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Manuel Francisco Reina
Alphonse Mucha
Frontispice pour Clic, 1898
Lithographie colorée et dorée
20,6 x 14,2 cm
Collection privée. Londres
Manuel Moya
Manuel Moya
“Este libro, propenso a la confesión descarnada, habla de las cosas mías, de ese ser que tanto desconozco y que pisa donde yo piso y camina siempre hacia donde yo camino. Es tal vez el libro más personal e intransferible de los míos. También el más complejo”.
© Manuel Moya
Mircea Cărtărescu
Las Bellas Extranjeras
Trad. del rumano: Marián Ochoa de Eribe
Ed. Impedimenta
«...prosa cautivadora, entre lírica, siniestramente cómica, especular y metafísica,
siempre llevada hasta el límite»
siempre llevada hasta el límite»
Mercedes Monmany, ABC
Benoît Ramampy
CAMÉRA REBELLE
Un portrait du réalisateur Benoît Ramampy
Karine Blanchon
Préface du Pr. Françoise Raison - Jourde
L'Harmattan. Paris
Karine Blanchon
Préface du Pr. Françoise Raison - Jourde
L'Harmattan. Paris
Réalisateur atypique et passionné, Benoît Ramampy est né à Ambalavao en 1947,
il a traversé les grands événements de son pays, Madagascar. Agitateur pudique
mais déterminé, il n'a eu de cesse de vouloir faire des films, offrant au
cinéma malgache ses premières récompenses internationales. L'histoire de cette
cinématographie méconnue se déroule sous couvert des relations ambigües
entretenues entre la France et Madagascar.
M. Rhodes James
Los cinco frascos
Editorial Berenice
Un paseante
recibe susurros de un arroyo que le llevan a desenterrar una extraña caja. Allí
encuentra cinco frascos que contienen ungüentos con efectos mágicos. Cada vez
que los usa le dan poderes especiales, y en principio benéficos, para entender las
extrañas conversaciones de los búhos o las divagaciones de un gato. Diversas
criaturas de apariencia amistosa están empeñadas secretamente en impedirle que
acceda a ese mundo. ¿Qué historia tan extraña contienen estos cinco frascos
para que estas criaturas no duden en lanzar el escalofriante ataque de la
"bola de murciélagos", de acechar con la temible "columna de
niebla" o usar sus artimañas como buhoneros fantasmales?
Montague
Rhodes James concibió la trama de Los
cinco frascos en 1916 y la escribió como regalo para su pupila Jane McBryde.
Ahora se publica en español junto al relato El
campo de juegos después de anochecido, que, según especialistas en M. R.
James, "debe ser leído como un complemento a Los cinco frascos”. La historia está en la estela de Fantasías, de George MacDonald, o Alicia en el País de las Maravillas.
Edit.
Ángel Manuel Rodríguez Castillo
Ángel Manuel Rodríguez Castillo
El habla y la Literatura de la Sierra de Huelva
IV Jornadas de Patrimonio Histórico Artístico
Nuestra sierra es refugio de una especie en extinción: la de los mayores que hablan y hablan sin prisas pero con todo el encanto del mundo. Yo he oído embelesado a personas sin una especial preparación cultural contar hechos triviales con la técnica narrativa del mejor novelista; no sólo empleando un lenguaje correcto y sin vacilaciones, lejos del ‘bueno...’, ‘esto...’, tan frecuente hoy y tan extendido en una sociedad que ha perdido el gusto por la palabra bien dicha, sino usando los términos exactos y los sentidos profundos. He oído convertir el relato del hecho más común en una novela de suspense, o lanzar, en el momento preciso, la metáfora más audaz y sugerente con la misma fácil naturalidad con que los castaños sueltan sus erizos: sin darse cuenta ni importancia.
