Cancionero de obras alegres





Cancionero moderno
de
OBRAS ALEGRES
Londres 1875





‘Es delicioso escribir las primeras palabras de un cuento -dice Miss Potter- porque nunca sabes cómo vas a seguir y menos cómo conseguirás terminar’. A lo que habría que añadir: las primeras palabras de un cuento, de una novela, de un poema, de un artículo en el escritor, o los trazos de tanteo de un pintor en el lienzo virgen, o las notas de inicio de un músico en el piano recién abierto, o los golpes previos de un escultor en un bloque de granito entreviendo la obra dentro. Lo admirable es que al final se consiga plasmar una idea sobre el papel, el lienzo, la partitura o la piedra con el pulso que le impone el misterioso ritual creativo. Hay algo de esto, aunque no comparable, cuando se reciben libros. Sólo al empezar a pasar sus páginas sabremos si nos van a crear el afán de compartirlos hasta el colofón o dejarlos para otro día. 



Hoy me traen una joya libresca: ‘Cancionero moderno de obras alegres’, publicado en Londres en 1875 y en España en facsímil por Altafulla. Su contenido se anuncia con unos Diálogos entre el Duque de Rivas y Alcalá Galiano. Dice el Duque: 



¿Habré yo anoche pecado,
que apagada ya la luz
y después de hecha la cruz,
en esta cama acostado,
llevé medio adormilado
la mano hacia las pudicias,
y empecé a hacerles caricias,
y cosquillas sin cesar,
viniendo el juego a parar
en llenarme de inmundicias?

Francisco de Quevedo firma en las páginas siguientes estos dos sonetos: 



1)
Estaba una señora por Enero
metida hasta los muslos en el rio,
lavando paños, con tal aire y brío,
que mil necios traía al retortero.
Un cierto Conde, alegre y placentero,
le preguntó con gracia: ¿Tenéis frio?
Respondió la señora: Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero.
El Conde, que era astuto, y supo dónde,
le dijo, haciendo rueda como pavo,
que le encendiese un cirio que traía.
Y dijo entonces la señora al Conde,
alzándose las faldas hasta el rabo:
Pues sople este tizón vueseñoría.

2)
¿Rogarla? ¿desdeñarla? ¿amarla? ¿huirme?
¿Seguirla? ¿defenderse? ¿asirla? ¿airarse?
¿Querer y no querer? ¿dejar tocarse?
¿Y a persuasiones mil mostrarse firme?
¿Tenerla bien? ¿probar a desasirme?
¿Luchar entre sus brazos y enojarse?
¿Besarla a su pesar y ella agraviarse?
¿Probar, y no poder, a despedirme?
¿Decirme agravios? ¿reprenderme el gusto?
¿Y en fin a baterías de mi prisa
dejar el ceño? ¿no mostrar disgusto?
¿Consentir que le aparte la camisa?
¿Hallarlo limpio y encajarlo justo?
Esto es amor y lo demás es risa.

Veamos el tercer poeta: Manuel Bretón de los Herreros, que dice así en un poema: 


Es el búcaro travieso
tan discretamente sabio,
que el suyo acercó a tu labio
para hacer más largo el beso.
Y tú no tomes a exceso
que el incauto se vaciara
al tocar tan linda cara,
con tan dulce tocamiento,
(perdona mi atrevimiento)
yo también me derramara. 

Leamos cómo se expresa Luis de Góngora: 


Soy toquera y vendo tocas.
Es mí cofre de una pieza,
pero caben muchas dentro,
y no le veréis el centro
aunque metáis la cabeza;
y negocio con presteza,
y despacho bien mis tocas,
y tengo mi cofre donde las otras.

La nómina de autores es abundante; además de los citados aportan sus versos Santos Álvarez, Bernat Baldoví, Camargo de Zárate, Cornejo, José de Espronceda, Gallardo, Gallego, García Gutiérrez, Sebastián de Horozco, Iglesias, Ortiz Melgarejo, Porra de la Cámara, Salinas, Vargas Ponce, Ventura de la Vega, el Conde de Villamediana y un largo etcétera, que aparece en el capítulo Autores varios, como Miguel de Santa Ana: 

En el calor de su amoroso trato
una gata gozaba sobre un gato
y sé de buena tinta
que al mes cabal, el gato estaba en cinta.
Esto, amados, nos enseña
que el que cae debajo es quien se empreña.

También podemos entonar de cantares anónimos como éste: 


Échame, mono mío
la olla al revés,
la tajada primero
y el caldo después. 

