Alosno y el fandango



ALOSNO
XVIII CERTAMEN NACIONAL DE FANDANGOS
'PACO TORONJO'

María Antonia Peña



María Antonia Peña
La conciencia de lo onubense
Artes, costumbres y riquezas
de la provincia de Huelva nº  71



Si en un prodigioso esfuerzo de imaginación nos situáramos en los albores del siglo XIX, resultaría muy difícil precisar si el termino ‘onubense’ -referido globalmente a los pobladores del área occidental del Reino de Sevilla- tenía ya, por esas fechas, alguna carta de naturaleza. Igualmente, faltan evidencias documentales sobre la existencia de una conciencia territorial previa que permitiera a estos ‘onubenses’ sentirse parte de un espacio diferenciado y previsiblemente transformable en unidad administrativa independiente. Cierto es que, el 24 de julio de 1808, el corregidor de Gibraleón Leonardo Botella firmaba una proclama patriótica y antifrancesa bajo el encabezamiento de ‘Ilustres onovenses’, aunque ese epíteto no parece corresponderse con un espíritu onubensista comarcal, sino con la recuperación de una vieja tradición que identificaba la antigua Onoba con la villa de Gibraleón (tradición alimentada consecutivamente, durante los últimos siglos, por Rodrigo Caro, Enrique Flórez en primera instancia y Miguel Ignacio Pérez Quintero). Con todo, tampoco hay que dejar pasar algunos detalles significativos.
Aunque resulte arriesgado afinar las conclusiones, el propio Pérez Quintero, en la lista de suscriptores de su libro La Beturia vindicada, de 1794, introducía el epígrafe ‘Huelba’ para agrupar a los lectores afincados en Ayamonte, Trigueros, San Juan del Puerto, Villanueva de las Cruces o la propia villa de Huelva, utilizando -al parecer- la división administrativa del Partido de Aduanas, existente desde 1717. Que el sur de la actual provincia de Huelva gozaba en esas fechas de una cierta identidad propia parece estar fuera de toda duda si tenemos en cuenta que una Real Orden, fechada el 19 de febrero de 1805, lo desgajaba ya del Reino de Sevilla y lo integraba en una nueva entidad administrativa: la provincia de Sanlúcar de Barrameda. Evidentemente, ésta fundamentaba su existencia en aspectos más geográficos y económicos que políticos, delimitando el espacio comarcal comprendido entre las desembocaduras de los ríos Guadiana y Guadalquivir y buscando como factor de integración el común carácter agrícola y la proximidad al Atlántico de 33 núcleos de población que actualmente formarían parte de las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz.
Según la Real Orden citada, estos eran: Sanlúcar de Barrameda, Lebrija, Las Cabezas, Trebujena, Chipiona, Villamanrique, Pilas, Hinojos, Alcalá de la Alameda, Chucena del Campo, Manzanilla, Villanueva del Alcor, La Palma, Bollullos del Condado, Almonte, Gibraleón, San Bartolomé de la Torre, Villanueva de los Castillejos, San Silvestre, Villablanca, Ayamonte, La Higuerita, La Redondela, La Tuta, Lepe, Cartaya, San Miguel de Arca de Buey, Aljaraque, Rincón, Huelva, San Juan del Puerto, Moguer y Palos, con independencia de los lugares de El Rocío y Torre de Carboneras, en los que empezaban a tener lugar los primeros asentamientos temporales de vecinos. Por otra parte, tampoco parece casualidad que, en plena dominación napoleónica y a pesar de haberse constituido ya una Junta Provincial en Sevilla, los habitantes de la villa de Huelva se apresurasen a constituir su propia Junta (‘por ser un puerto de mar de los mayores de matrícula y contribuyentes al Real Servicio’¿ y solicitasen la aprobación de ésta, directamente, a la Junta Suprema Central, sin recabar la anuencia de ninguna otra instancia administrativa intermedia.
Por lo demás, la misma división realizada por los franceses en la Prefectura de Sevilla o Departamento del Bajo Guadalquivir parece ajustarse a una situación geohistórica preexistente. Al dividir el espacio provincial en dos subprefecturas (la de Ayamonte y la de Aracena¿, la nueva estructura administrativa reproducía el reparto tradicional del territorio en dos zonas -el señorío al Sur y el realengo al Norte- y definía un trazado fronterizo coincidente a grandes rasgos con el que luego se adjudicaría a la provincia.
Obviamente, la monarquía bonapartista buscaba racionalizar y centralizar la gestión administrativa y gubernativa del nuevo Estado. A principios del siglo XIX, la heterogénea y vetusta articulación del territorio en Reinos dificultaba la aplicación de las reformas económicas y políticas y obstaculizaba, en definitiva, la implantación del sistema liberal. Pero de esto no sólo se habían percatado los franceses. Imbuidos también por la filosofía política del liberalismo, los parlamentarios reunidos en las Cortes de Cádiz fueron igualmente conscientes de la necesidad de arbitrar una nueva división del territorio nacional. El artículo Xl de la Constitución de 1812 así lo consignaba y, de hecho, algunos trabajos llegaron a emprenderse para diseñar el mapa provincial. Se recogió el material cartográfico, se realizaron informes y se llegó a elaborar un proyecto de ley. Sin embargo, el retorno de Femando Vll en 1814 y su inmediato rechazo de la labor legislativa de las Cortes puso en evidencia que sólo un Gobierno liberal conseguiría sacar adelante la racionalización administrativa ya bosquejada.

