Héctor Garrido / Fractales 2





Héctor Garrido
Revista OKAPI

(De la nueva colección de fotografías realizadas en la desembocadura del río Guadalquivir) 

Una barca reposa sobre el lecho de algas del fondo de la Bahía de Cádiz, en Andalucía, sur de España. En estas marismas atlánticas mareales, el entramado de canales con formas fractales sólo es visible durante las horas de la bajamar y en ocasiones el fondo se cubre de algas filamentosas de color verde intenso. Fotografía tomada en 2010.


http://hectorgarrido-.blogspot.com.es/2013/03/cuatro-fotografias-en-art-karlsruhe.html

Alexis Diaz Pimienta



BATIDO DE CHOCOLATE
Y OTROS CUENTOS DE SABOR AMARGO
Alexis Diaz Pimienta

Editorial Palabras del Candil
Portada: Lourdes Quesada
Col. Escrito en el aire, nº 17
Guadalajara. España


"Este libro, publicado simultáneamente en Cuba y España, está formado por siete relatos en los que la protagonista indiscutible es La Habana, tan llena de historias y de Historia. La Habana, dulce y amarga, es mucho más que una ciudad; sus fronteras se extienden hasta otras ciudades que la política y la vida le han acercado en los últimos 50 años: hasta el Miami del 63 o la Luanda (capital de Angola) de los años 80. A través de estos cuentos descubrimos una Habana de luces y sombras: niños “robados” a sus padres, la mano negra de la CIA en muchos episodios, la guerra angoleña y su impacto en la familia cubana, la crisis del Período Especial en los barrios más pobres. ¿Puede un batido de chocolate ser amorgo? ¿Puede una joven quedarse embarazada al masturbarse? ¿Qué daño le puede hacer el humor de Les Luthiers a una adolescente Testigo de Jehová? Todo esto y más encontrará quien lea este libro de relatos en el que el autor crea y recrea atmósferas de una violencia contenida, ambientes que parecen suaves pero que nos dejan un sabor áspero tras su lectura".

Nota de contraportada - editorial@palabrasdelcandil.com

Revista de Folklore nº 375







Revista de Folklore nº 375
Urueña. Valladolid
Fundación Joaquín Díaz





Sumario:

Editorial
Joaquín Díaz

La música como tradición oral y soporte histórico en la Alta Edad Media: el pasado como acercamiento a su presente. Algunas consideraciones sobre el estado actual de la cuestión
Helena Alonso García de Rivera

Correr los gallos
José Luis Rodríguez Plasencia

¿Brigantes o guerrilleros? Alteralidad, bandidaje y legitimidad
José Luis Hernando Garrido

Sones populares en el recuerdo
Isabel Guerrero Elecalde

www.funjdiaz.net

Ignacio Vázquez Moliní



LA EMBAJADA ROJA EN  LISBOA
Ignacio Vázquez Molini


“En una larga sobremesa en el restaurante del Gremio Literario, el histórico club de Lisboa, un viejo camarero recuerda lo que una vez ie contara un anciano mexicano. Fue en la noche revolucionaria del 25 de Abril de 1974. E! que fuera consejero de la legación mexicana en el Portugal de ios años treinta y cuarenta, rememora el auge del fascismo, e! inicio de la guerra civil española, la muerte del general Sanjurjo, la soledad de! embajador Sánchez Albornoz y las maniobras de Nicolás Franco. Recuerda también su propio papel en la protección de los refugiados republicanos, desde campesinos, obreros y milicianos hasta el poeta Migue! Hernández, llevado a cabo con la ayuda de una red clandestina y de otros diplomáticos como Gabriela Mistral, cónsul de Chile. Las tensiones con el gobierno portugués fueron constantes. En un ambiente de intrigas cosmopolitas, la amenaza de una invasión española, las presiones del Eje para que Portugal entrara en la guerra mundial, además de las de los británicos para que mantuviese su neutralidad, fueron el caldo de cultivo de un extraño grupúsculo, formado por periodistas, policías y artistas, que buscaba refundar la nación en algún lugar de Ultramar”.

 © Edi.

