UN MOMENTO MÁGICO

A PIE DE OBRA

En ciertos actos humanos hay un momento mágico que permite conectar con 'lo divino’ aunque sea 'la efímera eternidad de un instante’, según el verso de José Manuel de Lara. De no ser así, los habitantes de ese Olimpo idílico protestarían ante la invasión que se les vendría encima al grito de ‘¡Esto es mío! ¡Viva no sé qué!’. Estos seres misteriosos –quizás representados en los ídolos del yacimiento Orden/Seminario/Torrejón– no se mezclarían así como así con los que ocupamos este laberinto nuestro; no nos iban a consentir pasar su umbral con la desorganización que hemos creado y padecemos, cargados con lastres como el ‘¡Y tú, más!’ de turno, peroratas de púlpito o tribuna o consignas sobre el camino de la verdad y eso.
          Pero a veces en ese ámbito se abre un postigo para otear el panorama y, sin avisar, se produce un momento mágico en el que intuimos que no todo está perdido. El miedo y la esperanza juegan su partida, hacen tablas durante la breve eternidad, los humanos nos estremecemos y después, a sensación gastada, cada mochuelo busca su alcaparra.
          Hoy se ha producido este fenómeno y lo reseño. A la hora prevista llegó la gente a la concentración, se repartieron pegatinas, se caminó hacia la excavación del expolio y todo se desarrolló según guión: sonaron los megáfonos, se movieron los grupos, se dijo el motivo de estar allí y, cuando el acto abocaba a su final, surgió la feliz idea de rodear con una cadena humana los yacimientos arqueológicos atormentados por las excavadoras. Fue ahí, ante el escenario en el que estaban –ya no todos– los viejos ídolos, cuando se hizo un silencio que parió un grito unánime, a coro limpio, para decir que se honraba una memoria propia, unas creencias propias, unas raíces propias, no venidas ni impuestas, sino propias, tan propias, que ese gesto colectivo propició el gran momento mágico capaz de unir voluntades para proteger todo un sentimiento común, que parece poco. Fue una pacífica ‘toma’ por parte de los que rodeaban aquella tierra, del contenido espiritual guardado durante milenios para un día señalado. Lo que quedó luego fue la fragancia del suceso tallada en la memoria, la misma que intento traducir a palabras a pie de obra.

© Manuel Garrido Palacios

FRACTALES · MARISMAS · DOÑANA

FRACTALES, LAS MARISMAS Y DOÑANA
Héctor Garrido
Exposición fotográfica a partir del
8 febrero 2016 · 11:30 horas
FUNDACIÓN BIODIVERSIDAD
Plaza Patio de Banderas 16
SEVILLA

LA MIRADA DEL PASADO

LA MIRADA DEL PASADO

Más allá de los tópicos con los que suelen adormecer la conciencia ciudadana, está el pasado. Más allá de las ‘efímeras certezas’ que suelen pregonar a bombo y platillo valorando que ‘esto’ o ‘aquello’ es ‘lo mejor del mundo’ (¡qué cruz!), está el pasado. Más allá de la ventaja que los vendedores de todo ven en las toneladas de tierra que arropaban las misteriosas miradas de los ídolos, está el pasado. Más allá del egoísmo inmediato, de la foto inmediata, del ‘lo que sea’ inmediato, está el pasado. Más allá del ‘hoy’ vacío, está ese ‘algo’ lleno, es decir, el pasado.
La concentración ciudadana del 31 de enero de 2016 en Huelva, aunque pudiera parecer que fue convocada ayer o antier, no es así. La convoca un pasado de milenios, un pasado de jadeos nuestros. Y lo hace para que  defendamos ese pasado de una agresión insólita, para darnos una lección de pasado, para que entendamos que somos el pasado más un sueño y que hasta ese sueño tiene que entroncar con el pasado por respeto a nosotros mismos.

