Revista de Folklore nº 411
Editorial de Joaquín Díaz:
El profesor italiano Carlo Cipolla afirmaba en su obra Allegro ma non troppo
que incluso los galardonados con el Premio Nobel estaban bajo sospecha de ser
tontos. Según su análisis demoledor, todos quedaríamos más que sorprendidos al
conocer el número elevadísimo de estúpidos que circulamos por el mundo y que
nos ponemos zancadillas unos a otros sin orden ni concierto... +
Fiestas de Moros y Cristianos de Orce en honor de san Antón san Sebastián. Fusión de personajes, simbolismos, tradiciones y actos
Fiestas de Moros y Cristianos de Orce en honor de san Antón san Sebastián. Fusión de personajes, simbolismos, tradiciones y actos
José Luis Rodríguez Plasencia
Pablo Canalís Fernández
'PLATERO Y YO', en Quechua
PLATERO Y YO
QULLQICHA ÑUCA IMA
Juan Ramón Jiménez
Edición bilingüe
quechua-español
Traductor: Tito
Tórrez Fernández
Edición Centenario
1914-2014
© Herederos de Juan
Ramón Jiménez
Sostiene el gran
poeta portugués Fernando Pessoa que «toda la literatura consiste en un esfuerzo
por volver real la vida». Su coetáneo Juan Ramón Jiménez, tornando literario y
por tanto real un pasaje de su propia existencia, legó a las generaciones futuras
el relato de la amable relación que mantuvo con el burrito Platero,
transmitiéndonos sentimientos puros de amor a lo natural y a la naturaleza, que
son seña de identidad de las almas buenas. Platero, que comenzó su andadura
hace ya cien años, hoy va en busca de verdes prados y lozanos pastos en las
montañas de los Andes. Allí sin duda hallará personas que le quieran y le mimen
como hizo Juan Ramón. Encontrará una nueva querencia donde sentirse a gusto;
hallará admiradores y gentes que le brindarán amistad. Aprenderá quechua, él,
que tantos idiomas ya sabe. ¡Buena suerte, Platero, tierno burrito!
© Alfonso Bilbao Liseca
Director editonal
1914. Se inicia el venturoso
camino que llevará la inspiración de un poeta genial, vertida en una obra con
un burrito como protagonista, a los rincones más insospechados del mundo. Tal vez
la historia quiere poner una gota de bálsamo en la herida que una guerra cruel causa
a la Humanidad. Otra guerra y un exilio infligen nuevas penas al poeta,
mientras sus palabras, puras, limpias, surgen de la profundidad de su corazón.
Platero mira a Juan Ramón y al mundo con sus ojos inocentes.
1956. Año del gran premio
y del gran dolor, en el que el poeta empieza a dejarse morir sin conciencia de
que va a alcanzar la inmortalidad
2014. Centenario en
el que el reconocimiento se propaga desde las dos patrias del poeta, prende en mil
hogueras y es ya universal. El burrito se asoma a las páginas de cientos de
ediciones en los idiomas del mundo. Es el triunfo de la sencillez, de la
emoción inteligente, de la palabra que nace del alma para hablar al alma. Las
páginas de este libro se unen a los millones que ven la luz para contribuir a
la tarea común de transmitir el mensaje juanramoniano de belleza y bondad,
inteligible a niños y mayores. Lo hace en pie de igualdad en dos Ienguas: una,
poderosa y consolidada a través de los siglos; otra, que lucha por mantenerse
como herencia de los antepasados, acercando algo más a dos continentes, como un
día hicieran intrépidos marinos. […] El libro quedará culminado cuando, allende
el océano, las voces de los escolares evoquen a Platero en dos lenguas
igualmente familiares. Entonces Juan Ramón tendrá motivos para sonreír.
© Jaime de Vicente
Núñez
OTOÑO CULTURAL
IBEROAMERICANO
Director
Revista de Folklore 410
Editorial
DIAZ GONZALEZ, Joaquín (Director)
Algunas costumbres sobre los molinos en los fueros de la provincia de Guadalajara
LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón
La pasión de san Tirso pintada en su ermita de la Merindad de Sotoscueva
MARTIN CRIADO, Arturo
El culto a las ánimas. Devoción y disciplina. El ramo de ánimas de Abelón (Zamora), 1884
FERNANDEZ FERNANDEZ, José Lorenzo
Los Ramos de Navidad en la Montaña de Palencia: Fuentes Carrionas, La Pernía y Valle Estrecho
PORRO FERNANDEZ, Carlos A.
