João Martins

João Martins
Fado corrido (1964)
con Amália Rodrigues
(Os fotógrafos portugueses)
© Arquivo Nacional

Gérard Castello Lopes






Gérard Castello Lopes
Lisboa 1956
Os fotógrafos portugueses

El español en Estados Unidos

El español en Estados Unidos: E Pluribus Unum?
Enfoques multidisciplinarios
Ed. de D. Dumitrescu y Gerardo Piña-Rosales.
Academia Norteamericana de la Lengua Española
New York . Library of Congress

Este volumen (escrito en español, con resúmenes en inglés) reúne 17 estudios sobre diversos aspectos del español en los Estados Unidos, incluyendo temas como: un análisis socio-demográfico de la población hispanounidense, la adquisición dual del bilingüismo inglés-español, la trasmisión transgeneracional de la lengua española, una propuesta de dialectología del español estadounidense, el contacto de dialectos, la convergencia  conceptual entre el inglés y el español, el problema del espanglish como marcador de identidad, la política lingüística en el sector de la atención sanitaria, y varias perspectivas  sobre la alfabetización de los hispanos y la enseñanza del español como lengua de herencia en los Estados Unidos en el siglo XXI. Mientras algunos capítulos presentan un sucinto  “estado de la cuestión” actualizado de los respectivos campos de investigación, otros muchos hacen propuestas teóricas novedosas o discuten resultados de estudios aplicados inéditos,  que serán de indudable interés para los especialistas  del  español estadounidense, sea cual sea la perspectiva metodológica de sus enfoques. Colaboran (por orden alfabético): Silvia Betti (Alma Mater Studiorum-Università di Bologna y ANLE); Robert J. Blake (Univ. of California, Davis); Laura Callahan (City College of New York); Mª Cecilia Colombi (Univ. of  California, Davis); Domnita Dumitrescu (California State University, Los Angeles); Marta Fairclough (Uni.ity of Houston); Ofelia García (Graduate Center of the City University of New York); José Á. Gonzalo García de León (Ed. Hable con Eñe); Devin Jenkins (University of Colorado); John Lipski (Pennsylvania State University); Andrew Lynch (Univ. of Miami); Dalia Magaña (Univ. of California, Davis); Glenn Martínez (Univ. of Texas Pan American); Frank Nuessel (Univ. of Louisville); Ricardo Otheguy (Graduate Center of the City Univ. of New York); Kim Potowski (Univ. of Illinois at Chicago); Susana Rivera-Mills (Oregon State University); Ana Roca (Florida International University); Ana Sánchez-Muñoz (California State University, Northridge); y Carmen Silva-Corvalán (Univ. of Southern California)

© ANLE

El tamborilero / Almonte





Rosendo ''El Tamborilero'




Cerca de la frontera francesa, en Santesteban, conforme se llega a Vera (a Itzea) hay un restaurante de los que no se olvidan. Su nombre es simplemente Josepha. Apenas se advierte su presencia cuando se pasa ya que es un caserío más de los que están al borde de la carretera. Su mobiliario no es lujoso, ni siquiera regular. Igual te toca sentarte en un taburete que en una silla que en un butacón. Pero su cocina es única. Vienen gentes del país vecino buscando el sitio: nada fácil dar con él. Alguien le preguntó un día a Josepha por qué no ponía un letrero en la puerta bien visible, o una señalita, por chica que fuera. Respondió que cuando se sabe donde está lo bueno, se busca, por escondido que esté. Algo así pasa con El Tamborilero, en Almonte, que es una casa medianera en una calle a trasmano; casa a la que se va y se repite porque Rosendo también conoce el secreto de los grandes maestros: él lo es. Es un ritual ir a comer allí. Primero, hay que saber que existe, cosa que se suele transmitir boca oído por los amantes de la exquisita mesa, y después, no hacer valoraciones previas por su aparente modestia, porque la gran riqueza del lugar está en el trato (te pasan a la cocina a que veas lo que se trama en sus fogones y sales de ella queriéndolo todo), en la calidad (hace la plaza cada día) y en la gracia al cocinar lo que se tercie. Es uno de esos sitios donde sobra la carta. Basta la palabra, la sugerencia de Rosendo como garantía de satisfacción. Y si al final uno tiene ganas de enterarse por la variedad de platos que ha traído a la mesa, se entera de que ha sido mero, bacalao, corvina o anchova, cada pescado con su salsa especial, sea de almendras o de pisto, sin olvidar las berenjenas rellenas, una excelente paella o un puchero de los de poner los ojos en blanco. Y es eso, que no hace falta llamar la atención sobre lo bueno. Sea en Navarra, en Huelva o en el fin del mundo, lo bueno se busca y, como en el caso de Rosendo, se encuentra.

