TOTEM Y TABU


SIGMUND FREUD
TOTEM Y TABU
Traducción: Luis López-Ballesteros
Alianza Editorial

TORIBIO DE BENAVENTE


FRAY TORIBIO DE BENAVENTE
“MOTOLÍNIA” 
HISTORIA DE LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAÑA 
Introducción y notas de Giuseppe Bellini 
Alianza Editorial

LA PIPA SAGRADA · ALCE NEGRO

LA PIPA SAGRADA 
LOS SIETE RITOS SECRETOS DE LOS INDIOS SIOUX 
relatados por 
ALCE NEGRO 
recogidos y anotados por 
Joseph Epes Brown
Versión castellana de 
Esteve Serra 
TAURUS


Alce Negro era el único sacerdote cualificado de los antiguos sioux oglala que vivía todavía cuando se escribió La pipa sagrada. Este es su libro: se lo comunicó oralmente a Joseph Epes Brown a lo largo de ocho meses que éste pasó en la reserva de Pine Ridge, Dakota del Sur. Alce Negro describe y examina los siete ritos que fueron mostrados a los sioux a través de visiones, empezando con la historia de la primera visita de la Mujer Bisonte Blanco a los sioux con el fin de darles la pipa sagrada, y continuando con la danza del sol, el rito de purificación, la {(custodia del alma», etc.; ritos que conforman esta admirable religión y cosmografía. 
Ed.

GASPAR DE MORALES


GASPAR DE MORALES 
De las virtudes y propiedades maravillosas 
de las piedras preciosas 
Prólogo, introducción y notas
J. C. Ruiz · Editora Nacional

EL SABER GRIEGO


EL SABER GRIEGO

(Diccionario)
Jacques Brunshwig / Geoffrey Lloyd
Prólogo: Michel Serres
Editorial Akal

LAS FALSIFICACIONES DE LA HISTORIA


LAS FALSIFICACIONES DE LA HISTORIA
(en relación con la de España)
JULIO CARO BAROJA
Círculo de Lectores

PETER BURKE

PETER BURKE
La cultura popular en la Europa moderna
Versión española de Antonio Feros
Alianza Editorial 

LA SELVA DE LOS TÓPICOS

EMILIO TEMPRANO
ESPAÑA · LA SELVA DE LOS TÓPICOS
Prólogo de Julio Caro Baroja
Mondadori · Omnibus

EL BALUARTE

EL BALUARTE
Director: Juan Luis Álvarez del Busto
Anuario de la Asociación Amigos de Cudillero
Asturias

Estelle Irizarry

Estelle Irizarry
Dos poetas de Huelva en América:
Juan Ramón Jiménez, cronista;
Odón Betanzos Palacios, juglar.
Fundación O.B.P. Rociana
Col.. Investigación. Minor


La crónica de Indias y el romance: he aquí dos géneros profundamente arraigados en el suelo patrio de dos autores onubenses que como los aventureros y descubridores de su glorioso pasado histórico y literario, nos enseñan con su ejemplo que la cultura de buena ley se construye sobre el pasado, no lo borra, y que se sigue enriqueciendo con el genio individual de los autores de talento. ¿Quién hubiera dicho que el artista de la 'poesía pura' se volviería cronista de Indias, ni que un poeta de gran conciencia cívica, ética y cultural, que llegó a Manhattan con el dolor de una España dividida a cuestas, encontraría en el acervo literario romancesco proféticas visiones para una España unida? Ambos poetas, separados de su geografía nativa, lograron mantenerla viva. Poblaron desconocidos mundos nuevos con el verbo poético y con el recuerdo. La crónica y el romance, dos modos de conservar el pasado y transformarlo en presente, de vencer los límites del tiempo y del espacio, renacen con nuevo vigor en dos poetas de Huelva, Juan Ramón Jiménez y Odón Betanzos Palacios. Con estos géneros que en otros tiempos condujeron a España a un Siglo de Oro, los dos poetas onubenses, en distintas generaciones y en distintos lugares de viaje, quedaron ligados a su tierra y a su patria, y españolizaron al Nuevo Mundo con el heroísmo de los descubridores de antes. Realizaron en tierras americanas del siglo XX su suave invasión poética, enseñándonos que las raíces culturales en manos de los grandes artistas aún dan nuevos frutos.