DIAZ GONZALEZ, Joaquín (Director)
Algunas costumbres sobre los molinos en los fueros de la provincia de Guadalajara
LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón
La pasión de san Tirso pintada en su ermita de la Merindad de Sotoscueva
MARTIN CRIADO, Arturo
El culto a las ánimas. Devoción y disciplina. El ramo de ánimas de Abelón (Zamora), 1884
FERNANDEZ FERNANDEZ, José Lorenzo
Los Ramos de Navidad en la Montaña de Palencia: Fuentes Carrionas, La Pernía y Valle Estrecho
PORRO FERNANDEZ, Carlos A.
DON QUIJOTE VA DE VIAJE
DON QUIJOTE VA DE
VIAJE
Acabo de conocer en el tren a una persona tan sincera que ha tenido el valor de
confesar a los que vamos con ella que no ha leído el Quijote. Tal como suena.
Con un par. Y ha añadido, por si faltara sal, ajo o vinagre: ‘Si yo dijera esto
en público seguro que me llevarían como bicho raro a un plató para que desde el
sofá casero alguien se ríera de mí con la suficiencia del ignorante, llamándome
inculto y mostrando lástima por mí, aunque la persona crítica no hubiera abierto
el libro jamás –caso de tenerlo- ni para quitarle el polvo’. Otro viajero le responde que comparte su arrojo de declarar esto tan llanamente
porque, ante la propaganda culturizante de este tiempo de moda cervantina, en
la que parece ser que todos tenemos el Quijote en casa, dispuesto a devorarlo
en soledad o en familia, él piensa que no es cierto, porque una cosa es
comprarlo para que luzca en el mueble-bar y las visitas digan: ‘Oh, el Quijote.
Yo también lo tengo’, y otra, haberse embuchado cada capítulo, sintiendo el
texto como la obra cumbre de nuestro maltratado idioma. Añade: ‘Al final, todos
presumirán de haberlo leído, releído, incluso aprendido de memoria, incluso
colaborado en su redacción, o que Cervantes le consultó tal o cual cosa. Dale
alas al osado y te asombrará con sorpresas así o peores.’ Interviene un tercer
viajero: ‘Yo no voy tan lejos como usted; creo que si hiciéramos una encuesta
en el vagón, mentiría un porcentaje de viajeros asegurando conocerlo, dudaría
otro justificando que lo empezó y que anda por la mitad, otros dirían que no
conocen el libro y una mínima parte declararía que le hincó el diente como Dios
manda, suponiendo que Dios se meta en estos asuntos’. Animado por los que
estamos en conversación, el hombre se atreve a hacer la experiencia y, sin
dudarlo, recorre las filas del vagón, libreta y lápiz en mano, disparando la
temible pregunta: ‘¿Ha leído usted el Quijote?’ De ser cabal el resultado
obtenido, sería un gozo, pero que los cálculos fallen a tope suena raro porque
no es posible que todos los encuestados hayan declarado saberse el libro al
dedillo, excepción hecha de la persona que removió el tema al decir que no lo
había leído. Al saber las respuestas, dicha persona va a más. Igual es algún
héroe que se entrena para Delegado de lo que Sea. Así que repite en voz alta: ‘Soy
el único en este vagón que no ha leído El ingenioso hidalgo don Quijote de la
Mancha, de don Miguel de Cervantes Saavedra, y no me apura decirlo porque me
prometo a mí mismo en este instante que lo empezaré a leer nada más llegue a mi
destino esta noche’. Como era de esperar, todas las miradas se vuelven buscando
la suya con cuarta y mitad de sonrisa, tras de la que se advierte un
sentimiento de admiración hacia quien también pudo mentir y no lo hizo.
© Manuel Garrido Palacios
© Dibujo de Gustavo Doré
Diccionario de palabras de andar por casa
Diccionario de palabras de andar por casa
(Huelva y sus pueblos)
Portadas de las tres ediciones:
2006: Calima Editores. Mallorca
2008: Universidad de Huelva
2016: Editorial NIEBLA
2006: Calima Editores. Mallorca
2008: Universidad de Huelva
2016: Editorial NIEBLA
con fotografías de Héctor Garrido
Diccionario de palabras de andar por casa (IIIª edición)
(Huelva y sus pueblos)
3ª edición corregida y aumentada
Manuel Garrido Palacios
Editorial Niebla
Presentaciones previstas:
1ª
Miercoles 13 abril 2016 · 8 tarde
Presentaciones previstas:
1ª
Miercoles 13 abril 2016 · 8 tarde
Casa Colón. Salón Rojo
2ª
Viernes 22 abril 2016 · 7 tarde
Carpa Feria del Libro
a cargo de
Francisco José Martinez López
y
Manuel José de Lara Ródenas
El fantasma de Cervantes
El
fantasma de Cervantes:
Don
Quijote en La Mancha, Don Quijote en Manhattan
Conferencia de Gerardo Piña-Rosales
Profesor de literatura española en CUNY
y
Director de la Academia Norteamericana de la
Lengua Española. NY.
