LA CUENCA MINERA

LA CUENCA MINERA
Ed. Juan Delgado y Manuel Aragón 

Martín Soler traza el marco: “Las minas fueron durante miles de años creadoras de riqueza, pero también existieron épocas que llevaron a los pueblos mineros a la desolación más profunda. Estos cambios bruscos en la historia fraguaron las huellas de la mina como parte del patrimonio, de la cultura y de la sociedad”, y versos de Alberti abren el capítulo Historia: 

El Palacio de la Noche

fluye, ardiendo,
tristes espumas de cobre...


... en el que Jesús Fernández Jurado dice que “la belleza nos inquieta; se muestra sugerente al tiempo que impide que la alcancemos; se ofrece y nos turba con su indiferencia. Así es Ríotinto: una belleza incógnita de matices infinitos, que no somos capaces de aprehender; impávida, serena, silenciosa e irredenta tras milenios de sentirse sometida al hurgar de quienes han querido poseerla. Desde ese entonces, que aún ignoramos, se nos viene ofreciendo sin entregarse. Por estas tierras anduvieron quienes aún desconocemos y de los que con dificultad presumimos incluso su existencia, ni tenemos certeza de las causas y razones de su deambular por un territorio apenas parecido al que ahora caminamos”. Para Francisco Sánchez, “vista desde el espacio, la Cuenca Minera aparece como una herida en la Tierra, una inmensa cicatriz de diez kilómetros de longitud, cuyos colores cárdenos semejan sangre coagulada. Aunque sus tonos rojos procedan de los minerales oxidados, este lugar también es el resultado de siglos de sangre vertida. Porque si todos los territorios, en distinta medida, son obra de la mano humana, en Riotinto la naturaleza ha sido suplantada hasta convertir el terreno en una pieza escultórica, en una tierra donde hasta la última piedra ha sido tallada”. Manuel Flores Caballero cree que “La milenaria historia de las minas nos muestra que la vida de sus explotaciones, al igual que sucede con la de las personas, tienen conductas que se convierten en reglas y leyes de comportamiento. Cuando se ponen en marcha o se rehabilitan son mentes creadoras de riqueza, se producen grandes inmigraciones de personas y asentamientos de nuevos pobladores en sus proximidades. Cuando se cierran se viven los efectos de la pérdida de la fuente de riqueza produciéndose el abandono masivo de la población y la desolación”. Concha Espina escribe que “Convertíase en maravilla del mundo el gran templo de los judíos mediante la brillantez de los orocalcos, el cobre de la montaña; se engrandecían Tiro y Sidón con las excavaciones hechas por asiáticos en el misterioso confín, y ya los tartesios no estaban conformes en trocar sus minas por leyes rimadas, poemas escritos, abecedarios y perfumes. Las pasiones que dan su fuerza a la avaricia empezaron a rugir en las alturas dominadas por el castillo del rey sabio desde el cerro que aún lleva su nombre. Acudieron romanos y cartagineses al señuelo del botín, encruelecidos ante el polvo que se convierte en monedas, disputándose la fabricación de los discos rojos, semejantes a corolas. No hubo compasión para los criaderos grávidos y profundos, ni para los hombres miserables y tristes”. El tema del medio natural se abre con las Ordenanzas de Zalamea la Real de 1535: “Que nadie nadie pueda enrriar lino en las aguas que bebiesen los ganados. Otrosí que por quanto en la dicha villa ay necesidad de aguas para que beuan los ganados de agosto e muchas personas las dañan enrriando lino en ellas”. Pedro Flores describe la cuna: “La Sierra de la Gargantilla, Sierra de la Chaparrita, Sierra de San Cristóbal o del Padre Caro. Términos de Nerva y la Granada de Riotinto forman parte de la cabecera del río Tinto, que desde su nacimiento comparte divisoria de aguas, por su derecha, con su río hermano el Odiel y que no abandonará hasta su desembocadura. Cientos de pequeños arroyos de estas sierras del noreste poco a poco van haciendo al río Tinto”. Ricardo Gómez define la Cuenca como un biotopo que incluye “cauces de agua, bosques de coníferas, eriales, vacies mineros y dehesas”. comarca de “algo menos de sesenta y ocho mil Hectáreas donde existen diferentes unidades ambientales interrelacionadas entre sí por la situación geográfica, el clima, la hidrología, las tierras y la cultura ancestral de sus gentes que, a lo largo de siglos, han ido modelando los paisajes”. 
Según Elena Rubio de Miguel, “La Cuenca Minera de Riotinto, en pleno corazón oriental de la provincia de Huelva, mantiene a lo largo de su historia una íntima relación con la naturaleza a través del aprovechamiento de los recursos de su entorno. Este continuo que se produce entre hombre-naturaleza engloba un complejo de relaciones económicas, sociales, culturales, políticas, ecológicas y artísticas enmarcadas en un contexto más amplio: el medio ambiente”, concepto que no se restringe a los espacios naturales, “en el sentido más 'no humano' del término”; también hay que incluir “los aspectos naturales y socioculturales que envuelven la vida”. José Manuel Rubio perfila la comarca “con los términos municipales de los poblados de Berrocal, El Campillo, Campofrío, La Granada, Minas de Riotinto, Nerva y Zalamea la Real”, que, “en mayor o menor medida estuvieron influidos por el fenómeno económico minero de la explotación de unos otrora riquísimos yacimientos piritíferos y asociados, en los que se benefició, en distintas épocas, el hierro, el cobre, la plata, el oro y otros productos; aparte de exportarse en grandes cantidades mineral en bruto o con un grado leve de enriquecimiento. La situación de esa actividad es hoy arqueología industrial”. José María Morón abre el capítulo Sociedad: “¡Qué bien repiten los aires / el sermón de la montaña!”, en el que se habla de las Cruces de Berrocal, fiesta que, según José Romero: “Sacraliza la fertilidad y la belleza de los campos, el romero y el animal, el tótem, la bestia de carga -el mulo-, ejes principales de esa romería [...] cristianización de paganas fiestas en honor del árbol" y que se enmarca en un “hermoso paraje donde el Barranco de la Estación se entrega al Tinto […] una bandada de torcaces refleja su vuelo en aguas rojas. Jaguarzos, retamas, cantuesos, zarzas, romeros, jarales, aulagas, tojuelos, asedian de verdor a las encinas. Territorio de la abeja, el conejo y el jabato”. Juan Ramón Jiménez cantaría al marco: 

