JAVIER SALVAGO

LOS MEJORES AÑOS
Javier Salvago
Ed. Renacimiento
Sevilla

POEMA DE AMOR

Mi madre, que me encuentra más delgado
y se preocupa porque tengo ojeras.
Mi padre, cada día más distante,
y, sin embargo, cada vez más cerca.
Mi hijo, que aparece con sus ganas
de vivir, y me rompe los esquemas.
Y, aunque lo dudes, tú,
que me soportas o que te rebelas
cuando reniego o callo, que compartes
mi malhumor y mis miserias.
Y poco más... Es todo lo que puedo
llamar amor a los cuarenta.

LA TENTACIÓN

El roce de su mano, en un descuido,
sobre mi mano, en la sudosa barra.
El roce de su cuerpo, en una curva.
Sus pechos, al cargar en la parada
el autobús. El roce de sus muslos
casi desnudos... Sin palabras,
bajamos. Por caminos diferentes
nos fuimos alejando, y no hubo nada.

© J.S.


L'ABANDONNOIR


L'ABANDONNOIR
Manuel Garrido Palacios
Traduc. al francés: Isabelle Toledo
Edit, L’HARMATTAN. Paris

Novela de Manuel Garrido Palacios construida como las antiguas tragedias griegas. En vez del carro sobre el cual el primer dramaturgo declamaba la historia de los héroes míticos para concurrir al premio representado por un bode (tragos), estamos en presencia de un muerto en su ataúd durante la vigilia que le hace el último vecino, mudo de soledad, en un pueblo perdido. En su soliloquio, el muerto hace desfilar a todos los habitantes que hubo en dicho pueblo con las anécdotas cotidianas, las intrigas, amores, odios y alegrías posibles de un lugar extinguido. La simplicidad brutal de los eventos, la unidad de tiempo y de espacio, las voces de los muertos que suben como un coro, parecen los elementos de una tragedia mediterránea que bien podría ser de Esquilo. Igual que en la vida, se reflejan también los momentos crueles o divertidos, las escenas burlescas, el humor corrosivo, la amargura, la pobreza y el hambre conocidos por tantas criaturas de la posguerra civil española. Ese pueblo escondido, llamado Herrumbre, es un microcosmos pero abarca toda la vida y la vida de todos nosotros. Conociendo el pasado del autor, escritor especializado en la etnografía, viajero y cineasta, el lector podría pensar que se trata de una obra de recopilación de cuentos, leyendas o anécdotas cosechadas durante toda una vida en contacto con los pueblos más rancios de España. Pero no. Pasa por la obra un soplo épico, una grandeza que solamente una experiencia vivida puede desenlazar y ofrecer. En efecto unas confidencias del autor confirman que muchas escenas son trasposiciones de su infancia en un pueblo similar a Herrumbre. Reviven los sonidos, los sabores, los rumores de ese mundo que hoy se desvanecería en el olvido si el autor no lo hubiera conservado en su memoria para nosotros.Hay en la novela El Abandonario unas invenciones lingüísticas que harán las delicias del lector. La riqueza del vocabulario, a veces inventado o inspirado en el lenguaje hablado, de los refranes, de los insultos, de las canciones populares, hace del texto una enciclopedia de la sabiduría del mundo rural, de un universo en desaparición. Existen escenas muy innovadoras en literatura, tal vez por influencia de la técnica cinematográfica, como por ejemplo, cuando se mezclan en el texto todas las conversaciones sobre la plazoleta del pueblo, como un rumor de fondo, donde respira la vida trivial de los habitantes. O cuando se entrecruzan los comentarios de las personas que preparan los pestiños en la cocina, escuchados por el niño desde su alcoba, donde fue recluido para que no incomodara los preparativos. Ese niño de ayer es el autor que escucha hoy las reminiscencias de estas voces de la felicidad simple.El lector francés entrará sin preámbulo en ese mundo mediterráneo ya familiarizado por sus lecturas de las novelas de Marcel Pagnol o Jean Giono. El Abandonario, de Manuel Garrido Palacios, no necesita de reflexiones metafísicas o escatológicas en ese contexto de vigilia mortuoria donde flota el espíritu colectivo resignado tanto a la vida como a la muerte.