5 de abril, 5:30 PM-7:00 pm
Auditorium Bard
College, Annandale-on-Hudson, NY
La influencia del Don Quijote de Cervantes en la literatura contemporánea es inconmensurable. El Profesor Piña-Rosales se referirá a obras de Dostoyevsky, Flaubert, Kafka, Melville, Nabokov y Acker, todos poseídos por el fantasma de Cervantes. También reflexionará acerca de las posibles lecturas contemporáneas de Don Quijote, analizando varias ediciones de la obra que han aparecido recientemente, en inglés como en español, incluyendo una nueva edición conmemorativa de la Real Academia Española. Este evento ha sido concebido como tributo al fantasma vivo de Miguel de Cervantes, fundador de la novela moderna, en ocasión del 400 aniversario de su muerte. La presentación de Piña-Rosales, en inglés, será seguida de una lectura bilingüe de fragmentos de su novela corta Don Quijote en Manhattan/Don Quixote in Manhattan.
Co-patrocinado
por el Departamento de Español y la División de Lenguas y Literatura de Bard
College, LASO y la revista latina La voz.
Ed.
Revista de Folklore nº 409
Revista de
Folklore nº 409
Urueña ·
Valladolid
Director
Joaquín Diaz
DIAZ GONZALEZ, Joaquín
PERIS BARRIO, Alejandro
BLASCO MAGRANER, José Salvador
BERNABE
VALERO, Gloria
BLANCO DEL VAL, Alfredo
RAMOS RUBIO, José Antonio
JUAN DRAGO
LOS
VERSOS DE JUAN DRAGO
LA VOZ
DE MANOLA SÁNCHEZ
“Con
el tiempo he sabido que volcando mis sentimientos en el espejo de la tierra
misma, coincido con un movimiento universal que defiende este planeta de la
rapiña del hombre”.
Con estas palabras arranca Juan Drago
su obra Si amanece mientras caminas
(Poemas de la luz. Colección Monosabio. Ayuntamiento de Málaga). Sus páginas,
concebidas como Antología, contienen versos de todos sus libros anteriores,
desde aquel De la luz en el agua (1981)
hasta Aires de Roma andaluza, (2005)
a los que añade generosamente parte de su poemario inédito Lugar y memoria.
Nunca vi a Juan Drago poeta de mesa
camilla y conciliábulo para repartir prebendas y subvenciones. Los que seguimos
su trayectoria literaria siempre lo hemos destacado del falso bosque poetario
surgido a la sombra de Juan Ramón (algunos creen que el Nobel de Moguer les
debe algo). Y es en su poesía donde podemos hallar las claves de su limpio
saber estar en un campo en el que abunda la maleza, jamás atento a lo vano y
efímero, sino “a los pasos no iniciados
todavía” [hacia un] “lugar que estás en mí” [con una] “puerta donde un pájaro duda y anhela”. Drago proclama sin hacer
ruido que, lo mismo que la Poesía, “el
agua que tiembla, no es de nadie”, y que “la luz tendida aquí es como un pájaro / que en la tierra del sur deja
su sombra. / Los ojos que la miran son testigos”.
El potencial Si amanece mientras caminas parece querer justificarlo el poeta en
base a un caso anecdótico acaecido en el campo dunar cuando buscaba el
amanecer. Si se tratara de pura anécdota, Juan Drago ha tenido el coraje
creativo de elevarla al rango de categoría, pero más que asunto casual del que
saca sustancia, suena a metáfora, a “si
ves la luz mientras vives”, a “sólo ante
el tablero hay ocasión de mover ficha en tanto dure la partida”.
El poema que da título al libro lo
dedica a Manola Sánchez, Niña de Huelva,
voz rota en mitad de un cante una noche cualquiera. Le dice:
Si
amanece mientras caminas
da
gracias a la luz por los estorninos del alba
y los
juncos mojados, por los ánsares.
Tus
pies conocen cuanto tus ojos miran,
mientras
el mar te llega,
cantando,
de la noche.
Gracias
por las tres ciervas de la alta duna
y los
lucios rúbeos de la aurora,
que te
ofrece el arco del sol
como
la espalda de una criatura.
Entre
zarzas, el alto fresno
ha
cruzado la noche
y
cubierto de rocío abre sus alas.
Las
aves cantan como el mar lejano
en la
ribera de todos tus sentidos.
La luz
ha tendido una gasa húmeda
bordada
con la plata de los espejos
echados
en el frío de las brozas.
Los
espacios amarillos cabalgan
con
crines airosas por sesmos oscuros
anunciando
fuego blanco por las marismas.
