EL HACEDOR DE LLUVIA

EL HACEDOR DE LLUVIA
Manuel Garrido Palacios
1ª edición · Calima · Mallorca/Madrid


LE FAISEUR DE PLUIE
Manuel Garrido Palacios
2ª edición · L'Harmattan, Paris.
traduit par Isabelle Toledo / William Rozenblat


Con este título, Manuel Garrido Palacios ha presentado en la Feria del Libro su última obra, hasta ahora. Pero antes de tender el puente entre el autor y lectores del libro, conviene tener presente el profundo abismo que media entre determinadas creaciones literarias; por poner un ejemplo, el que hay entre un best-seller y una Novela. El Hacedor de Lluvia no es un best-seller, es una Novela, que son dos cosas completamente distintas. Las Novelas, ni lavan más blanco, ni quitan las manchas más rebeldes; ni son una franquicia, ni un producto industrial, y por no tener, no tienen marketing. Está todavía por ver que las Novelas de Cervantes, de Pérez Galdós, de Clarín, de Pío Baroja, de Valle Inclán, de Proust, o de Tolstoi, entre otros, figuren en las listas de los libros más vendidos o más leídos. El best-seller nace con la crítica bajo el brazo, con un lector dócil y manejable y con fecha de caducidad; a la Novela hay que construirle la crítica, justa o equivocada, y nunca neutral ni demostrable, y, generalmente, disfruta de la eterna juventud a pesar de que va a caer en las manos de un lector rebelde e inquisitivo.
El Hacedor de Lluvia es, sin duda alguna, una Novela; es Literatura, y además, admirablemente escrita. Garrido Palacios escribe con un estilo propio (cada escritor tiene el suyo), sin apartarse un ápice de las normas fundamentales de la preceptiva literaria, pero con su peculiar y original concepción de un barroquismo nuevo y original, que navega por los complejos senderos de la creatividad «con una precisión tonal y poética que nos recuerda al gran maestro Juan Rulfo» (Manuel Moya). Yo añadiría que soplan, también, vientos de Jorge Manrique y de Cervantes.
Del título, ¿por qué Hacedor se escribe con mayúscula? ¿Se refiere a alguien que el paisanaje respeta y teme como si fuera Dios, el Supremo Hacedor?; no estamos seguros, pero se vislumbra que la tendencia estética del autor desborda el mero valor literal de la palabra. La lluvia es un producto natural de la Ley Natural, sin asperges, latines ni orates frates; como mucho, se anuncia unos días antes con unos dolores que estrujan la espalda de la tía Carmelita. La verdad es que España, de siempre, ha sido una cantera inagotable de Hacedores de Lluvia.
Esta reflexión es una de las claves, puede ser, del proceso de la elaboración formal de la obra, desde su invención hasta su planteamiento literario, gramatical y artístico que, lenta y pausadamente, fue cultivando el autor hasta su definitiva floración, anudando en una sola unidad, la luz y la oscuridad, el pasado y el presente, la alegría y la tristeza, la ficción y la realidad.
La historia, «chica, tierna y terrible», se desarrolla en un pueblo de cuyo nombre el autor no se acuerda, o no quiere acordarse, y se saca de la manga el nombre de Herrumbre (Oxido del hierro. Gusto o sabor que algunas cosas, como las aguas, toman del hierro. RAE) Puede discutirse si está en Extremadura, o en Aragón, o en Asturias, o en cualquiera otra «nación», pero a mí me da que, éste, se encuentra en el Andévalo; lo digo por el habla: «lejananza, lejiondo, ajobo, tagilar, recencio, medrosía, jopo, cacaruco, repapilar, andancio, guifa, pesina, pescudar, tristura, encevique, alpendre, escampar, quinterías, comistrajo, chinero...».
Herrumbre está encallado en la eternidad «donde la nada es el algo que hay», sentencia uno de los dos «herrumbranos, herrumbreños o herrumbrosos» que quedan en el abandonario. El pueblo ha muerto por consunción de sus referencias sociales y morales: la miseria, la explotación y la humillación «sin contar la época turbia en la que el chivato acabó con tanta criatura a tiro limpio» (Pág. 17), han secado las fuentes del futuro y del presente, pero no han podido, nunca pueden, apagar las brasas de la memoria, sobre todo, la que ahora llaman «memoria histórica».
Quizá sea este el poso de esperanza que brinda la Novela; por un lado, la eternidad de la memoria; por otro, la fe en el amor y la felicidad: «y no tiene nada que ver que no conociera un amor así para que creyera ciegamente en él» (Pág. 11); nacemos, vivimos y morimos, pero en el duro peregrinar, si creemos en ella, se encuentra la felicidad, «no la aparente, ni la de la bolsa llena, ni la cambiada por dignidad, sino la salida de dentro» (Pág. 32).
La técnica narrativa de Garrido Palacios se intercala, magistralmente, en la agilidad parlante de la retórica tradicional guardada en la talega de la sabiduría popular; dichos, refranes, coplillas y anécdotas acompañadas de situaciones jocosas y de rancio humor, como la competición sonora que se celebró en Herrumbre, y que en algo nos remite a la de los rebuznos contada en los capítulos XXV y XXVII de la Segunda Parte del Quijote, aunque la del pueblo no era de rebuznos precisamente. 
Creo que se trata de una hermosa y gran Novela que a los amantes de la buena Literatura les gustará leer, y tal vez releer, pues nos deja la inquietante sensación de que en ella, hay más.