© Manuel Garrido Palacios

BENITO A. DE LA MORENA

SOLIDARIDAD POR EL EMPLEO

Durante 39 años ha sido el responsable científico del INTA en El Arenosillo como Jefe de la Estación de Sondeos Atmosféricos. Desde ese cargo y de manera trasversal participa en la docencia y coordinación de dos másteres en la Universidad de Huelva, uno de tecnología ambiental y el segundo y más reciente, sobre aviones controlados por piloto remoto (RPAs), además de impartir clases en la Univ. Córdoba en el master sobre energías renovables. Cooperar con empresas en la faceta ambiental ha sido también una de sus actividades preferentes. Doctor en Ciencias Físicas de profesión, siempre ha tenido una especial dedicación por la juventud en general y universitaria en particular. Ha promovido la creación del grupo Solidaridad por el Empleo en linkedin, fundamentado en compartir solidariamente ofertas de trabajo entre los jóvenes desempleados. El haber sido XVII Premio Andalucía Medio Ambiente a "toda una carrera profesional" y "Premio Andalucía 2013 en Educación e Investigación" ha motivado más, si cabe, su ilusión para que, desde las universidades, se cubra ese vacío actual que impide al joven recién graduado conocer el futuro al que puede dirigirse.

Revista de Folklore nº 407

Revista de Folklore nº 407

Editorial de Joaquín Díaz (Director):
La similitud de objetivos y la coincidencia temática que existe entre costumbrismo y etnografía serían motivos suficientes para establecer una relación lógica entre ambas disciplinas. Si ambas pretenden una comprensión de la vida y el alma populares («lo que sabe, siente y hace el pueblo, no lo que se sabe de él», según frase del etnólogo Luis de Hoyos), aparentemente se persigue un mismo fin, aunque se trate de llegar a él por distintas veredas... +

José Luis Rodríguez Plasencia
Ana María Botella Nicolás

Fundación Joaquín Diaz
Urueña. Valladolid

DOÑANA Y LAS MARISMAS

Armonía Fractal de Doñana y las marismas
Héctor Garrido / Juan M. García
LUNWERG Editores