Mas
pregunta a la luz qué se oculta
al
otro lado de su venda,
qué se
guardan las sombras de los linos,
por
qué siguen tus pies las sendas
perdidas
de los gamos,
y
viene y va el silencio por la frontera
como
ángel ardiendo sobre la nieve.
Manola cantaría el poema como quien
esto escribe lo ha gozado al leerlo, Al igual que todo el hermoso libro hasta
la última hoja, hasta el último verso.
© MGP.
EL BALUARTE · CUDILLERO
EL
BALUARTE
Anuario
de la Asociación Amigos de Cudillero (nº 6)
Director:
Juan Luis Álvarez del Busto
Imagen:
‘Faro de Cudillero’ (Valentín del Fresno)
Cudillero
(Asturias)
SALON DU LIVRE DE PARIS
SALON
DU LIVRE DE PARIS
Stand
Éditions L’Soupirail
TOUCHES
BLANCHES. TOUCHES NOIRES
(roman)
Une
référence en France et a L’International
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FÉLIX GRANDE
FÉLIX GRANDE
Un hombre bueno
(Homenaje al poeta)
(Homenaje al poeta)
Editorial Niebla
Edición de Luis
Domingo Delgado
Ha bastado un toque
de campana para que Juan Carlos Mestre, Luis Domingo, Ignacio Sanz, Manuel
Garrido Palacios, Alberto Gómez Vaquero, Ramón García Mateos, Miguel Sánchez
Robles y Javier García Cellino acudiesen a la llamada de la sangre, esa
querencia que imantan la amistad y la admiración por Félix Grande, y les haya
faltado tiempo para reunir un ramo literario de rosas rojas, frescas y
perfumadas, con el que rendir homenaje al amigo en el segundo aniversario de su
fallecimiento. Porque eso es lo que han hecho, hacinar en este libro, además de
la voz, el pensamiento y la biografía del poeta, la experiencia personal de
cada escritor con el homenajeado, la vivencia única e intransferible de cada
individuo -de sensibilidad y visión propias, y por tanto diferentes-, con la
categoría intelectual y humana de Félix Grande. En suma, Félix Grande, un hombre bueno proyecta sobre el lector una mirada
enriquecedora del personaje, secuenciada desde diversos y muy variados
enfoques.
Los beneficios que
genere este libro a sus autores se destinarán íntegramente para ayudar a los
refugiados a través de ACNUR (Agencia de la ONU en España)
Pablo Neruda
CIEN SONETOS DE AMOR
Pablo Neruda
A mis diecitantos años conocí a alguien que me leía despacito poemas de un tal Pablo Neruda en su “sentina de besos”. Nunca tuve el libro. Ni nadie. Al abrir un poemario, y más si guarda veinte poemas de amor que arropan “una canción desesperada”, sufrimos un espejismo que el autor deja suelto para que creamos que poseemos su poesía, que vivimos el cosmopoema de su vida, cuando lo que tenemos delante es sólo un mazo de papeles cosidos y con pastas donde aparecen un título y un nombre. Mi afán no era leer poesía, sino hacerla a, ante, bajo, cabe, contra, con quien me leía al poeta (“amada, amarra tu corazón al mío”) del que empecé a tener celos, porque ella disfrutaba tanto con la lectura que se debatía en orgasmos espirituales traspuesta por la belleza, aunque confieso que me emocionaba lo de: “Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada, el menester del hombre, la mujer y la vida”.Al final, rompimos. “De pena en pena cruza sus islas el amor”. A esa edad se rompe, se destruye, se lija el tiempo con pliegos del cero, se tiene prisa por escribir sin escribir mil poemas de amor y desesperarse en una última canción, aunque también se atreve uno y “establece raíces que luego riega el llanto”. La semilla poética trabajada por ella no cayó en tierra yerma: “desde entonces soy porque tú eres”. La mies me arraigó en lo hondo diciéndome que las palabras son la sombra del sentimiento: “Dos amantes dichosos no tienen fin ni muerte, / nacen y mueren muchas veces mientras viven”.Los versos de Neruda pasaron a ocupar un lugar en mi vida hasta el punto de entender de golpe, a través de su transparencia, al amor que tanto amé (“No sé quién eres. Te amo”) y que me hizo sentir en su ausencia “los versos más tristes” muchas noches: “Ausente, por los sueños tu corazón navega / es tu corazón el que reparte en mi pecho / los dones de la aurora / te amo como se aman ciertas cosas oscuras, / secretamente, entre la sombra y el alma”.Años después vi en un festival la película “El cartero”, de Antonio Skármeta y a la salida del cine le expresé al autor mi admiración por su obra, cabal y precisa, en especial, en dos sutiles momentos. Uno es el de querer leer la poesía de aquel que no sabía que era poeta: “Es el que dirá algo nuevo”. Otro, cuando