© Estelle Irizarry

CLAUDE LEVI-STRAUSS

MITO Y SIGNIFICADO
CLAUDE LEVI-STRAUSS
Eduición y notas de Héctor Arruabarrena
Alianza Editorial

NICOLÁS MAQUIAVELO


EL PRÍNCIPE
NICOLÁS MAQUIAVELO
Estudio preliminar de Ana Martínez Arancon 
Traducción y notas de Helena Puigdomenech 
Editorial Tecnos

Problemas y secretos maravillosos de las Indias



JUAN DE CÁRDENAS
Problemas y secretos maravillosos de las Indias
Edición de Ángeles Durán
Alianza Editorial

SEMÁNTICA y POESÍA

MAURICIO MOLHO
SEMÁNTICA y POESÍA
(Góngora. Quevedo)
Editorial Crítica

Las Soledades, el Buscón y la lírica de Quevedo como punto de partida para indagar sobre la complementariedad de semántica y poética. Para Molho, la metáfora de Góngora es un discurso por definición monosémico que se resuelve en una pluralidad de significados. La originalidad gongorina está en hacer del lenguaje modelo profundo del poema: las Soledades no copian tanto la realidad cuanto compiten con ella, al construir un lenguaje a imitación del propio lenguaje y de las relaciones sobre las que éste se funda. Molho define el arquetipo de la novela picaresca y explica el Buscón como una interacción entre estructuras literarias y sociales. La poesía quevedesca se analiza como nacida de una difracción, por la que el concepto marca la ruptura de la analogía entre los objetos.

Ed.

Touches blanches. Touches noires

TOUCHES BLANCHES. TOUCHES NOIRES
(Roman)
Manuel Garrido Palacios
Traduit de l'espagnol por
Marie Claire Durand Guiziou et Jean Marie Florés
Ed. Le Soupirail · Francia


« Tu seras une gloire tout en étant un pou. »
La guerre a le visage de Mambraseca. Village dépeuplé perdu au milieu des trains de scories d’une ancienne mine de charbon, hameau qui en savait long sur la vie et la mort au rythme des « paseos » des camions de l’aube, en proie à l’autorité d’un cacique, maître des existences. Là, la mémoire reste suspendue, les corps tombent comme les oiseaux qu’on tire à la carabine, là, à Mambraseca, les contes s’acharnent à combler le quotidien, car tout est bon pour s’écarter du réel. Un village comme tant d’autres, macabrement vivant dans une époque qui s’affranchit de dates.
La guerre épouse la voix, le souffle de l’infatigable Fátima qui s’élance, narre, chuchote la petite histoire terrifiante, lourde, des habitants de Mambraseca, écho de la Grande Histoire. Ainsi les villageois sont-ils immergés dans un conte fantastique, une tragédie, où l’on croise des garçons déchiquetés par les loups, des chiens rôdeurs, des chèvres ensorcelées, des bûchers, mais aussi des potions magiques, l’eau empoisonnée du puits. Les éléments se déchaînent, le peuplier, bois de la crucifixion du Christ, est condamné à frémir ternellement, le tonnerre rugit, les gelées tardives, inattendues, annoncent le déluge, la malédiction. La Tarentelle de Balbina qui bute sur la mesure vingt-quatre distille des notes malveillantes et rythme le désastre, l’absurdité de ce microcosme, des hommes et de leur désespoir. Nous sommes déjà de la ferraille.
Les corps tombent, les tortures fleurissent : c’est le poète Pardero attaché avant le tir fatal, Goro jeté dans un puits, le père assassiné de trois balles en plein coeur droit dans l’âme, le suicide de Honorio à quatre-vingt dix ans qui se dit de trop en ce monde, que la vie [lui] échappe. Une humanité jetable. Et la pluie, les ruissellements dans les galeries, font rejaillir les superstitions et les êtres légendaires tentant de laver la boue, le sang, les gémissements. Beauté et fierté de ce village où le rêve, l’imagination donnent enfin une consistance à la désolation. Il y a les temps perdus, les souvenirs meilleurs des femmes confectionnant les beignets, les scènes burlesques du sourcier Jeromo qui se fie à la douleur de ses testicules pour détecter la source ou du déménagement du piano dont les sons heurtent les oreilles des mules ; autant de moments humoristiques pour apaiser la noirceur.
À Mambraseca, à l’instar de Honorio, « rêveur de ponts », les habitants appartiennent au silence éclatant de leurs rêves et s’abandonnent volontiers à la Tarentelle de Balbina pour conjurer le réel et repousser la mort. « Nous sommes le passé et ce que nous pouvons rêver. » Tous vivent leur inexistence. La Tarentelle est la fierté de ceux à qui la terre appartient et le courage des femmes ; la mesure vingt-quatre crie la plainte des rêves, la lutte contre le silence et l’oubli.
La langue de Manuel Garrido Palacios nous porte audelà du réel avec parfois férocité, grotesque, humour et toujours poésie. Toujours le loup écoute les hommes qui lui confient leur solitude.
Touches blanches, Touches noires ou la voix des limites de la tragédie de l’histoire, celle de Fátima, de la mémoire, et des illusions. Un voyage au coeur du néant. Et une éternité. Ce n’était pas juste de laisser tout le travail à Dieu. Dieu était Dieu et rien de plus.