Creo que hay un sustrato literario en la Sierra, como un humus fecundo y fértil que florece en las conversaciones ordinarias de las casas, en las bromas y risas de las cuadrillas de apañaoras, o en el hablar sentencioso de los hombres endomingados. Seguro que a muchos de los que leen esto les pasa lo mismo que a mí: están pensando ahora en esa persona de su pueblo de quien tanto han aprendido; o están recordando aquellos ratos ante la candela, mientras se asan las presas de la matanza o circula el mosto, en que alguien cuenta el último suceso -o el más antiguo del pueblo y crea a su alrededor un mundo distinto y nuevo con sus palabras. A nuestros narradores y poetas desconocidos les pasa como a las migas serranas: no están hechas sólo de pan, o de un hecho más o menos interesante: llevan también la suavidad y esponjosidad de la papa, que es el gusto por la palabra y el recrearse en ellas. La palabra ‘rumiada’, que dice Carlos Muñiz.
Decía antes que ésta es una especie en extinción porque ahora la gente -también la de la Sierra tiene menos tiempo para hablar y escuchar, para conversar y recordar. Ahora parece que sólo hay tiempo para las series fosilizadas de la televisión.
La Sierra ha dado muchos escritores. No tengo datos estadísticos, pero me atrevo a decir que en la Historia -por hacerse de la Literatura en la provincia de Huelva, nuestra zona sería una de las que más páginas habría de necesitar. Y no hablo aquí de los poetas populares, que hay en todos los pueblos y que un día habría que estudiar, reivindicar y reconocerles sus méritos , que exaltan las romerías, los paisajes serranos, las imágenes de la Virgen y, con más ilusión que medios, consiguen sacar adelante programas de fiestas y pequeñas y entrañables revistas. Hablo y quiero hablar aquí de escritores consagrados, con una amplia obra reconocida no sólo en sus lugares de origen, razón por la que, paradójicamente, quizás no sean apreciados entre nosotros. En efecto, al haber sobrepasado las fronteras serranas, se convierten en patrimonio de un colectivo más amplio. Hemos de reivindicarlos como nuestros, como manera de enaltecerlos y enaltecernos: algo así como ha hecho Moguer con Juan Ramón, uno de los andaluces universales, pero gloria de su pueblo natal. Y esto se conseguirá divulgándolos entre nosotros, haciendo que en nuestras escuelas e institutos sean leídos y estudiados, fomentando la edición de sus obras.
Si tuviéramos que establecer una tipología del escritor serrano, una especie de características generales, a la manera de las Historias de la Literatura, yo me atrevería, lanzándome sin red, a enumerar las siguientes: Gran capacidad fabuladora en los narradores, que construyen historias atrayentes, cercanas, a partir de los elementos más simples y comunes de la vida diaria: narraciones breves como La Julianita, de José Nogales, o Seis Doble, de Carlos Muñiz, convierten elementos tan cotidianos como las fantasías y sueños de una muchacha que viene del campo, o una partida de dominó en el casino, en elementos mágicos y estremecedores. Una segunda característica, que entronca con la anterior, es el profundo conocimiento de la realidad y las personas, que viene dado por el compartir un mismo origen y sentirse orgulloso de él. Fernando Labrador hace persona a la Sierra; a José Nogales no le importaría morir de una indigestión de morcillas en una matanza, y convierte en argumento literario sus juegos infantiles (los rehiletes). Carlos Muñiz pone a sus personajes nombres como Lisardo Galaroza o Filiberto Navahermosa, o utiliza el vocabulario añejo de la Sierra en sus relatos; sería la tercera característica la socarronería o retranca con que escriben estos autores, el humor fino con que se ríen de las situaciones difíciles, los sobreentendidos, el ir más allá o quedarse más acá -según se mire de las palabras, que tiene en ellos una carga superior dada por esa vivencia de una situación vital de que he hablado antes. La cuarta y última característica que quiero señalar es el dominio del lenguaje, que utilizan en todo su poder sugerente y connotativo. Evidentemente, este uso del lenguaje es lo que constituye la esencia y la base del hecho literario. Pero en Andalucía, tierra barroca por excelencia, esto se hace más acusado; y en la Sierra, donde la gente es sentenciosa y va lejos, aún más. La manera serrana de narrar, yendo y viniendo, pero sin perder el hilo, adornando con múltiples disgresiones que no confunden, pero sí enriquecen... es como nuestro paisaje y nuestros caminos rurales, que no sólo van a un lugar, sino que pasan por esos lugares. Tan importante es la historia que se cuenta, como cada uno de los momentos o palabras de esa historia.