la policía va a buscar a Neruda a “la magna espuma de Isla Negra”, con la tragedia de su país de fondo, y le repiten voces que no son de nadie y que son de todos: “No tema, don Pablo, es un trámite, un trámite, un trámite”. Skármeta hizo poesía visual sobre la escrita al rescatar de la crudeza el eco traducido de aquella insistencia: “un trámite, un trámite, un trámite”, como si quisiera decir: “Supe que fui herido”. Reflejó el terrible “trámite” burocrático por el que te cortan las alas de la expresión, te taponan las salidas del sentir. Te matan. Es el “trámite” que habita en el instante lindero entre la vida y la muerte. “Brasa negra del sueño / fundaremos un traje que resista la eternidad de un beso victorioso” “Trámite” de todo cuanto existe, siempre a tiro del poder, de la ambición, con el dedo dictador a toda hora palpando el frío del gatillo. “Trámite” para tomar el camino de lo hermoso o quizás para ir “allí donde respiran los claveles”.No sé si aquel verso: “Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos”, lo quiso como epitafio, ni si “El mes de marzo vuelve con su luz escondida” fue un esperanzado latido con vocación de eterno. Sí sé que ya sabe el alma que “somos un solo espacio oscuro, una copa en que cae la ceniza celeste, una gota en el pulso de un lento y largo río”.“Hoy es hoy con el peso de todo el tiempo ido”. Un hoy de entonces supe por la moza nerudiana el nombre del hombre Neftalí. Otro hoy pero de 1945, dijo Gabriela Mistral tras recibir el Nobel: “Si el Premio era para honrar a mi país, tendría que haberse otorgado a Pablo Neruda”. Hubo que esperar hasta un hoy del otoño de 1971 para que los concededores de premios comprendieran la “simplicidad sin fin de la ternura”.Lo mismo que al leerlo sólo poseemos un papel impreso, al premiarlo no hacían otra cosa que vocear algo que estaba tallado en el paisaje en el que Neruda había crecido como poeta: “Amo el trozo de tierra que tú eres / y así recorro el fuego de tu forma besándote / todo vive para que yo viva / sin ir tan lejos puedo verlo todo”.
© Manuel Garrido Palacios
Touches blanches. Touches noires
TOUCHES BLANCHES,
TOUCHES NOIRES
(roman)
Manuel Garrido Palacios
Salon du livre de Paris
jeudi 17 / 03 de 17h à 19h
jeudi 17 / 03 de 17h à 19h
vendredi 18 / 03 de 18h
à 20h
stand F 39 (Normandie)
à la Porte de Versailles
Éditions Le Soupirail
France
CUDILLERO
CUDILLERO, PUEBLO MÁGICO
Juan Luis Álvarez del Busto
En un viaje a Asturias para rodar un documental conocí a Elvira en Cudillero. Mi idea era sacar en limpio no más que una secuencia, pero después de hablar con ella, dediqué al pueblo todo el capítulo, trabajo que a poco se convirtió en documento ya que Elvira murió y el escenario cambó: el puerto creció hacia el mar con el espigón, se silenció la subasta –o la rula– en la lonja de siempre y la plaza dejó de recibir lanchas: esculturas marinas que venían a reposar en la rampa por la que el Cantábrico alcanza el caserío.
Por entonces yo sólo escribía los guiones que filmaba, pero me nació la idea de volver a Cudillero para recoger en un libro la sabiduría que había entrevisto. Regresé veinte veces a tomar apuntes y un día comprendí que la tarea requería años de permanencia en el marco cuyas líneas maestras me había trazado la memoria de Elvira Bravo. Por una cosa o por otra, o por ambas, el proyecto quedó varado con su magia intacta.
La magia ha salido a la luz en un libro escrito por su nieto, Juan Luis Álvarez del Busto, que anduvo atento a la palabra de la abuela captando sensaciones, datos, gestos, dichos y hechos, material con el que ha dado forma a una epopeya del gozo, del llanto, de la lucha y la supervivencia. Todo eso que, como el arpa de Bécquer, esperaba la mano de nieve que supiera arrancarle las notas que dormían en sus cuerdas. En este caso, describiendo situaciones de un tiempo que él, por su edad, sólo vivió a través de la abuela.
En Cudillero mágico el lector disfruta de la cualidad añadida de estar presente en las conversaciones mediante una técnica básica: Juan Luis pregunta a Elvira en pasado: ¿Cómo era aquello de...?, y transcribe la respuesta en riguroso presente para no perder ningún matiz expresivo. Esto corrobora que la magia de los tiempos permite condensar el ayer y el hoy en un instante. Hay una resistencia a admitir que el suceso narrado pertenezca al ayer; se asume que pueda pasar hoy o que pasará mañana.