© María Antonia Peña Guerrero
© Fotos: mgp

José Luis Sampedro


JOSÉ LUIS SAMPEDRO
Premio 'Erasmo de Roterdam'
a título póstumo

Los miembros de la Junta de Gobierno de la ASOCIACIÓN INTERNACIONAL HUMANISMO SOLIDARIO, conceden el I PREMIO INTERNACIONAL HUMANISMO SOLIDARIO ‘ERASMO DE ROTERDAM’, a título póstumo, al escritor y pensador JOSÉ LUIS SAMPEDRO. El objetivo del Premio es el de poner en valor a las personalidades o instituciones destacadas por la defensa de los principios de solidaridad, interculturalidad, humanidad, dignidad y valores del ser humano en su obra de pensamiento, intelectual, creativa o literaria. Los candidatos son presentados por las instituciones que defienden estos principios, las Universidades, Ateneos, Fundaciones Culturales o Sociales e instituciones de cualquier parte del mundo. La entrega del Premio en diciembre se hace coincidir con la fecha en la que se conmemora (10 diciembre 1948) la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), cuyo texto fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 217-A (III), en París.

© Málaga

Maurice Utrillo

Maurice Utrillo (1883-1955)
La place Pigalle (1910)
Huile sur bois 68x87'5 cms.
Col. privada. Paris

John Lennon


JOHN LENNON

Imagínate que las cárceles tuvieran que cerrarse por falta de clientela. Imagínate que todas las armas del mundo criaran moho y se inutilizaran solas del poco uso que les dieran sus dueños. Imagínate que hubiera que borrar de los diccionarios las palabras guerra, corrupción, injusticia y violencia por haber caído en desuso y por no recordar nadie qué significaban o si alguna vez se utilizaron. Imagínate que las chimeneas de las industrias se transformaran en cañones de perfumes benefactores para la salud y para el ambiente. Imagínate que los ríos regresaran a sus orígenes para resurgir de nuevo para siempre limpios, de cuyas aguas se pudiera beber directamente sin temor a envenenarse. Imagínate que la Humanidad tuviera como meta alcanzar el mayor grado de felicidad en este mundo merced al arte, a la belleza, al respeto mutuo, a la solidaridad. Imagínate que la política quedara obsoleta porque cada uno asumiera lo que tenía que hacer y lo hiciera. Imagínate que todo el tiempo que se mata a diario se empleara en afanarse por mejorar lo que hay. Imagínate que los sueldos se pagaran según lo duros y útiles que fueran los trabajos: el basurero tendría la mayor nómina. Imagínate que ciertos cargos se dieran a los capaces de desempeñarlos, sin que mediara otra nota que su mérito personal, fruto de su esfuerzo. Imagínate...
Asisto en Paris a un curso sobre música en el que hoy se hablará de John Lennon. Ayer el tiempo fue dedicado a analizar la influencia de Mahler en la obra de Pink Floyd y hoy toca remover la compleja mente de un personaje que ha sido referencia obligada a la generación: Lennon. Queda pendiente Paul McCartney por su continuidad, su feliz entrada en lo sinfónico y su gigantesca obra. La tarde la he gastado en una siesta reparadora en la que he soñado todos los Imagínates citados. Luego he cruzado el patio del Louvre cerca de la pirámide transparente, he pasado a la otra orilla del Sena y me he integrado en un auditorio dispuesto a compartir lo que se diga sobre Lennon. Pasada la presentación el orador ha dicho lo que tenía que decir y de cierre le ha salido una retahíla de Imagínates, que anoto y sumo a los de antes: Imagínate que limpias los anaqueles de tu memoria de imaginerías. Imagínate que pisas suelo y te dejas de sueños siesteros, a más largos más inútiles, y miras a ver si queda algo en la nevera. Imagínate que la imaginación no existe y que para cualquier cosa que pudieras imaginar lo que existen son papeleras de desecho. Imagínate...
Tras este laberinto imaginario he vuelto sobre mis pasos, he cruzado el patio del Louvre en sentido inverso, lugar donde la imaginación habita, y me he parado a imaginar con quién me gustaría compartir la cena.