Se me podría objetar que cada una de estas características se puede aplicar a, o explicar de, muchos escritores: es la unión de las cuatro en el mismo escritor lo que, en mi opinión, constituye esa forma especial de ser escritor que es la serrana.
© Ángel Manuel Rodríguez Castillo
© Foto MGP.
Victoria Lacombe
LA MALADRESSE DANS L'ART CONTEMPORAIN
Vérité du geste ou illusion esthétique ?
Postface de Christophe Ronel
L'Harmattan. Paris
Vérité du geste ou illusion esthétique ?
Postface de Christophe Ronel
L'Harmattan. Paris
Ce livre analyse l'esthétique inattendue de la maladresse. Celle-ci implique
l'inexpérience, la gaucherie, le handicap, le hasard... L'auteur montre
l'intégration de la maladresse, en tant que technique, dans la pratique
artistique, qui finit par générer un nouvel académisme. L'auteur montre
l'affirmation d'une nouvelle sensibilité réhabilitant le burlesque, l'idiotie
et le monstrueux, qui contribuent au désenchantement du monde.
CHRISTOPHE BARRATIER
Les choristes.
Los coristas
Los coristas
Los niños del coro
La ciudad de Faro celebra una fiesta en honor del cine francés. En la Gala de Inauguración, como aperitivo, proyectan la ópera prima de Christophe Barratier: Les Choristes, comedia dramática justamente seleccionada para los festivales de Berlín y Montreal y que luego se integrará en el circuito comercial español de la mano distribuidora de AltaVista. En España se traduce su título como Los coristas o Los niños del coro.
Christophe Barratier ─cuya formación es la de músico-guitarrista hasta que descubre el cine─ sube al escenario a defender con palabras algo que no necesita: su trabajo. Si toda obra lleva su dosis de autobiografía, aquí parece que es total. Se trata de la memoria de un colegio de huérfanos en la Francia de la posguerra donde, como en tantos centros de enseñanza, reina el caos, el desinterés del responsable máximo, a toda hora con la consigna de «acción, reacción». Sin duda, un aspirante a cargo político. Domina el ambiente escolar el signo de la desgracia por el cual todos los alumnos que salgan de allí serán pasto de cárceles o protagonistas de mala vida. De hecho, el castigo que se impone a los «malos» de la historia filmada es recluirlos en un calabozo.
Así las cosas y por voluntad de un nuevo profesor, encarnado magistralmente por Gérard Jugnot, penetra el milagro de la música en el aula única y con ella el interés, no sólo por el canto, sino por el trabajo en grupo, la disciplina, el estudio y otros valores, hasta el punto de conseguir ─aun a contrapaso del cascarrabias del director─ un pequeño repertorio que es, además, el motivo musical del film. Naturalmente, en esa fábrica de perdedores que es el colegio, pierde también el profesor de música, al que despide el estirado director por una serie de hechos más dignos de ver y escuchar que de leer aquí: motivos que ni el papel aguanta.
Les Choristes es una de esas obras anunciadoras de que está junto a la cámara un gran director, En la cena posterior a la proyección es cuando me dice que viene de ser guitarrista y por ahí entramos en sabrosa conversación, de acuerdo en que no hay que nacer esto o lo otro y ya dedicarse –con las limitaciones de un solitario camino─ a esto o a lo otro. Si se nace sensible, basta con aplicar esa potencia creativa a cuanto se haga. Hoy toca hacer música porque el espíritu está proclive a ello: pues música; hoy toca cine: pues cine; hoy toca escribir: pues a emborronar papeles.
Barratier no sabe si seguirá en lo del cine, aunque ya tenga en marcha más proyectos; durará en el oficio lo que le duren las ganas porque le atraen otras formas de expresión que quisiera experimentar, sin descartar volver a su música. Lo que no duda este «ya» gran director es que lo que ha de presidir su obra, sea del cariz que sea, es la dignidad íntima, el sentirse bien consigo cuando la haga. Nunca aceptará, por ejemplo, que un distribuidor asista a un rodaje suyo y dé órdenes del 'cómo' con vistas a una taquilla abultada. Para bultos, ya hay un triste catálogo dentro del cuadro diario.