© François-Luis Blanc (Francia)

EL ABANDONARIO

EL ABANDONARIO
M. Garrido Palacios 
1ª Edición. Editorial Calima. Mallorca
2ª Edición (en francés) Editorial Harmattan. Paris

Manuel Garrido Palacios nos entrega en 'EL ABANDONARIO' su apasionante novela. Dedicado profesionalmente al cine y a la etnografía, sólo en estos últimos años ha ido publicando libros de ficción literaria. El sorprendente EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Ed. Calima, Palma de Mallorca) y esa variopinta fábula titulada NOCHE DE PERROS (Ed. AR, Sevilla, Calima, Mallorca y L'Harmattan, Paris) nos mostraban ya a un narrador premioso conocedor de su oficio y exhaustivo gozador de la alta, rica tradición castellana. En ambos libros latía el aliento de un hombre entrañado, investido en lo popular, en el que la ironía, el escepticismo, la retranca..., nos daban cuenta de un mundo personal, entretejido de realidad y ficción mágica, con un pie puesto en los estribos de la picaresca (con esa visión escéptica, amargosa del mundo) y el otro en ese prolijo mundo de lo escéptico y de lo soterráneo que encontramos también en la vasta tradición castellana, desde Cervantes a Rulfo, desde Quevedo a Valle o al Cela del Pascual Duarte. Pareciera que todos esos largos años emboscado detrás de la cámara, atento a las luces y a las penumbras, a las voces y al silencio, hubiesen propiciado en el autor un caudal vivo de sombras y máscaras que ahora, en su faceta más propiamente creativa, se nos revelan en toda su concertante, apabullada realidad. Estas tres coordenadas: la tradición escéptica, la visión mágica y el lenguaje popular , más que presentes en sus dos libros de relatos, constituyen ahora el soporte literario de este libro (EL ABANDONARIO) tan sorprendente como impagable. EL ABANDONARIO es un viaje hacia los médanos interiores de una memoria que se resiste a reconocerse en los parámetros realistas o mecanicistas, donde los hechos quedaban sepultados, envilecidos por un proceso de afirmación histórica o ramplonamente temporal. Muy al contrario, lo primero que sorprende en esta novela, es precisamente la ausencia del tiempo. El recuerdo, la memoria, ajenos a la contaduría de las horas, se superponen, se erigen, vivifican la realidad, construyendo una reconocible fantasmagoría de hechos simultáneos y envolventes que atrapan al lector ya desde sus primeras líneas, aventurándolo a un mundo de una sencillez, de una fantasía desaforada. En realidad, lo que Manuel Garrido Palacios, persigue a lo largo de esta obra inolvidable es recrear, alentar, producir una atmósfera interior reconocible, en la que vida y muerte, realidad y magia se entretejan de una manera creíble y lo que es más importante, natural, en torno a los pellizcos de la vida. Pero si ya en su larga obra cinematográfica Garrido Palacios trata de recoger la devastada memoria de los pueblos, afirmándolos en su identidad y sublimando precisamente aquellos elementos que hacían palpable esa identidad, aquí, en esta, su primera novela, se nos propone una vuelta de tuerca al introducirnos en un mundo de resonancias míticas que nos agarra desde la pura y abstracta identidad y donde el lenguaje, de una llaneza casi cegadora, consigue por sí mismo convertirse en el absoluto protagonista de esta historia en la que un muerto relata a quien lo vela la historia de un pueblo fenecido, atrapado en su propia fantasmagoría. Nos hallamos, pues, ante una novela sorprendente que consigue imantar al lector a las primeras de cambio, para mantenerlo en vilo durante toda la deslumbrante travesía. Y es que Garrido Palacios, seguro de su oficio, capaz de descubrir una atmósfera en unas pocas líneas, lejos de adentrarse en un discurso atolondradamente lírico, prefiere ponerse en manos de la naturalidad, de la fluidez de la palabra dicha, oída, metida en la matriz y en el estómago. Será, así, a través de los personajes que hablan a través del muerto, que se construya la peculiarísima memoria de Herrumbre, ese pueblo acosado por la nada, y cuya historia es la que se va enhebrando a lo largo de todo el libro. Mamuel Garrido Palacios se ha limitado, parece y aquí estriba gran parte del éxito del relato a dar sentido a todas esas voces, ordenándolas de manera que el lector se reconozca en cada una de ellas, removiendo en él los más dormidos soportales de la memoria. Una novela, en definitiva sugeridora y valiente, escrita con toda el alma, que se reconcilia con el arte de la prosa, tan demacrado, tan envilecido últimamente. Sin duda, y acabamos, una de las novelas más deslumbrantes escritas en los últimos tiempos en la lengua de Rojas, Cervantes o Rulfo.

