El español de Jalisco

El español de Jalisco
Daniel N. Cárdenas
C.S.I.C. Madrid

Siempre me asombró México, entre otras cosas, por su modo de expresarse, su rico vocabulario, su clara exposición, su belleza de términos, su conservación, dentro del idioma que le llevó España, de la esencia del propio. Cada construcción expresiva era una sorpresa, cada topónimo, un descubrimiento, en tantos casos, ajeno a las raíces europeas. Era un milagro poder acceder a este fenómeno de comunicación de a diario, impregnarse de su brillo, incorporarlo al lenguaje, a la escritura en un camino de ida y vuelta. Cuando no conocía el país procuraba no perderme libro o filme en los que pudiera leer o escuchar. Las veces que me reuní con escritores mexicanos, muchas con Arturo Azuela, hablaba poco y preguntaba más para que el tiempo cundiera a favor de sus respuestas y de las descripciones de los escenarios reales e imaginarios de la gran literatura mexicana, tan arraigada en lo popular, en cuya cúspide habitaba Juan Rulfo. También hurgué en el tema a través de obras como esta: El español de Jalisco, cuyo autor, Daniel N. Cárdenas, analiza en sus páginas el español de México desde el ángulo sugerido por el profesor Tomás Navarro: la lengua popular de Jalisco, para lo que toma como base su Cuestionario lingüístico hispanoamericano. 
Contando con lo publicado, observa que el español de Jalisco no se aparta del español normal, pero que se ha dicho poco del lenguaje tapatío, por lo que, siguiendo las trazas de otros investigadores, encauza su labor pateando el terreno y preguntando a le gente. La señora Quiriarte divide al pueblo en tres categorías sociales: alta, media, humilde; y entre los campesinos, rancheros acomodados y peones, con diferencias de lenguaje entre clases. Cárdenas cree que lo ideal para su estudio es empezar por personas de clase humilde apegadas a sus tierras nativas, y para ello visita treinta y nueve pueblos de Jalisco en los que recoge de viva voz conversaciones con contenido expresivo básico: pronunciación, morfología, sintaxis y vocabulario. Las personas encuestadas están entre los 30 y 70 años y son tenderos o cereros en La Barca, recamareras de Sierra Uña de Gato, Tamazula, jornaleros de azúcar y zafra, rayadores en Ingenio de San Marcos y El Tulto, escribientes y jardineros bilingües (también hablan náhuatl) en Tuxman, damas de casa de Sayula y Autlán, vecinos de Manzanillo, Colima. Tenamaxtlán, dependientes de Ahualulco y Guadalajara, costureras de Tepic, Teuchitlán, panaderos de Hostotipaquillo y Mazatlán, zapateros de Tequila y Talpa, sastre y sacristán de Mesticacán, ladrilleros de Yahualica, adoberos de Arandas, dulceros de Atotonilco y de Tizan, labradores de Alhamí, Ayo el Chico, Zapotlanejo, Zacoalco, Colotlán, y Ojuelos, notario de la iglesia de Encarnación de Días, barberos de San Juan de los Lagos, maestras de Jocotepec, músicos de Teocuitatlán, carpinteros de Cuquío, etc. 
Con los materiales recogidos construye este monumento a la palabra viva: El español en Jalisco, con el esmero de incluir un documentado apéndice de mapas de lugares estudiados, de las divisiones naturales con diferencia de interpretación, por ejemplo, de la e en contacto con rr (perro), de la o (torre), variantes de la e trabada en v (verde), de la f labiodental (fuera), de la r final absoluta (recibir), de la rr (carro), de la ll (llama, pellizco) o la tendencia a diferenciar el género por medio de la inflexión del nombre, formas de tratamiento (su merced), etc., o de gentilicios recitados que perfilan a los habitantes de ciertos pueblos: 

Bonitas en Magdalena, 
Petateras en San Juan,
Buchones en Ahualulco,
Mudos en Ezatlán. 

El estado de Jalisco, con centro en Guadalajara, colinda al norte con los de Nayarit, Durango, Zacatecas y Aguascalientes, al nordeste, con San Luis Potosi, al este, con Guanajuato y al sur con Michoacán y Colima. Al oeste cierra, o abre, el Océano Pacifico. 
Lo que nos abre esta obra es el horizonte de la expansión y desarrollo del español en aquellas tierras. Un eco necesario para la propia supervivencia del idioma, que, ya que cuantos lo utilizamos le damos una consideración materna, es grato constatar su buena salud en la lejanía, su vitalidad decisiva para encarar una larga existencia.

 © Manuel Garrido Palacios