EMMANUELLE MOYSAN

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS


BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
Brevísima relación de la destruición de las Indias
Edición de Ignacio Pérez Fernández
Editorial TECNOS

ÁLORA LA BIEN CERCADA

ÁLORA LA BIEN CERCADA
(Etnografía viva)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo:  Odón Betanzos
Castilla Ediciones · Valladolid

DIARIO DE VIAJE A ESPAÑA

DIARIO DE VIAJE A ESPAÑA
(1799-1800)
WILHELM VON HUMBOLDT
Traducción: Miguel Ángel Vega
Ed. Cátedra

LA LÓGICA DE LA ESCRITURA


JACK GOODY
LA LÓGICA DE LA ESCRITURA Y LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

Versión española de Inmaculada Álvarez
Revisión técnica de Jesús Alborés
Alianza Editorial

SASHA ABRAMSKY

La casa de los veinte mil libros
SASHA ABRAMSKY
Trad. de Ángeles de los Santos
Edit. Periférica

España y los españoles hace dos mil años

España y los españoles hace dos mil años
(Según la geografía de Strábon)
Antonio García y Bellido
Austral · Espasa Calpe · Buenos Aires  - México

LOS GRIEGOS Y LO IRRACIONAL

LOS GRIEGOS Y LO IRRACIONAL
E. R. DODDS
Alianza Editorial

LA LENGUA Y EL HOMBRE


LA LENGUA Y EL HOMBRE 
(Introducción a los problemas generales de la Lingüística)
BERTIL MALMBERG
Editorial ISTMO

VIENA

Viena · Kunsthistorisches Museum  
Placa de marfil (Metz · Siglo X)
Tres monjes copistas sostienen el escritorio de San Gregorio Magno

ARISTÓTELES

ARISTÓTELES
ACERCA DE LA GENERACIÓN
Y LA CORRUPCIÓN
·
TRATADOS BREVES DE HISTORIA NATURAL
·
Introd. Traduciones y notas de
E. La Croces y A. Bernabé Pajares
·
Editorial Gredos

Touches blanches. Touches noires

TOUCHES BLANCHES. TOUCHES NOIRES
(Roman)
Manuel Garrido Palacios
Editorial Le Soupirail
Francia

ACERCA DEL ALMA

ARISTÓTELES
ACERCA DEL ALMA
Intr. traducción y notas de
Tomás Calvo Martínez
Editorial Gredos

Del viejo folklore castellano

JULIO CARO BAROJA
Del viejo folklore castellano
2ª ed. · Editorial Ámbito

URNA GRIEGA

El camino a Eleusis

Urna griega, vasija sacramental (450-425 a.C.) para poner en una tumba o junto al lecho de muerte con aceites fragantes. Triptolemo coronado sostiene las espigas eleusinas, se supone que infestadas con cornezuelo, mientras  Demétero Perséfone vierte una libación preparada con el grano. Las figuras quedan separadas por el báculo de Triptolemo, sólo unidas por las espigas y el líquido que se vierte.

EL CAMINO A ELEUSIS

EL CAMINO A ELEUSIS
Una solución al enigma de los misterios
R. Gordon Wasson · Albert Hofmann · Carl A. P. Ruck
Editorial Fondo de Cultura Económica
México

El horizonte de esta obra es un espacio que aporta una mirada inédita sobre algunas ideas centrales en la historia de las religiones. El centro de las inquietudes de los autores es el  enigma de los misterios eleusinos, partiendo de la etnomicología, ciencia nutrida de  erudición, paciencia y audacia intelectual por el investigador norteamericano Wasson a raíz de sus descubrimientos, en la sierra mazateca, de prácticas rituales de origen milenario, a base de los ‘hongos sagrados’ . Con sus vastos conocimientos y la precisión de sus observaciones, el doctor Hofmann, distinguido químico, ha contribuido a la investigación del posible ‘camino a Eleusis’ . El tercer eslabón del libro lo pone Carl A. P. Ruck, estudioso de Grecia, cerrando con ello el apasionante tema del libro, expuesto con una transparencia notable, que requiere una lectura sosegada y cuidadosa por la intensidad de sus implicaciones.

© Ed.

CUDILLERO PARA UN VAGAMUNDOS

CUDILLERO PARA UN VAGAMUNDOS
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de José M. Feito
Separata del XVII del Cuaderno Literario
Escritores en Cudillero

DOS FRAGMENTOS DEL PRÓLOGO

Desembarco aquí para presentar a este ilustre etnógrafo, Manuel Garrido Palacios, Cuando oí su nombre enseguida me vinieron a la mente sus trabajos publicados, la mayor parte, en Valladolid. Garrido Palacios es un romero de la historia. No hay santuario popular que él no haya visitado ni rincón cuyas costumbres no conozca: romances, canciones, artesanía ...  Ayer, después de hablar con él, entendí su querencia por Asturias: sus padres vivieron en Sama de Langreo, de ahí le viene el apellido vaqueiro cien por cien, y él regresa a estas tierras con frecuencia.  Ha hecho acervo de leyendas conservadas por obra y gracia de la tradición oral, del refranero tan sabio siempre, del apunte a pie de obra sobre cada  pueblo. Nada le es ajeno a este polifacético cronista del tiempo y de la historia popular, empeñado en que la cultura tradicional no se pierda en el olvido. Cuando un anciano muere un archivo se nos va; desaparecen las raíces de esa historia mínima de la que es protagonista el pueblo. La historia que se estudia en las Escuelas e Institutos son hazañas de reyes, dinastías, batallas, victorias,  derrotas, conquistadores y aventureros ... La del pueblo es la historia del alma, del diario quehacer, de la lucha cotidiana por la supervivencia, con sus creencias, ritos, supersticiones, leyendas …

