecida,
una historia de vida alternativa
que precisamente en los pasados
años setenta volvió con formas muy parecidas"

Harald Szeemann

CULTURA

CULTURA
Asisto a lo que llaman un acto cultural. Lagarto, lagarto. Los que me acompañan llenan el regreso de opiniones sobre el evento. Escucho y cato. La queja común es que se confunde ocasión con tradición, sabiduría con datos, palabreo con reflexión, hábil con artista, listillo con inteligente, entendederas con atrevimiento, hambre con ganas de comer y todo así. Repito algunos de los ejemplos expuestos:
1) Un político que tenía que recibir a una figura literaria de poso y peso, en vez de saludarlo como lo que representaba, le espetó: «Yo también soy poeta».
2) Un... -¿cómo llamar a éste?- le largó a un escritor tallado y reconocido: «Yo quiero tener las tardes libres para escribir como usted».
3) Un caso lastimoso le dijo a un recién llegado que en el Sur sólo había dos poetas de valía: Juan Ramón y él.
Como es interminable la lista de disparates pongo punto porque estas osadías no merecen más atención. Aunque son empobrecedoras en sí mismas y no resistirían un análisis, dan norte en conjunto de lo difícil que resulta entender el significado de Cultura, palabra que tanta resistencia opone a ser definida porque tiene un corazón tan tierno que cualquier vaivén podría herirla. Gracias a que por venir de dar culto a lo superior conserva un halo misterioso que la protege. Hay quien se mueve en lo que le parece Cultura y con ello recorre el camino de la autocomplacencia. Los que andan encariñados con ella ven ese camino cultural poblado de saberes, de formación, de personalidad, de gusto, de sensibilidad, de inteligencia, de tomar las grandes obras como modelos para aprender, no para plagiar, de sentirlas como tesoro de la humanidad, sean tradiciones artísticas, científicas, religiosas, filosóficas; todo eso que conforma un modo de vida: arte, moral, ley, costumbres, hábitos. Como alimento del espíritu nunca hubo empacho por la Cultura, sino sensación de bondad por permitir que nos abriera paso hacia ideas que nos enseñaran a sentir que nadie es el eje del mundo; p sea, para universalizarnos.
La Cultura es el grano que queda limpio en la era cuando se aventa la paja. Ella se defiende de la confusión porque está hecha a distinguir la voz del grito, el hablar mucho del decir poco, o nada, el auditorio vacío aunque parezca lleno, de discursos superficiales, alharacas pelotilleras, autobombo y aplausos subvencionados a costa del contribuyente. En cierto despacho no sabían qué cargo darle a un «compromiso» y le dieron "Cultura mismo". Toma ya.
Habría que elevar el listón, no bajarlo a niveles infames bajo el pretexto de poner no se sabe qué al alcance de todos. Lo grande es que suban esos todos. Que no parezca que somos incapaces de ser más que figurantes de una obra manida que sólo sabe justificarse a diario. Por cierto, ¿de qué acto llamado cultural venía yo para escuchar estas perlas durante el regreso?
© foto: mgp
© Manuel Garrido Palacios

MANUEL MOYA

ZORROS PLATEADOS
MANUEL MOYA
Edhasa

L'ABANDONNOIR

L'ABANDONNOIR
Manuel Garrido Palacios

Traduc. al francés: Isabelle Toledo
Edit, L’HARMATTAN. Paris

Novela de Manuel Garrido Palacios construida como las antiguas tragedias griegas. En vez del carro sobre el cual el primer dramaturgo declamaba la historia de los héroes míticos para concurrir al premio representado por un bode (tragos), estamos en presencia de un muerto en su ataúd durante la vigilia que le hace el último vecino, mudo de soledad, en un pueblo perdido. En su soliloquio, el muerto hace desfilar a todos los habitantes que hubo en dicho pueblo con las anécdotas cotidianas, las intrigas, amores, odios y alegrías posibles de un lugar extinguido. La simplicidad brutal de los eventos, la unidad de tiempo y de espacio, las voces de los muertos que suben como un coro, parecen los elementos de una tragedia mediterránea que bien podría ser de Esquilo. Igual que en la vida, se reflejan también los momentos crueles o divertidos, las escenas burlescas, el humor corrosivo, la amargura, la pobreza y el hambre conocidos por tantas criaturas de la posguerra civil española. Ese pueblo escondido, llamado Herrumbre, es un microcosmos pero abarca toda la vida y la vida de todos nosotros. Conociendo el pasado del autor, escritor especializado en la etnografía, viajero y cineasta, el lector podría pensar que se trata de una obra de recopilación de cuentos, leyendas o anécdotas cosechadas durante toda una vida en contacto con los pueblos más rancios de España. Pero no. Pasa por la obra un soplo épico, una grandeza que solamente una experiencia vivida puede desenlazar y ofrecer. En efecto unas confidencias del autor confirman que muchas escenas son trasposiciones de su infancia en un pueblo similar a Herrumbre. Reviven los sonidos, los sabores, los rumores de ese mundo que hoy se desvanecería en el olvido si el autor no lo hubiera conservado en su memoria para nosotros.Hay en la novela El Abandonario unas invenciones lingüísticas que harán las delicias del lector. La riqueza del vocabulario, a veces inventado o inspirado en el lenguaje hablado, de los refranes, de los insultos, de las canciones populares, hace del texto una enciclopedia de la sabiduría del mundo rural, de un universo en desaparición. Existen escenas muy innovadoras en literatura, tal vez por influencia de la técnica cinematográfica, como por ejemplo, cuando se mezclan en el texto todas las conversaciones sobre la plazoleta del pueblo, como un rumor de fondo, donde respira la vida trivial de los habitantes. O cuando se entrecruzan los comentarios de las personas que preparan los pestiños en la cocina, escuchados por el niño desde su alcoba, donde fue recluido para que no incomodara los preparativos. Ese niño de ayer es el autor que escucha hoy las reminiscencias de estas voces de la felicidad simple.El lector francés entrará sin preámbulo en ese mundo mediterráneo ya familiarizado por sus lecturas de las novelas de Marcel Pagnol o Jean Giono. El Abandonario, de Manuel Garrido Palacios, no necesita de reflexiones metafísicas o escatológicas en ese contexto de vigilia mortuoria donde flota el espíritu colectivo resignado tanto a la vida como a la muerte.