© Alberto Casas


He leído la novela El Hacedor de Lluvia, de Manuel Garrido Palacios para hacerle una reseña, y he de confesar de entrada mi asombro ante una obra de un hondo calado tanto en lo que dice como en la manera de decirlo. Aunque es novela independiente, también es continuación de su anterior El Abandonario, en cuyas páginas vimos la historia de un pueblo llamado Herrumbre, y de unas personas, que diría que son los perfiles de todas las personas, pues el abanico tipológico es inagotable en este autor. Parecía que en aquella primera salida quedaba todo dicho y resuelto, aunque como lector intuí que Garrido Palacios se había reservado el misterio de qué pasará mañana, como así ha hecho. A esta entrega de El Hacedor de Lluvia le seguirá una tercera con la que compondrá la Trilogía llamada a ser, sin la menor duda, un clásico de la narrativa actual.
De las reseñas que he leído destaco como clave en varias el hecho de sugerir en este autor el dominio de una realidad mágica que le llega desde la otra orilla del Atlántico y que tiene nombre: Juan Rulfo. Correcto. A lo que hay que añadir: y la propia. También he visto referencias a Fernando de Rojas, a Cervantes, a Quevedo, a Baroja. Opiniones con las que estoy totalmente de acuerdo. Pero me parece que se han pasado por alto influencias importantes, que dan la medida de un autor que cuaja su estilo entre el pasado y en el presente. Quiero decir que he querido ver en su literatura un atisbo de Willian Saroyan y, sobre todo, de Thomas Bernhard. Esto no significa que los temas de la obra de Garrido Palacios se parezcan a la de los autores citados, sino que en su originalidad contiene y retiene el encanto narrativo que hace que uno empiece por la primera página y no pueda dejar de leer hasta la última, y aún le parezca poco. 
Esta maestría es de destacar en El Hacedor de Lluvia, personaje que el autor pone y quita del papel, como a cientos, pues se trata de una obra coral donde las entradas, las salidas, los movimientos, las vidas y las muertes de los personajes van dando forma a una porción de novela, quedando al final relacionados todos con una solidez literaria asombrosa. Incluso los pasajes aparentemente livianos, aquellos que podrían tener un tinte anecdótico, se elevan por mano de este autor a rango de categoría.
Sería prolija la nómina a citar de cuantos se mueven en sus 180 páginas: Doninmaculado, Tía Carmelita, Wenceslao, la Guanera, el chivato, Constanza, Belarmino, Ausencio –héroe a la fuerza– y tantos otros que, a pesar de estar nombrados y descritos minuciosamente no se resisten a permanecer en un localismo limitado del pueblo de Herrumbre, sino que el narrador los universaliza con unos soberbios trazos. 
Conocía de Manuel Garrido Palacios lo que había publicado sobre Etnografía, y un buen día cayó en mis manos su primer libro de narrativa: El Clan y otros cuentos, que obtuvo el Premio Borges en Los Ángeles (USA) del Liceo Internacional de Escritores, libro en el que aparece ese monumento al sentimiento como es El Árbol del Futuro, aparte de otros relatos, como los obsesivos Cuento Curvo o El Resplandor, fantástica puesta en escena de un posible caos total. Y desde entonces mantuve mi atención hacia su obra literaria en la esperanza de verle otro libro de cuentos. En sustitución del mismo, sacó la novela El Abandonario, y ahora, camino del colofón, que será su Trilogía, acaba de publicar esta joya literaria llamada El Hacedor de Lluvia, de la que sólo me cabe decir, en atención al espacio periodístico, que quien no la lea, se perderá algo inolvidable.

© Claude Soldeville

EL CLAN Y OTROS CUENTOS


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(relatos)
Manuel Garrido Palacios
Calima Ed. · Mallorca/Madrid

MARÍA CALLAS



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Biographie
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