Por el libro corre la historia, el eco de los primeros pobladores, las leyendas, los santos protectores, los curanderos, las sombras de desaparecidos al toque de ánimas, todo mezclado con el vivir diario de las familias dependientes de la mar, del hombre que no regresa, de las lanchas que en malas madrugadas fueron féretros, del esfuerzo por salir a flote en plena galerna, de la esperanza encarando la tormenta, del ritual al alba ante el azumbre de vino, del reparto, del quiñón, esa especie de solidaridad primitiva, o adelantada a su tiempo, que protegía a viudas, huérfanos, familias enteras. Juan Luis analiza el nombre del pueblo, la artesanía, el distingo entre ‘pixuetos’ y ‘caízos’, la religiosidad popular, la superstición, las danzas, los cantos y el léxico en un amplio glosario en el que no faltan los apodos; todo, para que quien vaya a Cudillero entre por la vía del conocer y del sentir; para que comparta lo que fue; para que valore lo que es. Esto ofrece el autor.
Es cierto que los pueblos no se hacen solos, sino que están sus hijos para hacerlos. El fruto común es lo que se tallará en el tiempo como un potencial que hará que lo común refuerce su latido. Cudillero es paisaje ideal para trazarlo con palabras, pinceles o sonidos. Pueblo que se anuncia como un milagro parido por la montaña; cuadro lejano que compone su voz con coro de gaviotas, percusión de olas contra el muro, ritmo de corazón de buques. Pueblo de textura urdida con la mirada absorta de cuantos lo vieron y fueron a sembrar su nombre por el mundo. Pueblo con memoria de sal donde bullen ecos de viejas curanzas, andancios, gente de mar, runrunes de Perlindango: canción que puebla el aire cada hora desde el reloj municipal, de aliento de mareas; bajamar de rocas, pleamar de redes. Como uno de los más bellos de Europa, pueblo que se mira en sí mismo porque se merece. Este es el sabor que contiene la obra de Juan Luis Álvarez, libro o sueño cuajado en realidad para enriquecer la memoria colectiva.
Dijo Machado: ‘hoy es siempre todavía’. Frase que podría acuñar quien ha hecho con palabras un dique para que la magia de Cudillero no se pierda aguas abajo en el río del olvido, sino para que quede donde nació como legado cultural que haga crecer el espíritu ‘pixueto’ en las generaciones que vienen de camino.
© Manuel Garrido Palacios
© Manuel Garrido Palacios
CONCIERTO PARISINO
CONCIERTO PARISINO
Un ángel anónimo canta a las puertas de Notre Dame cuando el
equipo de fútbol de la ciudad mete un gol para clasificarse en un torneo. De
los bares del barrio, tras el grito de mil gargantas atronando la paz de las
calles, empieza a aflorar el himno francés. Primero, tímidamente, quizá una
reunión, un grupete de amigos atados a la jarra de cerveza; después, hasta un
individuo en monopatín sorteando coches sigue la melodía simulando dirigir al
resto.
Caminar por una vía parisina y sentir ese canto hace que la
música te cuente páginas de la historia que no viviste; es una invitación a
cerrar los ojos para ver en tu mente un retrato virado a sepia de los hechos
reales que te dijeron, que leíste, que pretendió reflejar el cine, pero de los
que no fuiste testigo; hechos que te llegan como eco de la identidad del país
que le hizo un monumento a la razón; eco universalizado en los idiomas que
veneran la palabra libertad.
El ángel anónimo que canta a las puertas de Notre Dame no
deja su cantar por el grito futbolero. Lo sabe efímero y que desvanecerá en
cuanto vuelva el balón a correr por la hierba, pero ahí está, partitura en mano
y sombrero en el suelo para recoger las voluntades de los transeúntes. Dentro
del templo ensaya un concierto Häns Düentz en el gran órgano, y nada interrumpe
a nada. Quien entra a rezar, a descansar en su frescura o a lo que sea puede
percibir los tres sonidos sin que ninguno sea excluyente, todos en sincrética
armonía.