[…]

… cuando estaba recopilando el matertal, consultando libros y contrastando datos, pregunte a viejos y estudiosos, indagué en los archivos, recorrí palmo a palmo lodos los rincones de Somiedo ... Pensando que había agotado el tema… un día me aborda un  somedano y me dice: Lo que escribiste de Somiedo me parece bien, menos lo del verso de los Feitos y Garridos ... Donde pones "ya los Feitos eran Feitos y los Garridos Garridos” la segunda vez que dices feitos y garridos, ambos son con minúsculas:

Que el trabajo de Garrido
garrido y bello será,
en honor a su apellido.
Yo por mi parte he cumplido
y por Feito, feito está.

JMF

HIJO ADOPTIVO DE ALOSNO

Manuel Garrido Palacios
nombrado
HIJO ADOPTIVO DEL PUEBLO DE ALOSNO
(Le entrega el título Rosario la Bizcochera)
MANOLO, ALOSNERO

            En el prestigio de agosto -a medio hacer y a medio terminar el estío-, se confabulan los dioses de Alosno, míticos sucesores de Portichuelo, para engendrar un hijo electivo escogido de entre los pobladores de raíz, amantes de cadencias. A Manuel Garrido Palacios, andador del misterio, le corresponde la dicha.
            El pueblo completo, en la misma solemnidad de una procesión de San Juan y con idéntica sencillez con que se paladea una copa de aguardiente, hace ascuas en torno al rito, se desnuda de témpanos y se viste de música. Irá de tonás de quintos a saetas, de coplas del pino a cascabeleros, de trilla a colás, de ramas y Navidad a fandango eterno, todo para Manuel, nuevo alosnero. Se hace armonía cada palabra, cada imagen se resiste al tiempo, se consuela la voz de Lucía en la poética de una alabanza infinita, llora el lagar aguas de inmensidades y se descifra una gloria pequeña calle Real a fondo.
            Nadie falta al cortejo, nadie, excepto un amigo, Manolo Lisardo, que se asoma sin ser visto y fortifica la magnitud de Garrido Palacios.
            Las mujeres rompen de los aires sus venas de estrellas y cantan plácidas el agasajo del hombre nuevo, hijo nuevo; de allí se prenden los sones en el festín del pueblo que vive la presencia con el arropo que se ofrece al recién llegado. Santiago le escribe renglones de amistad, le pone umbral para la acogida y le susurra guitarras a sus manos. Manuel mira absorto las proclamas, disfruta una vez más las palabras cantadas, se desliza de una sublimidad a otra, se pierde sin irse, se va quedándose, se limpia un sudor-lágrima y se esconde en la misericordia de su nuevo pueblo amado, tan amado, apoyando hombro y valor, buscando consuelo. En el atril dice al pueblo -a su pueblo- menos palabras de las pensadas, se explaya en sentimientos, se desvanece en tanta dicha y levanta los brazos como queriendo abrazarlo todo, y lo consigue.
            Era Manuel noble merecedor de esa paz ganada y fue Alosno el mejor ámbito para tan valiente osadía. Ahora, los dos, Alosno y Manuel, portarán orgullosos tales dones; uno por saberse cuna elegida, otro por sentirse hijo elegido; los dos serán conversación para la historia y se cansarán las callejas de cuchichear cosas de esta importancia.
            Acertaron los dioses de Alosno haciendo aprisco del alma a quien endiosó las celebraciones de sus reminiscencias y desde ahora podrá engolarse por ser, Manolo, el alosnero.