Ponte de blanco, vida, para
ver en el monte la flor de la jara.

José Manuel Delgado reflexiona sobre gentes, modos y formas de “este aparente rompecabezas que es la Cuenca Minera” cuyo pulso “se encuentra mediatizado por una economía que ha venido a condicionar nuestro territorio a lo largo de los siglos, insistiendo en una comunicación constante, en un diálogo permanente no siempre exento de tensiones entre los colectivos, entre las gentes de la comarca y este referente socioeconómico que constituye la minería”. Julio Caro Baroja aporta notas y dibujos de Serafín Baroja, que estuvo de Ingeniero en Riotinto en los años anteriores a la venta de las minas a Matheson & Cía. de Londres, en 1873. Serafín, que “a los veintiocho o veintinueve años de edad tenía un temperamento optimista y un gran entusiasmo minero, creyó que las minas iban a ser explotadas racional, científicamente, que los ingenieros jóvenes como él iban a tener una misión grande que llevar adelante. La decisión por parte del Estado de vender las minas le descorazonó". Sensación que sobrevoló los tiempos para posarse en los versos de José Mª Morón:

Ya el silencio te apretaba

contra tu ansiedad en vela. 

Sombras de cobre y viento que avanzan implacables hacia el poema de Juan Delgado:



Barrenos, malacate, contramina,
túnel, entibación, zafra, portada,
relevo, tufo, pozo, tonelada,
catite, pico, mecha, disciplina,
corta, volquete, excavación, -doctrina
del ganarás el pan- calor, jomada,
vagón, destajo, capataz, bancada,
fundición, jefe, máquina, oficina...

Para Dominga Márquez, “El desarrollo rural es considerado hoy como un concepto integral que engloba múltiples factores además del económico, tales como culturales, de identidad, gestión y manejo de los recursos ambientales y está orientado a mejorar la calidad de vida de las poblaciones. En esta línea de pensamiento confluyen otros enfoques como el desarrollo local, la nueva ruralidad, la multifuncionalidad del espacio rural y, más recientemente, el capital social considerado como eje dinamizador del desarrollo de los espacios rurales”. Francisco José Martínez dice que “En la Universidad de Huelva tenemos la suerte de habernos cruzado con la historia de la Cuenca Minera, con más de 5.000 años de mitos y minería, a los que nuestra Universidad puede investigar y enseñar desde el punto de vista académico”. Neruda parece poner continuidad al discurso del libro:



Aquí viene el árbol, el árbol
cuyas raíces están vivas
sacó el salitre del martirio,
sus raíces comieron sangre
y extrajo lágrimas del suelo.