Paco Sevilla

La Velocidad de la belleza
Paco Sevilla
Colección Jardín Cerrado
Editorial Libros del Aire

A EZRA POUND

               Somos todos las hojas de un mismo árbol.
                                                                PAU CASALS

Cuando escribas poemas no hieras a nadie
No mientas
No compares
No trates de impresionar
No te alejes demasiado
Evita corromper (si lo haces te corrompes a ti mismo)
No falsees la realidad y no te equivoques a propósito
(equivocarás a otros, falsearás tu propia verdad)
Desalójate para alojarte en la auténtica vida del verso
No malgastes el tiempo en bobadas si no es con la intención
de aprender más
Observa que cada cuál es cada cuál
No te demores ni te des prisa
Ni delires si no quieres,
(que nadie te empuje a hacer lo que no quieras hacer)
Guarda una parte para ti
Respeta y conoce el origen de tu melodía
Razona y enamórate
Sé justo (y sobre esto, sé prudente)
No se trata de vencer más que de cantar
Lee y medita tus lecturas
Viaja en lo posible
Descúbrete y no te ensombrezcas del todo
Sé libre con la distinción de aguantar cualquier barrote
Trabaja tu música
cuídala como a tu corazón  
© Paco Sevilla

Jaime Siles




CANON
Jaime Siles
Premio Ocnos de Poesía

Reed. presentada por Tomás Albaladejo
Fernando Rodríguez Lafuente y 
Luis Antonio de Villena
en Biblioteca Pública Manuel Alvar

DAIMON ATOPON (pág. 47)

Se te puede buscar bajo un ciprés de espuma,
en los dedos del aire, metálico, del sueño,
en un volcán de pájaros incendiados por la nieve
o en las olas sin voz de los peces de plata.
Te ocultas en los ríos,
en las hojas de piedra,
en las lunas heladas.
Vives tras de las venas,
al borde de los dientes,
invisible en la sangre, desnuda, de la aurora.
Te he visto muchas veces arder en los cristales,
saltar en las pupilas,
consumirte en los ecos del abismo innombrable.
Tu sombra me dio luz,
acarició mi frente,
se hizo cuerpo en mi boca.
Y tu mirada quema, relámpago de hielo,
humo en las cejas,
lava.

© Jaime Sileswww.librosdelaire.com

Eduardo Fraile Valles


ÍCARO & Co.
Eduardo Fraile Valles
Libros del Aire
Intr: José Manuel Suárez

TRANSPORTES POSADAS (págs. 50-51)

También esperábamos con fruición
(como al chocolatero) los camiones de Transportes Posadas:
inconfundibles con su toldo de lona
rotulada con tipografía 'Ponderosa': las letras del Oeste
cinematográfico, para entendernos. Porque cada tanto
uno de aquellos camiones de largo morro nos traía un paquete
de Castrodeza. Y nos arrodillábamos
en la cocina, con mi madre, para abrir
aquellas cestas de mimbre repletas de tesoros.
Solían contener alimentos, sobre todo: huevos de las gallinas,
queso de las ovejas y las vacas del abuelo
Bernardino, longanizas y chorizos curados en el desván,
colgando de las vigas... Pero siempre nos esperaba una sorpresa
entre las capas de paja finísima, como una harina de oro
que protegía eficazmente a los huevos, alineados
en formación militar: una pluma
de gallo, por ejemplo, o un carta escrita por el tío Emeterio,
bolas de anís, canicas irisadas
o unos pendientes en un pequeño estuche
de terciopelo. ¡Con qué emoción, con qué cuidado
arqueológico íbamos desenterrando aquellas maravillas!
Una pluma
de colores apimentonados era más, tenía más poder
que la distancia y el tiempo. No sabíamos
aún lo que sería la muerte, pero el corazón
nos daba aldabonazos en el pecho de forma casi insoportable...
Éramos adoradores de un dios desconocido,
que se encarnaba, que se manifestaba
en un paralelepípedo de mimbre
con periodicidad matemática, orbital, sideral,
lleno de amor.
Nunca llegaba un huevo roto. La vida
nos protegía. Madrid, años 60. Entonces todos
estábamos aquí.
© Eduardo Fraile Valles

Rafael Saravia








Rafael Saravia
CARTA BLANCA
Ed. Calambur



‘La poesía de Saravia, como él mismo, se llena de sabiduría e ingenuidad, compromiso con la vida y derrame absoluto de imaginación comprometida con el lenguaje y las transgresiones de existencia necesarias para la creación de un mundo propio y emocionante’

(Jesús Hilario Tundidor)