© Ramón Llanes

Abelardo Rodríguez

ABELARDENTRO
Abelardo Rodríguez


La palabra "Follecer" la sacó a oreo Abelardo Rodríguez en un texto de aquel memorable Columnario con el que nos deleitó durante un tiempo en la prensa. No sé por qué se fue de Huelva, a la que tanto amaba. Dicen los que lo saben que por una niebla blanda y anodina que hizo irrespirable la esencia: «voces del rumor libre». Lo seguro es que cuando regresaba traía un nuevo libro en las manos, fruto de la soledad, que tanto fortalece las facultades del alma. Venía como padre con el recién nacido en los brazos para mostrarlo a todos: Añilaire, Rala duna, Océano, Siderea Alife, Zinámbaro, Marismaire, Slachss, Esfera… Los santos, los grandes hombres y los poetas (como él) han comprendido lo de la soledad maravillosamente y es por lo que su naturaleza les ha llevado siempre a buscar a deshoras otros pagos, otras islas, a sabiendas de que el talento crece cuando el árbol no impide ver el bosque: «Siempre solo cruza la marisma cuando las luces son tenues, con su constante gaviota sobre un hombro, en dirección al poniente». El poeta nos miraba desde «la torre de vigía donde ya sólo anidan la soledad y la ternura, donde criaturas desconocidas se han ido refugiando en el espacio eterno, siendo aceptadas, incluso amadas, donde moran ángeles con sus concretos nombres y sus misiones»
Abelardo Rodríguez estará siempre presente con sus versos en Punta Umbría, lugar donde exprimió su porción de felicidad, donde sus cenizas fueron luciérnagas mustias cayendo a la hondura del mar un ayer mismo, cuando «las estrellas lloraron luz de luna, la más pálida y dorada de las luces»
El tiempo y la fuerza de su palabra serán las que marquen un tope al eco de su obra, pero cabe adelantar que Abelardo fue un poeta cuyos versos no se nutrieron sólo de un torrente de palabras, inventadas o por inventar, como este «Follecer»: morir en pleno éxtasis amatorio, o como dijo aquel: «En mitad del acto institucional». Sus versos se nutrieron también de sombras, de silencios y de compartir un par de tintos con chochos con sus amigos. Enemigos no tuvo. Nadie alcanzó ese rango porque todos carecieron de rango suficiente para serlo, aunque lo intentaron «los hacedores de ruidos, diseñadores de tormentas, grises transparentes, taciturnos, lánguidos, largos, serafines en corro –siempre en corro– bucinando el himno de la gloria, gordos de esféricos carrillos, en pose de ciclistas de la nada. Siempre en corro…»
Decía de Abelardo poeta, o editor, o pintor o tan gente entera que su perfil le falta al paisaje marco: «Lecho de lirios de duna». Ausente de resbalones por los pasillos de la mediocridad, Abelardo, «el Angelardo de Umbría» fue lo que quiso ser: poeta; un claro y reconocido poeta, que parece poco, pero hay que llegar a serlo. Su figura daba el tono de esos tipos singulares que uno se topa por la vida, no sacados con troquel de comités de sabios adocenados alrededor del pesebre, sino de los forjados a sí mismos en el viejo rito artesanal de crear piezas únicas, «gestándose en finas láminas». Es cierto que todos somos singulares. Tan cierto como que unos más que otros.

© Manuel Garrido Palacios.

ANTONIO MACHADO


ANTONIO MACHADO
JUAN DE MAIRENA I y II · (6ª edición)
Biblioteca clásica y contemporánea
Editorial Losada · Buenos Aires

VICTORIANO CRÉMER

VICTORIANO CRÉMER
LOS SIGNOS DE LA SANGRE
(OBRA POÉTICA 1944-2004)
Editorial Calambur