En “El retorno de los brujos”, Pauwles y Bergier recuerdan que “hay otros mundos, pero están en éste”. Uno es Doñana, cuerpo tallado en el tiempo que a veces se desnuda para mostrar un perfil inédito. Varias ciudades han acogido/acogerán una exposición que refleja la “Armonía Fractal de Doñana y las Marismas”, cuyo libro resumen es éste: “un recorrido por un camino cuyo norte es la belleza”. Todo empezó, dice Juan Manuel García, “cuando Fernando Hiraldo, de la Estación Biológica de Doñana, me envió unas fotografías de Héctor Garrido con una escueta nota: ‘Te van a encantar’. Me encantaron. Eran fotos aéreas de las marismas atlánticas, imágenes extraordinarias de color, forma y textura que recordaban obras de pintores modernos, contemporáneos. Las disfruté en la soledad del estudio y en el tiempo libre en el laboratorio; me aliviaron las esperas y las compartí proyectándolas en Granada. Yo había estudiado la génesis de las formas naturales en modelos a escala, en fotos de lugares remotos e inaccesibles, en las altas cumbres, en los desiertos y cañones, en la superficie de Marte. Pero lo que fotografiaba Héctor Garrido desde el aire estaba a un paso de nuestras casas, en una marisma mil y mil veces fotografiada, pero jamás vista desde esta perspectiva captada con la intención de valorar lo inanimado: la propia piel de Doñana… paisaje generado por los trazos que deja sobre la tierra el vaivén del agua y el viento. En el siglo pasado, Benoit Mandelbrot convenció al mundo científico de que la geometría euclidiana usada desde los tiempos clásicos no servía para describir la naturaleza: que las montañas no eran pirámides, ni los árboles conos, ni las líneas de costa rectas. Y propuso usar una nueva geometría para describir la complejidad de las formas naturales: la geometría fractal, que se manifiesta en todos los aspectos del paisaje, en especial en los lugares no transformados por mano humana. En las marismas atlánticas andaluzas, quizás el paraje mejor preservado de Europa, la geometría de la curva, de la frondosidad, se muestra en su esplendor, y más cuando se observa desde el aire, como en las fotos de Héctor. Las imágenes muestran características típicas de los fractales: formas irregulares que no pueden ser descritas por las formas geométricas, o que son autosimilares: que las partes se parecen al todo. Las costas son curvas, con cabos y golfos, entrantes y salientes, ensenadas y riscos. Un río es un cauce de agua al que llegan afluentes, un afluente es un cauce de agua al que llegan arroyos, un arroyo es un cauce de agua al que llegan riachuelos, un riachuelo es un cauce de agua al que llegan barrancos, un barranco es un cauce ocasional de agua“.
Héctor Garrido dice que la marisma fue su paraíso cuando niño: “Navegué por sus aguas, sufrí sus corrientes y probé el sabor de su lodo. Las aves fueron la excusa y el motor de mis aventuras marismeñas y verlas sobrevolar el mundo abrió una puerta de mi imaginación”. Años después, agosto de 2008, por ejemplo, Héctor censa desde la avioneta que pilota Hans la realidad de 1.800 cigüeñas, 375 espátulas, 410 gaviotas, 65 cigüeñuelas, 230 ánades y 870 avocetas en un cálculo de recuento mientras pasa sobre 90.000 aves.
El libro trae vocación de fomentar el respeto por ese patrimonio común, estableciendo ángulos de visión lejanos para permitir que el aire de la vida limpie de hojarasca el cuadro en bien de la objetividad: ángulos altos que faciliten la comparación de las dimensiones externas; bajos para enfatizar la visión; a ras de tierra para que el ser humano se mida con el entorno, o casi rozándolo, en una sensación virtual, porque en una mirada puede caber un universo. En suma, a la distancia ideal para que su contenido se esparza y se comparta; para, según Luis Landero: “ser eternos al menos por un día”. Odile Rodríguez de la Fuente se pregunta “¿cómo definir la belleza que derrocha el orden de la complejidad, la estructura de la irregularidad, la simplicidad de la sofisticación, todo aquí representado?”; eso que Ruiz Limiñana ve como “un ser descomunal [que] yace durmiente, mientras su piel queda a merced del sol y los parásitos; un corazón compartido, un músculo indómito que cobra vida con el fluido elemental que acude a revivirlo”. Paddy Woodworth tira de su imaginario real: “microbios en una muestra, agua y algas bailando con las arenas; todos encuentran su forma, y son formados por otras formas; una estrella en el barro, un hombre saltando por las nubes”. A estas voces se une la de Francisco Correal para decir que “el medio es el mensaje. La media de edad no es la Edad Media. Un árbol holográfico allí abajo, como huellas de glaciaciones. Sombra en marismas de sol; calzada descalza”. Juan Varela Simó escribe: “siempre me ha resultado extraño el rechazo de cierto público por el arte moderno, como si la abstracción no formara parte de un proceso creativo inconsciente. Pienso, a la vista de estas increíbles imágenes, que lo verdaderamente extraño es el empeño de algunos en reproducir única y fielmente la realidad convencional. ¿Sabe la Tierra que hace arte?”. Diego Escarlón detecta la presencia de “manchas grises en el follaje del Árbol de la Vida. Manchas de muerte y oscuridad, de Hombre, el que pisa fuerte, el que todo lo envenena, lo mata, lo arranca, lo calcina. Quizás los llantos despierten al Hombre y éste entienda que morirá si el árbol cae”. José Luis Sanz ve “la materia viva y la inerte como realidades inextricablemente unidas. Los procesos bióticos y abióticos como fenómenos íntimamente asociados desde hace miles de millones de años. El icono principal de los seres animados, el Árbol de la Vida, gentilmente esculpido por el agua en la superficie de la gea”. Regla Alonso Miura siente que “el lenguaje del agua se asemeja en el arte y la naturaleza. En una acuarela, la expresión de su belleza depende de la intención del artista, la textura y composición del soporte, la carga del pincel, la intensidad del trazo. La naturaleza, fiel a sus leyes, dibuja aparentemente distraída un esquema que, por esencial, resulta intrínsecamente bello”. Para Miguel Delibes de Castro “un gran árbol transpira cada día cientos de litros de agua a la atmósfera. No hay troncos ni ramas en el bosque, sino canales disfrazados por donde corre el agua. Troncos líquidos, copas verdes, el sol arriba... ¿No es un árbol? ¿Es una ensoñación? ¿Será fractal la materia de los sueños de Shakespeare?”