© Manuel Moya

PALABRAS DE ANDAR POR CASA

DICCIONARIO DE PALABRAS DE ANDAR POR CASA
(Huelva y sus pueblos)
Manuel Garrido Palacios
3ª Edición: Editorial NIEBLA
2ª Edición: Universidad de Huelva
1ª Edición: Calima Editores (Madrid / Mallorca)

EL CHAMANISMO

MIRCEA ELIADE
EL CHAMANISMO
y las técnicas arcáicas del éxtasis
Fondo de Cultura Económica
México

LEONARDO DA VINCI

AFORISMOS
LEONARDO DA VINCI
Óptima

SEMBLANZAS IDEALES


JULIO CARO BAROJA
SEMBLANZAS IDEALES
Maestros y amigos
con una del autor por Davydd Greenwood
de la Universidad de Cornell
Editorial Taurus

CANCIONERO DE POESÍAS VARIAS

CANCIONERO DE POESÍAS VARIAS
MANUSCRITO 2803
DE LA BIBLIOTECA REAL DE MADRID
Prólogo de Maxime Chevalier
Edición de José J. Labrador Herraiz / Ralph A. DiFranco
EDITORIAL PATRIMONIO NACIONAL · MADRID 1989 

JAMES JOYCE

JAMES JOYCE
ANNA LIVIA PLURABELLE
(Finnegans Wake, 1, viii)
Edición bilingüe y traducción: F. García Tortosa
Otros traductores: R. Navarrete Franco y J. Mª Tejedor Cabrera
CATEDRA · LETRAS UNIVERSALES 

EL DISCRETO


BALTASAR GRACIÁN
EL DISCRETO
Edición de Aurora Egido
Alianza Editorial

GERARDO DIEGO

GERARDO DIEGO
PRIMERA ANTOLOGÍA DE SUS VERSOS
Austral · Espasa Calpe · 1958



LAS TRES HERMANAS

Estabais las tres hermanas,
las tres de todos los cuentos,
las tres en el mirador,
tejiendo encajes y sueños.

Y yo pasé por la calle
y miré… Mis pasos secos
resonaron olvidados
en el vesperal silencio.

La mayor miró curiosa,
y la mediana riendo
me miró y te dijo algo…
Tú bordabas en silencio

como si no te importase,
como si te diese miedo,
y después te levantaste
y me dijiste un secreto

en una larga mirada,
larga, larga… Los reflejos
en las vidrieras borrosas
desdibujaban tu esbelto

perfil… Era tu figura
la flor de un nimbro de ensueño.
Tres eráis, tres, las hermanas,
como en los libros de cuentos.

LA DESPEDIDA

Aquel día -estoy seguro-
me amaste con toda el alma.
Yo no sé por qué sería.
Tal vez porque me marchaba...

-Me vas a olvidar -dijiste-.
Ay, tu ausencia será larga,
y ojos que no ven... -Presente
has de estar siempre en mi alma.

-Ya lo verás cuando vuelva.
Te escribiré muchas cartas.
Adiós, adiós... Me entregaste
tu mano suave y rosada,

y, entre mis dedos, tu mano,
fría de emoción, temblaba.
Sentí el roce de un anillo
como una promesa vaga.

Yo no me atreví a mirarte,
pero sin verte notaba
que los ojos dulcemente
se te empañaban de lágrimas.

Me lo decía tu mano
en la mía abandonada,
y aquel estremecimiento
y aquel temblor de tu alma.

Ya nunca más me quisiste
como entonces, muda y pálida.
Hacía apenas tres días
que eran novias nuestras almas.


© GD

VIAJES POR ESPAÑA Y PORTUGAL


VIAJES DE EXTRANJEROS POR ESPAÑA Y PORTUGAL 
en los siglos XV, XVI Y XVII
Colec. de Javier Liske · 1878
Trad. por F. R. · Editorial Medina · Madrid

CORPUS DE LA ANTIGUA LÍRICA

MARGIT FRENK
CORPUS DE LA ANTIGUA LÍRICA
POPULAR HISPÁNICA (ss. XV a XVIII)
Colaboración técnica:
John Albert Bickford / Kathryn- Hickman
EDITORIAL CASTALIA

LOS ACADÉMICOS CUENTAN

LOS ACADÉMICOS CUENTAN
Academia Norteamericana de la Lengua Española
Nueva York
Gerardo Piña-Rosales (edición y prólogo)
Cuentos escritos por académicos de todo el mundo
Ed. ANLE /Axiara. Col. Pulso Herido 6. Marzo 2015. 344 pp. 

