John Lennon


JOHN LENNON

Imagínate que las cárceles tuvieran que cerrarse por falta de clientela. Imagínate que todas las armas del mundo criaran moho y se inutilizaran solas del poco uso que les dieran sus dueños. Imagínate que hubiera que borrar de los diccionarios las palabras guerra, corrupción, injusticia y violencia por haber caído en desuso y por no recordar nadie qué significaban o si alguna vez se utilizaron. Imagínate que las chimeneas de las industrias se transformaran en cañones de perfumes benefactores para la salud y para el ambiente. Imagínate que los ríos regresaran a sus orígenes para resurgir de nuevo para siempre limpios, de cuyas aguas se pudiera beber directamente sin temor a envenenarse. Imagínate que la Humanidad tuviera como meta alcanzar el mayor grado de felicidad en este mundo merced al arte, a la belleza, al respeto mutuo, a la solidaridad. Imagínate que la política quedara obsoleta porque cada uno asumiera lo que tenía que hacer y lo hiciera. Imagínate que todo el tiempo que se mata a diario se empleara en afanarse por mejorar lo que hay. Imagínate que los sueldos se pagaran según lo duros y útiles que fueran los trabajos: el basurero tendría la mayor nómina. Imagínate que ciertos cargos se dieran a los capaces de desempeñarlos, sin que mediara otra nota que su mérito personal, fruto de su esfuerzo. Imagínate...
Asisto en Paris a un curso sobre música en el que hoy se hablará de John Lennon. Ayer el tiempo fue dedicado a analizar la influencia de Mahler en la obra de Pink Floyd y hoy toca remover la compleja mente de un personaje que ha sido referencia obligada a la generación: Lennon. Queda pendiente Paul McCartney por su continuidad, su feliz entrada en lo sinfónico y su gigantesca obra. La tarde la he gastado en una siesta reparadora en la que he soñado todos los Imagínates citados. Luego he cruzado el patio del Louvre cerca de la pirámide transparente, he pasado a la otra orilla del Sena y me he integrado en un auditorio dispuesto a compartir lo que se diga sobre Lennon. Pasada la presentación el orador ha dicho lo que tenía que decir y de cierre le ha salido una retahíla de Imagínates, que anoto y sumo a los de antes: Imagínate que limpias los anaqueles de tu memoria de imaginerías. Imagínate que pisas suelo y te dejas de sueños siesteros, a más largos más inútiles, y miras a ver si queda algo en la nevera. Imagínate que la imaginación no existe y que para cualquier cosa que pudieras imaginar lo que existen son papeleras de desecho. Imagínate...
Tras este laberinto imaginario he vuelto sobre mis pasos, he cruzado el patio del Louvre en sentido inverso, lugar donde la imaginación habita, y me he parado a imaginar con quién me gustaría compartir la cena.

© Manuel Garrido Palacios