‘En Carta blanca, su cuarto libro, Rafael Saravia sigue y ensancha el camino que expone su intemperie afectiva en busca de las señales de la conciencia. Un itinerario que se inicia en la autointerrogación, intelectual y corpórea ‘La genética nos conduce al hombre que conversaba con la  tierra [...] esa que concierne al agricultor de esperanzas’, continúa con el cuestionamiento de los vínculos amorosos ‘Sólo como presa soy consciente de ti’, y finalmente vuelca su mirada sobre el mundo, en su calidad civil ‘Los herederos del juego quieren vender piolets / a los lectores del Manifiesto por un arte revolucionario independiente / y la nieve ya no limpia los fracasos cosidos al pulóver de los / embargados’. En palabras de Víktor Gómez, ‘Lo genético es desbordado por la intensidad de la experiencia vital y la toma de conciencia frente al otro, sea amante, sea pueblo, sea un tiempo herido por sanar y resarcir’.
Rafael Saravia, fundador del Club Cultural Leteo y Ediciones Leteo, realiza una intensa labor como gestor cultural y editor, de la que se han derivado los reconocidos premios Leteo. En el ámbito literario, preparó y prologó la edición del libro homenaje a Antonio Gamoneda El  río de los amigos (Calambur, 2009), así como, junto a Jocelyn Pantoja, Barcos sobre el agua natal. Poesía hispano- americana desde el siglo XXI (2012). Ha participado en antologías y ha publicado los libros de poemas Pequeñas conversaciones (2001, 2009), Desprovisto de esencias (2008) y Llorar lo alegre (2011)

© Calambur

(pág. 61)
ANTES Y DESPUÉS DE LOS PANES

Confundir el pan con la necesidad
es como asumir el pecado con la boca abierta
ante la mano de domingo vestido de capellán e iglesia,
vestido de oficio y cárcel para el que cree en la bondad
como símbolo de los calendarios quebrados.
Convencer es estéril, decía Benjamín.
Por eso ya no quedan voces en Hyde Park,
se alquilan las licencias de los oradores,
se saldan las atalayas
y los crepúsculos se quedan, ya sólo
con los sonidos ornitológicamente asequibles.
Convencer es estéril,
confundir el pan con la necesidad también,
Por eso se nos impone el golpe,
la traqueotomía al profesor que sólo cojea,
amputación de conciencias,
castración del fecundador de libertades.
Por eso la quietud.
O tal vez... todo lo contrario.

© Rafael Saravia

Revista de Folklore nº 374









Revista de Folklore nº 374
Urueña. Valladolid


Índice:

Editorial
Joaquín Díaz (Director)

Lupu mannaru, panaro y lobizón: el hombre-lobo, un inmigrante transoceánico
Fabiola Y. Chávez Hualpa

Un viejo camino medieval que acompaña al Duero: el Real de Aragón, a su paso por Valladolid
Jesús Anta Roca

Sonidos de la tradición. Patrimonio oral de la huerta de Murcia
María Luján Ortega y Tomás García Martínez

www.funjdiaz.net

Las Hurdes


LAS  HURDES:
FINAL DEL CAMINO
Manuel Garrido Palacios

RAZÓN y FE
(Revista
hispanoamericana
de cultura)

Tomo 226
Páginas 553─569

y

EL PÁMPANO ROTO
Calima Editores
Palma de Mallorca

Un cuento contado en Doñana



Un cuento contado en Doñana

§

Manuel
Garrido Palacios 

§ 


Cuadernos de Almonte nº 61 / Portada: Seisdedos 

Aránzazu de Isusi






Aránzazu de Isusi
Cuentos de sombreros y paraguas
Ed. Cuadrivium, Girona





El cuento es “un género dotado de una vitalidad, una intensidad y un impulso indudables”, dice Ángel Zapata en el prólogo del libro de Aranzazu de Isusi, y añade que es porque el cuento ha tomado el testigo de esa voluntad de búsqueda “que inspiró siempre a la mejor literatura” y que en los últimos tiempos padece “una anemia generalizada”. El cuento que da nombre al libro (segundo de los dieciocho que trae) dice así:

“Vi por primera vez a la mujer que se dejaba los paraguas en un bar poco antes de que olvidara uno morado junto a mi abrigo. Si me fijé fue sólo porque era violeta. Como me enloquecen las mujeres violáceas -y ésta lo era mucho- recogí su paraguas morado y volví al día siguiente a la misma hora, metí el paraguas debajo de la barra y esperé. Esa noche no llovía. Las siguientes noches hice lo mismo, pero ella no apareció. El lunes llovía con ganas y decidí no ir al bar y es que, aunque fuera violeta, con esa lluvia me pareció que no era para tanto. Además, seguro que había miles de mujeres de ese color que no tenían la fea costumbre de dejarse los paraguas. Pero la casualidad hizo que la viera en la parada del autobús bajo su paraguas y, como llevaba una semana esperando, me detuve para mirarla. Estaba mojada pero sé que esto nunca les importa a este tipo de mujeres. Dudé si bajarme del coche pero al ver que una moto salpicaba sus piernas largas y violetas, me decidí y le ofrecí llevarla a su casa. La mujer que se dejaba los paraguas morados en los bares, aceptó.
Le dije que en el asiento trasero encontraría su paraguas, que lo había guardado para devolvérselo. Pero la mujer que acostumbra a dejarse los paraguas en el bar también se los deja en los coches y, cuando me quise dar cuenta, estaba demasiado lejos para gritarle que se estaba calando y que se había dejado los dos paraguas: uno en el asiento delantero y otro detrás. El hecho de verlos en mi coche me ponía extrañamente nervioso y, como llegaba la temporada de lluvias, me propuse averiguar si se los dejaba siempre. 
La esperé en el bar para observar cómo, día a día, se olvidaba el paraguas. Y día tras día la perseguí, la llevé a su casa y la miré de lejos sin poder evitar que en mi coche se quedaran sus paraguas. Ya no podía quitármela de la cabeza. Realmente era la mujer más violeta que había conocido, y desde que reconocí en un paraguas su infancia, en el plegable sus deseos, en el de flores sus fracasos y en el morado sus tonalidades violetas, mi único cometido fue evitar que se dejara los paraguas e intentar que recuperara alguno. Sin embargo, nunca lo conseguía: un día llegaba a casa con su primer amor en un paraguas rosa y al siguiente, con su maternidad en uno rojo. Y como vivir para recoger los paraguas de una mujer violeta acaba siendo insoportable, aprovechando que apareció por mi oficina cogí su paraguas y la llevé a mi casa para hacerla entrar en razón. Lloró con rabia en el sofá y me hizo comprender que ella no salía a ganarse la vida, ni a ir al cine, ni a comprar el pan sino a dejarse los paraguas. Eso le quitaba el aire y la hacía tan violeta. Quizá era lo que me gustaba de ella. Pero como no podía seguir viviendo bajo la amenaza de los paraguas que se va dejando una mujer, tomé cartas en el asunto.

Le até el paraguas al brazo y la obligué a salir por la puerta. Entonces comenzó a temblar y al verla tan vulnerable, devolví el paraguas al paragüero y la abracé muy fuerte. Traté de convencerla para que cambiara de actitud, le dije que seguro que había algo con lo que quería quedarse. Tenía la suerte de poder recuperar sus deseos, su primer amor o el paraguas rojo con su maternidad; yo los había recogido y los guardaba celosamente. Si era eso lo que le quitaba el aire, estaba dispuesto a ayudarla. Y ella que no, que le daba igual, que le gustaba verse violeta. Y como las mujeres que se dejan los paraguas son muy compulsivas además de cabezotas, la metí debajo de mi edredón, me di media vuelta y, con su imagen tranquila e infinitamente violeta, me quedé dormido.

Al despertar llovía desconsoladamente y al verme solo salí a buscarla. La casa estaba vacía pero en el paragüero de la entrada se dejó un paraguas verde y la esperanza”.
Hoy el libro habla por sí mismo de su calidad a partir de esta deliciosa historia.

© Manuel Garrido Palacios

Carlos E. Paldao (ANLE)






La Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) en Nueva York, incorpora a 
CARLOS E. PALDAO
como Miembro Correspondiente. 


“Me satisface enormemente que la Directiva de la ANLE haya decidido nombrar Correspondiente a Carlos E. Paldao […] Lo tiene más que merecido. Como Colaborador, ha estado siempre al pie del cañón: ha coeditado, con Steve Strange, el libro Antes de la fundación de Jamestown. Primeros escritos hispanounidenses; ha colaborado, como miembro del Consejo Editorial del Boletín de la ANLE, en los últimos números de esa publicación; coedita el Boletín Octavio Paz, y prepara la publicación de unas Memorias de Anderson Imbert, entre otras actividades […] Paldao está a punto de publicar el primer número de la Revista de la ANLE, de la que es director […] posee un talento organizativo y una capacidad de trabajo verdaderamente asombrosos. Me alegro, pues, muchísimo de este nombramiento: en la ANLE todos seguiremos beneficiándonos de sus vastos conocimientos y de su vital entusiasmo”.