© Manuel Garrido Palacios


Revista de Folklore y Parpalacio

Revista de Folklore nº 388
Director: Joaquin Diaz
Urueña

Sumario:


Editorial

Joaquín Díaz


La duración del día en el refranero leonés

Francisco J. Rúa Aller y Mª Jesús García Armesto

Estructuras sociales en la baja edad media española según el anónimo "Dança General de la Muerte"
Helena Alonso García de Rivera

Unas reflexiones acerca de la música popular en el pensamiento del padre Eximeno
Miguel Á.. Picó Pascual

Toponimia menor de Malpartida de Plasencia: Las Dehesas
Carlos J. Rodríguez Oliva






Maillol

Aristide Maillol (1861-1944)
Portrait de Dina (1940)
Huile sur toile 55x47 cms.
Fondation Dina Vierny-Musée Maillol
Paris

Robert Doisneau

 










Le Regard oblique
© Robert Doisneau (1912-1994)
Editorial Taschen

Henry James

Pandora
Henry James
Traducción de Lale González-Cotta
Editorial Impedimenta

‘Las novelas de James son novelas puras, llenas de dramatismo y a la vez cargadas de una conmovedora sutileza’. (Colm Tólbin)

‘Henry James fue sin duda el hombre más inteligente de su generación’. (T.S.Eliot)

Charlotte Brontë



Charlotte Brontë
Manuscrito autógrafo en miniatura, escrito en una letra minúscula, compuesto de 20 páginas de pequeño formato.
Musée des Lettres et Manuscrits
Paris

Vanesa Pérez Sauquillo

Invención de gato
Vanesa Pérez Sauquillo
Ed. Calambur

Lees un libro de poesía y al cerrarlo te quedas con un verso, un poema, el libro entero flotando como un eco. “Dentro todo es leyenda / sombra de sombras”. Invención de gato, de Vanesa Pérez-Sauquillo trae pegada esta virtud. Aparte de Estrellas por la alfombra, Vocación de rabia, Bajo la lluvia equivocada, su presencia en antologías y la traducción, entre otros, de Dylan Thomas: Muertes y entradas, mano a mano con Niall Binns, Pérez-Sauquillo publica este poemario, que el editor describe como “la recreación de lo desaparecido a partir de las huellas que dejaron los habitantes de una casa derruida: el color de las paredes de la medianera, los cercos o las voces que renacen en el solar velado por un gato. En un inmenso solar se convierte una ciudad portuaria donde una vez hubo cafés cantantes, marineros rusos, niños asustados, amantes, bebés y mujeres que duermen siempre solas mientras la noche avanza”. Si la ciudad puede ser cualquiera, la autora la fija en Cartagena: “donde las casas se convierten en sueños antes de desaparecer”. Sus palabras pintan un vacío sentimental pleno de latidos: “Un gato está velando nuestra época. / Vela en la oscuridad, en la quietud / aunque a lo lejos alguien cante o llore. // Cada cuarto un color. / La medianera vista desde el solar -arena y sueño, / una ardilla enterrada- / se va habitando de fantasmas. / Breves chispazos / iluminan la pared que fue roja. / Para quitarse el miedo / un niño antiguo juega a encender luces / y qué importan, luciérnagas perdidas / en lo alto, una noche de luz desobediente / y buscada, fuego fatuo, / compañía indomable / como aquella pareja del cuarto amarillo // Se me cruzan los cuerpos en la cara, algo / se va desvaneciendo adentro. Desvaneciéndose, / la habitación azul tiene un silencio extraño. / Allí no llega el ruido y todo es de cristal”. El reencuentro con el mundo que se fue crea esquinas de sorpresas, que antes fueron escenarios de vida simple, apenas perceptibles mientras se debatía en ellos la eterna partida de ajedrez entre la vida y la muerte: “en el cuarto marrón / hubo una vez un comedor sombrío. / Ella iba siempre en bata. / Tenía la carne tibia // Él, / extranjero como los relojes, / la esperaba sentado / limpiándose las gafas; esperaba / la sopa / que cuando aparecía lo iluminaba todo”, rango de categoría que permanece gracias a los versos. Luz en la memoria es también el cuarto donde “los amantes encienden las palabras. / Qué importa lo que duren, si prenden rápido”. En este paisaje hecho mágico resuenan los pasos sin regreso posible y los ecos de las palabras talladas a golpe de sentimiento, cuya “transparencia está en las sábanas, / donde las quemaduras de tabaco / hacen de celosía / y una constelación sin pretensiones / destella carne. // ¿Quién tiene sueño ahora?”  A la íntima visión de aquello: “mítica sirena del recuerdo”, nada le resta el espectáculo inserto como un color inesperado: “Una bella mujer en una mesa baila para tres hombres. / El Zarcero no la quiere mirar, sigue cantando. / En él algo se ensancha. Es algo / más brillante que su pelo / más negro que su pelo, más largo / que sus piernas. El deseo, / como un líquido denso / e inflamable va llenando su vaso, la botella”. Como un testigo intemporal, que pasa a ser manojo de sensaciones sin saberlo, “un gato está velando nuestra época. / Vela en la oscuridad, en el silencio / aunque a lo lejos alguien cante o llore // su cabeza se mueve imperceptiblemente, // con los ojos borrachos de tan fijos, // La radio suena y vela, / vela este gato / absorto y afilado / por lo que no velamos los demás”. Los demás componen un coro sintetizado en la voz solista de la autora; un murmullo que deja en nuestro oído el eco de una canción inacabada: “siempre nos quedará la geometría. / Donde hubo un anaquel hay una recta, / donde un espejo un círculo, un rectángulo / en sombra es el nicho de un cuadro / y a veces una cama. Es como el hambre, / el dolor o el sueño, algo que reaparece / cuando todo se ha ido”. Todo esto ocurre en “Invención de gato”, de Vanesa Pérez-Sauquillo, que no quiere dejar pasar página sin asombro “hasta que los fantasmas vuelvan a ser manchas / y el gato cierre un ojo / y haga frío”.