© Manuel Garrido Palacios
Isaac Antcher
(Peresectna 1899 - París 1992)
Sous-bois avec personnage, 1929
huile sur toile, 60 x 73 cm.
Collection privée
Pinacothèque de Parls
Jacques Lonchampt
Jacques Lonchampt
LA MUSIQUE AU JOUR LE JOUR
Paris
Que deviennent nos souvenirs de concerts,
merveilleux, émouvants, marqués par un artiste éblouissant, par une atmosphère
grandiose ou d'une intimité bienfaisante ? Des moments qui peu à peu perdent leurs
couleurs, s'effacent, pour ne plus laisser qu'une impression nostalgique avant
de se dissiper complètement. Alors que reste-t-il ? Un article de
journal, avec ce que le critique du journal Le Monde a touché
de plus irrémédiablement personnel dans cette manière de faire de la musique.
JOSÉ MANUEL DE LARA · Sonetos
cuando cubra tu voz mi sombra inerte.
Algo mío tendrás tras de mi muerte
al hacer aquel gesto que yo hacía.
Desde mi ausencia, entonces, yo querría
algo más de un silencio que ofrecerte.
Esta nostalgia gris que ya se vierte
hacia tu soledad, desde la mía.
Hasta ti llegaré en la madrugada,
y en todo me hallarás, no estando en nada.
Después me iré perdiendo en el olvido.
Y si el tiempo borrase hasta mi nombre
ese día sabrás, hijo, que el hombre,
cuando deja su sangre, no se ha ido.
SONETO DE MANUEL JOSÉ AL PADRE
Dentro de mí te encuentro cada día
y oigo en mi voz tu acento dulce y fuerte.
Algo tuyo me llevaré a la muerte
en ese gesto que hago todavía.
A tu lado, en silencio, yo querría
que no pasara el tiempo y retenerte.
Saber que el corazón ya no se vierte
ni en soledades ni en melancolía.
En mis ojos contemplo tu mirada
y en todo te hallo en mí, sin buscar nada,
por el río sin fin del apellido.
Y, cuando el tiempo borre nuestro nombre,
mis hijos sentirán, padre, que el hombre
puede vivir por una sangre unido.
SONETO DE MANUEL GARRIDO PALACIOS A MANUEL JOSÉ
Que ahí dentro lo encuentres cada día
y sientas en tu voz su acento fuerte
es vida que lo aleja de la muerte
a cambio de dejarnos su poesía.
Que lata su latir como latía
allá en su Plaza Nueva, lo convierte
en ese ser humano que hoy revierte
las flores de su esencia en quién quería.
Sus ojos te darán una mirada
que talló la existencia en su semblante
y en el verso infinito que ha creado.
Y si un día topara con la nada,
que hoy goce del brillo de su cante
y del rito sin par de ser cantado.
Chagall
Huile sur carton marouflé sur toile 69,7 x 49,5 cm
Centre Pompidou, Musée national d’art moderne
Centre de création industrielle, dation en 1988
Centre de création industrielle, dation en 1988
En dépót au musée national Chagall, Nice.
Exposition
Chagall. Une vie entre guerre et paix
Musée du Luxembourg
Paris
Paris
Mahler
Un sábado cualquiera trajo una gloria añadida al paisaje del viejo pueblo de Punta Umbría. En honor de la belleza, tan cercana a lo divino, se congregaron en su Auditorio: Teatro del Mar de la Casa de la Cultura, los componentes de la nueva hornada de la Orquesta Joven de Andalucía, dirigida por Arturo Tamayo, curtido en el Conservatorio de Madrid, su cuna, y en las aulas de Boulez en Basel, Rowicki en Viena y Fortner, Traves y Huber en Friburg, donde se diplomó en Dirección de Orquesta en la Escuela Superior de Música. Sumemos a esto haber sido director invitado en los festivales de Salzburgo, Lucerna, Viena, Londres, Venecia, Florencia, Holanda, Paris, Berlín... aparte de estrenar obras de Cage, Xenakis, Rihm, Ohana, Bussotti, Castiglioni, Luis de Pablo, Kagel, Olavide, Manzoni, Manoury, y colaborar con Berio, Stockhausen, Messiaen, Petrassi, Nono, Lutoslawski, Feldmann, Lachenmann o Sciarrino.