Cerca de allí, en la librería Shakespeare, Rue de la
Bûcherie, firma ejemplares Jasson W. Pletser, y de los estantes interiores
entresaco y compro un hermoso Cancionero de 1550, para acabar, como colofón del
día, en la iglesia de Saint Roch, donde la coral dirigida por Patrick Giraud,
ofrece música «à la Maîtrise d’Antony», con obras de Charpentier, Lalande,
Grigny, Frank, Faure, Bessonnet, Desenclos y Langlais. Sin embargo, a pesar del
grito golero, del himno, del órgano, del Cancionero y de la coral, lo que se me
fija en el sentir es el canto solitario del ángel en la puerta de Notre Dame,
partitura en mano y sombrero en el suelo para recibir voluntades. Estampa
desgajada de la piedra, puede que cante piezas desconocidas o impulsos simples,
por lo que imagino que hace méritos para opositar al coro celestial afinando su
voz al tono divino; ángel tallado en terciopelo verde, que lleva milenios
cantando en idéntica postura; ángel con imagen de diosa humana, cuyo canto
destaca, sin saberlo, sobre todos los ruidos circundantes.
© Manuel Garrido Palacios
AGAPITO, GAITERO DE CABORANA
Agapito hace gaitas y las toca en La Reguera, Caborana, (Asturias). Usa torno de pedal en vez de eléctrico porque cree que es más bello hacerlo todo de manera artesanal. Desbasta la madera, la alisa y la taladra con una barrena por un extremo hasta los medios y con otra hasta el final. Eso, hablando del puntero, del pito, que es lo que canta la melodía. Luego mete en el palo el escariador de acero y lo ahueca hasta darle su calibre. Dice que el mejor constructor de gaitas que hubo en estas tierras fue Antonín de Cogollo, y me muestra varios de los modelos que guarda y que hizo él. Emplea madera de tejo que le traen de Cabañaquinta. La deja secar porque verde no es buena para la barrena. Una vez hechos los agujeros viene el retoque. Me indica que por el soplete entra el aire al fuelle, que lleva un depósito para que la saliva no lo pudra, porque esa humedad es dañina para estas piezas.
Si el puntero es la flauta, el roncón que lo acompaña es el bajo. Éste requiere madera de ébano de Guinea o de Cuba. El boj también es bueno para el puntero porque tiene un sonido dulce. En Asturias se cría en los huertos. Para el fuelle seca piel de cabrito o de cordero y la forra de terciopelo, faena que hace su hija. A veces le dicen que la gaita que vende es cara, pero si se suman estos gastos con los tres días que tarda en terminar el instrumento desde el tronco en bruto hasta que toca, piensa que cobra lo justo.
La gaita gallega es como la asturiana. Una u otra, o lleva la pajuela para que cante sola o se construye para que cante en conjunto. Para afinarla coloca la pajuela y va rodando el roncón hasta que coincide el tono con el del puntero. Tiene su gaita favorita, que nunca estuvo en venta. Todas las que salieron de su taller tienen contentos a sus dueños. Las que esperan ser recogidas lucen su cartel con el destino: Cangas de Onís, Gijón, Sama, Cudillero, Oviedo. Quien dice gaitas enteras dice pitos o punteros, roncón, ronquillo y ronquete. Aun siendo constructor de ellas, lo llaman para que toque danzas en las fiestas, con lo que saca sus extras para esto o para lo otro, que en las casas, ya se sabe, todo es poco.
De Galicia vino huérfano siendo un niño a vivir con la abuela a Asturias. Viajó en un barco desde Vivero a Pravia por cinco pesetas de entonces. De Pravia, en un tren hasta Ujo y otro hasta Moreda. Un tío suyo lo llevó a las minas poco después y en ellas se inició en el duro trabajo de ramplero, de caballista y de ayudante. Lo hizo tan temprano porque traía el entusiasmo de poder comprarse una gaita asturiana. Así que con los primeros dineros ganados fue a Mieres y compró la gaita deseada. De La Industrial Asturiana pasó de picador a La Hullera Española, a todas horas pensando en tocar la gaita y en hacerla. Buscó herramientas y hoy sus gaitas están en América, en Europa, en Asia...
Le gusta que la gente lo aprecie, aunque algunos sólo vean en él al minero jubilado. Cuelga diplomas del muro y mientras los leo él hace sonar la gaita que le he comprado. Así transcurre la mañana entre un artista sereno, de mucha labia, y un andariego del sur, que no sabe qué decir ante tanta sensación.
© Manuel Garrido Palacios
JESÚS ARCENSIO
SUEÑO Y
COSTUMBRE
(Antología
poética)
Jesús
Arcensio
Biblioteca
de La Huebra
Prólogo
de Manuel Moya
Un grande de la Poesía, Jesús Arcensio (1911-1992) que escribió:
Todos
van. Todos vienen.
Yo,
parado, a las doce, en esta esquina
sobre el
asfalto quieto,
porque he
perdido el Norte de mi tiempo.
No me
sirven mis pasos
─pasos a
estrella nube, pájaro─
para
andar entre bosques de oficinas,
almacenes
y bancos.