© Manuel Garrido Palacios

La isla que prefieren los pájaros
Vanesa Pérez-Sauquillo
Calambur Poesía 

Vanesa Pérez Sauquillo ha publicado poemarios como Climax Road (Premio Ojo Crítico RNE y accésit del Adonais), Ba¡o la lluvia equivocada (Premio Arte Joven Comunidad de Madrid, Hiperión), Invención de rabia (accésit Premio García Lorca, Universidad de Granada), y Estrellas por la alfombra (Premio Antonio Carvajal, Hiperión), además de Cuentos con beso para las buenas noches (Alfaguara, España y México), ¡Pobre mama!, (Ed. Minedition, Inglaterra, Francia, Alemania y con Bruño en España). Una de sus traducciones al castellano, Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky, fue seleccionada en la Lista de Honor de IBBY 2014. La isla que prefieren los pájaros responde a un stlencio creativo de cinco años, una búsqueda desde el vacío y la alienación, desde la tierra arrasada del sentimiento, hacia el encuentro de la naturaleza y el amor.

Seremos islas algunos días,
pero la isla que prefieren los pájaros.

© Editorial

Alfred Renaudin


LE PARCEMENT DE L'AVENUE JUNOT
(1909)
Alfred Renaudin (1866-1944)
Musée de Montmatre
Jardins Renoir . Paris

Manuel Garrido Palacios · Trilogía



EL ABANDONARIO
Calima Ed.
Mallorca

EL HACEDOR DE LLUVIA 
Calima Ed.
Mallorca





MEMORIA DE LAS TORMENTAS
Calima Ed.
Mallorca

NUIT DE CHIENS
Ed. L'Harmattan
Paris

NOCHE DE PERROS
Calima Ed.
Mallorca. Madrid


L'ABANDONNOIR
Ed. L'Harmattan
Paris

LE FAISEUR DE PLUIE
Ed. L'Harmattan
Paris

Voces del camino

VOCES DEL CAMINO
capítulo de
EL PÁMPANO ROTO
Manuel Garrido Palacios
Calima Editores. Mallorca

'... hasta que el pueblo entero no sepa la Doctrina Cristiana
no se permitirán en las calles danzas ni tamborileros,
so pena de excomunión y tres reales de multa'.
(Fragmento de una amonestación
de la autoridad eclesiástica en Castilla. 1560)


A veces cuando regreso a ciertos sitios me invade el desasosiego. He vivido tanto los pueblos, tanto sus gentes, tanto sus alegrías, tanto sus penas, que al palpar las ausencias, el vaho de la soledad me nubla el camino. Todos los pueblos han sido mi pueblo, y el olor a camino y a jara fresca me ha seguido, y los acentos, y los sones, y los sabores. Los pueblos me dieron lo que sé y temo que yo no haya sabido darles más que la lata. Un día cualquiera que paso por Peñaparda, Salamanca, don Andrés, clérigo de bonete, me canta:

María sé que te llamas, / ya me lo dijo el padrino,
no tendrá el rey en sus salas / este sol tan cristalino.
Allá arriba arribota / hay una fuente de oro
donde lavan las mocitas / los pañuelos de los novios.
Cuántos hay que te dirán, / serrana por ti me muero
y yo que no te digo nada / soy el que más te quiero.
Para qué madrugas tanto / madrugadora del alma,
si sabes que yo te quiero / aunque te estés en la cama.
María siempre María, / María siempre diré,
y a la hora de mi muerte / a María llamaré.
Sale el sol por las mañanas / entre viñas y olivares,
el querer que a ti te tengo / de las entrañas me sale.
Qué bonita está la tierra / después que el agua ha caído,
más bonita está una dama / al lado de su marido.
Qué bonita está la tierra / con el brezo descollando,
más bonita está una niña / de catorce o quince años.
Primero que yo te olvide / ya darán los pinos peras
y las gallinas tomates / y las parras tomateras.
Primero que yo te olvide, / pongo la comparación,
ha de calentar la nieve / y ha de refrescar el sol.