Vale lo que dice Miss Potter: ‘Es delicioso escribir las primeras palabras de un cuento’, o de una novela, un poema o un artículo porque nunca sabes cómo vas a seguir ni siquiera si lo terminarás. Es como plantarse ante un lienzo en blanco, un piano abierto, una piedra informe o recibir un libro inesperado. Lo misterioso está en que al final cuaje algo, merced al pulso creativo, donde antes no había nada.

© Manuel Garrido Palacios

José Ignacio Serra





DEL RIGOR EN EL JUEGO
José Ignacio Serra
Calambur 


...nos trae a veces a la memoria el desgarramiento espeluznante, por lo sincero, de Genet y también el misticismo imaginativo de Michaux. Como Cirlot (el primero en envasar sueños) Iñaqui sabe que la única manera virginal de entenderse con lo onírico no está –valga la redundancia- en soñar sueños, sino en crearlos en el plano urgente de lo que racionalmente el artista no llega a entender del todo.
© Rafael Pérez Estrada

...vive en el jardín de los simbolismos. Lo buscan los comisarios de sueños. Pocos tan radicalmente hermosos en la desobediencia y lo oscuro, nadie como él, bebé furioso de Lezama, en la reyerta contra los principios del barrio.
© Juan Carlos Mestre

...descubrí que mi canto perseguía en sus sueños a los hombres como una maldición y resonaba en sus oídos cual horrísono improperio; porque los ángeles son torpes cuando caminan sobre la faz de la tierra. Entonces el silencio me agarró las cuerdas en el límite de su tensión y ahora yo me ahogo y un niño se retuerce adentro de mi cuerpo, cadáver que se resiste a la putrefacción y, aunque cada vez más enjuto, no alcanza a disgregarse.
© José Ignacio Serra (pág. 15)

Rafael Muñoz Zayas






Tierra de provisión
Rafael Muñoz Zayas
Pról. Ernesto Pérez Zúñiga
LIBROS DEL AIRE / poesía







TAREAS PENDIENTES

Tengo que subir hasta la ermita
ver el claro
del heno trazado en la montaña
las cañadas llenas de forraje y las colas
de las bestias empeñadas
en espantar a las moscas
y ser el risco que corona el corte
que cruza esta montaña
y poder llegar hasta el punto
más elevado de las mimbres
y lanzarme hacia abajo
como el pájaro
que ya no teme
caer.

© Rafael Muñoz Zayas

Mariano Flores Martínez

LA TORMENTA
Drama histórico en tres actos
Julio 1936-Febrero 1937
Ed. Luso-Española
Salamanca

Mariano Flores Martínez (Sádaba, 1944), Catedrático de Lengua Española. Universidad de  Pau (Francia). Doctor en Letras con su tesis 'Los anarquistas aragoneses y el poder'


La tormenta se inspira en hechos reales que se produjeron en Barbastro (Alto Aragón), pequeña ciudad oscense, bajo control de las Fuerzas Republicanas durante los meses de julio a octubre de 1936. La acción se desarrolla en los inicios de la Guerra Civil en la comunidad de un monasterio de monjes benedictinos amenazados por las milicias que persiguen a los miembros de la Iglesia. ¿Deben permanecer allí exponiendo sus vidas como testigos de la fe que profesan o se refugiarán en un monasterio más seguro? Este es el dilema que se plantea cada uno de ellos.

© Editorial


La historia y personajes de esta obra tal y como aparecen y se expresan son pura ficción del autor. Pero la mayoría de ellos han existido realmente. Todos han sido elevados a la dignidad de santos mártires de Barbastro por S. S. el Papa Juan Pablo II. Los he llevado dentro de mí durante más de diez años. Sus diálogos me han acompañado en mis largos paseos a orillas del Océano o por los senderos del hermoso bosque de Las Landas. He vuelto a vivir las escenas de sus existencias, mecido por el estrépito de las olas o sacudido por el viento que silba en las copas de los pinos. Si esta obra dramática ha ido madurando con el tiempo, enriqueciéndose con lecturas y reflexiones sobre los hechos a los que se refiere, el autor ha respetado escrupulosamente la cronología de los acontecimientos de este episodio doloroso y terrible de la guerra civil española, excepto el tercer acto que es pura ficción. Incluso he reproducido integralmente una carta escrita por una de las víctimas de este drama unas horas antes de su muerte. La historia de los últimos meses de sus vidas refleja fielmente la realidad: el Obispo, el Prior y su comunidad benedictina, el Director de los escolapios, Miguel... Su tragedia me marcó en cuanto la conocí y me ha acompañado durante mucho tiempo. Gracias a la escritura empiezo a liberarme de su impacto. Si he decidido plasmar estas existencias escribiendo una obra de teatro, es porque siempre me ha apasionado el arte dramático, al que considero como la expresión que mejor traduce los sentimientos de nuestra existencia. Para completar la obra he añadido dos capítulos, uno al principio, otro al final, ellos contribuirán a dar a entender mejor el alcance histórico del texto. Mi principal objetivo fuera de toda aquella ideología partidista, es que esta ficción testimonial ayude a reflexionar sobre las consecuencias terribles que engendra toda guerra civil. Debemos hacer cuanto podamos para que el amor supere el odio. Debemos hacer cuanto podamos para que el respeto supere el fanatismo bajo todas sus formas.