Y añade Antonio Machado:



Mi corazón no duerme.
Está despierto, despierto.
Ni duerme ni sueña, miran
los claros ojos abiertos,
señas lejanas y escucha
a orillas del gran silencio.

Ana Berruguete hace la semblanza del pintor nervense Vázquez Díaz; Lacomba glosa a Labrador, tan vinculado a la Cuenca; Juan Delgado a Evaristo Márquez, María Izquierdo, Mario León y Romero Alcaide, que traen en sus cuadros historia, crudeza, lucha, injusticia, tristes teleras…; Pedro Cantero da los rasgos de José Delgado, pintor de Campofrío; Jesús Velasco del zalameño Vicente Toti; Gerardo Pérez de Juan Barba; Beatriz de Ana de Jesús del Toro, y a la nómina plástica se suman las pintoras Candela Delgado y Elena León. En la recta final del libro, José Luis Pastor (Pío) trae ecos de la música en la Cuenca con tres partituras: La Esquila, de Minas de Riotinto, las Sevillanas Pardas, de Zalamea, y el Pasodoble de Nerva del Maestro Rojas. Y Manuel Arcenegui, en “La piedra se hizo carne y habitó entre nosotros”, siente que “Estamos en el paisaje, somos el paisaje; especialmente en la Cuenca Minera de Riotinto, la piedra es materia, es paisaje, evidencia”. Juan Delgado da fragmentos de su obra Memoria de la niebla, desde El siglo victoriano hasta Epitafio para una adolescente. Llegados al punto cero en el que se podría volver a empezar, el libro se pregunta con palabras de Cernuda ante “un esqueleto de metal retorcido, sin cristales, sin muros, un esqueleto desenterrado al que la luz postrera del día abandonaba. ¿Qué puede el hombre contra la locura de todos?”. Ahí observa Salvador González como horizonte “el cierre total de las instalaciones”, como si los siglos cerraran sus puertas en un “para siempre sin regreso”. La esperanza queda atada a los versos de Juan Delgado, el gran poeta de la Cuenca: “Está ahí el alma de la mina, esperando la mano de un sueño realizado, difuminada en nieblas de abandono, con toda la grandeza y el espíritu noble de nuestra identidad [mientras que] risueñas y elegantes, columpiándose al viento, dando vida al paisaje, están las amapolas como un símbolo fértil de amor y de esperanza”. Mina y flor que se convierten en puro eco “a orillas del gran silencio”.