© François-Luis Blanc

EL ABANDONARIO

EL ABANDONARIO
M. Garrido Palacios 
1ª Edición. Editorial Calima. Mallorca
2ª Edición (en francés) Editorial Harmattan. Paris


Manuel Garrido Palacios nos entrega en 'EL ABANDONARIO' su apasionante novela. Dedicado profesionalmente al cine y a la etnografía, sólo en estos últimos años ha ido publicando libros de ficción literaria. El sorprendente EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Ed. Calima, Palma de Mallorca) y esa variopinta fábula titulada NOCHE DE PERROS (Ed. AR, Sevilla, Calima, Mallorca y L'Harmattan, Paris) nos mostraban ya a un narrador premioso conocedor de su oficio y exhaustivo gozador de la alta, rica tradición castellana. En ambos libros latía el aliento de un hombre entrañado, investido en lo popular, en el que la ironía, el escepticismo, la retranca..., nos daban cuenta de un mundo personal, entretejido de realidad y ficción mágica, con un pie puesto en los estribos de la picaresca (con esa visión escéptica, amargosa del mundo) y el otro en ese prolijo mundo de lo escéptico y de lo soterráneo que encontramos también en la vasta tradición castellana, desde Cervantes a Rulfo, desde Quevedo a Valle o al Cela del Pascual Duarte. Pareciera que todos esos largos años emboscado detrás de la cámara, atento a las luces y a las penumbras, a las voces y al silencio, hubiesen propiciado en el autor un caudal vivo de sombras y máscaras que ahora, en su faceta más propiamente creativa, se nos revelan en toda su concertante, apabullada realidad. Estas tres coordenadas: la tradición escéptica, la visión mágica y el lenguaje popular , más que presentes en sus dos libros de relatos, constituyen ahora el soporte literario de este libro (EL ABANDONARIO) tan sorprendente como impagable. EL ABANDONARIO es un viaje hacia los médanos interiores de una memoria que se resiste a reconocerse en los parámetros realistas o mecanicistas, donde los hechos quedaban sepultados, envilecidos por un proceso de afirmación histórica o ramplonamente temporal. Muy al contrario, lo primero que sorprende en esta novela, es precisamente la ausencia del tiempo. El recuerdo, la memoria, ajenos a la contaduría de las horas, se superponen, se erigen, vivifican la realidad, construyendo una reconocible fantasmagoría de hechos simultáneos y envolventes que atrapan al lector ya desde sus primeras líneas, aventurándolo a un mundo de una sencillez, de una fantasía desaforada. En realidad, lo que Manuel Garrido Palacios, persigue a lo largo de esta obra inolvidable es recrear, alentar, producir una atmósfera interior reconocible, en la que vida y muerte, realidad y magia se entretejan de una manera creíble y lo que es más importante, natural, en torno a los pellizcos de la vida. Pero si ya en su larga obra cinematográfica Garrido Palacios trata de recoger la devastada memoria de los pueblos, afirmándolos en su identidad y sublimando precisamente aquellos elementos que hacían palpable esa identidad, aquí, en esta, su primera novela, se nos propone una vuelta de tuerca al introducirnos en un mundo de resonancias míticas que nos agarra desde la pura y abstracta identidad y donde el lenguaje, de una llaneza casi cegadora, consigue por sí mismo convertirse en el absoluto protagonista de esta historia en la que un muerto relata a quien lo vela la historia de un pueblo fenecido, atrapado en su propia fantasmagoría. Nos hallamos, pues, ante una novela sorprendente que consigue imantar al lector a las primeras de cambio, para mantenerlo en vilo durante toda la deslumbrante travesía. Y es que Garrido Palacios, seguro de su oficio, capaz de descubrir una atmósfera en unas pocas líneas, lejos de adentrarse en un discurso atolondradamente lírico, prefiere ponerse en manos de la naturalidad, de la fluidez de la palabra dicha, oída, metida en la matriz y en el estómago. Será, así, a través de los personajes que hablan a través del muerto, que se construya la peculiarísima memoria de Herrumbre, ese pueblo acosado por la nada, y cuya historia es la que se va enhebrando a lo largo de todo el libro. Mamuel Garrido Palacios se ha limitado, parece y aquí estriba gran parte del éxito del relato a dar sentido a todas esas voces, ordenándolas de manera que el lector se reconozca en cada una de ellas, removiendo en él los más dormidos soportales de la memoria. Una novela, en definitiva sugeridora y valiente, escrita con toda el alma, que se reconcilia con el arte de la prosa, tan demacrado, tan envilecido últimamente. Sin duda, y acabamos, una de las novelas más deslumbrantes escritas en los últimos tiempos en la lengua de Rojas, Cervantes o Rulfo.
© Manuel Moya

ARCHIVO DE LA MEMORIA


La escritura, archivo de la memoria
Georges Jean
(Besançon, 1920) antiguo alumno de la Escuela Superior de Saint Cloud. Profesor de lingüística y semántica en la Universidad de Maine (1967-81) 
Aguilar, 1989
Título original: L’écriture, mémoire des hommes. 
Gallimard.
Traducción: Beatriz Morla.

PIO BAROJA


PIO BAROJA
DESDE EL EXILIO
Editorial Caro Raggio

MARGARET ATWOOD

MARGARET ATWOOD
EL CUENTO DE LA CRIADA
Traducción de EIsa Mateo Blanco
Salamandra

JIŘÍ WEIL

JIŘÍ WEIL
VIDA CON ESTRELLA
Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús.
Editorial Impedimenta

Admirada por Harold Pinter, Arthur Miller y Philip Roth, esta novela es la crónica de la parte olvidada del Holocausto.