Las palabras traen su fragancia oculta, su eco íntimo, su ‘otro’ sentido, cualidad que aportan al texto en el que aparecen para sumarle brillo. Me fijo en el título de la nueva obra editada por la Academia Norteamericana de la Lengua Española en Nueva York: ‘Los académicos cuentan’. En primer plano está el concepto narrar, contar, transmitir individualmente ideas, impresiones, pensamientos. historias. En segundo, como una sombra subliminal, está el de tallar una obra merced al trabajo colectivo, que no queda en la puntualidad de unas páginas, sino en dar esplendor al idioma que nos une, en fijar, en universalizar las primeras palabras que entendimos en la vida, el primer sonido que nos habitó. El libro, aún tibio del parto de las imprentas, contiene ambos encantos: abre sus páginas para que cada voz se exprese y, por si fuera poco, coloca la guinda en el título: cuentan, trabajan, están ahí, cuidan el idioma sin hacer ruido, sin poner solemne el gesto. Es a lo que llamo fragancia.

© Manuel Garrido Palacios

ÍNDICE

Presentación, Gerardo Piña-Rosales / 11
LUIS ALBERTO AMBROGGIO: La fluida concepción del tiempo / 13
OLVIDO ANDÚJAR: ¡Os quiero matar a todos! / 17
FRANCISCO ARELLANO OVIEDO: Una pesadilla menor que la realidad / 23
MARTA ELENA COSTA: El empleado / 31
RAFAEL COURTOISIE: La obra de Louis Groussac / 43
JORGE I. COVARRUBIAS: La partida / 51
JORGE DÁVILA VÁZQUEZ: De una rosa / 55
JUAN CARLOS DIDO: Para leer con lupa / 61
DELIA DOMÍNGUEZ: Leche Negra / 71
OSWALDO ENCALADA VÁSQUEZ: El café / 77
DAVID ESCOBAR GALINDO: Historias sin cuento / 81
VÍCTOR FUENTES: Gracias a la vida / 87
MANUEL GARRIDO PALACIOS: El árbol del futuro / 89
ISAAC GOLDEMBERG: A Dios al Perú /101
EDUARDO GONZÁLEZ VIAÑA: Siete noches en California / 93
ULISES GONZALES: Detalle de mi infancia / 115
PEDRO GUERRERO RUIZ: Ibn Al-Yasar / 121
JORGE KATTÁN ZABLAH: Condimento exótico / 125
MARÍA ROSA LOJO: Plegarias atendidas / 129
FERNANDO MARTÍN PESCADOR: La vida en tres palabras / 135
MARICEL MAYOR MARSÁN: Las dos mitades de una historia / 139
JOSÉ MARÍA MERINO: Liquidando al Meta / 147
ROBERTO MODERN: La sabiduría de los humildes, De la cadena, Una fábula / 153
JUAN DAVID MORGAN: Isla azul / 157
FRANCISCO MUÑOZ GUERRERO: Acerca de Basilius el Escita / 173
JOSÉ LUIS NAJENSON: Vacaciones académicas de invierno / 183
JULIO ORTEGA: Los suaves ofendidos / 193
GERARDO PIÑA-ROSALES: Don Quijote en Manhattan / 199
ALISTER RAMÍREZ MÁRQUEZ: La vendedora de huevos de pingüinos / 225
RAMÓN EMILIO REYES: La cena / 231
RAÚL RIVADENEIRA PRADA: El saxofonista y su perro cantor / 237
VIOLETA ROJO: Miniaturas de ciudad y río / 253
BRUNO ROSARIO CANDELIER: Sueño rotundo / 255
ROSE MARY SALUM: Ocho / 259
CÉSAR SÁNCHEZ BERAS: La llovizna. La dadivosa. La anticigüeña / 269
RAFAEL E. SAUMELL: Blanquita, qué trágica eres / 273
FERNANDO SORRENTINO: La insoportable complejidad del ser / 281
GRACIELA TOMASSINI: El diario de Felicitas y otros minicuentos / 293
JUAN VALDANO: Saduj: el otro hombre / 297