Luego me habla de la industria casera del lino y Engracia se suma para decirme que cogen gallinaza, estiércol de gallina, para sembrarlo: 
-Se mete, se le hace la cama, se riega y después vamos las mujeres a darle agua cada ocho días; se trae, se macha y se saca la linaza. 
El lino era una fuente económica de Peñaparda; había linares y los aprovechaban para las ropas o para lo que hiciera falta:
-Se hacían camisones. Ahora verá tiestos, herramientas viejas. Las sábanas de lino que nos quedan se van dejando a las hijas como dote. 
Pregunto a Marcela qué era lo del picao de la escoba:
-Se traía la planta, se golpeaba en el machón y se echaba en la cuadra del ganado para que estuviera seco y durmiera bien, lo que, unido a su excremento formaba un buen abono para la tierra; ¡vaya patatas que daba! 
Sigue Basilisa: 
-Cuando aún se reúne la gente para un festejo, digamos después de recoger las patatas, se saca el pandero sin sonajas y se baila.
Máxima es la gran tocaora de pandero: 
-Nadie sabe una canción que ella no le haga el son -dicen sus vecinas-. Ahora, esto es como la Misa de Olleros, que durará lo que el cura.
Olleros fue un lugarejo de Salamanca, que se despobló, y en la iglesia, que duró más, acudían pastores a Misa, en tanto que hubo quien la dijese –dice Gonzalo Correas en su Vocabulario-. María le da un pandero cuadrado sin sonajas, como el que se usa en Encinasola, Huelva, en la danza de mujeres a la que da nombre el instrumento, y Petronila la acompaña chocando la badila contra una llave. Entre los vaqueiros asturianos también hay danzas en las que se usa de percusión la payetsa, que es el choque de una sartén con una llave. Es -o fue- baile de bodas. Son atributos que los futuros suegros regalaban al matrimonio nuevo. He aquí la canción salmantina que llaman Corrido: 

Dicen que por las venas / corre la sangre.
quítate, niña, / de esos balcones.
Si tú no te retiras, / ramo de flores,
yo seré la justicia / que te aprisione
con la cadena de mis amores.
Yo antes ignoraba / lo que ahora veo,
las vueltas que da el mundo / y aquí me quedo,
quítate, niña, / de esos balcones.
Míralo por donde viene / el gato por el tejado.
Por mí no doblen campanas / ni me entierren en sagrado...
De tu puerta a la mía / rondé, rondando,
navegué, navegando, / va una cadena,
chiquitita y bonita, / rondé, rondando,
navegué, navegando, / de amores llena.
Y ahora vamos a la cuna / ya no podemos entrar,
y ahora los franceses / piden libertad
y España les dice / podéis tropezar,
la fe, la fe / del cristiano, / ya la podemos buscar.

Ya lejos de Peñaparda me paro a preguntar a un hombre que cuida un barriquero, una terraza chica en el monte para poca siembra, si el castaño se planta por simiente o por esqueje: 
-Tiene que ver antes si le priva, o sea, si le conviene o no la tierra y ponerle al lado un mañizo, un palo tieso para impedir que se tuerza, digamos como un pie de amigo que le de arrope contra el viento ábrego. 
Es de Castañar de Ibor, entre Navalmoral y Guadalupe, y no queda ahí la charla, sino que vira hacia las fiestas de su pueblo:
-Los quintos ataban un gallo por las patas, lo colgaban y pasaban a caballo a ver quién le arrancaba la cabeza. Era cruel, oiga, pero tenía un no sé qué que gustaba.
Le digo que conozco la misma costumbre en pueblos vascos, donde lo hacen con un ánsar, y en Sepulcro Hilario, más allá de Peñaparda, aunque ya en desuso. En esto andamos cuando llega un pastor de cabras llamado Antonio Pérez, a compartir sombra. bocadillo, vino de bota y conversación. Le entro al recién venido con que las cabras son dañinas porque desgracian plantones al comerle las guías. No se inmuta. Le importa más saber qué hace por aquí un tipo que parece no ir a ningún sitio. 
-Tomo apuntes – le digo. 
-¿Para qué? -insiste.
-No sé. Aún no lo sé. Quizás para un libro.
En su pueblo natal, Alba de Tormes, hacen cacharros de barro brillante:
-Le dicen vidriados -me señala la libreta para que lo anote-; vaya y pregunte por Rogelio Moro, que le cantará además el romance Antonio, Divino Antonio; el que también sabe de estos líos es Valerio, el tamborilero de Casas del Conde, ¿lo conoce?. 
Lo animo a que suelte un cantar de los que se enredan en la memoria. Sonríe. El labrador asegura que el pastor sabe coplas del Castañar, y a poco ya canta el hombre las del enrame:

El día de San Juan veremos / las que son guapas,
si les ponen los mozos / ramos de albahaca,
las que son lindas, / si les ponen los mozos
ramos de guindas, / las que son feas,
si les ponen los mozos / ramas de acea.
Me pusiste el ramo, / Dios te lo pague,
rompiste siete tejas, / lo que el ramo vale.