. Ramón Masats confiesa: “jamás me imaginé Doñana al microscopio. La he sobrevolado varias veces y nunca había caído en lo que Héctor Garrido me ofrece”. Erika López expresa: “Estoy en un lugar de mi memoria que no recuerdo”. José Saramago añade: “observado desde el aire... parece un árbol tumbado, enorme, con un tronco corto y grueso, constituido por el núcleo central de sepulturas, de donde arrancan cuatro poderosas ramas, contiguas en su nacimiento pero que después, en bifurcaciones sucesivas se extienden hasta perderse de vista, formando una frondosa copa en la que la vida y la muerte se confunden”. Juan Carlos Rubio cree que “una sola gota fue capaz de organizar el mundo; en ella se contenía todo un cosmos. Nadie sabe quién la envió. En su lento discurrir modeló todo lo conocido, luchando sin descanso contra el caos”. A Juan Luis Arsuaga las imágenes le “parecen las circunvoluciones de un cerebro”. Alberto Donaire cuenta que “tras haberla sometido, Hércules fecundó sus huevos, y por las aguas se esparcieron criaturas nunca vistas. Y al son de sus cantos trazaron en la arcilla rasgos quebrados preñados de hijas. Eran las ideas, que venían para derrocar a los sueños”; trazos que Francisco Márquez describe como “garabatos de gigante, laberinto de plastilina, serpientes de agua, puzle de esperanza”.
Dice Joaquín Araujo que “para que el chisporroteo de las ideas, los recuerdos y las emociones nos concedan la condición humana, necesitamos el enramado río de las neuronas, que son puro plagio de la voluptuosidad que comparten las estructuras fractales que el agua inicia”. José María Montero mira a Doñana y se pregunta: ¿quién, a ras de suelo, advierte las claves de este idioma cobrizo? ¿Es la Tierra quien habla? ¿Es la Tierra quien escribe? ¿Quién entiende su lenguaje? ¿Quién atiende su mensaje?”. Para Joaquín Fernández, “una formación paisajística fractal… sangre seca purpúrea sobre amarillos limón y tenues grises, delimitados, o no, por un verde acuoso inmóvil y eutrofizado… tiene el significado que el observador quiera darle: la cabeza de un pez exangüe, contaminado por algún vertido, que yace de perfil como los personajes muertos en las medallas”. Mario Sáenz de Buruaga cree que “indescriptibles a nuestras retinas se revelan y rebelan los jeroglíficos que inventa la marisma ahogada. Doñana seca, Doñana ahogada, asilo de vacas al pasto, de equinos asalvajados, de marismeños curtidos; el río va y viene, toma y devuelve, y siempre es el agua la que modela”. Para Ezequiel Martínez “fluye silenciosamente La savia de la Vida. Armonía caprichosa del agua. Orden, desorden, complejidad. Abren cauces fractales. Hacia el mar, la Libertad”. La retina de Josefina Maestre “ha sido capaz de convencer a la razón para que acepte como real lo que podría no parecerlo. Cuesta admitir que unas perlas moteadas hayan quedado engarzadas en una cola de ballena hecha de marisma; en unos pulmones regados de sabia dulce-salina por los que respira un río, o expira, al encharcar y expandirse por abiertos de arena”. Alejandro Víctor García sitúa la pasión en los surcos de una montaña, en las hebras de las nubes, en las formas del limo, en la orografía blanda de los copos que caen sobre nuestros corazones. El mito se cumple en todas las escalas”.Francisco Hortas ve que “las mareas en su discurrir diario perfilan los limos de las zonas estuarinas creando pozas y canales de drenaje, que permiten el desarrollo de cantidad de invertebrados que sirven de alimento a multitud de aves”. Jorge Drexler ve “una red en cada nodo, una espiral de espirales. Las infinitesimales partes que abarcan el todo”; y Juan Manuel García Ruiz: “cuatro líneas paralelas que dibujaron los hombres de las salinas. Cuatro caballones para contener las aguas que se han de evaporar. Un descuido, un abandono y la marea rompe la estructura impuesta, reconquistando un terreno donde el agua, cargada de vida, fluye otra vez celebrando la geometría natural”. “Agua clara en un estuche de cristal. Un sueño donde el agua discurre por su piel y aflora por sus poros. Una marisma o una diosa, tan enigmática como cercana”, escribe Cipriano Marín. PhilI Ball, siente el eco de antiguas deidades al decir que “el agua es indiferente a distancias, tallando las mismas estructuras en la arena y la roca”. Fernando Hiraldo observa que “en Altamira, nuestros primitivos ancestros inmortalizaban a sus presas. En Doñana, cuando la marisma se seca y agua y alimento escasean, la fauna, en su afán por sobrevivir, representa cada año con las huellas de sus movimientos la belleza de la lucha por la vida. Arte irracional y efímero, robado para la inmortalidad” en este libro. Bárbara Din abraza la energía del agua: “recorro la nada mientras creo nuevos surcos que no serán ya inertes. Me pierdo. Me encuentro en un trazo cercano y me extiendo. No importa si mi terreno es inmenso o diminuto. Crezco. Pujo. Intento; no me detengo. Soy la vida”.
Otro mundo que está en éste es Doñana. Y el libro que la cuenta y canta, Armonía Fractal, es una obra donde arte y ciencia se unen para que la Tierra se exprese ante un coro de voces asombradas.