Annie Cathelin

Annie Cathelin
EN ATTENDANT DES MATINS CLAIRS
Roman
L'HARMATTAN · Paris

« J'ai couru après la vie mais elle ne m'a pas attendue. » Ainsi parle Soledad en refaisant à l'envers le chemin des petits bonheurs et des misères ordinaires qui ont tissé son existence. Quand elle a quitté l'Espagne, l'année de la mort de Franco, elle rêvait de voyages et de changer le monde, au hasard des routes et des rencontres. Bien des années plus tard, elle espère encore fuir la folie du monde. Son récit est un peu l'histoire de ceux qui, peinant à trouver leur place, découvrent enfin l'engagement qui donnera sens à leur vie et leur apportera la paix intérieure.

ARISTÓTELES


ARISTÓTELES 
ACERCA DE LA GENERACIÓN Y LA CORRUPCIÓN
TRATADOS BREVES DE HISTORIA NATURAL
Introd. Traduciones y notas de
E. La Croces y A. Bernabé Pajares
Editorial Gredos

Gerardo Piña-Rosales

LOS AMORES Y DESAMORES
DE CAMILA CANDELARIA
Gerardo Piña-Rosales
Colección [dis] locados
Literal Publishing · Houston · Texas

“Tan pronto como hube bebido ¡hasta la última gota! aquel líquido oleaginoso y amargo, sentí que la realidad de mi entorno comenzaba a revelárseme desde otros ángulos, que mi consciencia se expandía y navegaba ad libitum por las paredes del santuario, revestidas de dibujos y mandalas tibetanos; por la bóveda, tálamo circular o campo de batalla poblado de fornicantes ninfas y quiméricos dragones; por la claraboya, donde repiqueteaba la lluvia; por el denso y enervador aroma del incienso; por el viento, ronco rumor, entre los palmerales, gemebundo como algún animal cautivo o vulnerado. Por primera vez en mi vida me sentía realmente viva, pletórica de energías. Pero, al mismo tiempo, la quietud y el sepulcral silencio que nos rodeaban me sobrecogían. Un cierto miedo, una leve angustia ante lo desconocido se anudaban en mi garganta. Mi ser se descomponía, sin que yo pudiera -ni quisiera- detener el total desvanecimiento de las diferentes y contradictorias personalidades que a lo largo de mi vida había ido presentando a los demás”.

G.P-R

WILHELM VON HUMBOLDT


DIARIO DE VIAJE A ESPAÑA
(1799-1800)

WILHELM VON HUMBOLDT
Traducción: Miguel Ángel Vega 
Ed. Cátedra

ANDRUS KIVIRÄHK

ANDRUS KIVIRÄHK
EL HOMBRE QUE HABLABA SERPIENTE
Traducción de Consuelo Rubio
Editorial Impedimenta