© Manuel Garrido Palacios

Recuerdo de un viejo amigo






Recuerdo de un viejo amigo




El poder de evocación de la música sólo es comparable al de los olores, dice Phil Krönang; no hay que olvidar que el olor es el más antiguo estimulante para los sentidos, según Juan Pérez. Ambas sensaciones, música y olor, las analice quien sea, nos hacen cerrar los ojos y permanecer inmóviles mientras viajamos atrás en el tiempo hasta sabe Dios dónde. Ayer, por ejemplo, recibí un disco con la Pavana de Luys Milán (siglo XVI), obra que interpretaba magistralmente mi amigo Manuel Cabanillas, un gigante como operador de cámara, con el que recorrí Nepal, China y otras cercanías. Al sonar la música en el estudio toda la memoria común se me vino encima. No suelo hablar de esa época, pero a veces caigo en ella a golpe de neura. Mía es. Así que dejé caer los párpados y vi a Manuel con su eterna camiseta a rayas (compraba veinte iguales en los zocos) abrazado a su herramienta de trabajo: la cámara, dando forma a los planos más bellos que por entonces se hacían. A trabajo cerrado, solía tocar con la guitarra que llevábamos en los rodajes la Pavana de Luys Milán. Al llegar tiempos nuevos le ofrecieron un puesto en un partido a costa de abandonar lo de cameraman. No quiso. Sentía pasión por captar el mundo a través del objetivo, por el latido de la aventura, por la libertad de hablar, pensar y decidir sin que nadie hablara, pensara o decidiera por él. Pasados los años, lo ficharon para otro equipo, y en el mío apareció otro tipo genial del que hablaré en su día. La cosa es que en el vestíbulo de un hotel de Atenas volví a encontrar a Manuel. Él regresaba de no recuerdo dónde; yo iba a Nueva Delhi. Ya se había votado suficientemente como para tener una opinión de conjunto del pasado y, como si nuestra charla nunca se hubiera interrumpido, me dijo: 'Aquí me ves, con mi camiseta a rayas, que es con lo que me siento feliz. Sin embargo, ahí tienes a algún pamplinas que, después de mucho bandeo, toda la dicha que ha conseguido es tener un ropero con trajes adecuados a un partido, chupillas cortas para otro, chaquetas así o asao por si un tercero respira y camisas de todos los colores para que vayan a juego con lo que pudiera venir, aparte de estar nervioso como un flan porque nunca sabe qué ropa se llevará mañana. Yo, al menos, sé que me pondré la misma camiseta'. Lo encontraron muerto en su casa de Madrid. De vuelta de uno de los tantos periplos se le apagó el aliento en soledad. Cinco días tardaron en descubrir el suceso. Su alegría de vivir, su clara visión en las tareas que se le pedían, su saber estar en mitad del misterio de la vida, llenaron ayer el aire del estudio al sonar la Pavana de Luys Milán. Esta vez no la tocaba él. Pero con la música parecía decirme que sus viejas palabras en cuanto al chaqueteo político seguían vigentes. Siempre fue Manuel un visionario.

© Manuel Garrido Palacios

© Foto: Héctor Garrido

Alfares de Cortegana






Alfares de Cortegana




Un viento que no sabe lo que hace ha abatido un tiesto de barro al que tenía gran aprecio. La pieza estaba sobre un alféizar desde un San Juan de hace décadas y componía su color rojizo con la cálida estancia. Brillaba en invierno su panza con el fuego de la chimenea y un año fue improvisado nido de pájaros. He intentado recomponerlo con paciencia para que, al menos, lo que quede recuerde que era una orza castañera de dos asas de las que se hacían en Cortegana cuando Elías Borrero y Francisco –Morito-, ejercían como los últimos alfareros que quedaban en una de las calles más artesanas que tuvo este país.
Mientras pego los trozos se me vienen ambos a la memoria como pidiéndome cuentas del roto. Elías se autojubiló ese año. La hornada hecha ese día fue el epílogo de su obra. Un libro de amases creativos que cerró para siempre. No hubo modo de convencerlo para que esperara a ver si venía un renuevo al alfar, alguien que se interesara por el trabajo milenario y que retuviera en su mente los perfiles de los cacharros con tal de que siguiera dando vida con sus manos a lo que era patrimonio de todos. Elías me escuchó atento, encendió un cigarro de picadura y dijo que para qué el esfuerzo, que estaba cansado, que lo dejaba. Agradecía mis palabras de aliento, pero eran poco frente a la pasividad de instituciones que tendrían que haber defendido su oficio a tiempo.
Los tiestos de la hornada eran como un resumen, un barullo de pulsiones, un boquete abierto en la sensibilidad del artesano por el que se escapaban orzas, cántaros, búcaros, lebrillos, platos, macetas: algo simplemente útil, necesario. A partir de ese instante sólo saldría del alfar el silencio en vez del dulce chirriar del torno, del plof de la pellá sobre la rueda chica, de su jadeo diario. Su queja era por la marginación que sufrían los artesanos y por el bajo coste al que tenían que vender sus obras para vivir. Oficio callado, humilde, paridor de cuencos para agua o leche o rayos, adornados con la santa calma de la honestidad. Diez, quince o cincuenta pesetas de entonces llenas de tiempo detenido. Nunca por tan poco dio alguien tanto.
La obra de Elías quedó por la comarca en las cocinas, en las matanzas, en el hervidero, tiznada sobre el estreor, presente en la sed, colgada del muro encalado o expuesta al viento que no sabe lo que hace en un alféizar lejano. Conforme fumaba aquel cigarro Elías abría y cerraba sus manos como si se desprendiera de todo para dejarlas definitivamente vacías. No quise que la hornada de Elías rodara en sabe Dios qué abandonarios. Me la quedé entera, una parte para mi pequeño museo de cosas amadas y otra para compartirla con quien supiera apreciarla. Dije alfares. En la misma calle Peña quedaba en pie el de Francisco, Morito, otro más que tendría que lidiar con el tiempo y el desinterés de quienes podrían haber desviado la visión limitada que dan las orejeras. Mientras pego hoy la orza me invade el pulso de aquel día y se me puebla el alma de un nosequé triste, de una emoción pura que me mueve en lo hondo al pensar que cada trozo pertenecía a la última hornada de un artesano.