Todo este lujo artístico ofreció en Punta Umbría una obra musical de excepción: la Séptima Sinfonía de Gustav Mahler, comenzada en el verano de 1904 y terminada un año después, cuyo estreno fue en Praga en 1908 bajo la dirección del compositor.
Bien dice Enrique Amodeo que esta obra, fascinante y difícil, cabalga recia entre el romanticismo y la modernidad. Su avanzada armonía, con disonancias y modulaciones abruptas, diluyen la tonalidad, y el uso del intervalo de cuarta juega tan gran papel, que es el que Schönberg reflejará después en su Sinfonía de Cámara, op. 9. Desde el elemento romántico por excelencia, la Noche, la marcha hacia la luz de la obra se produce por los constantes y sorpresivos cambios en cada movimiento: 1 Adagio-Allegro; 2 Nocturno. Moderato; 3 Scherzo. 4 Nocturno. Amoroso; y 5 Rondó. Finale. Allegro.
La Orquesta Joven de Andalucía ya ha roto lindes y ha actuado en Madrid, Barcelona, Segovia, Valencia o Murcia. En 1996, en memoria de Manuel de Falla, grabó El Amor Brujo y Noches en los jardines de España, bajo la dirección de Juan de Udaeta. Los actos realizados recibieron el Premio Español de la Música al mejor evento internacional, promovido por la SGAE y la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes.
Pero más allá de los fríos datos biográficos del conjunto -aunque necesarios- lo emocionante en este caso es la constatación de una cantera de promesas. No todas las orquestas consiguen poner en vilo a un público con toda una Séptima Sinfonía de Mahler, que, como decía Tamayo entre bambalinas: “si toda la obra de Mahler es compleja, ésta se lleva la palma”.
Emocionante, porque no es la Andalucía que estaba en el escenario la de “charanga y panderetea, cerrado y sacristía”, sino la capaz de situar en primera fila cultural a lo más granado, a su juventud, para interpretar las ideas estéticas más vanguardistas; y, además, hacerlo tan soberanamente en Punta Umbría, pueblo que brilla con luz propia en su programación cultural, en la que tanto tiene que ver el poeta Uberto Stabile.
En este tipo de sucesos se vislumbran juntas la promesa y la esperanza de que se está trabajando un horizonte para un mundo mejor, que parece poco, cuyas señas de identidad las manejan ya “muchachas y muchachos” que, al decir de Miguel Hernández, “no dejarán desiertas ni las calles ni los campos”.
© Manuel Garrido Palacios
© Imagen de Hans Schliessmann (1901)
Carmen Palanco
Carmen Palanco
LA BREVE HISTORIA DE UN IMPULSO
Carmen Palanco tiene la firme voluntad de volcar sobre el papel lo que siente, lo que recuerda, lo que piensa, lo que ha vivido en sí misma, lo que ha visto vivir a otros. Su irrevocable decisión de escribir conmueve porque sale al ruedo de las letras queriendo de verdad hacerlo, convencida de ello, no picoteando tres párrafos y un punto, sino con el manjar clave, la piedra de toque: la novela. Al principio le salió de la niebla de la memoria un esbozo, un temblor, un manojo de sensaciones. Luego, tras pulir el estilo y tomar nota de que el toro de la escritura estaba frente a ella en ese redondel de la vida donde todo pasa, le dio forma a lo que hoy nos ofrece: un mundo poco conocido encajado en una residencia de mayores con un camino orillado de sauces. Ya está aquí esa novela, su primera novela, el hermoso relato que viene a continuación, su estreno, su salir a la luz; páginas en las que ha plasmado el latido humano que ha sido su motor, su motivo, su qué.
Ahí se fraguó la escritora Carmen Palanco, la misma que ahora estrena su ópera prima y que tanto hubiera deseado ofrecérsela a ellos dos, que ya no están. Tanto Odón como Amalia le intuyeron el fondo y la animaron a traerlo arriba: un fondo claro de ideas y de palabras que hoy dan su fruto: esta hermosa novela.