© Manuel Garrido Palacios

EL AYER ROTO

EL AYER ROTO


Hay una tierra vacía
En la que habita el silencio;
ayer guardaba un tesoro
de ídolos y misterios:
ojos que querían decirnos
en el discurso de un gesto
que con amor vigilaban
la memoria de otros tiempos
con sus dioses, con sus diosas,
sus creencias y sus miedos.
Ya no están los idolillos,
Pasaron a un vertedero
porque la ambición que arrasa,
la ignorancia y el desprecio
se los llevaron ayer
como se lleva a un entierro
el alma de cualquier cosa,
es decir, el sentimiento.

© mgp
··· 

Copia de un ídolo hecha por la Universidad de Huelva
Foto publicada por Periferias 
31 enero 2016 · Concentración ciudadana en el yacimiento

MONCARAPACHO

MONCARAPACHO 

ESTÉTICAS E INESTÉTICAS
no Algarve contemporâneo
Jacinto Palma Diaz
Ed. Produções Sustentáveis
Quinta da Fornalha · Castro Marim
www.tipografiatavirense.com




Will Nausteck

LA CAZA

El jabalí ya está quieto para siempre.
Su error fue existir, comer hierba,
saltar una linde, vivificar un espacio, ocupar un hueco.
Bastó un tiro (y el de gracia)
de quien le dio muerte por deporte:
un héroe casero, titán de asuetos,
gastador de horas en borrar del bosque
la parda estampa, la bella sombra
diluida en el paisaje.
Hizo un agotador esfuerzo
al apretar el gatillo
y será una valentía a recontar
al subordinado que lo escuche.
Usó para la hazaña
el dedo con el que empuja la pluma
de firmar despidos,
de señalar destinos,
de decidir ‘este sí, éste no,
aquel ya veremos’.
Dedo corrupto que niega andar metido
en a, en be o en zeta.
Tras la machada de matar al bicho,
que cabía entero en su mira telescópica,
se retrató en cuclillas junto a la fiera vencida,
alcanzando su efímera gloria
la inmortalidad del imbécil.
Esa tarde colgó el traje gris
en la percha gris del gris despacho.
Después siguió siendo lo gris que era:
un guerrero de diseño congelado,
un número primo de una lista manoseada,
el ‘éste mismo’ como relleno.
El jabalí pasó al estado de la nada,
a despojo sangrante si acaso,
a brillo apagado ante el asombro,
a pupilas quebradas por el terror,
a mancha fruto de una falsa batalla
en el libro de la estupidez humana,
en cuento absurdo para pasto
del club selecto de notables.
'Dele Dios mal galardón’.
Justiciero de pluma y escopeta,
bien merece una ristra de desprecios
quien firma una infamia al alba
y mata al jabalí al caer la tarde,
animal ajeno a burocracias,
inmerso en la costumbre
impuesta por Madre Naturaleza
de vivir para vivir,
sencillamente.