VIAJE A LA SIERRA DE ARACENA


VIAJE A LA SIERRA DE ARACENA
Manuel Garrido Palacios
Editorial Niebla

Literatura hispanounidense

ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

DE LA PALABRA A LA IMAGEN. DE LA NOVELA A LA REVISTA
Reflexiones sobre la literatura hispanounidense contemporánea

Tres revistas
“VENTANA ABIERTA”
“BAQUIANA”
“REVISTA DE LA ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA” (RANLE)
Gerardo Piña-Rosales · Director de la ANLE

Visiones de la ciudad líquida
‘EN CAÍDA LIBRE’, de Tina Escaja
’LA EDAD GANADA’, de Mar Gómez González
‘LOS TRADUCTORES DEL VIENTO’, de Marta López Luaces
Nuria Morgado · The City University of New York (ANLE)

Ecos quijotescos en la literatura texto visual contemporánea
‘DESDE ESTA CÁMARA OSCURA’ de Gerardo Piña-Rosales
Patricia López-Gay · Bard College (ANLE)

City College of New York
25 Broadway · Jueves 25 mayo 2017 · 10 de la mañana

TRAS LAS HUELLAS DEL CHAMÁN

TRAS LAS HUELLAS DEL CHAMÁN INKA
FRANÇOIS LUIS-BLANC
Traductor: Manuel Moya Escobar
Entrevista con su autor
or Manuel Garrido Palacios
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M.G.P. El autor y yo tomamos en Tavira sendas bicas, ese néctar que regala el grano tostado, molido y hervido, capaz de extender una conversación durante horas, café venido de tierras lejanas. El sabor amargo trae diluidos sus misterios, da ánimos, como las palabras que surgen en torno a los trabajos de investigación de François Luis-Blanc sobre los chamanes, algunos, novelados, como este formidable ir “Tras las huellas del chamán Inka”. Pero toda historia tiene su principio y, como si la bica durara, bueno es saber por boca del escritor de este libro, qué es un chamán.
F.L-B. Un personaje aparte, mediador, intermediario de su comunidad con los dioses, los espíritus y las fuerzas supra naturales. Puede ser también conocedor de la meteorología, de los fenómenos celestiales, astronómicos, de la venida de las lluvias, del granizo o del momento propicio para la siembra. En el tiempo de los Incas ya había personajes oficiales con estas prerrogativas, el amaut era un sabio consejero, el ichuri, confesaba los pecados y hacía justicia; el huacacuc, un asceta filósofo que andaba casi mendigando en el altiplano.
M.G.P. ¿Hay muchos chamanes?
F.L-B. Hoy, pocos. En las comunidades andinas hay más curanderos, que son personajes que saben de las plantas medicinales y tienen un conocimiento empírico de las enfermedades dentro del cuadro de la medicina tradicional andina.
M.G.P. ¿Por qué va “Tras las huellas de Inka” y no de otro?
F.L-B. A lo largo de mis misiones en los Andes entre los años 1981-2016, tuve la gratificante sorpresa de descubrir que las tradiciones, rituales, espiritualidad y practicas chamánicas del tiempo de los Incas, habían resistido a las persecuciones de la Inquisición y extirpación de las idolatrías de los Conquistadores españoles, y se practicaban aún con profunda fe en las comunidades indígenas. Y de la misma manera se perpetuaban los rituales de los chamanes. Por eso quise representar un chamán arquetípico y rendir homenaje a la cultura inca sobreviviente. Aún más, las elites y los intelectuales de Cusco quieren hacer revivir lo que llaman “la edad de oro” de los tiempos incaicos, como modelo social de desenvolvimiento actual.
M.G.P. ¿Un chamán ejerce su influencia sobre un territorio concreto o se universaliza con otro nombre?
F.L-B. En principio tiene influencia en su propia comunidad y es responsable de la armonía y salud de sus habitantes. Esto supone que los miembros de su comunidad tengan fe en sus competencias y lo juzguen por sus resultados. En la Amazonía, (de la cual Perú tiene una gran área) los comunitarios pueden expulsar, hasta eliminar, a un chamán que no preste buenos servicios. La eficacia del chamanismo depende de la fe de los pacientes y de un sistema de creencias compartidas en una determinada comunidad. En este sentido, no puede ser universal, pero sí en sus valores de respecto a la naturaleza, de solidaridad, de integración en el cosmos, de tratamientos naturales, de conocimientos del poder de las plantas y de los fenómenos ecológicos. El chamanismo posee valores universales beneficiosos para la vida de todos.
M.G.P. Ahí median las distancias; para obtener resultados del contacto, ¿se puede decir que, si el chamán no viene a mí, yo voy a su encuentro?
F.L-B. Hoy hay un turismo de masas de occidentales hacia los chamanes practicando los rituales de la ayahuasca y del san Pedro, plantas de poder alucinogénico. Es deplorable que ahí haya charlatanes deseosos de aprovechar de la credulidad de los turistas para ganar dinero.
M.G.P. Entonces…
F.L-B. Entonces creo que el auténtico chamán es el que se dedica sólo a su propia comunidad. Si luego alcanza fama, puede atender a otros pacientes ocasionales sin pedir retribución, claro está, pudiendo aceptar donaciones.
M.G.P. ¿Cómo nace su interés por esa figura, aparentemente anacrónica? Usted relata en su libro un encuentro primordial, como ya lo había hecho en uno anterior más académico que el presente: “Médecins et Chamanes des Andes”.
F.L-B. Mi interés nace en Brasil, donde descubro en Río de Janeiro y Bahía las prácticas mágicas y el espiritismo importados con los esclavos de África, la Umbanda y la Macumba, derivados de los cultos yorubas, con el culto a los dioses y Orixas por sus oficiantes, los pais y mães de santo, ya tipos de personajes chamánicos. En mis primeras actividades en las comunidades andinas del Valle Sagrado, con los estudiantes de la Escuela de Medicina de Cusco y un centro de padres dominicanos que formaban técnicos agrícolas, entré en contacto con curanderos en cada comunidad que visitábamos, y encontré auténticos chamanes con poderes supra naturales.
M.G.P. En su libro insiste en la importancia de los encuentros con los chamanes. ¿Cuál es su postura al tratar con este mundo misterioso por ignorado?