© Manuel Garrido Palacios

Benigno Varillas

Bullicio invernal
© Foto: Héctor Garrido 

Salí de Torrejón el Rubio el mismo día que Neil Amstrong abandonaba la luna. La sierra de las Corchuelas es en julio un infierno tórrido. Nada que ver con el paraíso que treinta y tantos años después prometen los folletos del parque allí creado. No sé qué mineral llevó a ese pueblo, cercano a Trujillo, y tan arcaico entonces que pocos creyeron lo del alunizaje, a unos familiares míos que explotaban yacimientos raros. Y, tratándose de minería, la siguiente parada de postas de aquel periplo por la ruta de La Plata iba a ser, como no, Huelva. Después de tropezar con vestigios de Cortés y Pizarro, fui a dar con Palos y La Rábida. Lo de América está más cercano de lo que parece en los libros de Historia.
Mis tíos aseguraban que en Huelva estaría más fresco que en Torrejón. Se acabaría el deambular por las callejas con un gigantesco paraguas negro de pastor cabraliego como sombrilla, y síntomas agudos del golpe provocado por traslado súbito, en plena canícula, de las Asturias de Santillana a la extrema y dura tierra allende el Duero. Mi paso moribundo por acelerada deshidratación exagerada, daba lástima a oriundos y extraños.
Pero tras dejar atrás el Salto del Gitano, en la capital onubense esperaba más calor y encima húmedo. A falta de la poza del arroyo de la Vid, en la que aliviar los sudores de la dehesa extremeña, el único recurso a mi alcance en Huelva era el autobús con parada en el monumento a Colón y a sus pies sumergirme en Punta del Sebo, ignorante de las esencias vertidas por el Polo allí donde se mezclan las aguas de los ríos Tinto y Odiel con la pleamar del Atlántico.
Así fue como, a mis quince años, cometí la proeza de dar esquinazo en seis semanas a parajes sin igual, los más tarde parques naturales de Monfragüe, marismas del Odiel y Doñana. Y agradecido, de sobrevivir, a duras penas, concentrado en todo tipo de sistemas defensivos contra la calor y el sofoco.
Viene a cuento rememorar este primer y penoso no contacto con espacios ahora célebres -que años más tarde descubrí maravillosos- porque la mayoría de los viajeros se empeñan en seguir visitando tales santuarios faunísticos en su peor momento, cuando el fango está agrietado y el horizonte reverbera, motivo por el que no llegué a vislumbrarlos. Ya sé, lo del calendario laboral y escolar, pero es una pena, porque es el verano en el sur el invierno del norte.
Tenemos los de mi edad metido en el cerebro que en diciembre, enero y febrero la naturaleza está muerta. Consecuencia de lecturas juveniles calcadas de libros alemanes y británicos, escritos en lugares donde al llegar el frío los árboles pierden la hoja, los insectos se entierran y las aves emigran. Pero en Europa meridional en invierno se produce una espectacular explosión de vida. Las invasiones otoñales de las aves del norte, de las que el gru gru de las grullas y los graznidos de gansos y patos en formación son los sonidos sobrecogedores, nos devuelven la alegría que se va con el partir hacia África de cigüeñas, golondrinas, cucos y vencejos. En esa época no estival pasear por el campo es una delicia, sin sol achicharrante que impida respirar y que provoca en muchas plantas y animales mediterráneos el equivalente a la hibernación que genera seis meses después en el norte el frío polar.
Un millón de aves recalan en invierno en Doñana y tropecientos en el resto de zonas húmedas, dehesas, montes y olivares de Huelva, Andalucía y media España. La explosión de colorido, sonido, olor y sabor de la vegetación, la fauna y el paisaje en la primavera mediterránea, sólo es comparable con el espectáculo de las migraciones, ofrecido por miles de aves cruzando hacia o desde el Estrecho. Septiembre es buen momento para ver el paso postnupcial, rumbo Sur, y para el primaveral, en dirección Norte, marzo y abril, aunque todo el año hay trasiego pajarero por Gibraltar y por las costas andaluzas.
Son espectáculos inmensos y gratuitos, que se captan y degustan si uno se ha iniciado en la observación de los procesos naturales. Una sapiencia que al menos antes no enseñaban en las escuelas, y que es necesario arrancar con tesón y sensibilidad, para la cual apenas si es necesario un prismático, unas guías de campo y, sobretodo, un alma caritativa experta, a la que acompañar en sus salidas para que acelere los descubrimientos y nos instruya.
Aunque el mucho saber no es necesariamente el estado óptimo del naturalista aficionado. Mantener un margen de territorio y de vericuetos del conocimiento sin descubrir es como el aliciente del baile de los siete velos. Un estímulo como el de Joseph Conrad o José A. Valverde ante los puntos blancos del mapa africano.
El placer que da identificar en el campo una especie nueva, sea ave, planta, pez o huella de mamífero, es algo comparable al hallazgo de terra incógnita, la sed antes de apurar el botijo o los prolegómenos. Como los buenos catadores, nadie debería tener prisa en desvelar los misterios de la naturaleza, porque mientras exista la posibilidad de tropezarse a la vuelta de la esquina con alguno de ellos, ningún lugar será aburrido.
Es el don de quienes aprecian y disfrutan observando los bichitos, las odiseas de las plantas o los inconmensurables procesos geológicos que colocan en su sitio el aparente poder humano. Recalen donde recalen, nunca tendrán tiempo suficiente para digerir tanta información como depara la vida silvestre que bulle discretamente a nuestro alrededor.
Así, desde aquel viaje lunático del principio, voy todos los años a Huelva por la ruta de los conquistadores, esquivando el verano. Una vez allí, parada en el Toruño, esperando a los maestros, donde uno se deja achicar entre fino y manzanilla por la inmensidad de la madre de la marisma a la altura del Rocío; en los estanques salineros del Odiel la escala se vuelve humana y las limícolas se dejan ver de cerca y, finalmente, salida por Santa Olalla del Cala, donde hay que pasar con la jara en flor o en otoño, cuando los cochinos en montanera invitan a cargar con esa especie de guitarra maciza enfundada en gasa chacinera que permite rememorar la dehesa en finas lonchas, e impregnar los sentidos de aromas de hierbas y aceites de bellota. El prometido reservorio de proteína y calorías para el frío invernal que se avecina, con el que justificamos la inversión, nunca llega ni a Navidad.