Esta es la breve historia de un impulso necesario. Lo demás viene ahora. Esta novela y las próximas, ya escritas y en capilla, son el ejemplo de una vocación cogida a tiempo, de un tomarle el pulso a la vida, de un exprimir la memoria, de un estilo tallado con el tesón a prueba de tormentas. Y, sin dudarlo un momento, de la gracia al escribir y de la capacidad adulta de aquella niña que un día le mostró a Odón unos papeles emborronados: Carmen Palanco.
Manuel Garrido Palacios
ANLE · Nueva York 2014
POEMA
Haz las cosas bien aunque no te den las gracias;
me dijo un viejo cantor del tiempo...
mejórate sin que te sentencien,
ámate sin que te lastimen...
amplía la condición limitada con la que naciste.
Construye tu obra y tendrás una oportunidad
en caso de que haya camino en las estrellas.
Somos una energía con destino incierto,
no pierdas el tiempo en esperar,
ni en preguntar aquello
que sólo tú te debes contestar
.
que sólo tú te debes contestar
.
© Carmen Palanco
GEORGE ELIOT
Las novelas tontas de ciertas damas novelistas
Trad. de Gabriela Bustelo
Ed. Impedimenta
"George Eliot
es de las pocas autoras del XIX
que escriben como una verdadera adulta"
(Virginia Woolf)
Punzante, entretenidísima y profundamente lúcida, George Eliot parodia las tópicas novelas que dominaban los listados de ventas de su tiempo, con sus encantadoras y hermosas heroínas, y sus previsibles y azucarados finales. Sin cortapisas, sin reservas impuestas por los convencionalismos sociales y culturales de su tiempo, con un sarcasmo feroz y la agudeza intelectual que le es propia, Eliot pasa implacable factura a los desaciertos de la narrativa más ramplona de algunas afamadas escritoras de su época. En el que fuera su ensayo más célebre, cuyo tema sigue despertando polémica en nuestros días, la genial autora inglesa plantea sus tesis con un toque de ironía a partir de ejemplos representativos de los argumentos predecibles, los personajes falseados, los estilos remedados y los diálogos inverosímiles que ciertas damas novelistas pusieron al servicio de sus pretensiones moralizantes, prosaicas o, directamente, jactanciosas. George Eliot, seudónimo de Mary Anne Evans, nació en Chilvers Coton (Warwickshire), en 1819. Su padre era agente inmobiliario. Estudió en la escuela local de Nuneaton y en un internado de Coventry.
Gabriela Bustelo, escritora y traductora, pasó su infancia entre París y Washington DC, donde estudió en el Saint Patrick’s School. Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su carrera de traducción con El libro de la selva, de Rudyard Kipling, y ha traducido al español a Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Raymond Chandler o Margaret Atwood, entre otros. Para Impedimenta ha traducido Las señoritas de escasos medios.
© Ed. Impedimenta
Carmen Busmayor
HISTORIAS DE LA FATAL OCASIÓN
Carmen Busmayor
Calambur Ed.
“Nadie ama la poesía como un ruso”, dice Pasternak en Zhivago. Siempre se exagera un poco en cuestiones que se nutren de la pasión, misteriosa estancia hecha de latidos. Definir la poesía es otro cantar. Podría ser conectar con la belleza a través de cualquier sentido más allá de la palabra. Valga un silencio. Lo cierto es que el camino que venimos recorriendo para acceder a la poesía es el del verso, dicho, cantado o escrito, forma literaria que parece acaparar la intención del término, a pesar de ser tan amplio el horizonte abierto.
Así las cosas, me hago con el libro de poemas “Historias de la fatal ocasión”, de Carmen Busmayor (León 1952), premiada varias veces por su obra poética, obra en la que la autora, Doctora en Filología Hispánica, reflexiona sobre el siempre nebuloso “adiós”, esta vez, “de relevantes escritores suicidas”.