F.L-B. Después de los primeros años vividos en los Andes y los encuentros con chamanes amerindios, que cargaban consigo miles de años de conocimientos indígenas, me invadió una sed y curiosidad por saber más respecto de este fenómeno de ciencia y sabiduría tan antigua, y me pregunté, como científico, cómo funcionaban estos sistemas y corpus de saberes en los pueblos amerindios. Ahí inicié la búsqueda de las respuestas, donde no soy el único: existen antropólogos llamados “neuroteólogos” que estudian los fenómenos espirituales con sus modificaciones en el funcionamiento cerebral. En ese camino, leí toda la literatura sobre el chamanismo, publiqué artículos, libros y tuve encuentros con chamanes hasta llegar al más esencial para mí. Yo tenía conocimientos adquiridos en los libros, pero me hacía falta la experiencia fundadora, la iniciación personal al mundo de la adivinación chamánica. Ocurrió en 1996, en una ciudad de la ceja andina, parte da Amazonía peruana. Allí hubo una gran reunión de chamanes de todo el mundo amerindio, sioux de America, mayas y quiche de Guatemala, chamanes de Ecuador, Perú, Brasil, cada cual explicando sus prácticas y demostrándolas a los presentes, curiosos, médicos, antropólogos, enfermos…
M.G.P. No entraremos en detalles, muchos y muy interesantes, por cierto, que pueden leerse en su libro. Vayamos a su sentir personal.
F.L-B. Tras la experiencia de usar la Ayahuasca, un potente alucinógeno, me asusté de tomarlo cuando supe su perfil farmacológico después de leerlo. Yo pasaba una fase difícil de mi vida con cierto desespero por solucionarla, y la sesión de ingestión, junto a las alucinaciones, me ofreció una clarividencia aguda, una simplificación mental con la visión nítida de todos los pasos a emprender para solucionar mi drama personal. Fue una cura en cinco horas en vez de cinco años con un psicoanalista. Y reescribí libros y artículos para intentar dar una explicación psicofarmacológica y neurobiológica de las curas chamánicas. En fin, son episodios que relato en el libro con detalle.
M.G.P. Lo que cuenta, ¿está más cercano a la poesía que a la ciencia?
F.L-B. Pregunta muy pertinente que me hice muchas veces y que merecería un estudio amplio. El chamanismo es una ciencia empírica, de experiencias milenarias, transmitida a de una generación a otra, con sus conocimientos de botánica, de astronomía, de ecología, de farmacología, de medicina y de psicología. Pero cuando lo pienso con más profundidad, y porque escribo poesía también, veo al chamán como un poeta y experto en conocimiento del mundo, de las fuerzas naturales, de la espiritualidad, un extrasensorial, un místico con sensibilidad para los fenómenos naturales y trascendentales como el poeta, con la diferencia que no lo escribe. Lo comunica oralmente.
M.G.P. Hay quien dice que es un sanador salido de la antigüedad.
F.L-B. Yo lo diría también si se considera que el chamán recibe y transmite conocimientos venidos de muchas generaciones antes de él, de muchas experiencias hechas por los hombres primordiales, en la noche de los tiempos, de sus observaciones de la naturaleza, del comportamiento de los animales, de lo que se alimentan, cómo se curan, de las experiencias de los ancestros con plantas y cuantas conclusiones edifican un corpus de saberes a transmitir. Somos herederos de los hombres prehistóricos, y los chamanes, de sus sanadores.
M.G.P. ¿Se nace chamán?
F.L-B. No, uno se hace chamán. Si un pariente lo es, se puede aprender en la propia familia por la transmisión de saberes especializados y de prácticas. Pero hay perfiles psíquicos que predisponen al fenómeno. Psiquiatras han dicho que la personalidad del chamán es frecuentemente marginal, vecina de la esquizofrenia, propenso a caer en trance. Se dice también que quien ha sido electrocutado por un rayo y sobrevivió, se encuentra investido de poderes chamánicos.
M.G.P. ¿Ha presenciado ritos de iniciación en el chamanismo?
F.L-B. No propiamente dicho, pero tuve la experiencia de un rito chamánico para el desarrollo de la Escuela de medicina de Cusco por un altomisayok, un chamán del Ayllu de los Queros, una población de puros descendientes de los Incas. He asistido a los ritos del Pago a la tierra, ofrendas a la diosa de la tierra la Pachamama y a otros rituales que describí en mi libro antropológico “Médecins et chamanes des Andes”. Fui consagrado por el chamán a la cumbre sagrada Pachatusan, que marcaba el centro, ombligo del imperio de los cuatros ángulos el Tahuantinsuyo. Desde entonces llevo en el dedo el anillo con la figura del jaguar-sol, representación del dios Viracocha, imagen que consta en el pórtico de las ruinas de Tiahuanaco en la parte boliviana de la región del lago Titicaca. Este anillo es símbolo de mi filiación al dios Apu Pachatusan, que siempre me ha protegido en mis momentos mas difíciles.
M.G.P. ¿Es importante por la sociedad que exista el chamán?
F.L-B. Sí, es un personaje esencial, como el Ombudsman que inventamos en nuestra sociedad occidental, o el médico y el sacerdote antiguamente. El ayuda a mantener la armonía y la salud de la comunidad, y transmite los saberes tradicionales. Además, la OMS ha decretado en la cumbre de Alma Ata, en el mismo tiempo que el desarrollo del acceso a la medicina para todos, que los chamanes debían ser incluidos en el personal de salud en el terreno como agentes de salud y para recibir formación sanitaria. A mis ojos los chamanes son portadores del valor fundamental del cosmocentrismo; el hombre es parcela, es protector de la creación y no aprovechador de las riquezas naturales; esa concepción es el mejor antídoto contra el egoísmo y el individualismo del mundo occidental presente.
M.G.P. Con su libro “Tras las huellas del chamán Inka” ¿qué pretende?
F.L-B. Valorizar el trabajo de los médicos pioneros que iniciaran la Escuela de medicina de Cusco, con cuatro profesores y diez discípulos, reunidos en una caballeriza del Palacio del Almirante, de los cuales tuve el honor de ser parte en 1983-1984. Mi intención es también traer al gran público, en forma de divertimiento, una aventura que desvela unos misterios de la existencia extrema de los indios de las comunidades andinas, con sus rituales, costumbres y dramas cotidianos. Y sus valores únicos, que hoy hacen tanta falta a la civilización occidental.
M.G.P. ¿Y qué tal la bica?
F.L.-B.Formidable.
© M. Garrido Palacios · © François Luis-Blanc