© Benigno Varillas

David Ridgway

David Ridgway
EL ALBA DE LA MAGNA GRECIA
(Pitecusa y las primeras colonias griegas de Occidente)
Ed. Crítica

La llegada de los griegos a Occidente se traduce por una serie de transformaciones socioculturales en el mundo etrusco-itálico. entre las que destacan la adopción del concepto de la ciudad-estado, la monarquía, el comercio interregional, la aparición de los primeros templos y la representación artística de la figura humana. Pioneros en este proceso de interacción cultural fueron los griegos eubeos, quienes a principios del siglo VIII a. C, y antes de la fundación de Roma, establecieron la colonia de Pitecusa, en la actual Ischia, en el golfo de Nápoles, iniciando los primeros contactos regulares entre Grecia y Occidente. Las recientes excavaciones en Pitecusa, codirigidas por el autor. han revolucionado la visión que se tenía hasta ahora de los orígenes de las civilizaciones etrusca y latina, de la introducción de la escritura en Occidente y del impacto de los primeros griegos en la formación de las sociedades complejas en la Italia peninsular.
David Ridgway (n. 1938) profesor de arqueología en la Universidad de Edimburgo, considerado uno de los mejores expertos en el mundo colonial griego, ha trabajado en Italia ininterrumpidamente desde 1961 y es el responsable, junto a Giorgio Buchner. de las excavaciones en Pitecusa. Entre sus obras más importantes figuran Italy bejore the Romans (Nueva York, 1979) y la monografía Puhekoussai I (Accademia Nazionale dei Lincei, Roma, 1993), publicada con Buchner.

 (Edit.)

Kingsley Amis

Kingsley Amis
CUENTOS COMPLETOS
Traducción de Raquel Vicedo
Editorial Impedimenta

“Amis es una figura clave de la cultura británica de posguerra. Su importancia e influencia no pueden ser medidas." (David Lodge)

"Amis está entre los maestros indiscutibles de la literatura cómica inglesa del XX." (The Guardian)

Revista de Folklore nº 398

Revista de Folklore nº 398
Urueña

Sumario:

Editorial de Joaquín Díaz (Director)
La Cebetis Tabula es un documento en el que Cebes, discípulo de Sócrates y originario de Tebas, desarrolla su teoría de la educación, consistente en formar el criterio más que en almacenar conocimientos. De todos los escritos alegóricos en los que el hombre aparecía como un peregrino en la tierra en busca de un ideal arduo de conseguir, la Tabula fue uno de los que tuvo mayor difusión desde los primeros siglos hasta bien entrado el siglo XVIII... +

Arturo Martín Criado

Fabiola Yvonne Chávez Hualpa

Jesús Anta Roca


Julio Caro Baroja

Julio Caro Baroja
LOS PUEBLOS DE ESPAÑA
Ed. ISTMO
Madrid 1981


Ni el lirismo folklórico, ni un seco esquematismo etnológico pueden ser el punto de partida adecuado para el estudio de ese rico mosaico de diversidades de todo tipo que constituyen los pueblos de la Península Ibérica. Consciente del peligro de esos métodos, Julio Caro Baroja opta por el más rigurosamente sistemático y científico de reconstruir, sobre la base de paralelos etnológicos e inducciones sociológicas, la personalidad de los pueblos antiguos y confrontar la pervivencia de esos aspectos de la vida prehistórica en el conglomerado de hechos diferenciales que tienen hoy su expresión más visible en el folklore, estructura familiar, usos y costumbres, tipos de habitación, arte e indumentaria, etc., de los pueblos españoles. Es precisamente el propio entramado de esas diversidades —culturales, raciales, lingüísticas, etc.— el que debe acercarnos al origen del ser histórico y psicológico de los pueblos de España, que se proyecta esencialmente sobre las formas específicas de esos pueblos en la actualidad, sobre sus rasgos sociales, sobre las constantes de su vida espiritual. Estas son, pues, las coordenadas en que el autor se desenvuelve en esta su obra capital, inhallable desde hace más de 30 años.