© Manuel Garrido Palacios

M. Garrido Palacios · libros





NUIT DE CHIENS
(roman)
Manuel Garrido Palacios

Trad. Jean Marie Flores
L'Harmattan Editorial. Paris 



LE FAISEUR DE PLUIE
(roman)
Manuel Garrido Palacios

Trad. de Isabelle Toledo
L'Harmattan Editorial. Paris 












L'ABANDONNOIR
(roman)
Manuel Garrido Palacios

Trad. de Isabelle Toledo
L'Harmattan Editorial. Paris


Jorge Riechmann




Jorge Riechmann
FUTURALGIA
(Poesía reunida 1979-2000)
Ed. Calambur




Futuralgia: dolor por la vida que podría ser, por la plenitud que cabría alcanzar. Rabia contra quienes nos amputan nuestras posibilidades mejores, en una época tenebrosa —la nuestra— donde el porvenir se halla trágicamente amenazado. Ardiente desconsuelo, sin resquicio por donde pudiera colarse la indecente denigración de lo humano. Ferocidad, ninguna. Pero sí rabia: la rabia de una futuralgia que me abrasa.


En las culturas sintoístas la gente
antes de empezar a orar
da palmas para llamar la atención de los dioses.
Yo lo hago ahora
que comienza este libro:
ahí estamos tú y yo
algo respira entrambos
el mundo puede abrirse
estamos ahí

© Jorge Riechmann

Luis Velázquez





UNA DERIVA INDESEABLE
Luis Velázquez
Libros del Aire (Poesía)
www.librosdelaire.com





(pág. 15)

MECE EL VIENTO las ramas de los árboles.
Mil veces antes lo has visto,
mil otros antes que tú, conmovidos poetas.
Mece el viento las ramas de los árboles
en la luz gris también de la tarde;
y la hoja seca sin rumbo raspa el pavimento,
lo mismo que antaño. Esta lluvia
moja un estado de ánimo antiguo,
profundamente arraigado.
Peciolado el poema, todavía,
bebe de ahí su savia,
de un lugar sin futuro, soterrado en el tiempo
que vendrá.

(pág. 33)

CUERPO DE AGUA, ondulado, te dejas llevar, eres agua,
tu oído
sólo para el agua de lluvia de noche,
tu boca
sólo para el agua del río del Amenti,
tus ojos
sólo para el agua profunda, gris del sueño.
Cuerpo de agua, ondulado, te dejas llevar, eres agua,
agua que respira.
agua libre que respira.

 © Luis Velázquez

Revista de Folklore nº 383







Revista de Folklore nº  383
Urueña. Valladolid


Sumario:

Editorial
Joaquín Díaz

Los asientos de piedra de Quero (Toledo). Singulares construcciones en piedra seca
Miguel Antonio Maldonado Felipe

Lavar la ropa, hacer el pan y matar el cochino. Usos y léxico de Reinoso de Cerrato
César Ayuso

El árbol de la vida en las celebraciones populares
Blanca Flor Herrero Morán

Algunas fiestas y tradiciones de Pareja (Guadalajara)
José Ramón López de los Mozos

Materiales verbo-icónicos en la narración oral
Juan José Matilla Álvarez

Uberto Stabile





afterhours
(poemario)
UBERTO STABILE
Presentación: 8 febrero - 8 tarde
El Garitazo
Esquina calles Villarías y Ripa
Bilbao

Luis Alberto Ambroggio





Luis Alberto Ambroggio
Cuentos de viaje para siete cuerdas y otras metafísicas
Presentación 18 febrero, 7 tarde
Centro Cultural Español de Miami
1490 Biscayne Blvd. Miami



"…increíble libro, realmente deslumbrante. No pude soltarlo una vez que lo empecé a leer. Microcuentos admirables con el adjetivo preciso, la imagen reveladora en escasas palabras, un humor sutilmente corrosivo y una imaginación  desbordante. Dominio del idioma; saber agarrar una situación común y elevarla a lo sublime por el mero arte de la palabra…”.  

© Isaac Goldemberg
(The City University of New York. Instituto de Escritores Latinoamericanos)
En Hostos Review (Revista Internacional de Cultura)
http://www.anle.us/338/Luis-Alberto-Ambroggio.html