Le digo que por El Andévalo, en Huelva, se hace lo mismo en la amanecida de San Juan, un lenguaje floral entre mozos a mozas, queriendo significar cada planta dejada en la ventana o el balcón una intención amorosa. El labrador le pide al pastor que diga el romancillo que nombra a los pueblos de su comarca, y al escucharlo, más que romance, me parece un fresco del paisaje pintado con palabras:

Los pueblos que yo conozco / entre el valle y la montaña,
ya te los voy a decir / en muy poquitas palabras.
Allá arribita en lo alto / anda la Virgen de Francia,
aquí abajo, Casarito / y después, la Casa Baja;
en Sequeros, botoneros, / en Mogarraz, fanfarria,
en Cepeda, los matones, / que hasta a las mujeres matan;
en Pineda matan chivos, / en El Molinillo, cabras,
en El Llano, las gallinas, / y para galgos, Miranda;
en el Soto, los nisqueros, / en Herguijuela, legaña,
en el Madroñal, papudos / y en La Alberca, la castaña;
En San Martín hay vaqueros, / lagarejos en Las Casas,
en Villanueva, colambres, / en Monforte, vinateros
y en Garcigüey las pasas.

El labrador añade:
-En Tamames hay buenos alfares, y en Cespedosa de Tormes se cantan y bailan por hombres vestidos de blanco la Pimienta, el Laurel, la Nochebuena, las Palomas, las Fiestas, el Milanillo y los Frailes. No sé ahora, pero en Ciudad Rodrigo había orives de renombre; la gente habla de las capeas pero todo tiene su importancia. Mire Herguijuela, con tres tamborileros: Eduardo, Tomás y Fanega. En Mogarraz convierten en plaza de toros la del pueblo. 
-Antes lo era sin tener que aviarla -media el pastor, que había perdido la vez y la recupera-. Allí vea usted a la señora Matea con sus bordados. Titón es el tamborilero. Dulzaineros tiene a Nicomedes en Villamayor y a Antonio en Villanueva.
Los tres damos cuenta del vino, del pan, del chorizo, del queso. El pastor se levanta a tirar piedras a unas cabras metidas en mal sitio. Grita: “¡Moooocha! ¡Hcá! ¡Hcá! ¡Ría, ría!”. Le insisto: 
-Son jodidas, ¿eh?; lo destrozan todo, comen hasta los papeles. 
Me pregunta como si yo no hubiera hablado: 
-¿Le sirve lo que le hemos dicho?. Apúntelo que se le va a olvidar.
El labrador se pone a apelmazar la tierra del barriquero. El pastor se va con las cabras. Yo sigo camino con más chicha en mi morral de vivencias. Por un instante nos veo figuras machadianas, gentes que...

Cuando caminan, cabalgan / a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa / ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino; / donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven, / laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos, / descansan bajo la tierra.

Años después regreso a Peñaparda. Paso antes por el barriquero que cuidaba el labrador, y por el monte donde pastaban las cabras, en un vano intento de recuperar las ausencias, el olor a leña de roble, a jara fresca; y los acentos, y los sones, y los sabores. Pero sólo quedan los ecos. Nada más que los ecos. 

© Manuel Garrido Palacios

Castro Crespo




Castro Crespo
MISCELÁNEA
(Notas de la exposición)