© Ed.

John Paraskevopoulos

L'APPEL DE L'INFINI
La voie du bouddhisme Shin
John Paraskevopoulos
Traduit de l'anglais par Ghislain Chetan
Préface de Patrick Laude
L’Harmattan
Paris

Tranchant avec les nombreuses accentuations "négatives" qui ont cours de nos jours en Occident en général, l'auteur ouvre une perspective affirmative et positive sur la réalisation nirvanique. Parallèlement, ce livre nous offre une vision intégratrice et valorisante des éléments humains, naturels et cosmiques qui forment le contexte de notre réalité existentielle immédiate, contrastant ainsi avec les présentations du bouddhisme qui mettent l'accent sur la technique méditative et l'analyse rationnelle.

© Edit.

Manuel Garrido Palacios · 3 obras

ALOSNO, PALABRA CANTADA
(El año poético en un pueblo andaluz)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de Julio Caro Baroja
Fondo de Cultura Económica
Madrid / México
LA VOZ ANTIGUA
(Los ecos que se fueron)
(Lisardo, Juan Diaz, Ceto, La Bizcochera, Teresa, Perolino...)
Manuel Garrido Palacios
CFE . Madrid
EL CANCIONERO DE ALOSNO
(Para bailar, cantar y tañer a la guitarra)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de Antonio Gala 
Castilla Ediciones
Valladolid


Cesare Pavese

POESÍA
Cesare Pavese
Ed. de Italo Calvino
Trad. Carles José i Solsona
(Ed. Taifa)

Pág. 231

Tú no conoces las colinas
donde se derramó la sangre.
Todos huimos,
todos arrojamos
el arma y el nombre. Una mujer
nos miraba al huir.
Sólo uno de nosotros
se paró con el puño cerrado,
vio el cielo vacío,
inclinó la cabeza y murió
bajo el muro, callando.
Ahora no es más que un guiñapo de sangre
y su nombre. Una mujer
nos espera en las colinas.

© Cesare Pavese

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REVISTA DE LA ASOCIACIÓN
ESPAÑOLA DE SEMIÓTICA
24
2015
CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE SEMIÓTICA LITERARIA,
TEATRAL Y NUEVAS TECNOLOGÍAS.
DEPARTAMENTOS DE LITERATURA ESPAÑOLA
Y TEORÍA DE LA LITERATURA Y FILOLOGÍA FRANCESA
UNED
Director:
José Romera Castillo

Teresa Rita Lopes

QUE ANIVERSÁRIO É ESTE?

Que mundo é este
em que todos os dias naufragam à nossa vista
milhares de desesperados a fugir à guerra
à fome à doença
de braços estendidos para essa Europa Prometida
que só tem morte para lhes dar?
Que Europa é esta que afoga os desgraçados
que lhe estendem os braços
e esconde milhões
em paraísos fiscais que os políticos não proíbem
porque se servem deles?
Que mundo é este
em que os crentes matam e se matam
em nome de um mesmo deus
que uns dizem assim e outros dizem assado?
Que deus é este
que lhes escancara as portas do Paraíso
e disponibiliza não sei quantas mil virgens
se morrerem a matar os infiéis
isto é, os crentes noutros deuses?
Que novos bárbaros são estes
e à escala mundial?
Que país é este o nosso
dito dos brandos costumes
em que todos os dias homens matam mulheres
e até filhos
e são aplaudidos pelos populares por fugir à polícia?
Que país é este
em que todos os dias sabemos
de novos assaltos aos pobres bolsos do cidadão
- o parvo que paga esses impostos
a que os governantes fogem?
Que país é este sempre no topo das estatísticas
pelos piores motivos
em que um terço da população é pobre
cada vez mais pobre
detemos o recorde do empobrecimento
nos últimos tempos!
Que país agora é este
em que os que mandam nos matam quotidianamente
o respeito por quem somos
e espezinham a frágil flor da esperança
que às vezes brota entre as pedras?
Que festejos são estes ao 25 de Abril?
Que festa é esta
em torno de um retrato a preto e branco
e música
que alguns têm à cabeceira
mas os do poder ultrajam com sua balofa oratória?
Não ofendam os que o fizeram
e os que se sacrificaram e até morreram
ao longo de quarenta anos
para que o milagre acontecesse!
Quantos impostores de cravo na lapela!
Que país é este?
Que mundo é este?
Que gente somos nós
que almoçamos e jantamos mortos e feridos
e cabeças cortadas e vidas decepadas
todos os dias na televisão
- e nem adoecemos de indigestão?!