Antonio Colinas dice en el prólogo que “hay dos maneras fundamentales de abordar un libro de poemas; una, acumulándolos en un proceso que arranca de ese momento mágico del que brota el primero de los versos, ése que al parecer alguien nos dicta; luego, planteándose un tema previo, predominante”. El libro de Carmen Busmayor “se decide claramente por esta última opción eligiendo un tema ambicioso y turbador: el del suicidio y los suicidas. Pero no nos encontraremos en él con anónimos suicidas, sino con […] escritores excelentes”; es decir, el libro alude a “uno de esos grandes temas —amor, naturaleza, tiempo, más allá, muerte— que están presentes en la tradición literaria y que el poeta no puede eludir. Es la muerte el tema central de este libro”, pero más que de la muerte misma, por si no bastara, de “los instantes previos en los que, quizá, el suicida repiensa su vida y decide sobre ella”.
Con la actriz Aída Peruzzi, compañera de Salgari, Carmen Busmayor comparte el saber “de la que es amada y pierde la razón entre espumas de luces heridas / por disparos de olvido. // Mis labios son la herida informe / que suscribe el duelo antes y después del rasear de los buitres. // He buscado caminos, muchas veces / patios hábiles para la claridad del consuelo y a menudo he encontrado / tan sólo las vísceras de la desolación”.
A Antonia Pozzi, “poetessa italiana” le dice que “al caer la noche, en sigilo, ciego / en la turbiedad, no deserta. No. Desgarra, / precipita la rueca del aliento / tal si fuesen las veloces esquinas del aire / o la misma luna ebria de morfina y sueño / en la audaz insistencia de la debelación”.
De Virginia Wolf escribe que “no fue el mar quien echó raíces en sus pies, pesadas piedras / en los bolsillos de su abrigo tampoco. // Porque el mar, enorme en el desacuerdo / y la misericordia, no posa sus ojos / en la lúgubre travesía de quienes suman cansancio / con sus dedos, / con su voz, / con sus piernas entrelazadas, / con la muelle sensación / de la riqueza, / con sus pupilas / teñidas de desencanto, / con todo, / con todo”.
Para Mario de Sá-Carneiro, fundador con Fernando Pessoa de Orpheu, “atrás queda la tarde. Tendida en el cansancio. / Lisboa, el ojo circular de la amistad. / París, una parcela de orillas o el pálido temor de quien / evita su pesada certeza. La dudosa trinchera / de un cuerpo culposo. Esta hora de miseria / sin límites, de luz lastrada por doquier”.
Gabriel Ferrater dijo que se suicidaría a los 50 años y lo hizo. Busmayor escribe que “podría ser en las proximidades del tedio / o en medio del beso oscuro de la desposesión. / Anonimado en cada sombra, / sentado en la euforia / o sobre la enlutada transparencia de la luz / o mordido por el óxido de la desobediencia / derrumbado en estratos de hiel / o ungiendo su cordura sin una brizna de entusiasmo. // Sucedió. En la alegre república del aire / Como si fuese hoy mismo”.
“Gracias a la vida” forma parte del legado de Violeta Parra, con la que Busmayor dice que “no resulta fácil desembocar en la belleza / inmarcesible ante la promesa de quien mata al mensajero. / Sin la poderosa caricia de lo pleno no hacer / de la sonrisa una intensa demolición o retener una dulce música // Con demasiada frecuencia la vida es un lugar / para la asfixia, y en tales momentos un rayo de luz, / ni siquiera una nota de estrellas al completo, / salva la impotencia. Una anemia profunda pone la esperanza / en fuga y ya no es posible poner en práctica el oficio / de mirarse a una misma con complacencia / o, al menos, con una arboleda benevolente / arraigada en el valle del corazón”.
Sí; exagera Pasternak. Rozan la treintena las “Historias de la fatal ocasión” trazadas por Carmen Busmayor (Calambur 2008), obra en la que “las horas han tejido esta certeza / con paciencia de isla”. Libro pura-esencia, de los de “asomarse al brocal del pozo del abismo / para conocer que no existe abecedario / para escribir sobre el mar y las estrellas / porqué alguien decide negarse el regreso / si nunca nos volverá a regalar su cara, su voz, / el oro existente bajo su piel”.
La autora sabe que, como declara la cita de Albert Camus que encabeza su obra: “no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. Son palabras que se suman, aunque la belleza de lo escrito por Carmen Busmayor no las necesite.
© Manuel Garrido Palacios
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