La calle
es una selva de cemento
tan
extraña a mi pie, que ando perdido,
totalmente
perdido. Aquí, clavado,
miro mis
viejos mapas
donde se
escribe amor con A mayúscula,
que me
señalan rumbos cordiales
del nacer
al morir. Y no me sirven.
Estoy
aquí, esperando
que
alguien llegue y me hable.
Pero
todos pasan con prisas,
sin
mirar, pronunciando
palabras
que no entiendo: reactores,
kilovatios,
salarios, dividendos...
En una
transversal de la Alameda Sundhein de la ciudad de Huelva figura su nombre en
la esquina, calle en la que no existe una sola puerta por la que entrar o salir
de una casa, sino ventanas, tiestos, rejas, visillos, persianas de viviendas,
que, sin pretenderlo, dan la espalda a su titular en una circunstancia no
prevista en el trazado urbano, pero subsanable. Si los que dan o quitan rótulos
quisieran hacer olvidar el nombre de alguien, que no es el caso, no podrían
haber usado modo más eficaz que el de dedicarle una vía como ésta, que jamás
recibirá una sola carta, ni un triste recibo, ni una bombona de gas, ni
siquiera una multa. Nada. A la calle del poeta no irá nunca nada ni nadie preguntará
por ella. Este trato a Jesús Arcensio no es justo. Y no es un tema
localista: no entraría en él ni a empujones. Se trata de no obviar un nombre de
los que dan rango a una ciudad, con una obra admirada más allá de la asfixiante
linde de los autopoetas de diseño, tan de escaparate y subvención.
Con la
humildad de un grande, Jesús se ve así en Autorretrato:
Este que
aquí, de pan e incertidumbre
vive y
desvive un poco cada día,
éste soy
yo, de afán y de agonía,
de sed y
agua, de ceniza y lumbre.
Hombre
partido en dos -sueño y costumbre-,
hombre de
hielo ardiente y llama fría
a quien
lenguas de dulce poesía
lamen la
llaga de su pesadumbre.
Hombre,
al fin, como tú, como cualquiera,
que no
sabe quién es ni a qué ha venido
ni el
color de la muerte que le espera.
Un hombre
que ama y sufre, que ha bebido,
que es
malo y bueno... y que, en verdad, quisiera,
si hay
que morir, morir como ha vivido.
Habría que cambiar de calle a Jesús Arcensio por pura justicia. Una ciudad no puede permitirse estar de espaldas a un poeta que la ha vivido en su esplendor creativo, que le ha legado una obra de tanta hondura y belleza. Añado que parte de lo que cantan los flamencos de aquí son letras suyas, firmadas o no. Y si una voz no bastara para darle otra calle, ahí esperan para ser leídos todos los poemas del libro. Una ciudad brilla más, entre otras cosas, cuando los que se encargan de la cosa cultural saben o quieren –porque poder, pueden– valorar a su gente señera. El poema del principio termina así:
Yo sigo
aquí, perdido,
aislado
en este tiempo que no es mío.
Y pasan,
van y vienen cuerpos, sombras.
Cruzan y
vuelven a pasar, indiferentes,
sin mirar
que hay un hombre en una esquina,
perdido,
extraviado
en la
isla de un tiempo que no es suy
Este, de 1969 está en la fachada del Convento de Nuestra Señora del Carmen. de Galaroza.
Tú, que
del mar te nombran Capitana,
dejas
aquí el timón por la mancera.
Y, así
como excelente marinera,
eres
también magnífica hortelana.
Rumbos de
miel le das a la manzana;
rumbos de
flor a cada primavera;
rumbos de
pan a cada sementera;
rumbos de
amor le das a la serrana.
Mira,
Madre, qué mar tan deleitosa,
qué
oceanía de tréboles y flores
mece a
tus pies su plácido oleaje.
Anclando
va tu amor en cada cosa
cuando el
serrano mar de tus amores
navegas
en virgíneo cabotaje.
CIUDAD
DORMIDA lo dedica
a Niebla. Moya anota que 'fue escrito en un bar en 1969', según José Antonio
Ortega, sobrino del poeta, testigo del momento:
Lame el
sol los tremendos cornalones
terco,
quiere abatir. La brisa calla
y
acaricia tus viejos desgarrones.
Encantada
ciudad, Niebla. Ilusiones
de hacer
hoy el ayer. Loca batalla
es
quererle poner al tiempo vall
vararlo
en un mar de evocaciones.
Navío
anclado junto al rojo río
que naves
salomónicas meciera;
arca de
historia, fama y poderío;
ciudad de
los mil sueños: iQuién pudiera
devolverte
tu vieja voz, tu brío,
la gloria
de tu antigua primavera!
© Jesús
Arcensio
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