Y canto para adentro
porque no tengo afueras.
Me aprieto la guitarra
y siento la madera.
Se me llenan de música
las oscuras cavernas.
Yo soy yo, limitado
por carne sorda y venas.
Si alguna vez levanto
los ojos de las cuerdas,
me siento fugitivo
de lo que vale y cuenta.
Hace algunos años surgió un Aula de Poesía en el Ateneo de Huelva, entonces presidido por el Dr. Vázquez Limón, y quisimos traer a figuras del arte para que nos ilustraran con su verbo, con sus trazos. Vinieron Francisco Candel, tras el éxito de su novela “Los otros catalanes”, Juan Genovés, del que conocíamos sus imágenes por exposiciones en Madrid y, entre los poetas pusimos el acento en Victoriano Crémer, al que leíamos y del que gozábamos, sin que él lo supiera, de su magisterio. Con los primeros personajes pronto se nos vaciaron los bolsillos, que era con lo que se cubrían los gastos, pero, aún así, aquel Aula de Poesía (Arcensio, Figueroa, Lara y un servidor) inició las gestiones para traer a recitar sus versos al gran poeta, proyecto que, de entrada, aceptó. Ya había venido otra vez con ocasión de un homenaje lírico a Juan Ramón Jiménez. El problema vino cuando me tocó explicarle que, como no teníamos dinero para pagarle ni el viaje. ni la estancia ni nada, oye, ni nada, a ver si él... Victoriano no se negó por ello a venir y dijo que el trayecto de León a Huelva lo haría gustoso para ofrecernos un recital, pero… más adelante. La ocasión, como tantas que quedan en el cedazo del tiempo, nunca llegó. Lo que llegó puntual fue la noticia de su muerte un 26 de junio, cuando ya no estaban varios de la época y hasta el propio Ateneo se convirtió en un bingo.
Y no me reconozco,
y me doy tanta pena
que enmudezco y me duele
la raíz de la lengua.
Por eso cuento y canto
para adentro las penas:
Porque me sueno a hombre
y me duelo de veras.
Estas páginas recorren “la historia de la poesía española desde el fin de la Guerra Civil hasta el momento presente”. A estas alturas da cosa repetir que fue Premio Nacional de Poesía en 1962, Premio Castilla y León de las Letras en 1994 y Doctor Honoris Causa por la Universidad de León en 1991, entre otros merecimientos, aunque es bueno decirlo, como que nace en Burgos en 1907 y diez años más tarde se va a León para siempre. Al término de la guerra, durante la cual lo encarcelan dos veces, se dedica al periodismo, actividad que no deja hasta sus últimos momentos, ya pasado el siglo de vida. Día a día el Diario de León vino sacando su columna de opinión. En 1944 funda y dirige, con González de Lama y Eugenio de Nora, la revista “Espadaña”, centrada en la Poesía. Ese mismo año publica su libro "Tacto Sonoro", que contiene el pálpito “de las preocupaciones permanentes del escritor: el dolor humano, el hombre perseguido, el silencio de Dios”. Le siguen los dos poemarios “Caminos de mi sangre” y “La espada y la pared”, puras marmitas donde maja la “problemática existencial, la social (el mundo de los humildes), el terror de la guerra o el pulso de su entorno, temas que retoma más tarde en “Nuevos cantos de vida y esperanza”, “Furia y paloma” o “Tiempo de soledad”:
Y puedo decir: Hambres,
en plural; Vida Perra;
o simplemente Amor;
y escupir a la Tierra.
Canciones que me arranco
de las furiosas piedras
del montón de la sangre
que llevo siempre a cuestas.
Me escucho y no me importa
que los demás entiendan;
me basta con sentirme
el alma en la madera.
Con Celaya, Otero, Nora y otros forma parte de la histórica “Antología de la Joven Poesía Española” (1952). Luego vendrían los versos del sosiego en libros como “Lejos de esta lluvia”, “El cálido bullicio” o “El último jinete”, publicado en 2008. Inabarcable el contenido de ese corazón parado, de ese pulso que se mantuvo firme, que cantó a la soledad, al recuerdo, al sufrimiento, al amor, a los hijos, al dolor, a la vida sencilla del barrio de Puertamoneda, a la vejez, a la muerte acaso:
…canto para adentro,
porque no tengo afueras.
Se dice que desde el primer libro “encontró su voz”. Lo más bello que se puede decir de un poeta. Su esencia.
© Manuel Garrido Palacios

MOZART, SIEMPRE MOZART

MOZART, SIEMPRE MOZART
Bajando del Pantheón de Ilustres hacia el Sena puede uno encontrar cincuenta librerías de nuevo y viejo y otro tanto de tiendas de discos de primera o quinta mano. Suenan: es lo importante. Uno de los que están expuestos para su venta, no de larga ni corta duración, sino de aquel tamaño mediopensionista que tuvo su 'aquel' en su día, aún nuevecito en su funda de cartón, presenta en la portada al niño Mozart sentado ante el instrumento más con intención de salir en el retrato que de tocar una de las siete sonatas que contiene, todas para órgano y orquesta. Es el único ejemplar que hay y la dueña del negocio se muestra algo reticente a soltarlo. Me sugiere otros, pero quiero éste, no precisamente para escucharlo, sino para enmarcarlo como está y ponerlo en la pared de mi estudio. Las sonatas que van dentro: 1, 2, 3, 7, 11, 13 y 17 las tengo en otras grabaciones. La variedad estaría esta vez en que la intérprete es Marie-Claire Alain con Paul Kuentz a la batuta. De todas formas, si quisiera escuchar esta versión sólo tendría que descolgarlo y plantarle la aguja encima. Eso pienso. Esto se lo cuento tal cual a Andrzej Dubosky, que regenta una hermosa librería algo más abajo torciendo a la izquierda, pero el buen hombre no comparte conmigo que el disco no se escuche, sino que me ruega desenvolverlo para disfrutar de sus obras en un aparato de los que se usaban hace un siglo. No era mi intención, pero, mira, llueve en París como dicen que nunca llovió, Andrzej tiene una estufa encendida y la música de Mozart puebla de pronto el aire que circula entre los anaqueles mientras escasos transeúntes pasan rápidos por la calle.
Escuchado el disco, estrenada la música de su entraña, lo vuelvo a su funda, a su papel, a su plástico final y lo guardo a la espera de ponerle el marco prometido. Andrezj, a cambio, me regala un libro suyo escrito en polaco porque esa es su lengua materna, del cual aún no he podido leer más que la dedicatoria, escrita en la mía. Hoy he recordado esto porque me acaban de traer las sonatas del disco con otros intérpretes, y al escucharlas me ha venido a la mente aquella escena en la que un escritor llamado Andrzej Dubosky, con las sonatas de fondo, me contaba que cuando niño lo trajeron a Paris y que aún le tiembla el alma cuando escucha la alarma de las urgencias que van y vienen. Su emoción no se contiene. Dice que es el mismo sonido que hacían los coches de la Gestapo que venían a buscar a los que no regresaban, y que sólo guarda de entonces un disco, que aún pone en su vetusto aparato: el Réquiem de Mozart.
En la tienda se hace un silencio como el que hubo en el cielo cuando el coro de ángeles apagó su canto. Un silencio sólo roto por la lluvia exterior y el crepitar de la madera dentro de la estufa. El mismo silencio que se ha hecho en el estudio esta tarde cuando he reparado en la mirada de Mozart y he abierto, sin entenderlo, el libro de Andrzej Dubosky.
© Manuel Garrido Palacios
(Óleo de J. Bueche, 1880)
(Grabado siglo XIX)