LIBROS EN EL MUNDO ANTIGUO

Libros, editores y público en el Mundo Antiguo
Guía histórica y crítica
· Introducción, por Guglielmo Cavallo
· Los libros en la Atenas de los siglos V y IV a. C., por Eric G. Turner
· Comercio librario y actividad editorial en el Mundo Antiguo, por Tönnes Kleberg
I Grecia y la época helenística
II Roma y la época grecorromana
· Libros y público a fines de la Antigüedad, por Guglielmo Cavallo
Versión española de Juan Signes Codoñer
Alianza Editorial

IMMANUEL KANT

IMMANUEL KANT
Antropología en sentido pragmático
Versión española; José Gaos
Alianza Editorial

La antropología kantiana, más que en lo diverso y relativo de las culturas, se centra en los rasgos específicos de la especie humana, si bien para «ensanchar el volumen de la antropología» se recomiende viajar -o leer libros de viajes y prestar atención a las obras literarias y a las biografias, pues aunque en ellas la ficción invente, viene a ser un extracto de la observación de lo que los hombres hacen debido a personas de inteligencia penetrante.

AE.

PAUL AUSTER

PAUL AUSTER
CIUDAD DE CRISTAL
Traducción: Maribel De Juan
Editorial Anagrama
Barcelona 

ALOSNO, PALABRA CANTADA

ALOSNO, PALABRA CANTADA
(El año poético en un pueblo andaluz)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de Julio Caro Baroja
1ª edición: 1992 · 2ª edición: 2008
Editorial Fondo de Cultura Económica
Madrid · México


Este es un libro en el que la Poesía ocupa el mayor lugar. Por eso puede parecer extraño que su autor, Manuel Garrido Palacios, haya pedído que lo prologara persona sin ninguna capacidad activa en este orden. Hay, sin embargo, una razón lejana y oculta para que así sea. El que escribe estas líneas lo hace treinta y nueve años después de haber pasado unos dias inolvidables en El Alosno y en otros núcleos de población de esa tierra de Huelva, tan llena en conjunto de verbo poético. Durante ellos asistió a fiestas primaverales como la de la Cruz, a romerías campestres y tomó gran cantidad de notas, dibujando todo lo que pudo. Gran parte de éste trabajo ha quedado años y años durmiendo en carpetas y esperando la coyuntura de poderlo completar y perfeccionar. La coyuntura, como tantas veces en la vida humana, no llegó jamás. Sí ha llegado, en cambio, la ocasión de comprobar que ciertas impresiones e intuiciones formadas durante aquellos dias lejanos, tenían un fundamento muy sólido.
Andalucía es enorme; es tambien variadísima de Este a Oeste y de Norte a Sur. Sus bellezas son variadas en consecuencia. Lo que los ojos captan de modo rápido, los oídos lo van cogiendo mas lentamente y es de belleza mas sutil y dificil, porque es música y palabra y ante la palabra hay que realizar un esfuerzo, sobretodo si no se es del pais, para sobrecomprenderla y alcanzar su belleza. Andalucía es tambien tierra de poetas y de poetas no siempre fáciles. Es por último increible la cantidad de juegos de todas clases que el pueblo andaluz realiza con las palabras, a las que les da, en sí, un valor objetivo podriamos decir. En esto se sitúa en el polo opuesto a aquel en que se coloca el viejo Demócrito al afirmar que las palabras no son mas que sombras de los actos; pero hay que aceptar tambien que en cada parte y aún en cada lugar de Andalucía las palabras, el verbo en suma, tienen expresiones muy variadas y matizadas como es variada la fonética de la lengua. En relación con ésto, algo de lo que primero me llamó la atención en tierras onubenses fué, precisamente, el sonido al hablar, que me pareció muy armonioso, así como la música de las canciones y de los bailes que allí se conservaban de modo diferente a como ocurría en otras partes, que acababa de recorrer: las Alpujarras, la sierra de Cádiz, la campiña de Córdoba. Pude comprobar, por ejemplo, que canciones que me cantaba de niño mi abuela, aprendidas cuando recién casada, allá hacia 1868, vivió en las Minas de Rio Tinto, seguían cantándose de la misma manera que ella las cantaba: en El Cerro, en la Puebla de Guzmán y en el pueblo que es objeto de este hermoso libro: Alosno. Su título anuncia con exactitud lo que contiene: 'Alosno, palabra cantada'. Podría subtitularse: 'El Año poético en un pueblo andaluz'. El Año con sus ciclos de trabajo y sus fiestas, es parecido en muchas partes de la Europa católica, porque a lo largo de el corren Navidades y Carnavales, Cuaresmas, fiestas de Mayo y San Juan, fiestas de verano y otoño... tiene rasgos semejantes en líneas generales en Andalucía y aún lejos de Andalucía.
¿Pero qué pueblo habrá, me pregunto yo ahora , capaz de dar una expresión verbal tan abundante y rica a ese ciclo festivo general?. Alosno canta y expresa sus emociones colectivas de modo que asombra. Manuel Garrido Palacios ha contado con una serie de informantes que le presentó mi amigo Manuel Lisardo Bowie, hijo de Doña Margarita, la cual, el tiempo en que yo andaba por allí, era como la tradición encarnada. Lo sabía todo, podía hablar de todo lo referente al pueblo y en el momento organizaba las fiestas de Mayo, acerca de las que tanto se dice en este libro.
Podría escribirse un denso comentario a lo que en él se recoge, desde un punto de vista técnico, folklórico y etnográfico: pero no es esta la ocasión. Creo que en primer lugar, le quitaría perfume, Poesía en suma. Dejemos, pues, que Alosno cante y oigámosle cantar.