© Mariano Flores

Beato de Liébana









S. BEATO de LIÉBANA
Beato de Saint Sever, Siglo X
Biblioteca Nacional. Paris


S. BEATO DE LIÉBANA
In Apocalypsim. Siglo X

Philippe Claudel




Philippe Claudel
LA NIETA DEL SEÑOR LINH
Ed. Salamandra




‘Una fría mañana de noviembre, tras un penoso viaje en barco, un anciano desembarca en lo que podría ser Francia, donde no conoce a nadie y cuya lengua ignora. El señor Linh huye de una guerra que ha acabado con su familia y destrozado su aldea. La guerra le ha robado todo menos a su nieta, Sang Diu, que en su idioma significa Mañana dulce, una niña tranquila que duerme si el abuelo tararee su nana, la melodía que han cantado durante generaciones las mujeres de la familia. En un piso de acogida, el señor Linh se preocupa por su nieta, su razón de existir. También conoce al señor Bark, un hombre afable cuya mujer ha fallecido recientemente. Un afecto surge entre ambos, capaces de  comprenderse en silencio o con pequeños gestos. Un día los servicios sociales conducen al señor Linh a un hospicio que no puede abandonar, del que consigue, sin embargo, escapar con Sang Diu y adentrarse en la ciudad desconocida, decidido a buscar al amigo. Su coraje y determinación lo conducirán a un inesperado desenlace, profundamente conmovedor”.

© Ed.

Revista de Folklore nº 387







Revista de Folklore nº 387
Urueña. Valladolid





Editorial . Joaquín Díaz

Religiosidad popular: Semana Santa en la provincia de Guadalajara . José Ramón López de los Mozos

La aportación de Jose Mª Ferrero Pastor a la música de Moros y Cristianos de Alcoy . Ana María Botella Nicolás

Costumbres de Hinojal (Cáceres) . Fidel Durán Macarrilla

El recuerdo de nuestros mayores realza el valor de los oficios tradicionales . Pascual González Galindo


© www.funjdiaz.net

El Nilo en faluca

El Nilo en faluca

El viaje es regresar a un tiempo medido en milenios, a siglos leídos, a paisajes de ensueño. Las velas se cruzan en la tersura del agua ante los gigantescos buques que esperan turno en la esclusa mientras sobrevuela a ras de brillos el dios Horus recontando con ojos de halcón los dioses antiguos que los peregrinos buscan. Los dioses no miran. Mantienen la sabia indiferencia de la divinidad; si exhiben su rancio rango sólo es para que quien los vea comprenda su gesto ausente, ya sea devoto o rastreador de datos que hablen de dinastías y periodos, a sabiendas de que la historia igual se nutre de frías cifras que de emoción pura. El Dios de cada uno suele elevarse sobre las interpretaciones del resto. La Verdad con mayúscula es patrimonio de Dios y de los dioses que habitan el ámbito que pisamos. Los dioses egipcios llegaron a un acuerdo para dar vida al país en el futuro. Hicieron dios al Nilo y al halcón que lo vigila; al aire seco del desierto y a las solemnes dunas que lo pueblan; al león, al gato, al perro, al escarabajo, a cuanto se terciara en una especie de sincretismo tan íntimo como universal, porque tan íntimas como universales son las creencias. El Nilo es un titán que nace en las lejanas cataratas del lago Victoria y corre a dar su latido al Mediterráneo, fertilizando un camino que sin sus aguas sería de muerte. Su cauce da vida durante miles de kilómetros. La vegetación está en sus bordes. Lo demás es un mar de arena, con sus naufragios, sus ciudades enterradas, sus misterios. Nilo, Arno, Sena, Támesis, Ganges, Danubio, Tinto, Odiel, Guadalquivir, Guadiana. Los ríos sólo piden su cauce a cambio de darse enteros. A ambas orillas del Nilo se levantan pueblos, unos básicos en su hechura, otros más tallados, sobresaliendo en todos los minaretes de las mezquitas, que perfilan su nítida blancura sobre el verde de las orillas y el ocre intenso del fondo, que es el desierto. Sahara significa eso en árabe: «desierto», algo común desde aquí hasta el Atlántico. La primera sensación que ofrece el Nilo es la de que riega un país hecho desde siempre y siempre por hacer. Más que río es océano alargado. Cuando se le navega siente uno que entra en una herida abierta en el desierto; tajón del que mana la vida en esta parte del mundo. Vida, no muerte. Con poca cal para la cal que significó en tiempos el concepto de «higiene que sale fuera» aplicado a la cal que asomaba por los cercos de las ventanas, por los marcos de los poblados corren niños y niñas intentando seguir el paso de la faluca desde tierra firme mientras lanzan saludos ruidosos, alborozos y canciones dando la bienvenida a su país, cuna de una de las culturas más hermosas que nos contaron. Sin oleaje ni vientos solanos ni ábregos, con ligera brisa del norte avanzamos serenamente hacia la esclusa. Una gran montaña de arena emerge a la izquierda entre la niebla y a la derecha una aldea mayor que las anteriores. La vida que se concentra en las orillas del gran río es sólo el cinco por ciento de la superficie del país. Cinco por ciento de este milagroso casi continente llamado Egipto.