© Teresa Rita Lopes (Portugal)
© Foto mgp

ODÓN BETANZOS

LA PALABRA DE ODÓN BETANZOS
Manuel Garrido Palacios
Portada: Héctor Garrido
Fundación OBP
Rociana

Una mirada a Huelva

Una mirada a Huelva
Selección y prólogo de
Manuel Garrido Palacios
Fotografía de Ramón Masats

La corriente de esta obra se nutre de dos fuentes claras: la de las notas manejadas al hurgar en otros temas ─unas cuantas─, y la de la petición a conocedores de este punto geográfico “tan a trasmano”, según don Camilo, de unas páginas donde expresaran las sensaciones nacidas en su ámbito. El corpus resultante va por orden alfabético de sus autores. Seguro que la sola lectura de sus nombres o de sus textos bastará para dar norte de cada uno de ellos.
Ésta ha sido la técnica. Pero si todo quedara ahí, en estas páginas no habitaría el latido. La clave del trabajo ha estado, una vez más, en el sentimiento, ese empuje misterioso que mueve el mundo desde el primer día, sin el que la vida y cuanto se hace en ella sería una ‘aburrición’, al decir de Tasio, y los vivientes no pasaríamos de ser ‘prácticamente muebles’, en palabras de Carlos Castilla del Pino.
Digo dos fuentes. La de las notas ─datos simples, historia contrastada, pura leyenda, cantos rodados de hechos antiguos, que sabe Dios cómo ocurrieron en realidad, versos sueltos, ecos de Tartessos y de Argantonio envueltos en la nube de sesudas investigaciones─, suele brotar en la soledad del estudio, cuando uno nada en un mar de dudas y busca una isla de respuestas en los anaqueles; circunstancia que, en este caso, me ha permitido medir lo poco que se ha escrito sobre Huelva en comparación con otros lugares; notas que, una vez que han iluminado las dudas, quedan libres hasta que un día, hoy mismo, se integran en una obra como la que aquí comienza.
La otra fuente, la de las páginas pedidas o buscadas es el fruto de observar cómo viajeros escritores que pasaron por Huelva regresaron a sus lares con la impronta intacta de sus vivencias, sin compartir sus valiosas visiones desde tan diversos ángulos: anécdotas, paisajes, sabores, apuntes..., en suma, recuerdos, ese fenómeno íntimo de regresar con el alma al lugar en el que se estuvo con el cuerpo; según Pedro de Mexía en sus Silvas: de ahondar en el ‘dique que retiene el pasado antes de seguir hacia el olvido’; o retomando a Tasio, asumiendo que ‘sólo somos memoria más un sueño’. La mayor parte proviene de manos forasteras, que aportan, sin duda, un panorama menos condicionado por los tópicos, con lo que se moderan encendidos entusiasmos y se evita el árbol que oculta la hondura del bosque. La menor porción de páginas está escrita por naturales de Huelva o de sus pueblos, cuyas letras devuelven a su tierra lo que le es propio después de permanecer latente en sus dentros.
El último texto recibido para el libro, el de don Alonso Zamora Vicente, termina así: ‘...flota, protegiendo ese rincón de España, un resplandor, un inmenso resplandor. Sí, Huelva es en mi memoria un resplandor, una infinita, acogedora claridad’. Al hilo de sus palabras recuento un cuento en el que aparece el Creador poniendo empeño en hacer el mundo en siete días, al cabo de los cuales se siente tan cansado del trote como satisfecho al ver la tarea cumplida. Pero ha sido tal su afán por crear belleza, que al dar de mano ve que le sobran cantidad de ríos de agua limpia, de valles fértiles y de cordilleras de imponente estampa. Mas como la faena está hecha, lo que hace es arrinconar el paisaje sobrante en un recodo de la Tierra. Con el tiempo, el lugar viene a llamarse Chile. Una segunda versión señala otro lugar del Continente como receptor de tan ricas sobras: el mismo que con el tiempo viene a llamarse Venezuela, en honor de Venecia. Termina el cuento diciendo que cuando en la tarde del séptimo día el Creador se sienta a descansar, prende un fuego sagrado para entonarse, y al ver que las llamas que entibian el aire crean tan maravillosos tonos al quedar en ascuas -’rojo del crepúsculo de los dioses tartésicos’ ─al decir de Bada─, decide eternizar el momento para que todos los días por los siglos de los siglos se repita ese resplandor en un rincón del sur de Europa, abrazo de ríos, formado por La Rábida, Saltés, Bacuta, Aljaraque... Lugar que con el tiempo viene a llamarse Huelva.
El cuento ─leyenda ya─ enlaza a su vez con una de las primeras miradas viajeras de la historia, la de Strabon, que sitúa a Tartessos al final del ocaso, en ‘la brillante lumbrera del Sol, que arrastra tras de sí la noche negra sobre la tierra de fecundos senos’.
Muchos ojos observan a Huelva en este libro. Es deseable que tal riqueza de miradas componga una visión más amplia, más justa, que redescubra esta bendita tierra a sus propios hijos para que la entiendan más, la cuiden más, la amen más, la merezcan más.
Esa ha sido la idea.