PAUL CÉZANNE

PAUL CÉZANNE
Autorretrato
KUNSTMUSEUM · Berna

VINCENT VAN GOGH



VINCENT VAN GOGH
Autorretrato con caballete (1886)
MUSEO VAN GOGH · Amsterdam

La tumba donde reposa Vincent van Gogh está en Auvers sur Oise, pueblo que queda a hora larga al norte de Paris, cruzando los paisajes testigos del tramo final de su trágica historia. Parece que el caminante entrara y saliera de continuo de algunos de sus cuadros cuando va. La tumba está junto a la de su hermano, rozando una de las tapias del recinto sagrado, ambas cubiertas por una densa capa de hiedra de la que sobresalen los fríos datos tallados en las lápidas: Vincent (1853-1890), Theodore (1857-1891). Sobre las reticencias surgidas para que Vincent fuera enterrado aquí por las circunstancias de su muerte, se impuso la razón. El cementerio de Auvers sur Oise, de extensión media, sin tapias blancas, sino pardas, coronadas de musgo, acoge a diario, desde temprano hasta el ocaso, una discreta peregrinación de sensibles. Si se deja atrás la última casa del pueblo, para llegar a la verja hay que atravesar trigales que se infinitan a ambos lados, tapices ocres sajados por el sendero, y si luce una luz de otoño y el caminante encara sin prisas el grandioso marco, éste le dirá a sus sentidos que esos trigos maduros son los mismos que el artista pintó. En los meses finales de los treinta y siete años que estuvo entre nosotros, creaba constantemente: testamento artístico de setenta pinturas, treinta dibujos y un solitario grabado. No se sabe qué hubiera sido del pueblo de no haberlo habitado Vincent van Gogh y de no poder contar ahora cuanto se cuenta. Lo cabal es que Auvers le debe al pintor ese hormigueo humano que no cesa así llueva, truene o resplandezca la luz atenuada de esta comarca francesa. Auvers sur Oise agradece al artista la llamada de atención que hace al plasmarla en la tersura del lienzo, apasionadamente además. Por eso el pueblo ha respetado el paisaje tantas veces pintado y no ha consentido que se edifique nada que lo rompa, enturbie o manche, para que siga como él lo vio y lo amó. En una cuesta suave hay una venta cuyo dueño muestra orgulloso el cuarto en el que vivió Vincent, cuyos pinceles expresaron con tanta intensidad lo que veía: colores, formas, macizos, vacíos; y hasta puede que te cuente la desazón de sus amores no correspondidos como quien da a probar una amargura, y el mal que lo envolvió en un sudario de silencios, y el disparo que acalló sus latidos. Y la soledad: eso que nadie escoge. Una nube suelta deja caer cuatro gotas en el camino de vuelta del cementerio al pueblo, ocasión para que el caminante, refugiado bajo la fronda de un árbol, observe cómo el mar de trigo tiembla merced al soplo inesperado del viento que pasa. E imagina que llega la hora mágica en la que el espíritu inquieto de Vincent van Gogh, pasea por estos campos conservados para él mientras busca el encuadre ideal para pintarlos. Es como si el trigo, al saberlo, se estremeciera.

© Manuel Garrido Palacios






MANET

Uno de los pocos retratos que
Edouard Manet hizo de su esposa (1867)
(Musée d’Orsay · Paris)

Touches blanches. Touches noires

TOUCHES BLANCHES. TOUCHES NOIRES
(Roman)
Manuel Garrido Palacios
Editorial Le Soupirail
Francia