Sorprende la obra de Castro Crespo por su sinceridad. Un visitante advierte que uno de los cuadros está colocado al revés; otro le responde: ‘Igual ha sido una valentía del pintor al ponerlo de esa manera’; un tercero media: ‘Será que le viene bien para encajarlo en el hueco’. Y un cuarto, convencido de la intención del artista, cierra: ‘Es que lo ha pintado así y lo tiene que poner así’. Lo cierto es que si la sinceridad es una virtud que no deja sitio a la indiferencia, la obra de Castro Crespo atrae porque, entre otros valores, la posee.
Una exposición de arte suele ser una fuente de sensaciones que recibe quien la ve, y que, si tiene interlocutor a mano, expresa. De algún modo, cada cuadro salido del pintor saca del que lo mira algo que llevaba dentro y es cuando la comunicación se establece y la obra completa su ciclo. 
Lo mismo que surgen preguntas de viva voz ante este o aquel cuadro, los que se expresan en silencio con la escritura también lo han hecho. Juan A. González Márquez establece el marco creativo: ‘Una luz primaveral y vespertina bien tamizada inunda el estudio del pintor. [...] El estudio está en silencio. El visitante se siente en esos momentos como uno de los gatos que el gran Balthus arroja en muchos de sus cuadros: electrizado […] se prenda de los rostros, torsos, figuras, caras, espaldas y semblantes humanos que pueblan la estancia. Esa luz parece incluso transmitir un lejano murmullo que, por un momento, se convierte en soledad sonora, pues crees que son esos humanos los que se dirigen a ti. Desde ese instante, la puerta del diálogo está abierta, los ojos del espectador están dispuestos para interpelar a los que nos reclaman desde el otro lado del lienzo, de la tabla o del papel o del cuaderno de apuntes del pintor que, abierto sobre la mesa, reclama también nuestra atención […] las historias que concita permiten al espectador ir elaborando una cartografía de lo humano, una ontología del existente humano que es, al mismo tiempo, un diagnóstico de la época que nos ha tocado vivir y también del hombre que somos’.
Juan Villa escribe que ‘Los paisajes de Castro Crespo se nutren de la vida, se empeñan en contarnos historias de las casas, de las calles, de las peñas, de los campos, de las playas, del mar... en una personalísima arquitectura donde todo cabe, de todo se sirve el artista para transmitirnos su mirada: expresivas manchas de color, certeras líneas que recomponen y subrayan su intención, objetos de toda laya, disímiles, atrabiliarios, que por su mano, libre, inventan su propia armonía. El "collage", algo así como "pegote" en castellano, lo presenta Max Ernst en 1919, en Colonia, en una exposición Dadá, padres medio putativos de los surrealistas, y de la interpretación de la mancha como génesis de la pintura ya habló Leonardo. Son estos dos elementos de los que se vale Castro Crespo no para imitar la naturaleza sino para mostrarnos sus misterios a través de su mirada, que es interior, para desvelarnos lo que en ella permanece oculto y sólo es visible al ojo de la imaginación del artista, el que crea imágenes: sus cuadros’.
Eliacer Cansino cree que a la ‘creatividad, sorpresa, eficacia, versatilidad, seguridad y un profundo cuidado por la factura de la obra’ de Castro Crespo, hay que añadir que ‘tiene algo de vertiginoso […] una gestualidad rápida (como si quisiera atrapar la fugacidad del mundo)’ […] Sus bodegones ‘están como yéndose, detenidos apenas un instante, sorprendidos ─mas que contemplados─ por el flash de su mirada. Y eso, porque sospecho que para él la contemplación, la quietud, es un ejercicio dificilísimo. De ahí que le guste más llegar a los objetos que esperar a que estos lleguen a él’. Para Francisco J. Martínez López, una de las facetas de Castro Crespo que más le ‘fascinan es la de combinar creación y ciencia. [...] Un día me dijo: ‘Francis, estoy haciendo mi tesis doctoral, que consiste en un gran número de láminas que cuentan los últimos 3.000 años de historia de nuestra ciudad. ¿Cómo la tengo que presentar al tribunal?’ Le pregunté: ‘¿Pero no tienes textos, citas al pie y demás ropajes de la ciencia?’. Me dijo: ‘No; mi tesis son las láminas’. Juan B. Cáceres ve a Castro Crespo como ‘un creador humilde como todos aquellos que hacen del talento el principal valor de su obra’. Rafael Delgado cree que Castro Crespo ‘muestra su genial faena. Desde que pintara La Cuadrilla, (cuadro de una emotiva historia) hace cuarenta años, vuelve en un trajín inacabable a las cinco en punto de la tarde, y nos recrea a Los Tres Niño, a Pero Alonso, a Juan y a Francisco; a los Hernández Pinzón, a la Plaza de Armas de un coso taurino donde el aIbero está a la altura de la atalaya del castillo’. Carmen Ciria ve que dos grandes ventanales ‘filtran la luz del patio Nicolasa, llamado así en recuerdo de la tía de Charo, su mujer, su compañera. Son dos grandes ventanas que delimitan dos territorios: exterior (el mundo), e interior, el espacio de la pintura y de la escultura, allí donde conviven cachivaches de todo tipo (animales disecados, obras por terminar, recuerdos de viajes, cuadros de cara a la pared, esculturas, libros apilados en desorden, tubos de pintura, caballetes) en una libertad asociativa, en una acumulación fructífera que acompaña y protege la autoexpresión del artista, su rigor constructivo, su coherencia personal, porque ser artista es una decisión vital’. Uberto Stabile valora el cuadro ‘Robert Capa, mi abuelo y yo’ como ‘resumen de la mirada comprometida de Castro Crespo, una interpretación crítica de la historia y de los intereses que ponen en juego la calidad de vida de nuestro entorno, un grito en ocasiones, un hartazgo en otras, que sin abandonar el goce de la experiencia estética, permite trazar el hilo conductor de un pensamiento crítico y alentador, esa reconciliación necesaria entre nuestra sociedad para entender, su propia historia y el valor del medio natural en el fue concebida’. Y para Abelardo Rodríguez es ‘hueso de la luz, pulpa de lo real, semilla de la mirada esencial desnuda, color en su forma, geometría, puzzle de su espíritu, mar y cabezo en calabaza, amarillo Trigo verde, pupila de uva Huelva destilada compuesta nuclear, irradiante, expansiva desde el emisor de luz Castro-Crespo. Luz en alma’.
Todo eso sugiere la exposición de Castro Crespo. Y más.

