EL ESPAÑOL DE JALISCO

EL ESPAÑOL DE JALISCO
Daniel N. Cárdenas
GEOGRAFÍA LINGÜISTICA HISPANOAMERICANA
Madrid 1967


Las librerías de viejo son pozos sin fondo insustituibles. El encanto que encierran no es comparable con el método de búsqueda más sofisticado; nada tiene que ver la realidad de buscar, encontrar, palpar y abrir un libro antiguo con la virtualidad de observarlo friamente en la pantalla. Al final, valen ambas formas. y si se combinan, mejor; incluso si tuviera que optar necesariamente por una de las dos, quizá prefiriera la segunda. Hablo aquí de la primera por contrarrestar las voces que pregonan la desaparición de estos centros librescos, con rebotica, escaleras, polvo de siglos y su ratón culto brincando por los anaqueles. 
Tampoco todos los días se va a una librería de viejo, aunque sí todos los días se abren ventanas en el ordenador para ilustrarse de algo. Por eso valoro haber topado con este libro: “El español en Jalisco”, publicado como Anejo de la Revista de Filología Española, mientras buscaba otras cosas. Quiero que lleven estas líneas vocación de homenaje a las vetustas librerías y no tanto a comentar el hallazgo. 
En 1947, el profesor Tomás Navarro, decidido a estudiar el idioma español de México, sugirió a Daniel Cárdenas iniciar un trabajo sobre la lengua popular de Jalisco, una especie de diccionario de andar por casa, que pedía vez y sitio. Jalisco ─varias veces España en extensión geográfica─, es tierra considerada un tesoro en cuanto a etnografía, música y literatura, amén de otras cosas, por lo que Cárdenas tuvo a mano una tarea grata, por más esfuerzo que le costara llevarla a cabo. 
Empezó entre julio de 1949 a enero de 1950 por lo que se llama una tarea de localización, en este caso, una investigación lingüística usando el Cuestionario del profesor Navarro (Buenos Aires, 1945). Este fue el método base para esta aportación a la Geografía Lingüística de Hispanoamérica, para lo que el autor estudió, en treinta y nueve puntos de Jalisco, la fonética, la fonología y la morfosintaxis, a lo que sumó los trabajos de Arreola: Nombres indígenas de lugares y Estudio etimológico; de Dávida: Recopilación de datos acerca del idioma coca; de Quiriarte: El español usado en Nochistlá; de Heredia: Dialectología de Yucatán; de Eskildsen: El lenguaje popular de Jalisco, y otras obras que no vienen al caso ahora. 
Cárdenas asume la división de voces en tres estratos sociales: alto, medio, humilde, y entre los campesinos, rancheros y peones; ve que el estrato medio social sigue al alto, y el humilde queda como estancado, con lo que conserva un vocabulario más puro, menos contaminado. Por tanto, el plan ideal es hacer el estudio lingüístico geográfico con personas del estrato humilde cuya vida está apegada a su suelo nativo. 
Es por ahí por donde entronca el contenido del libro con la obra literaria de la gran literatura mexicana, y no puedo dejar de nombrar a un grande como Juan Rulfo, cuyo universo se nutre de tan enorme riqueza.

Manuel Garrido Palacios