RESEÑA 
POR
FRANÇOIS LUIS BLANC

Conozco a Manuel Garrido Palacios desde hace 15 años, he leido la mayor parte de sus libros, visto algunas de sus peliculas (Adivina, adivinanza, Rituales…), todo influenciado por su mirada de antropólogo sobre la vida rural en los pueblos antiguos, con sus tradiciones, profesiones y personajes. Como dice Manuel Moya del autor de este libro:
Desde que en 1998 Manuel Garrido Palacios diera a las imprentas mallorquinas El clan y otros cuentos, libro en el que ya daba cuenta de un mundo personal e intransferible que se encontraba en los límites de lo real, su autor ha ido escarbando en un universo que tiene tanto de onírico como de real, tanto de cotidiano como de mágico, todo ello localizado en un tiempo que es a la vez destiempo, donde muerte y vida no forman nociones distintas de lo real, sino que se imbrican, se funden, forman parte de un entramado.
Este libro, Touches blanches, Touches noires, sigue la misma perspectiva, pero con una nueva dimension, casi cósmica, y un poder narrativo y creativo que ultrapasa lo que yo ya habia leido, como El Abandonario y la secuela de libros de la misma saga, y sé que Manuel Garrido Palacios se reclama de la ola de Juan Rulfo en libros donde el horror de lo cotidiano en la vida de los desdichados nos alcanza en plena cara con la belleza obscena de la pobreza.
La literatura clásica internacional abunda en novelas de este genero: Los miserables, de Victor Hugo, Zola, con L’Assommoir, los libros de Dickens, Las uvas de la ira de Steinbeck, Rulfo en Mexico, Graciliano Ramos en Brasil, y muchos otros a los cuales Manuel Garrido Palacios añade su obra con el fondo especifico de la guerra civil y con su original técnica del monólogo recitativo, incantatorio, una letania tal vez inspirada en el coro de las tragedias griegas, que opera como un testigo vivencial de los eventos que se suceden en el palco.
El titulo, Teclas blanches, Teclas negras sorprende, pero se explica cuando se aprende que los protagonistas principales son un piano y una música, Tarantela, que va a servir de leitmotiv inspirador puntuando la historia de un pueblo. Mambraseca es el lugar alegórico donde se desenvuelven los dramas cotidianos de la vida durante la contienda.
Y entramos en la trama: Fátima, la madre de Balbina, la heroína, una joven adoptada que ha dejado el pueblo y está en el centro de la intriga, monologa con su hija y le relata los eventos diarios para la ausente, las memorias, los hechos de todos los personajes que van a desfilar sucesivamente en el palco, con sus historias particulares y sus interacciones. Una galería de personajes que construyen una comedia humana como en la obra de Balzac, o los truculentos episodios de Fellini de Amarcord.
Hay la historia de la mina, que fue cerrada, el cura don Resurrección, conservador y tradicional aliado de los gobernantes, de la orden, poniendo a Dios al servicio del poder y denunciando las costumbres de los rojos, y que defiende sus prácticas dignas de la Inquisición.
Hay el cacique, representante de la dictadura en el pueblo, cuyas exageraciones, torturas y violencias se multiplican, como una letanía macabra, en los camiones de fusilados al alba. Este personaje me recuerda al cazador de Ernst Junger en Los acantilados de Marmore, una alegoría del dictador nunca nombrado que persigue en una constante busca la humanidad descartable.
Hay el padre de Balbina, ex-minero, que será sacrificado en el altar de la represión de todas las libertades. Él tiene talento de curandero por las hierbas, junto con Hipacia, la bruja, lo que nos trae muchos conocimientos sobre las curas tradicionales con las plantas (campo que estudié en los Andes).
Hay el poeta Pardero, cuyos versos puntúan el texto dando alma y voz a todo lo que ocurre en el pueblo y recordando la sabiduría popular cuando se la necesita. Su destino trágico fue probablemente inspirado en la mente del autor por lo de Lorca, como homenaje póstumo al gran poeta muerto a manos de los fascistas.
Hay el buhonero Silvino, que con sus mercaderías recuerda el mundo urbano distante, fuente de sueños.
Hay siempre las teclas blancas de la felicidad en contraste con las teclas negras del infortunio, como las teclas del piano de Balbina, cuya existencia sorprende en la desolación de este pueblo: ¿cómo puede poseer un piano en medio de tanta pobreza? Historia de un piano que fue del dueño de la mina,.., una nota surrealista en este paisaje trágico, con los 24 compases medidos en la partitura de una Tarantela, que será el himno federativo del pueblo y de su gente, como un signo de esperanza, un acto de fé en un último resto de bondad humana.
Con la sonata de una nota solitaria imaginada durante un sueño, a la manera de Italo Calvino y su Caballero sin cuerpo, o su personaje viviendo en un árbol, dentro de un minimalismo dadaísta, porque el sueño y sus aparentes absurdos o revelaciones son parte de la novela. La música de la Tarantela, los cantos y rituales populares regresan como un leitmotiv fascinante, una danza catártica contra los sufrimientos, como una oración. Y la pianola tocando sola aparece como una magia, una nueva dimensión añadida a la poética belleza natural. El piano es un instrumento que debería recoger todos los rumores del pueblo en su cajón. Un instrumento maléfico, según el cura don Resur, que deberían quemar en un auto de fe.