© Manuel Garrido Palacios

Rafael Delgado




ARDE FLIPOVIC
Rafael Delgado



Entrevista


PREGUNTA: En estos días empezarán las presentaciones de la novela “Arde Flipovic”, primera y única publicada por Rafael Delgado de las varias que ha escrito. La impresión que surge al abrirla es la de estar ante un pote que hierve y que quiere desbordarse pero manteniendo el control de modo conciso, con elegancia. Esto atrapa de inmediato; pero si un niño pidiera al autor una síntesis…
RESPUESTA: Le diría que habla de los “pájaros del amor”, pero que leyera antes “Platero y yo”.
P: Una sombrerería atestada de cajas y un retrato del fundador de Punta Estuaria son el puerto de partida para universalizar luego el horizonte que quieres describir.
R: Es una muestra de un tiempo que se fue. En un análisis sobre el pasado advertí que nuestras vidas se alimentarían de algo literario que las identificara con un momento preciso. Una inquietud se apoderó de mí como un ying yang, blanco-negro, (igual a un tablero de ajedrez) y una vida en color con capacidad de soñar. Las infinitas posibilidades de un lugar paradisiaco normalmente obviadas marcan mi mirada al mundo. y mi ser y mi estar, mis conclusiones y mi escepticismo. 
P: La novela trae su gran porción autobiográfíca.
R: Y de abstracciones sobre el amor, momentos que al desgranarlos son puntos mentales cuando menos interesantes. Digamos que el niño quería inmortalizar con su amor el Beso de Rodin a pesar de no conocer la escultura.
P: Niño del que no citas el nombre aunque desvelas su mundo en la posguerra; mundo sórdido, de siseos, de silencios, de temor, de venganzas, de hambres, de fuegos…
R: Es una caja china, una historia dentro de otra. Incluso su título fue otro durante un tiempo. “Arde Flipovic” responde a lo que creo más mío.
P: Tampoco a Flipovic lo nombras, lo que no significa que no esté presente.
R: Como tantas cosas en la novela, es un brindis montera en mano al sitio que amamos, una secuencia de vivencias sobre el enclave de nuestros primeros pasos.
P: ¿Por qué arde?
R: Flipovic es un personaje que pertenece al lector. Es una idea, sin edad ni rostro, es un amante anónimo que aparece en el templo de la diosa Caissa: un reino gobernado por la razón y un romántico de cojón de mico que apuesta en los tiempos difíciles por el arte literario. Arde porque el fuego purifica; recuerda la figura de un Buda iluminado.
P: Fernando Pessoa tenía sus heterónimos. Puede que Flipovic sea uno tuyo, como R. Delfue. En tu caso, ¿cada uno escribe a su aire, cada cual tiene su mundo?
R: Delfue es columnista. Anatoli Flipovic es más denso y literario; se hizo a sí mismo en la poesía (Hojas Grises), que es la esencia de su arte. También están Harpo Delfue, cómico, y West Moon Love que encontró una piedra de agua en la Isla del Talento.
P: Al principio de la novela sitúas la acción en Cuba para luego venir a un "escenario lleno de espejos" donde cada personaje se mira, como el abuelo Isidro "fácil de lágrimas"; la narración tiene el encanto de parecer que la has escrito al dictado de ellos. 
R: En los espejos es donde todos se miran y se prueban los sombreros. El abuelo Isidro tenía energía para dar y regalar, y una voz narradora profunda y preciosa: la mejor que haya sentido jamás. Cuando bebía se ponía cantimplorístico y sentimental y se emocionaba con lo que contaba.
P: El escritor se para en un momento dado ante su novela porque acaba de encontrarse a sí mismo a través de los demás.
R: Se encuentra a sí mismo al sentir la sensación de transmitir, la necesidad de compartir lo que pueda haber de belleza en el libro; eso que hace que el lector experimente sensaciones. Quiero que “Arde Flipovic” sea del lector, sólo del lector. Asumo esa suerte.
P: En sus páginas está presente el amor y también la muerte, ¿que más hay en la cocina del escritor para condimentar la obra?
R: Un tiempo beatle que no tiene medida.
P: Dices: "Colecciono palabras escritas en tinta verde".
R: Neruda escribía con tinta verde. Yo tengo esa costumbre, aunque puedo usar otro color. El verde me relaja.
P: Te cuestionas: "¿Quién era yo antes del amor?"
R: Hay quien se priva del amor, o no lo ve, o no lo siente, o no lo conoce. Cuando partimos de un discurso damos por seguras unas propuestas que luego no suceden como las pensamos.
P: ¿Por qué se escribe?
R: Yo siento curiosidad.