© Will Nausteck

DUO DE SALZBURGO

DUO DE SALZBURGO
Preda-Timoianu

Alexander Preda (austriaco de origen rumano, 1953) suele hacer una gira de conciertos por el sur de Europa cuando la Naturaleza renace, como si la vida se pusiera de acuerdo con el pianista para que se sumara a la celebración anual del tiempo nuevo. El artista es el mismo y distinto cada vez, ya que da forma a sus programas con obras de las más diversas escuelas: hoy Schumann, Listz, Brahms; mañana, Balakiref. Berg, Chopin, Mussorgski, Ravel, Falla, y siempre Bach. ¿Quién rezaba aquella oración que decía: Creo en Dios, en Bach, Mozart y Beethoven?
La discreta estancia en el Sur de este Profesor de la Universidad Mozarteum de Salzburgo -aparte de los cursos que imparte en Bélgica, Italia o España- coincide con la de las golondrinas. Llega con sus sonidos y en silencio se marcha. Bien saben los que asisten a sus conciertos que cuando Alexander Preda se expresa y se gusta transciende al propio acto, se eleva sobre sí mismo y regala al auditorio esa visión única que brota del misterio de la creación, esa soledad íntima que abre para que todos compartan la belleza anunciada con su sola presencia ante el piano. Hasta en el silencio que crea con sus pausas se produce el encanto de las mínimas vibraciones que puedan percibirse. La prensa europea hace referencia a su arte cuando lo perfila de 'coloso por musicalidad y técnica que busca y encuentra en las obras todas las posibilidades; que posee un dominio del piano como pocas veces hemos podido admirar y que demuestra un virtuosismo difícil de superar’.
Sus biógrafos escriben que inicia sus estudios de piano a los 5 años, cuando el instrumento es aún un divertimento, el mismo que después se convierte en una serena comunión en los escenarios para dejar clara su talla de pianista. En ocasiones lo acompaña la violonchelista Yvonne Timoianu, con la que forma el Dúo de Salzburgo, cuyas actuaciones marcan fechas memorables, como la del concierto ofrecido en el Ateneo de Sevilla, en el que estrenaron en España la Sonata número 2, op. 66, para cello y piano de Heitor Villa-Lobos, aparte del Gran Tango, de Piazzolla, la Suite Española, de Joaquín Nun o la Sonata Op. 16/2, de Onslow. Los registros de estos dos excelentes músicos no paran en lo conocido, sino que abren de continuo las puertas de la música para que entren todas las sensaciones sonoras posibles. 
Cuando los artistas se siente artistas, dan lo mejor: su arte. Preda y Timoianu vienen poco al Sur y más tendrían que venir, no sólo a tocar en los escenarios ante sus incondicionales, sino a impartir clases magistrales en los Conservatorios: seguro que el alumnado lo agradecería como un preciado regalo. Su presencia, sin duda, eleva siempre el nivel cultural del sitio por el que pasan, equilibra en cierto modo ese bache que a veces se ufre y que deja el nivel por debajo de lo básico con el triste argumento de que "se programa lo que le gusta al público". 

© Manuel Garrido Palacios

CONCIERTOS MEMORABLES





DAVID GARRIDO & amigos




LUIS DELGADO y su grupo

T. C. Boyle

T. C. Boyle
MÚSICA ACUÁTICA
Trad. Manuel Pereira
Editorial Impedimenta

"Su dominio del lenguaje recuerda a Joyce y a Pynchon; su imaginación, a Irving y a García Márquez."
L. A. Times

SALOBRE


SALOBRE

ABELARDO RODRIGUEZ

 ABELARDO RODRIGUEZ
MARADENTRO

Para visitar la tumba del poeta Abelardo Rodríguez Mora hay que acercarse al mar de Punta Umbría, donde ‘las gaviotas se posan / el viento se echa / la luz resurge’. Él está allí, en Lo constante místico. Las corrientes habrán llevado sus cenizas sabe Dios a qué destinos, quizá Donde los pájaros son signos, cenizas que también

…decoran lo celeste
transpiran éter
por el cielo
en la verbena de las galaxias

…desde que su hijo las vertiera en el seno salado con el mismo ritual con el que pudo haberlo hecho en los tiempos antiguos. Si ‘La soledad más grandiosa es la del mar’, puede que una legión de peces ‘criaturas abisales’ hayan removido las partículas: ‘Su transparencia color / un restallido unísono de agua al alba’, y que ahora circulen por los ríos interiores del mar palabras doradas buscando la hondura de los puertos: Marismaire, Zinambaros, o un bello verso entero del amigo: ‘Bajamar sin nadie / desplomado el cielo’.
No se sabe si su espíritu merodeará entre los pescadores que plantan sus cañas en el espigón: ‘El fin del mar es ser cielo’, ni si participa silente de las magras conversaciones de las infinitas noches de pesca: ‘Ese roce imperceptible de valvas’, o se entremete por las mañanas en los corrillos de gente que desentierra dos coquinas en tres horas: 'Un pájaro blanco / pasando deja / la huella de lo vivo...'

...que luego reparten entre nueve comensales:

No pueden ser palabra
un flahss burbujeante define sus funciones oceánicas...

... o en el jolgorio de la calle Ancha:

Ciegos por el neón
enredados en la malla de estrellas
polvorientos de luz
los insectos
enamorados a distancia
por el perfume de una hembra errante
persiguiendo su rastro
sucumben a los pies del junco
se hunden en las charcas
se posan en las olas
enloquecen en las bombillas
se destripan contra el blanco
y ciegos, ebrios de perfume
se seleccionan a contraluz
resplandeciendo como astros.