© Gerardo Piña-Rosales. Director de la ANLE.


“La noticia me tomó totalmente de sorpresa y me quedé bastante emocionado por esta verdadera ‘rosa de invierno’ por la que estoy muy agradecido con los miembros de la Academia porque ya poder participar de sus programas, proyectos y actividades era un verdadero privilegio al que se suma ahora este nombramiento […] Nuestra Academia está hoy urgida por el esfuerzo, la disciplina y la persistencia de expandir y consolidar el futuro de la lengua y las letras hispánicas sobre las bases que, con una visión de futuro viable, real y posible, sentaron quienes la concibieron. Por eso, a todos los que aquí, hoy y ahora estamos en ella, nos compromete llevar a la práctica lo que nos dijera Don Pedro Henríquez Ureña: Amigos míos, a trabajar”.

© Carlos E. Paldao

Alejandro Herrero




Crónica del sábado 6 abril 2013
Reconocimiento al insigne arquitecto
que diseñó y dirigió la obra de construcción
del poblado minero de
MINAS DE HERRERÍAS
y rotulación de una avenida
con su nombre
Introducción al libro publicado en su centenario


En 2011 se cumple el centenario del nacimiento del arquitecto Alejandro Herrero Ayllón. Hablando de ello con familiares y amigos se nos ocurrió la idea de hacer algún sencillo acto conmemorativo, que sirviera como homenaje a su memoria y así recordar los aspectos clave de su obra y de su persona, ambas estrechamente vinculadas a la ciudad de Huelva y a sus gentes. Unos años atrás, en 2008, el profesor José Ramón Moreno, arquitecto y amigo, nos había pedido alguna información  para publicar un estudio sobre las barriadas de vivienda social que nuestro padre había proyectado para mineros, agricultores y pescadores en diversos pueblos de la provincia. En ese trabajo, titulado ‘Semblanza de un arquitecto cabal’, el profesor Moreno explica la contribución del arquitecto como tal, enmarcada en el contexto histórico de la precaria sociedad española de posguerra, y analiza aspectos personales a través de las memorias de sus proyectos. Cuando reflexionábamos para darle forma a la conmemoración de su centenario, nos pareció que la idea de realizar un homenaje tendría acogida entre quienes compartieron tiempo con él. Pensamos que la
combinación de obra y persona sería una fórmula original para traer su recuerdo al presente. Creímos que sería interesante reunir en un mismo documento aspectos de la obra del arquitecto junto a los recuerdos que de su persona hubieran pervivido en la memoria de sus coetáneos. Consideramos que el homenaje podría constar de dos partes: un seminario en Huelva sobre su arquitectura y un libro de recuerdos. Contactamos con José Ramón Moreno y le propusimos que fuera el coordinador del homenaje, lo que aceptó generosamente. Dejamos 
constancia de nuestro agradecimiento a su desinteresada dedicación a esta tarea. Se diseñaron las jornadas contando con la colaboración de profesores de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, que tuvieron reíación con su persona o con su trabajo ─Víctor Pérez Escolano, Eduardo Mosquera, Teresa Pérez Gano y Fernando Carrascal─, y con María Dolores Lazo, Jaime Montaner y Francisco Javier Vallejo. Todos ellos son ponentes de las jornadas; cada uno aborda un aspecto de la obra del arquitecto Alejandro Herrero y quedan a cargo de Carlos Navarrete los comentarios sobre su personalidad y su trayectoria vital. A todos ellos, nuestra sincera gratitud por su generosidad y entusiasmo. Al mismo tiempo, nos propusimos recabar el recuerdo que de él hubiera quedado en la memoria de quienes lo conocieron en sus diferentes facetas, bien fuera como arquitecto, como amigo, colaborador o familiar, de modo que se pusiera de relieve, con diferentes perspectivas, la singular combinación de valores personales y profesionales que caracterizaba a nuestro padre. Queremos dejar constanda de nuestro profundo agradecimiento a todos los que han enviado sus páginas de recuerdos, todos ellos tan positivos, cariñosos y entrañables. Un reconocimiento especial a Juan Manuel Seisdedos por su dibujo de la gasolinera de El Punto, hecho para la portada de este libro [y] a todos los que han hecho posible la realización de este homenaje con su desinteresada dedicación. 

© María Agustina y Alejandro Herrero Molina
Madrid y Bruselas, septiembre, 2011