© Julio Caro Baroja
Fotos: Archivos familiares alosneros y Héctor Garrido

DIEGO LOPA GARROCHO

LAS CARAS DE HUELVA
presentación

PALABRAS DE ANDAR POR CASA


DICCIONARIO DE PALABRAS DE ANDAR POR CASA
(Huelva y sus pueblos)
Manuel Garrido Palacios
3ª Edición: Editorial NIEBLA
2ª Edición: Universidad de Huelva
1ª Edición: Calima Editores (Madrid / Mallorca)

LOUVRE

LOVRE

En el patio central del gran complejo, allí donde casi se tocan ambas pirámides como estalactitas y estalagmitas de nuestro tiempo, había una veintena de pianos rodeando la luz cenital que lo iluminaba todo. Cualquiera que se acercara, sin filtros de edad, procedencia o facultades para hacerlo, podía tocar cuanto quisiera y como le permitieran sus fuerzas, su saber. Incluso si dos coincidían en el mismo piano, uno o una interpretaba o desinterpretaba en los registros graves y una o uno en los agudos; no vi que se diera el caso de tres pianistas en el mismo instrumento. Y en ese estado sonoro, nunca caos, más bien nuevo cosmos, podían escucharse ruidos, ecos, sugerencias, insinuaciones de obras de Beethoven, Bach, Mozart, McCartney o Rolling Stone en su fecunda insatisfacción, todo mezclado, todo a la vez. Era el ir de un pianista cansado y el venir de otro ávido. Bastaba poner las manos sobre las teclas para que la magia se manifestara en el templo del Arte, que eso es el Museo del Louvre.
© Manuel Garrido Palacios

Juan Rulfo / Arturo Azuela / La Rábida

Juan Rulfo y Arturo Azuela en La Rábida

Se cumple el centenario de la presencia de Juan Rulfo en este patio de vecinos llamado mundo, o Mundo, o MUNDO, según cada cual. A mediados de los 80, Juan Rulfo estuvo en La Rábida con Arturo Azuela, escritor que nos dejó en 2012. Poco antes tuve ocasión de hablar con él sobre Rulfo. Grabé sus palabras y las traigo aquí en memoria de estos dos gigantes de la Literatura. Aunque se citan obras hoy ya publicadas, en ciernes por entonces, he respetado el texto, como si en vez de dar lo que se dijo, mostrara una fotografía sonora. Precisamente.

