José María Millares Sall





José María Millares Sall
Premio Nacional de Poesía 2010
CUADERNOS 2000-2009




“La llave blanca abre / la sombra abre la hoja del sueño / abre el color la llave / del silencio el vuelo sin que el aire se pare / la llave que habla a solas cuando / nos mira y cuenta hasta dónde llega el árbol / que arriba en la torre se para y a ser pájaro nos lleva / la llave de este cuarto que nos cubre de ojos / y nidos la palabra y de nubes la escalera hasta tocar / con las manos / el vacío de la creación”. Leer al poeta es escucharlo en voz baja; sus páginas son visiones de su afán diario en su banco de trabajo: su estudio, su mesa, su mirar el abismo del folio en blanco y precipitarse hasta el fondo. De José María Millares Sall (Las Palmas, Canarias, 1921-2009) dicen los previos de su último libro que hace sus primeras entregas poéticas en 1946. En 1947 funda la colección Planas de Poesía, que estrena en 1949 con Liverpool, obra reeditada en 2008, aunque suspendida en 1951 por orden gubernativa. En 2000 “inicia un nuevo rumbo en su escritura marcado por un extremado rigor expresivo y una honda reflexión existencial”. Dice el poeta que los poemas: “y en este caso los que ahora expongo […] no son lectura para todos sino para quienes leen pensando que lo que leen es, sencillamente, poesía, no versos […] Recuerdo que, con veintisiete años, rompí con el verso. Lo he hecho, posteriormente, en otros libros míos […] y nadie se escandalizó; pero en aquel 1948 casi pierdo, por ese motivo, a los amigos de mi generación […] alguno hubo que escribió un artículo reprochándome semejante osadía: ‘utiliza el mal llamado verso libre; prosa con abundantes sangrías, que desdeña la rima, la acentuación y el ritmo’. […] Actualmente sí que suprimo la medida del verso, su estructura, su rima, sus acentos, sus convencionalismos. Pero no su ritmo […] Prescindo también de la puntuación, lo que no es nada nuevo; en ocasiones, sustantivo el verbo o. al revés, hago del sustantivo un verbo (‘se altura la palabra’, ‘se alcoba el silencio’) […]
Comencé a llevar a la práctica lo que ahora escribo, siendo la primera experiencia una obra que titulé Nanas para una poética, escritura anárquica que, a veces sin buscarlo, hace uso de lo esperpéntico, de lo onírico, del surrealismo, si bien mi poesía es básicamente existencial”. Añade en un poema como parte del discurso: “Vacía / navega la ola / y sobre su voz la botella / y la mar marinera / náufraga oscura de la luz balanceando / cristal aventurero / mensaje a la deriva que igual es vacío / lo que encierra donde sólo cabe / misterio de una memoria / hacia otra orilla que toca tierra / con otra lengua diferente a la del espejo / de esta playa vacía / que de ojos se llena”.
José María Millares escribe directamente en poesía, la llame así o no. He aquí un párrafo de su texto Del taller del poeta, que ilustra lo dicho: “…signos que se derraman sobre la mesa de la escritura. En el aire flota una nube, líquidas burbujas, palabras que estallan e invaden la soledad del vacío. La palabra nace y se teje en la urdimbre de la telaraña del idioma. Lenguaje sólo del sonido. Sugerencia viva donde nace el envoltorio de un dolor que sin sentirlo se adueña del interior que habita. El sonido no explica, acude a nosotros a través de los sentidos, poros de partículas sensoriales. Sólo habla sugestivamente de aquello que lo envuelve. Nos encontramos ante la respiración de la palabra”.
Millares Sall ha publicado, entre otros títulos, Ronda de luces (1950), Ritmos alucinantes (1973), Los espacios soñados (1989), En las manos del aire (1989), Azotea marina (1995), Pájaros sin playa (1999), Cuartos (2007), Celdas (2007), o Esa luz que nos quema (2009), fecha final en la que también obtiene el Premio Canarias de Literatura quien nos dejó poemas como este: “Despacio / camino somos del silencio / hacia la nada cuando alerta está el ojo / cuando más se acerca / la hora del tiempo a la hora de este lento final / que nos embiste y empuja / hasta caer sobre la arena para jugar / a ser orilla que se pierde / en el mar cuando ya tú te has ido / porque nunca he querido que estuvieras / sentada / sobre esa luz / que nos ignora”.
Cierra el poeta: “Celdas será el título genérico de cientos de cuadernos que llevo escribiendo […] sin premeditación alguna: una escritura directa cuyo desarrollo se busca haciéndose y se hace mientras se busca”.





KRAK
Calambur. Madrid 2011



Sigo los previos de este libro, que reúne “los textos más atrevidos y los de mayor fuerza poética” del tiempo último de José María Millares Sall (1921—2009). Son poemas que quedaron “ahí” tras su muerte, pero dispuestos por él para su publicación un día –hoy, por ejemplo— en una “juiciosa unidad”. Cabe que el lector se pregunte “quién o qué es Krak”. Para el que esto escribe es una energía, un espíritu, un poder generador, una criatura tallada en el poeta, suya hasta el tuétano, él mismo hasta los confines de lo sensible, “que deambula por su vida y por su obra” y que confiesa haber visto “hacia un otoño…”, en esa introspección continua que ha necesitado para levantar su escritura desde la sima del silencio, ente con el que ha “mantenido una rara relación de amor—odio” cuya crónica posible podría estar –está, ¿cómo no?— en los poemas. Ese poder creador no lo visita: está en él y con él; es parte de él, es él, un él íntimo que se expresa; es aliento, latido, pulso, fuerza que “acomete —con brutalidad burlona— al ya frágil debilitado escritor” al que hace “cumplir un descarado y descarnado ajuste de cuentes consigo mismo y con la poesía” que detecta en torno suyo. Un atrevimiento que conmueve. Un encararse consigo de modo inmisericorde.
De todo este material inasible majado en la marmita del alma brota el milagro, hondo y profundo a un tiempo, recio hasta herir, de su poesía.

© Manuel Garrido Palacios


(Poema 17. Página 49)

Caminas pero ignoras
cuándo se te hinchan los pies
y sobre las piedras se te clavan los años
y la madurez
de la carne que no grita pero hiere
a quien la anda
y son las manos las que alivian
las estrías dolorosas que se abren y es la voz
lejana de la aldea y el humo
que se pierde quien nos dice que no es el hambre
quien más sufre que es el peso de los huesos
que se doblan
por los años y el silencio y la voz
del abandono de aquel que ya no existe
y la soledad que también
hiere a los que fueron porque nada queda
de los que anduvieron
porque Krak nunca perdona
como los años que se burlan de lo que hicieron
y ya no puedes ni doblar
esa esquina porque ya dejó de serlo
y es ahora el abandono la continuación
de aquella vida que de niño iniciaste y con otros
hicisteis vuestra
para luego ir dejándola a trozos
esa misma matraquilla que Krak quiso
hacernos creer
tan vil
y grotesca.

© José María Millares Sall