© Manuel Garrido Palacios

Boris Sávinkov




BORÍS SÁVINKOV
El caballo negro
Trad. del ruso: Marta Rebón
Intr.: Marta Rebón & Ferran Mateo
Editorial Impedimenta

Héctor Garrido

Héctor Garrido
elegido
FOTÓGRAFO DEL MES
por la Revista Cronopio

Cancionero de obras alegres





Cancionero moderno
de
OBRAS ALEGRES
Londres 1875





‘Es delicioso escribir las primeras palabras de un cuento -dice Miss Potter- porque nunca sabes cómo vas a seguir y menos cómo conseguirás terminar’. A lo que habría que añadir: las primeras palabras de un cuento, de una novela, de un poema, de un artículo en el escritor, o los trazos de tanteo de un pintor en el lienzo virgen, o las notas de inicio de un músico en el piano recién abierto, o los golpes previos de un escultor en un bloque de granito entreviendo la obra dentro. Lo admirable es que al final se consiga plasmar una idea sobre el papel, el lienzo, la partitura o la piedra con el pulso que le impone el misterioso ritual creativo. Hay algo de esto, aunque no comparable, cuando se reciben libros. Sólo al empezar a pasar sus páginas sabremos si nos van a crear el afán de compartirlos hasta el colofón o dejarlos para otro día. 



Hoy me traen una joya libresca: ‘Cancionero moderno de obras alegres’, publicado en Londres en 1875 y en España en facsímil por Altafulla. Su contenido se anuncia con unos Diálogos entre el Duque de Rivas y Alcalá Galiano. Dice el Duque: 



¿Habré yo anoche pecado,
que apagada ya la luz
y después de hecha la cruz,
en esta cama acostado,
llevé medio adormilado
la mano hacia las pudicias,
y empecé a hacerles caricias,
y cosquillas sin cesar,
viniendo el juego a parar
en llenarme de inmundicias?

Francisco de Quevedo firma en las páginas siguientes estos dos sonetos: 



1)
Estaba una señora por Enero
metida hasta los muslos en el rio,
lavando paños, con tal aire y brío,
que mil necios traía al retortero.
Un cierto Conde, alegre y placentero,
le preguntó con gracia: ¿Tenéis frio?
Respondió la señora: Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero.
El Conde, que era astuto, y supo dónde,
le dijo, haciendo rueda como pavo,
que le encendiese un cirio que traía.
Y dijo entonces la señora al Conde,
alzándose las faldas hasta el rabo:
Pues sople este tizón vueseñoría.

2)
¿Rogarla? ¿desdeñarla? ¿amarla? ¿huirme?
¿Seguirla? ¿defenderse? ¿asirla? ¿airarse?
¿Querer y no querer? ¿dejar tocarse?
¿Y a persuasiones mil mostrarse firme?
¿Tenerla bien? ¿probar a desasirme?
¿Luchar entre sus brazos y enojarse?
¿Besarla a su pesar y ella agraviarse?
¿Probar, y no poder, a despedirme?
¿Decirme agravios? ¿reprenderme el gusto?
¿Y en fin a baterías de mi prisa
dejar el ceño? ¿no mostrar disgusto?
¿Consentir que le aparte la camisa?
¿Hallarlo limpio y encajarlo justo?
Esto es amor y lo demás es risa.

Veamos el tercer poeta: Manuel Bretón de los Herreros, que dice así en un poema: 


Es el búcaro travieso
tan discretamente sabio,
que el suyo acercó a tu labio
para hacer más largo el beso.
Y tú no tomes a exceso
que el incauto se vaciara
al tocar tan linda cara,
con tan dulce tocamiento,
(perdona mi atrevimiento)
yo también me derramara. 

Leamos cómo se expresa Luis de Góngora: 


Soy toquera y vendo tocas.
Es mí cofre de una pieza,
pero caben muchas dentro,
y no le veréis el centro
aunque metáis la cabeza;
y negocio con presteza,
y despacho bien mis tocas,
y tengo mi cofre donde las otras.

La nómina de autores es abundante; además de los citados aportan sus versos Santos Álvarez, Bernat Baldoví, Camargo de Zárate, Cornejo, José de Espronceda, Gallardo, Gallego, García Gutiérrez, Sebastián de Horozco, Iglesias, Ortiz Melgarejo, Porra de la Cámara, Salinas, Vargas Ponce, Ventura de la Vega, el Conde de Villamediana y un largo etcétera, que aparece en el capítulo Autores varios, como Miguel de Santa Ana: 

En el calor de su amoroso trato
una gata gozaba sobre un gato
y sé de buena tinta
que al mes cabal, el gato estaba en cinta.
Esto, amados, nos enseña
que el que cae debajo es quien se empreña.

También podemos entonar de cantares anónimos como éste: 


Échame, mono mío
la olla al revés,
la tajada primero
y el caldo después. 

Vale lo que dice Miss Potter: ‘Es delicioso escribir las primeras palabras de un cuento’, o de una novela, un poema o un artículo porque nunca sabes cómo vas a seguir ni siquiera si lo terminarás. Es como plantarse ante un lienzo en blanco, un piano abierto, una piedra informe o recibir un libro inesperado. Lo misterioso está en que al final cuaje algo, merced al pulso creativo, donde antes no había nada.

© Manuel Garrido Palacios