© Manuel Garrido Palacios

ROCÍO

ROCÍO
© Foto: Héctor Garrido

Fragmento de la entrevista que le hice a D. Antonio Blanco Freijeiro en la Academia de la Historia (Madrid) para el capítulo Tartessos, de mi serie televisiva La duna móvil.

MGP. ¿En el culto a la Virgen del Rocío perduran señales comunes con los viejos ritos a las grandes madres? Lo digo porque he visto que la imagen tiene un elemento pagano como ornamento: la salamanquesa.
ABF: Precisamente. Si se ve la figura de Astarté podrá observarse que lleva por el cuello unas salamandras... Y vea que allí se canta aquello de...

La Virgen del Rocío
lleva en el hombro
una salamanquesa
de plata y oro.

© Manuel Garrido Palacios

Fernando San Basilio

Fernando San Basilio
Crónicas de la Era K-Pop
Editorial Impedimenta


Igualdad, humano tesoro

CUENTA UNA VOZ ANÓNIMA
SOBRE LA iGUALDAD

Suena el teléfono en la casa. Uno, dos, tres timbrazos, tiempo en el que ella imagina que la esperanza de un trabajo circula por los cables, flota, viene de camino. Así que baja el volumen de la radio y descuelga.
-Dígame.
-¿Es usted tal y tal y tal?
-Sí.
-La llamamos de la empresa XXX porque hemos leído su currículo y da usted el perfil idóneo que necesitamos.
-No sabe lo que me alegra escuchar eso.
-¿Lleva mucho en el paro?
-Una eternidad.
-Es usted Licenciada en Ciencias, habla tres idiomas y ha estudiado las técnicas más avanzadas de programación que existen de informática, ¿es así?
-Es así.
-Y todo con excelentes notas.
-Exacto.
-Bien. ¿podría venir hoy mismo a nuestra sede para tener una conversación personal y, en su caso, firmar un contrato de trabajo?
-Por supuesto.

(En ese momento llora un bebé. La persona-empresa que ha llamado pregunta):

-¿Eso que escucho es el llanto de un niño?
-Sí, es mi hijo. Tiene tres años.

(Se producen tres segundos de silencio. La persona-empresa cierra):

-Bueno, bien visto, no se moleste en venir; ya la avisaremos. Gracias por enviarnos su currículo.

(Ella vuelve a subir el volumen de la radio. En ese momento un político o una política hablan de igualdad. Se les llena la boca con la palabra)

© */*

Máximo Brioso

Antología de la Poesía Erótica de la Grecia Antigua
Máximo Brioso
Editorial El Carro de la Nieve

Germán Carrillo


Correspondiente de la Real Academia Española
www.anle.us
La Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE)
en colaboración con el Instituto Cervantes de Nueva York
se complacen en invitarles al acto de ingreso en la ANLE
como miembro de Número de
Don Germán Carrillo
“El amor como constante temática en la obra de Gabriel García Márquez”
(Discurso del nuevo académico)
Palabras de bienvenida:
D.ª Ignacio Olmos (Director del Instituto Cervantes)
Presentación:
Alister Ramírez-Márquez (ANLE)
Contestación al discurso de ingreso:
D. Gerardo Piña-Rosales (Director de la ANLE)
27 abril 2015
New York