© Manuel Garrido Palacios

Fra Angélico

Fra Angélico
ANUNCIACIÓN
(1438-1443)
Fresco 176x148
Museo de San Marco · Celda 5
Florencia

Domenico Ghirlandaio

Domenico Ghirlandaio
LA ÚLTIMA CENA
(1479-1480)
Fresco 420x780
Museo de San Marco
Refectorio menor
Florencia

James Charles





Domingo de bautizos (det.)
James Charles
Manchester City Art Galleries

Siegfried Lenz

Siegfried Lenz
El barco faro
Trad. Belén Santana
Ed. Impedimenta

Ramón Masats inédito

Ramón Masats inédito
exposición
Galería Blanca Berlín
c/ Limón 28 . Madrid
www.blancaberlingaleria.com



Caza Mayor / Manuel Moya


Manuel Moya
CAZA MAYOR
{Microrrelatos}

Editorial Baile del Sol
Colección Sitio de Fuego

Presentación en Sevilla
‘La Carbonería’

El autor ofrece aquí la pieza que abre
y la que cierra el libro. Génesis y Apocalipsis.


COSMOGONÍA

Todo comenzó por una maldita apuesta. Con veinte años uno cree que puede ponerse el mundo por montera y si a eso añadimos que nos habíamos pasado con las cervezas... Por mis muertos, que en una semana, dije, mirando a Gloria y golpeando la jarra casi vacía sobre la mesa de mármol, acabo el mundo. En la sonrisita de mis amigos de francachela advertí que se lo habían tomado como una fanfarronería más. Estaba hasta el gorro de que todos, incluida Gloria, me tomaran a chufla, pero esta vez estaba dispuesto a llevar mi promesa hasta el final. Por mis muertos. A mí no me tocaban las pelotas cuatro gilis que sólo querían calzarse a Gloria, así que les aseguré que, como me llamo Dios, en una semana tendría listo el mundo y no sólo lo cumplí, sino que el séptimo día me tumbé a la bartola, a la vista de todos, viendo cómo me había quedado la cosa.
—Joder, así lo hubiera hecho cualquiera —dijo uno de ellos. Los demás lo siguieron con sus risitas.
Yo sabía que no le faltaba parte de razón, pero por el momento y delante de Gloria, no estaba dispuesto a dejar que siguieran con las risitas y el mamoneo.
—¿Si tan listos sois, por qué carajo no lo habíais hecho antes? Sois como esos putos niñitos de papá que andan todo el rato que si la revolución por aquí, que si la revolución por allá, pero nunca mueven un dedo para hacer la maldita revolución.
—Dios, no te pongas así.
—Anda y que os jodan —dije, dando un portazo.
Y no volví.

 

DEVASTACIÓN

Durante meses reconstruí aquel mapa según los dictados de mi enfermo padre. Tracé así carreteras que apenas llegaban al papel se cuarteaban ante el empuje feroz de las raíces de las ceibas; tendidos ferroviarios que se deformaban y quedaban inservibles horas después de haber sido trazados por la plumilla; pueblos que nacían aquí y allá, al albur de la costa y de las plantaciones, y cuyos muelles y pantalanes daban cobijo a inverosímiles cargueros que horas después aparecían orillados en las ciénagas, pecios descarnados y hundidos en la arena, ya pasto del olvido; durante días dibujé palacetes rodeados de vastas y geométricas plantaciones de cacao y caña de azúcar, donde antes, en los esplendorosos tiempos de la esclavitud había cuajado la felicidad, pero ahora, cuando ni siquiera terminaba de completar su dibujo, aparecían devorados por la espesura. Cuando al fin le entregué el mapa, mi padre quiso alzarse de su sillón. Temblando de ira, pidió que lo lleváramos a la ventana, apartó los visillos y durante un largo rato no dejó de imprecar y manotear en el aire, hasta que se sumergió en el vacío y observamos con resignación con qué voracidad la carne le iba siendo absorbida por los huesos.