CONVERSACIONES EN LA RÁBIDA

Entre clase y clase del Curso de Literatura en la Universidad Internacional de Andalucía, sede de La Rábida, junto a Arturo Azuela, viene bien el café y la palabra distendida. Entre los diversos ángulos desde los que se ha estudiado la obra de Juan Rulfo, vale un paseo hasta el Monasterio, un escuchar los cucos por la tarde, un preguntar, un responder. Un platicar de dos viejos amigos.
Manuel Garrido Palacios: Venir a España para ti es como volver a casa...
Arturo Azuela: ...a los orígenes, a las raíces, a la recuperación de una identidad; ese vacío que se tiene a veces, viene uno a llenarlo, a revivirlo, a resucitarlo. Ya ves, vine a La Rábida, en el 61 o 62, siendo estudiante en París. Luego volví en el 78 o el 79 al Festival de Cine y mientras pueda…
MGP: Viniste a España en esos años con Juan Rulfo.
AZ: Fue la primera vez que viajamos juntos por Madrid, Canarias...
MGP: ¿Al Congreso de Escritores en Lengua Española?.
AZ: En efecto, y tengo viva la presencia de Juan Rulfo, muy lacónico, muy serio, muy callado, pero al mismo tiempo, muy amigo, leal y buen viajero. Años después ya vinimos a La Rábida.
MGP:   Sería por el año 83, 84...
AZ: Sí, un par de años antes de su muerte.
MGP: Al escuchar hablar ahora a las voces del sur, ¿qué diferencias notas en cuanto a giros, fraseo, palabras nuevas...? ¿Qué hay de extraño y qué hay de propio?
AZ: Todo me suena familiar pero siempre encuentro novedades, porque el lenguaje en esta zona es rico, está en movimiento, en una especie de renovación, de invención. El andaluz de Huelva, Sevilla, Cádiz suma al habla cotidiana como una carga poética. ¡Qué grandes poetas ha habido aquí de dimensión universal... Cernuda, Prados, hasta llegar a esa cumbre que es Juan Ramón. ¡Qué maravilla ir a Moguer y ver sus expresiones poéticas en los muros!
MGP: De la belleza del idioma bien manejado, bien dicho, bien usado, surge la cuestión de si una lengua hace una nación.
AZ: La lengua puede ser una base, pero no es el único vínculo. Ya sabes que hay aspectos históricos, etnográficos, que tanto te gustan... hasta gastronómicos, festividades patrióticas, religiosas...
MGP: Toda esa complejidad se amasa y puede acercarse al concepto, pero el lenguaje, sin duda, es fundamental. Pienso que el enriquecimiento mutuo ha sido grande, como un milagro cultural. Es más, creo que España hubiera sido más pobre de no haber existido una aventura llamada Descubrimiento.
AZ: Ya ves, ¡quién lo dijera!. Colón, que fue rechazado por la corona portuguesa y aceptado por los Reyes Católicos, aun fue a dar aire al idioma español. ¿Que hubiera sido del idioma portugués?.
MGP: Preguntémonos, inventemos un poco si Colón hubiera sido llamado por los portugueses y no por los españoles.
AZ: Claro. Entonces ahí hay una grandeza de concepción, de ideas, y hay que ver cómo el idioma español fue caminando, caminando...
MGP: Nunca fue impuesto.
AZ: Nunca. Los misioneros, a través de los diccionarios, o de los índices de los glosarios querían que los indígenas aprendieran la religión... Pero, es verdad, no fue impuesto. Con los siglos, el español fue tomando su camino y en las independencias, ya en el siglo XIX, domina esa región maravillosa.
MGP: El idioma que fue hacia allá en un tiempo se nos devuelve desde entonces enriquecido con las obras de la gran oleada de escritores que surgen...
AZ: Exacto. En cada país de América se van dando enriquecimientos muy distintos, tonos, ritmos, la respiración del lenguaje...
MGP: He notado en los viajes, en las lecturas, que palabras que aquí están en desuso, entre otras cosas, por la agresión de otros idiomas, allí permanecen pujantes, frescas.
AZ: Es verdad. Hay arcaísmos que para nosotros son una presencia viva. Esta influencia, fruto del acarreo de uno a otro continente, es importantísima. Cada país tiene su diversidad, pero mantenemos una unidad lingüística formidable.
MGP: Si vamos a la última novela que he leído tuya, se me ocurre preguntarte si el Infierno tiene tamaño, si se puede medir algo así.
AZ: Yo creo que nunca termina uno de medir el tamaño del Infierno, o sea, que tiene sus meandros infinitos.
MGP:   ¿Y qué hace un matemático como Azuela en el Infierno?
AZ: Va destruyendo esa problemática de la continuidad, esa armonía que puedes encontrar en ciertas estructuras matemáticas; de pronto en el Infierno se rompe esa armonía y viene un caos espléndido donde se busca la salvación también. Se sale del Infierno hacia el Paraíso.
MGP:   Caos que es una catarsis más.
AZ: Una limpieza más.
MGP: En estos días hablaste de una novela nueva…
AZ: Ahorita la terminé; y tiene que ver con toda esta región del sur; surgió a raíz de la invitación que tuve en Lisboa. Me pidieron un cuento, una narración marítima y un trabajo sobre los navegantes portugueses. Poco a poco me fui replanteando la unidad de estos dos textos y ahora ya está la novela. Su nombre, Extravíos y maravillas, donde se describe la zona de las Columnas de Hércules, Lisboa y las grandes rutas de los navegantes portugueses... el mar está presente en todas sus páginas...
MGP: Cosa curiosa si se ve que vienes de tierra adentro.
AZ: Sí, pero el mar ha sido siempre lo otro, la gran incógnita.
MGP:   ¿Por qué extravío?
AZ: La novela tiene muchos elementos de los siglos XVI y XVII; extravío, porque es un salirse de la ruta, perderse.
MGP:   ¿Y maravilla?
AZ: Por el asombro, por lo insólito...
MGP: Ha sido una semana intensa en la Universidad. Leer, escribir. Un placer para los sentidos.
AZ: Y hablar en este paisaje, un auténtico placer. Un privilegio.


© Arturo Azuela / M. Garrido Palacios

AÚN EXISTEN PUEBLOS

AÚN EXISTEN PUEBLOS
Manuel Garrido Palacios
Centro Cultura Tradicional. Salamanca
(1ª y 2ª ediciones)

Empecemos por el título. Es verdad: de vez en vez nos preguntamos si todavía existen pueblos. En el siglo XXI, al parecer la vida nace y muere en las grandes ciudades. ¿Por qué nos olvidamos de las patrias profundas, allá donde todos los días, el pasado -aún el más distante- es una auténtica presencia viva?. En esos mundos de lugares dispersos, ahí donde nuestras raíces son más profundas, Manuel Garrido Palacios camina sin descanso; estudia vetas antiguas y modernas, recoge lo mejor de la sabia popular y la lleva con su ingenio a la palabra escrita.
Así, esta etnografía de lugares dispersos nos lleva por muchas aldeas y nos ubica en el centro mismo de los sentimientos del alma. Al recrear un cancionero, el artista del lenguaje nos va invadiendo con sus múltiples intenciones. Jamás se olvida de la dialéctica de la vida y la muerte. Desde el introito, las causas santas y los pecados capitales van y vienen sin conocer la tregua. El amor y los celos van de la mano. A las coplas dedicadas a los santos, a la virgen, a la puerta de una iglesia, se suman los bailes acompañados de panderetas, de alharacas, de las antiguas voces que hablan de los tiempos en que Dios no andaba por el mundo.
En Todavía existen pueblos Manuel Garrido Palacios continúa su trabajo infatigable. Sabe que la vida está hecha de muchos rostros, gestos y voces. Y por ello va de un lugar a otro recogiendo romances, anotando bandos municipales, dicharaches y loas; sabe también que ‘con mula, pan y companage se hace el viaje’. Entre marchas, malagueñas, jotas y seguidillas, va tomando sus apuntes de campo. Él mismo nos habla de la necesidad de una fonoteca de costumbres, de cuentos y música; de un archivo de leyendas, juegos y ritos; una fonoteca que un buen estudioso se verá necesario a consultar en un futuro.
Pero no es sólo la tarea de un acucioso investigador. Es también la entrega a los goces sensoriales y de la fantasía. La satisfacción interior conlleva un auténtico sentido lúdico. Además, la prosa poética corre por las venas del autor; no se cansa; es como un río profundo que nos lleva a los orígenes, a esas tierras tan lejanas de los suntuosos escaparates del poder.
Este libro es un culto a los viejos pueblos, y, por lo tanto, es también un culto a la vida. Al recrear tantos cantos perdidos se rinde culto a la vida misma. Bien se ha dicho que ‘las ánimas no perdonan’; por eso, tal como lo hace Manuel Garrido Palacios, hay que arrancarles palabra a palabra a los testigos que guardan su sabiduría. Así, esas ánimas caminarán con dignidad; irán hacia el camino de salvación sin premura alguna.