GABRIELA MISTRAL

GABRIELA MISTRAL y LOS ESTADOS UNIDOS
Edición de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) de Nueva York
realizada por Gerardo Piña-Rosales, Jorge Ignacio Covarrubias y Orlando Rodríguez Sardiñas
con motivo de la celebración del
Congreso de la Lengua de Valparaíso


Me siento a leer en uno de los lugares favoritos de Gabriela Mistral en Nueva York. Ningún fondo mejor que el rumor de la fuente que la recuerda: “Miro correr las aguas de los años, / miro pasar las aguas del destino. / Antiguo amor, te espero todavía: / la tierra está ceñida de caminos”. 
Paso las páginas de Desolación, primero de los libros publicados aquí, y veo en mi mente a la autora, que muere en esta ciudad a los 67 años, a la Profesora venida de su Chile, que imparte clases en 1904 en La Compañía al tiempo que escribe en El Coquimbo y en La Voz de Elqui, a la mujer que pierde el gran amor, suceso que marca su vivir, a la madre de América, premiada en 1914 en Santiago con Sonetos de la Muerte y en 1945 con el Nobel de Literatura: “La tierra a la que vine no tiene primavera: / tiene su noche larga que cual madre me esconde. // ¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido / si más lejos que ella sólo fueron los muertos?”; a quien conoce en la Araucanía a Neftalí Reyes, que dará su eco al mundo como Pablo Neruda, a la voz que se alza ante la Liga de Naciones en Europa, a la errante: “este largo cansancio se hará mayor un día / y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir"; a la que deja el nombre de Lucila María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga para tallar en sí misma un homenaje a Gabriele D'Annunzio y a Frédéric Mistral: “El nombre mío que he perdido, / ¿dónde vive, dónde prospera? / Nombre de infancia, gota de leche, / rama de mirto tan ligera. / De no llevarme iba dichoso / o de llevar mi adolescencia / y con él ya no camino / por campos y por praderas. / Llanto mío no conoce / y no la quemó mi salmuera; / cabellos blancos no me ha visto, / ni mi boca con acidia, / y no me habla si me encuentra”.
Antofagasta, Punta Arenas, Temuco. Leer poesía en sitios lejanos -¿lejos de dónde, de qué?- da al verso otra dimensión, lo apura como últimas palabras creadas: “Es la noche desamparo / de las sierras hasta el mar. / Pero yo, la que te mece, / yo no tengo soledad. / Es el cielo desamparo / si la Luna cae al mar. / Pero yo, la que te estrecha, / yo no tengo soledad. / Es el mundo desamparo / y la carne triste va. / Pero yo, la que te oprime, / yo no tengo soledad”. Soledad que pinta Gabriela como tronco que nunca prende: “Se va de ti mi cuerpo gota a gota. / Se va mi cara en un óleo sordo; / se van mis manos en azogue suelto; / se van mis pies en dos tiempos de polvo. / Se te va todo, se nos va todo. / Se va mi voz, que te hacía campana / cerrada a cuanto no somos nosotros. / Se van mis gestos que se devanaban, / en lanzaderas, debajo tus ojos. / Y se te va la mirada que entrega, / cuando te mira, el enebro y el olmo. / Me voy de ti con tus mismos alientos: / como humedad de tu cuerpo evaporo. / Me voy de ti con vigilia y con sueño, / y en tu recuerdo más fiel ya me borro”. 
En este lugar tan suyo siento cómo el poder de sus versos nace de la hondura del sentimiento y se eleva sobre lo que existe. Su voz no vale verla con la lupa del contador de sílabas -alejandrinos, romance, copla, silva-, sino con el prisma amorfo de la tristeza, el más extraño deseo que alberga un alma; tristeza forjada en el yunque del recuerdo: “Hablan extrañas lenguas y no la conmovida lengua / que en tierras de oro mi pobre madre canta…”; de la bondad, esa insólita cualidad humana: “Creo en mi corazón, siempre vertido, / pero nunca vaciado…”; del amor, el misterio hecho impulso: “Quiso el amor soledades / como el lobo silencioso. / Se vino a cavar su casa / en el valle más angosto / y la huella le seguimos / sin demandarle retorno”. Sus versos, “No turbó su ensueño el agua”, sus vocablos, más que fruto de una búsqueda en el mar del lenguaje son un encuentro con la clave que define la idea poética y la dota de eco duradero: “Siento mi corazón en la dulzura / fundirse como cera: / son un óleo tardo / y no un vino mis venas”. 
El amor truncado en su vida: “Del nicho helado en que los hombres te pusieron, / te bajaré a la tierra humilde y soleada”, lo intuye en los paisajes místicos dichos con escueta perfección: “Tú no oprimas mis manos. / Llegará el duradero / tiempo de reposar con mucho polvo / y sombra en los entretejidos dedos. / Y dirías: No puedo amarla, / porque ya se desgranaron / como mieses sus dedos. / Tú no beses mi boca. / Vendrá el instante lleno / de luz menguada, en que estaré sin labios / sobre un mojado suelo. / Y dirías: La amé, pero no puedo / amarla más, ahora que no aspira / el olor de retamas de mi beso. // No me toques, por tanto. Mentiría / al decir que te entrego / mi amor en estos brazos extendidos, / en mi boca, en mi cuello, / y tú, al creer que lo bebiste todo, / te engañarías como un niño ciego. / Porque mi amor no es sólo esta gavilla / reacia y fatigada de mi cuerpo, / que tiembla entera al roce del cilicio / y que se me rezaga en todo vuelo. / Es lo que está en el beso, / y no es el labio; / lo que rompe la voz, y no es el pecho: / es un viento de Dios, que pasa hendiéndome / el gajo de las carnes, volandero”.
Dios “terrible y fuerte” está ahí para preguntarle con dolor por su amante muerto. La vida es la espera de una cita ineludible con la luz, con las sombras, a través de Dios; una preparación sobrecogedora hacia la visión suprema: “Grávidos van nuestros ojos de llanto / y un arroyuelo nos hace sonreír; / por una alondra que erige su canto / nos olvidamos que es duro morir. / No hay nada que ya mis carnes taladre. // Siento que Dios me va haciendo morir”.
La forma, señuelo que atrae, encierra el encanto de su voz. Se abre, sale el perfume y se hace poema que se suma a lo bello. Si expresamos este milagro a su tiempo, cuando el oído interior pide otras maneras de extraer de la palabra la poesía que contiene, tendremos a Gabriela Mistral, sin que el agua deje de correr al fondo de sus versos “en esta tarde lenta como una hebra de llanto”.