Hay el veedor de aguas, con el dolor de sus testículos, puro Fellini. Las fiestas gastronómicas, que hacen olvidar un poco la tragedia y los buitres de la madrugada.
Hay el Nubero, el muletero y su mula, un personaje por si solo como otros animales y pájaros. Como la cabra Biribirla, encarnación lúbrica del demonio que posee al pueblo, según don Resur, como todos los objetos mágicos de la bruja Hipacia y las creencias maléficas del pueblo, que merecen ser extirpadas por el fuego de la Inquisición o por la desaparición física de los supuestos poseídos con la complicidad del cacique y sus camiones de la madrugada.
Hay otro elemento demoniaco: las ratas, alegoría de los verdugos de la dictadura, como en La peste de Camus, que siembran el pavor, cultivan la delación, la suspicacia entre todos. Una alegoría paradójica cuando se piensa que las ratas personificaban las razas a eliminar para los nazis.
En cuanto al cacique, él da clases de ejercicio del poder a Fátima, nombrada responsable de la cultura por ironía de la suerte.
Hay la naturaleza que reina sobre los hombres, con su poesía, su belleza y su poder curativo de todos los sufrimientos, lagrimas, lloros y naufragios del pueblo y de lo efímero de la existencia.
La muerte del padre de Balbina ilustra mejor los procedimientos de los fascistas. Inclusive el banquete macabro del cacique, recordando la cena de Viridiana de Buñuel, con los doce prisioneros. Y la muerte del poeta Pardero, episodio confundiendo, desorientador de muerte-desaparición-martirio confinando con la leyenda, recordando aquella de Lorca. Es el último canto del cisne del poeta, digno de la poesía del desengaño de Quevedo.
Hay los remordimientos y la crisis de conciencia del caporal Acadio, el ejecutor de las órdenes mortales para sus conterráneos y luego, el proyecto fallido de venganza de todo el pueblo para hacer triunfar el bien sobre el mal.
Sigue una cascada de horrores sin fin, puro ensayo rulfiano de un paraíso perdido, como el de Milton; es el último soplo del alma del pueblo. El abandono de la mina, el despoblamiento por las masacres de la madrugada.
Hay el pozo, motor de la vida del pueblo como la pianola es su soplo. Este pozo sufre una terrible profanación, un colmo del horror en la novela, con la desnaturalización de su pureza de origen divino, boda sagrada de la tierra y del cielo, por un cadáver, y orinas y excrementos humanos; terrible metáfora del fin del mundo futuro por la polución moderna debida a las actividades del hombre contra la tierra.
Hay el ahogamiento del cantinero en el pantano como último acto de la muerte del pueblo, vislumbrado en su sueño por Fátima.
La venganza contra el cacique será obra de una viuda, no diferente de la muerte dada a una gallina o a un puerco, y el despojo será transportado en el vehiculo de los fusilados, cerrando así el drama dentro de un circulo de escarnio donde planea la soledad.
La apoteosis de la Tarantela será la de volverse el himno de Mambraseca, como pirueta final para decir que todo drama debe acabar en una canción.
Pero hay aun la muerte por amor de Honorio, el funcionario del escritorio, y la del último artesano. Las tradiciones, la sabiduría popular prevalecerán como símbolo de la inmortalidad que se perpetúa en el silencio. Y Balbina siempre allá, en la distancia inconmensurable de su partida…
De su técnica literaria resalta Manuel Moya En la escritura narrativa de Manuel Garrido Palacios, el tiempo, o el destiempo, como prefiera, aparenta jugar un papel residual, ajeno al conflicto que una y otra vez aqueja a los personajes... las vidas de estos habitantes del destiempo, parecen moverse como cautivos, como fantasmas atrapados en una botella de cristal, abombados por la distorsión de ese lente.
Para mí también, tal vez la maestría del tiempo, de la realidad y del sueño, es la marca de un gran escritor que no obedece a la cronología y a la realidad simples, sino que prefiere ver a sus personajes en la espiral del tornado que es la vida, que, como el romance, nos lleva de un punto al otro, nos aparta, nos devuelve al mismo lugar, al interior de un auténtico caos. Esto es un marco de la obra de Faulkner, como en el romance Sartoris, por ejemplo. El autor prefiere describir circunstancias, atmósferas, eventos dispersos, sin relación cronológica, más que una intriga construida. Esto es parte del arte de escribir de Manuel Garrido Palacios.

© François-Luis Blanc, Escritor.

APASIONANTE GRECIA ANTIGUA

LA APASIONANTE GRECIA ANTIGUA
Urna griega (450-425 a.c.), vasija sacramental que, con aceites fragrantes, se colocaba junto a una tumba o al lecho de muerte. Triptolemo coronado sostiene espigas eleusinas, puede que infestadas con cornezuelo, a la vez que Deméter -o Perséfone- vierte una sagrada libación que, se cree, fue preparada con dicho grano. Las figuras están separadas por el báculo de Triptolemo y unidas por las espigas y la libación.
Ref. PLANTAS DE LOS DIOSES

PLANTAS DE LOS DIOSES

RICHARD EVANS SCHULTES
ALBERT HOFMANN
PLANTAS DE LOS DIOSES
ORÍGENES DEL USO DE LOS ALUCINÓGENOS
EDITORIAL FONDO DE CULTURA ECONÓMICA · MÉXICO 

William Turner


William Turner
El Temerario es remolcado a su último fondeadero (frag.)
National Gallery. Londres