© Manuel Moya

El buen uso del español

La Academia Norteamericana de la Lengua Española
Correspondiente de la Real Academia Española
presenta e libro
El buen uso del español
intervienen
Jorge I. Covarrubias
Daniel R. Fernández
Gerardo Piña-Rosales 
Instituto Cervantes
The Cultural Center of Spain in New York

Carlos Aganzo

                      

Carlos Aganzo
La hermosura
Veintisiete poemas con Juan de Yepes
Prólogo de Antonio Colinas 
Colección Libros del Aire/poesía



Carlos Aganzo (Madrid, 1963) poeta, escritor y periodista, dirige desde 2009 el diario El Norte de Castilla de Valladolid. Es asesor de la revista cultural El Cobaya y responsable literario de los Premios Internacionales de poesía San Juan de la Cruz y José Zorrilla. 
Su abundante obra poética ha merecido los premios Jorge Guillén, Jaime Gil de Biedma y Universidad de León de Poesía. En septiembre de 2012 le fue concedido el Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila.
En palabras del autor: «Los veintisiete poemas que se contienen en este libro, una selección amplia de mis textos iluminados directamente o indirectamente por esta luz, no son sin embargo poemas dedicados 'a' o escritos 'para' el maestro. Son poemas escritos 'con' Juan de la Cruz; a zaga de su huella, sí, pero absolutamente personales e incardinados en mi manera de entender la poesía, bien distinta de la del fontivereño».
Antonio Colinas dice de La hermosura en su prólogo: «...el libro de Carlos Aganzo es muy de él y muy de nuestros días. El nombre y los ecos de Juan de Yepes pueden andar por sus poemas, pero el mensaje primero de estos es otro, el de los temas eternos: el amor, la soledad, el viaje, la contemplación…».