© Arturo Azuela
México
AÚN EXISTEN PUEBLOS
Reseña en
CUADERNOS HISPANOAMERICANOS. España

Este libro es el resultado de la observación del caminante, del amor por la cultura popular y la curiosidad permanente. Es suma, inquietud y talento. Antes nos había dado el autor otro libro singular, “Alosno, palabra cantada”, pleno de sabiduría y hondura en el canto de las tierras del Andévalo, Sur de España, pegado a Portugal, dentro del que fue reino de taifa de Niebla. Con la preocupación por dejar reflejada la cultura singular de nuestros pueblos, empieza ahora su caminar y entra por un pueblo de Lugo, y a través de la realidad viva apuntalada por el mito y la leyenda, deja hablar a los que llevan consigo toda el saber de siglos: la canción, el romance, la leyenda repetida y variada, la palabra que define situaciones. Tiene el autor una virtud que nunca he visto comentada y es la habilidad en la selección de almas capaces de acumular todo el peso del tiempo a través de lo oral o lo escrito. Garrido Palacios lo sabe bien porque carga lo mismito en su desasosiego, conoce la inquietud insistente de lo que los sensibles atesoran en sus recuerdos. Es por eso que anda, pulsa, se detiene, convive, deja hablar, insinúa, espera, inicia el fragmento para que lo completen, ve los ojos iluminados de los que hablan su lengua espiritual porque caminan hacia el mismo objetivo: mantener o recuperar la verdad de los pueblos y de las almas que en ellos revolotean. Ahí está el eje del libro. Va en busca de la realidad que presiente, está siempre en tensión para el hallazgo, predispuesto, como manera natural de su temperamento, al misterio, al logro repentino, al diamante y la mina milagrosa que entra por los ojos: rezos perdidos, liturgia popular, medicinas caseras, cuentos de aparecidos, conjuras, procesiones, refranes, cantos insinuados que el tiempo deshilacha, cuentos de brujas, leyendas de la trashumancia y de arrieros, pregones metidos como almas vivas, versiones de romances, variantes de leyendas y canciones de ciegos que dan la amplitud en la inocencia de seres inmersos en nuestra geografía que vivieron con una historia sencilla, intensa, con unos pálpitos definidos, Manuel Garrido Palacios da, como subtítulo del libro, “Etnografía de lugares dispersos”. Como español de alma dividida, norte y sur, puede sentir el pulso de los pueblos de Galicia, Asturias, León, Extremadura, Murcia, Andalucía. Y ahí está lo hermoso. Poesía dos veces: por lo natural de la esencia y por la de la lengua que la expresa. Así la leyenda, mito y misterio se presentan, de repente, ante la tensión del que lee. Música e instrumentos que la airean: gaita, tambor, birimbao, pandereta; bailes aldeanos; noches de invierno alrededor del fuego; sencilleces que se hacen entrañables; reuniones, adivinanzas, carnavales, costumbres campesinas, curanzas, artesanía. La riqueza de ese ir y venir del autor por nuestros pueblos nos pone delante de un material de singular importancia por el que podemos adentrarnos en el alma antigua y en su evolución forzada. Riqueza que poco a poco se va diluyendo en la uniformidad de lo intrascendente o en el olvido y no sabría decir cuál de las dos realidades es la peor. Garrido Palacios va por derecho a quienes tienen en su gracia habladora y en su recuerdo la configuración de vidas y moldes de su tierra, síntesis de un sentir y unos hechos guardados como oro en paño. La paciencia del autor para oír, recomponer, sugerir a su tiempo, aportar un hilo por donde la madeja se desenrolle. Visión abarcadora de un pulso que se fragmenta pueblo a pueblo, braña a braña, casa a casa. Un pilar básico es la fidelidad al transmitir lo que oye o le cuentan. Respeto casi sagrado por esos recuerdos que se dicen con el alma de puntillas. De ahí, de ese decir guardado parte, a mi manera de ver, la propia prosa del autor, seria, medular, cadenciosa, que al expresar esencias de hechos va como en un vaivén acariciador. Sabe, como estudioso, que está ante lo raro: un filón de riqueza. La estructura se amolda a su caminar. Tiene el libro una introducción corta y penetrante del autor, con una isla mítica del Tartessos real como fondo y un prólogo definidor del escritor mexicano Arturo Azuela. El estilo es pausado, de buscador de mitos y verdades, pues ambas singularidades se dan porque entran como partes de su preocupación. Prosa concisa que va con la poesía, la canción, el refrán o el dicho que se recupera e intercala. Escritor nacido para eso y he ahí otra verdad sencilla y universal: de vocación. Por todos los ángulos que se le mire, libro singular y autor entregado a su misión, misión importante porque es nada menos que la de mirarnos como éramos. ¿No estaremos mirando como nación hacia el lado que no es? Por lo pronto, Garrido Palacios se adentra hacia lo nuestro y se aferra a su verdad esencial. Y es el caso que por temperamento y vocación también me quedo con la esencia de esa verdad.

© Odón Betanzos
© Fotos: Héctor Garrido