© Manuel Garrido Palacios


Gabriela Mistral publicó su primer libro en los Estados Unidos, donde vivió durante muchos años. Debido a su vinculación con el país norteamericano, los miembros de la ANLE decidieron colaborar en este homenaje no solamente a la escritora chilena, sino al pueblo de Chile en general. A lo largo de los trabajos reunidos en este volumen se realiza un análisis sobre la escritura y la vida de la autora vicuñense, así como sobre otros aspectos no estudiados con tanta asiduidad, como su pensamiento o su papel como crítica literaria.

SUMARIO

Orlando Rodríguez Sardiñas:
LOS ROSTROS DE GABRIELA.

Víctor Fuentes:
GABRIELA MISTRAL EN CALIFORNIA.

Alberto Acereda:
TERNURA Y COMPASIÓN HUMANA EN LA POESÍA DE GABRIELA MISTRAL.

Christian Rubio:
LOS ARTÍCULOS DE GABRIELA MISTRAL EN LA NUEVA DEMOCRACIA, DE NUEVA YORK.

Jorge I. Covarrubias:
TRAS LAS HUELLAS DE GABRIELA MISTRAL EN NUEVA YORK.

Luis Pérez Botero:
GABRIELA MISTRAL Y ODÓN BETANZOS PALACIOS (SONETOS DE LA MUERTE).

Luis Alberto Ambroggio:
GABRIELA MISTRAL: EL SENTIMIENTO DE EXTRANJERÍA.

Yara González Montes:
GABRIELA MISTRAL: LÍRICA TRASHUMANTE.

Alister Ramírez:
GABRIELA MISTRAL EN LA ESTATUA DE LA LIBERTAD (1930):
REFLEXIONES SOBRE LA PROSA MISTRALIANA.

Manuel Garrido Palacios:
LEYENDO A GABRIELA MISTRAL EN NUEVA YORK

Elio Alba Buffill:
GABRIELA MISTRAL COMO CRÍTICA LITERARIA: UN ASPECTO OLVIDADO DE SU OBRA ESTUDIADO POR ONILDA JIMÉNEZ.

Esther Alba Grey:
UN ANÁLISIS DE LA PROSA MISTRALIANA DESDE LA PERSPECTIVA CRÍTICA DE EUGENIO FLORIT.

Georgette Dorn:
GABRIELA MISTRAL Y LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO.

Pedro Pablo Zegers:
PAPELES ESTADOUNIDENSES DE GABRIELA MISTRAL EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE CHILE.

Gerardo Piña-Rosales:
LA RECEPCIÓN DE LA OBRA MISTRALIANA EN LOS EE.UU.

 ANLE