www.librosdelaire.com

Pilar Paz Pasamar

Los niños interiores
Pilar Paz Pasamar
Ed. Calambur

“De pronto los árboles se ponen a escribir / transforman sus raíces en plumas de escribir / los pájaros anotan con plumas de escribir / mientras otros colocan sus plumas y subrayan / Yahoo y punto es. / Arroba y punto net (todo se escribe) / Hotmail punto com (todos escriben) / Todos se comunican. La luna arroba arriba. / Redondo signo blanco. / El sol y punto net redondo y amarillo. / La tierra en su formato de polos aplastados. / El alma a solas. Qué”.
Pilar Paz Pasamar, jerezana, gran dama del verso, publica Mara con 18 años, poemario que elogia Juan Ramón Jiménez y que Manuel Moya valora como “desacostumbradamente hondo para una adolescente”. A Mara le siguen Los buenos días (1954), Ablativo Amor (1956) Del Abreviado Mar (1957), La Soledad Contigo (1960), Violencia Inmóvil (1967), La Torre de Babel (1982), Textos Lapidarios (1990), Philomena (1994), Sophía (2003), La Alacena (1986), Ópera Lecta (2001) y los ensayos Poesía femenina de lo cotidiano (1964), La poesía femenina hispanoamericana (1992), Fernando Quiñones y José Luis Tejada en la época de Platero (2000) y En tomo a Rafael Alberti y las Américas (2001). Para teatro escribe El Desván (en colaboración con José Mª Rodríguez Méndez, 1955), y Campanas para una ciudad (1987), y en relatos, La Dama de Cádiz (1990), Historias Balnearias (1999) e Historias Bélicas (2004). Académica de la Hispanoamericana de Cádiz y de la de San Dionisio de Jerez, da vida a la revista Platero junto a Quiñones, Mariscal, Bonald y Tejada.
De Los niños interiores, editado por Calambur y galardonado por los Premios El Público de la RTVA como el mejor libro de poemas de 2008, se dice en la solapa que es “libro de madurez, sorprendente, que corona la trayectoria de sus grandes temas”, como la memoria: “sucedió contigo / lo mismo que otro tiempo / sucediera en la etapa de las briznas / cuando el niño llegó frente al tendero / con la hucha acariciada / y el hombre sopesó con las dos manos / su contorno de barro, como el de una granada / de recóndito jugo apetecible // ya rota la alcancía, desparramado el contenido… //
Así guardé tu gesto y no te dije nada”; la trascendencia: “en la inocencia plena y absoluta, / en desnudez, en cueros, / ya solo el balbuceo nos precede // El tiempo nos reclama / el sitio que ocupamos”; lo humano: “El cuerpo, este preludio de lo eterno / lo siento y toco y miro y me pregunto / si no son demasiadas esas atribuciones / que le otorgamos siendo poca cosa. / Y sin embargo, es a través del cuerpo / con que te reconozco y te comprendo. / El tacto te vocea y te proclama. / En el placer la gloria y en el suave / contacto la armonía. / Bulbos acariciados somos en primavera, / unos con otros, sépalos / humedecidos, tiernos. / En la boca el pezón que se estremece”; lo divino: “Pinchos de alambre coronaban su frente, / taladraban las sienes. Apenas si podía / sostener en las manos el humillante cetro. / Entre tanto dolor, el Nazareno / recordaba el olor de Betania // y el olor del perfume con que la de Magdala / ungió sus pies que luego secó con sus cabellos”; lo cotidiano: “Aguardo audiencia con su excelentísima / y con su serenísima ilustrísima / y con su nobilísima / y su presidencial y viceversa / y con el secretario / de la secretaría / y con el consejero / de la consejería, / con el cofrade de la cofradía, / con el notario de la notaría / frente a la ventanilla del cajero, / ante el lotero de la lotería”; la mística del vivir: “La casa es muda y ciega, blanca e imperceptible / su longitud de nieve, su ardido camuflaje, / oro de soledad renovado en las horas / tramo de la escalera prendido a su clausura / el interior absorto se inflama, hace reclamo”; lo sufrido: “Las aves migratorias que cruzan el Estrecho, / su cielo azul, avistan lejanos tendederos / donde van a secarse, flameando banderas / los restos de otros cuerpos, las prendas desprendidas / por el mar, de otros miembros / que ondean como algas, o caen en las rocas, / donde las aguas lamen los restos naufragados”; lo gozado: “El oro derretido, tan puro y tan caliente, / ebrio en la pleitesía de la estación dorada, / frente a tanta belleza, nos acerca al principio, / al amor inicial escondido en espera, / a la alquimia del beso”; la ternura: “Si te dejaras sostener en mis manos / serías un libro abierto y al besarte / un labio y al moverte, / mis pies”; la sabiduría: “Tu nombre no figura en la lista de accesos / al porvenir. Tú nunca lo tuviste. / Ya te vas, y no estás ni siquiera empezada”; lo popular: “La Palabra es la táctil / tarea que te impongo / tan rápida y tan fácil. / Primero fue el silencio, / La Palabra, más tarde”; lo culto: “Braschessi, descubierto en la dulce Florencia de los Médicis, en la galería Ufficci. Por ser amor platónico tardó más en borrarse de mi pensamiento”; la vivencia sublimada: “Cuando así me miró en aquella edad / que todo para él era sorpresa, / puro descubrimiento, hallazgos de tesoros / prohibidos, cerraduras y cofres, / fragancias y fragmentos para él inservibles, / digo que cuando aquella vez me miró, la primera / de un desvelar insólito por triste, / o amargo, no lo sé precisamente, / algo quedó por siempre en mi memoria”; las preguntas sin eco: “A través de los años no obtuvo las razones / del por qué de su infancia cercada y oprimida, / del por qué de sus días en Auschwitz, las hambrunas... / Con los ojos abiertos, echado en el asfalto / aún seguía inquiriendo respuestas”; o la vinculación entre el creador y el mundo con la inocencia de la niñez que grita en los dentros: “Nido inmenso es el mundo / por donde nuestras bocas / insaciables asoman / como crías hambrientas”.
Versos de Pilar Paz Pasamar que impulsan a volver al principio para saber que “los árboles hoy se han puesto a escribir / con plumillas de aquellas que portaban los cofres / de los niños pues quieren dedicar su madera / a estuches sapienciales, antes que ágrafo el mundo / olvide la escritura”. Me siento árbol.