…o en los ecos del viejo embarcadero de las canoas:

El mar es ahora un presentimiento
una bruma sin pájaros
por donde el barco va
sin cielo
sin agua
cruzando un sueño.

Fue allí donde expresó desde la proa de un barco:

¡Quién pudiera como tú, recién llegado,
ver por vez primera esta playa!
Y venteó:
Presiento junto al mar la muerte
frente al mar la espero
la huelo en su olor general
en su rumor de olas la canto
la toco donde ya es arena
y sé, junto al mar
frente al mar
que es dulce la muerte
salina la muerte
rítmica la muerte
gaseosa la muerte
tenaz la muerte
como el vuelo y la caída.

Ya digo; para visitar la tumba del poeta hay que acercarse al mar de Punta Umbría y mirar el horizonte:

Los blancos de la noche son suyos
posibilita el verde de la ola al mediodía.

Y si lo que se quiere es sentir el mar, su mar, el mar de todos ‘Allí donde lo Absoluto y lo Infinito / se dan las manos’, aparte de asomarse a la cornisa de los sueños, hay que leer los versos de Abelardo Rodríguez. El mar y el poeta llegaron a ese acuerdo:

Quien quiera saber de uno de nosotros,
que nos busque en el otro,
porque así será poema la ola
en el silencio final.

© Manuel Garrido Palacios

PESSOA

Fernando Pessoa
Ficciones del interludio   ···   Libro del desasosiego
Traducción de Manuel Moya
Alianza Editorial



ALMUTAMID

ALMUTAMID

Abro la carpeta en la que llevo poemas de Almutamid (1040-1095) traducidos por Emilio García Gómez y leo uno:

El relámpago la asustó
cuando en su mano
el relámpago del vino resplandecía.
¡Ojalá supiera cómo,
si ella es el sol de la mañana,
se asusta de la luz!

En el ferry que cruza a Tánger desde Algeciras viajan tres muchachas que van por primera vez a Marruecos, según sus palabras, mientras ven esta unión de un mar y un océano en todo su esplendor. Sigo leyendo:

En sueños tu imagen
presentó a la mía, mejilla y pecho;
recogí la rosa y mordí la manzana;
me ofreció los rojos labios y aspiré su aliento:
me pareció que sentía el olor a sándalo.
Ojalá quisiera visitarme cuando estoy despierto
Pero entre nosotros pende el velo de la separación:
¿Por qué la tristeza no se aparta de nosotros,
por qué no se aleja la desgracia?

Supongo que el trayecto sobre unas aguas revueltas hoy en el Estrecho lo van a hacer acomodadas en el interior del buque, igual temiendo mareos o por pura timidez ante este acontecimiento que van a vivir, pero pronto rompen con ello, salen a cubierta, se apoyan en la baranda y el miedo a lo desconocido lo cambian por un cálido y contagioso entusiasmo. 

Es un antílope
por su cuello,
una gacela por sus ojos,
un jardín de arriates
por su fragancia,
una rama de sauce
por su talle.

Les digo que no es poco pasar a otra cultura, a otros sabores, a otros aromas, a otra lengua cruzando el agua, donde no existe transición posible, sino un corte a tajo. Por si no fuera suficiente, saltan delfines a babor como si quisieran infundirles confianza o les dieran la bienvenida, y las tres muchachas los señalan, les gritan, intentan retratarlos para retener la magia del momento. Todo les sorprende, de todo disfrutan, todo lo celebran, todo lo viven. Continúo el poema de Almutamid:

El corazón persiste y ya no cesa;
la pasión es grande y no se oculta;
las lágrimas corren como las gotas de lluvia,
el cuerpo se agosta con su color amarillo;
y esto sucede cuando la que amo a mí está unida:
¿Qué sería, si de mí se apartase?

Su capacidad de admiración parece que se ensancha; hasta les brillan lágrimas de tanta emoción junto a la frase inevitable: ‘Creí que nunca vería esto’. Quien ya pasó por este camino comparte el sentir.

Te he visto en sueños en mi lecho,
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada;
era como si me abrazases, y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento;
era como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas y lograse mi deseo.
¡Por tu amor! Si no me visitase tu imagen,
en sueños, a intervalos, no dormiría más.