© Manuel Garrido Palacios

Micheangelo Buonarroti






LA SIBILA DELPHICA
Miguel Ángel
Fresco de la Capilla Sixtina. Roma

Rafael Vargas





Barra libre
Rafael Vargas
Bohodón Ediciones, Madrid




“Tras arrancar setenta calendarios / ya no te engaña el candor de las violetas, / con el éxodo de los sueños / la vida es ya / una muchacha que nos olvidó, / ya ni recuerdas cuándo adquiriste la locura / de gastar la existencia / sembrando fábulas como un dios ebrio. / El tiempo mueve su dolor... / Y cuando te haces con él / y lo guardas en los sargazos del alma / como el ruiseñor guarda el suyo / para la ribera, hay que imponerse a la fuga. / ¿A dónde ir si no a la vida? / Detrás de la muerte sólo hay más muerte. / Que el mármol no nos corrompa / ni la tramposa inmortalidad tampoco”.
Este es uno de los poemas del libro “Barra libre”, de Rafael Vargas, publicado por Bohodón Ediciones, Madrid. Antes fueron “Las nanas del galeote”, “La plenitud fugaz de la mariposa” y otros hasta alcanzar una hermosa bibliografía propia de 18 títulos, que parecen pocos, pero hay que hacerlos. Entre ellos están el volumen recopilatorio “Los motivos del lobo” y “21 de últimas”, donde su palabra convive y conversa con las de más de un centenar de poetas andaluces contemporáneos.
“El tiempo. Quién nos iba / a decir que el tiempo / nos mataría antes de comenzar. / El tiempo nos ha contagiado / y sometido. Nuestro tiempo / nos ha condenado a vivir / una vida que suplanta a la vida, / una jodida metáfora colectiva. / Los niños mueren por culpa del tiempo. / El ahora, es su ahora / y las miserias del poder / con nuestra mansa pasividad, / han programado para ellos / el ayer del porvenir. / Hay en sus ojos / parte de nuestra muerte”.
Rafael Vargas nació en Calañas en 1939 y se formó en Cataluña para venirse a vivir, a escribir, a desarrollar su obra en la calle Cruz de Mármol, de Aracena, de donde, mano a mano con Manuel Moya han salido sabrosos proyectos y espléndidas realidades, ya que han propiciado que vieran la luz textos y voces que quizás de otra forma no lo hubieran podido hacer. Los títulos de La Biblioteca de la Huebra, salvando tormentas y destiempos han marcado, sin duda, una muesca profunda en la tarja literaria serrana. Escribe: ”La luz nadie la escoge: llega, / siempre virgen y siempre diferente. / El poema nace de la raíz / del instinto y de la luz. / La luz que lo piensa, / que le da sentido y lo fija. / La luz donada que geometriza / la vastedad del lenguaje, / el ritmo, la música / y los alfabetos de la noche. / La luz que deja pasar el infinito / balido del silencio. / La luz no se ve, es un hecho: / médula, hueso y esencia del poema. / La luz que hace diferente al poeta”.
En la solapa de otro de sus libros, “Equipaje de fuga”, dice Manuel Moya que “Rafael Vargas, con esa inmediatez y franqueza que caracteriza su obra [añado: y su persona], desde ‘Las nanas del galeote’ hasta ‘Barra libre’, consigue mediante su vitalidad a prueba de todo que cada verso y cada poema se constituya en una especie de contrafuerte inexcusable ante las andanadas de la Parca”. 
“Hubo un día en que quise / ser viento. / Vestirme de fina brisa / con incrustaciones de nube, / rodar por los siglos / como el azor se coge del aire, / pero los años me ensenaron / la horizontalidad del agua. / Fundé mi fe en los hombres / y estos se traicionaron, / averigüé su amargura / y la mía se hizo infinita, / quise para ellos el más alto azul / y prefirieron la greda, / pasar los duendes del rocío. / Y reincidieron, una vez y otra, / como perdidos niños”. 
Una tarde pregunté a Ángel Manuel Rodríguez Castillo por qué se daba en la Sierra tan rica cosecha de gente escritora. Me dio sus razones, citó una amplia nómina de poetas, narradores y ensayistas (él lo es; ahí están sus libros sobre José Nogales) y por primera vez escuché el nombre de Rafael Vargas, este mismo que escribe:
“Cambio mi vida por el sueño de un niño / o la sombra de las palabras / por el alma de un río / o la flexible gracia del guepardo / por el lastimero gemido del Stradivanus / o la apasionada tinta de la amapola. / Cambio mi vida por el iris de una perla / o la transparente cruz de la libélula / por la honda raíz de la siguiriya / o la angustiosa fugacidad de la mariposa // Cambio mi vida porque no se adonde ir... / ¡Decidme, para qué la quiero! / Si pudiera olvidarme de lo visto y oído, / de los dos rostros de la verdad, de tanta nada. / Elegir nos deja más sedientos. Sí. Ya sé: / al poeta sólo le alimenta el hambre”.

© Manuel Garrido Palacios

DOÑANA

DOÑANA
Exposición fotográfica de
HÉCTOR GARRIDO

Su flora, su fauna, sus paisajes, su gente.

Con la participación de la Estación Biológica de Doñana/CSIC.

Galería Larramendi / Calle Mercaderes / Habana Vieja / La Habana / CUBA

Gustavo Martín Garzo




LA PUERTA DE LOS PÁJAROS
Gustavo Martín Garzo
Con bellas ilustraciones de Pablo Lauladell
Editorial Impedimenta