Me preguntan por el motivo de mi viaje. Les digo que voy a Agmat a un encuentro con gente que escribe poesía, que la recita, que la escucha, que la saborea sin más y que, algunas veces, la saca en libros. Se ha escogido Agmat como marco por estar allí las tumbas de Almutamid, Rumaiquiya y una de sus hijas:

¡Oh mi elegida entre todos los seres humanos!
¡Oh estrella! ¡Oh luna! / ¡Oh rama cuando camina,
oh gacela cuando mira!
¡Oh aliento del jardín, cuando
le agita la brisa de la aurora!
¡Oh dueña de una mirada lánguida
que me encadena!
¿Cuándo me curaré? ¡Por ti daría la vista y el oído!
Tu frescor aliviaría
la oscuridad de mi corazón.

Ya en tierra, camino de Agmat, les sugiero que recalen en Tánger, Assilah, Larache, Bolubilis, Fez, Xauen o Marrakech, que ofrece la sensación de asistir al latido maravilloso  de la Plaza del Fna, o Asamblea de muertos, y se diluyan en el laberinto de la Khasba, donde colores y aromas envuelven y encantan.

Tres cosas impidieron que me visitara
por miedo al espía y temor del irritado envidioso:
la luz de su frente, el tintineo de sus joyas
y el fragante ámbar que envolvía sus vestidos.
Supón que se tapa la frente con la amplia bocamanga
y se despoja de las joyas,
más ¿qué hará con su aroma?

Las tres muchachas, tras haber visto el mar por primera vez, se interesan por Almutamid y deciden seguir hasta Agmat para integrarse en la reunión de gente que hace poesía, que la canta, la recita, la ama.

Dos mujeres escapadas de un libro sagrado sacan agua de un pozo de brocal de piedras situado en el camino de Settat, cerca de Marrakech. Ambas tiran de la cuerda que eleva el cubo rebosante, como si ensayaran el ritual de un ritmo, el de la vida, por ejemplo. La carrucha herrumbrosa cuelga de un trípode de palos; madera que se curva a cada esfuerzo sin que en siglos se haya roto. O se ha roto pero a mí me gusta que no se haya roto. Se queja. En tortuoso camino veo un accidente de autobús en una curva. Se hace lo que se puede hasta que las ambulancias lleguen. Coloco la cabeza sangrante de una anciana sobre un cartón y la cubro con otro para evitar que la llovizna le empape el rostro.
Los que pueden hablar cuentan entre ayes que el vehículo resbaló con el agua, volcó, dio vueltas cuesta abajo y la gente rompió con sus cuerpos los cristales de las ventanillas. Ahora yacen sobre la hierba o lloran sentados en las rocas que flanquean la triste visión del suceso. El autobús humea con las ruedas hacia arriba. Alguien dice que nos apartemos todos por si explota. Es el cuadro de la indefensión humana. Las mujeres escapadas del libro sagrado me ven parar luego junto a ellas y me preguntan qué ha ocurrido allá lejos que no cesan de venir ambulancias. Les digo lo que acabo de contar y les pido de beber. Me dan un cucharro de corcha para que me sacie. Resuena en mi memoria mi pueblo de Alosno y su copla siempre a punto:

Dame agua de tu noria
que vengo muerto de sed.
Jesucristo, por beber,
le dio a una mujer la Gloria;
yo te voy a dar mi querer.

Haimas repletas de objetos de barro se alinean en otros  tramos del camino. Si paro, compro. Seguro. La habilidad de los mercaderes anula la que uno cree tener para el regateo. Pero si no les discutes es peor. No te aprecian como comprador. El equilibrio, según Mohamed, está en esto: de lo que te pidan por un tiesto lo divides por la mitad y ahí empieza el tira y afloja. Será difícil marchar de vacío. El tope es cuando te ofrezcen otra cosa desviando tu atención del objeto que deseas. Ahí tienes que decidir.

Luego de tanto trote llego a la tumba de Almutamid, en Agmat. Ya vine hace unos meses con ocasión de rodar un documental sobre él, Rumayquiya (Itimad) y la hija que duerme eternamente junto a ellos. Las tres tumbas están en el Mausoleo que cuida Ait Zaouit Abdelkrim, que recita fragmentos de poemas de Almutamid Ben Abbad como si el poeta muerto reviviera en su voz emocionada. Los versos están escritos en árabe en el zócalo que adorna el recinto, templo levantado en honor de la Poesía, que abre sus puertas al nacimiento del Sol. Aparte de lo escrito en los muros parece flotar un eco de Rumayquiya diciendo aquellos versos finales: ‘Ya estoy para siempre junto a él. Dejadme en paz’.

© Manuel Garrido Palacios
© Fotos MGP.