Revista de Folklore / nº 361


Revista de Folklore nº 361
Portada: La Ilustración Española y Americana.
Maravillas de la ciencia: una “prima donna” cantando en el receptor del fonógrafo de Édison
Director: Joaquín Díaz
Edición digital: Luis Vincent
Fundación Joaquín Díaz 
Patrocinado por la Obra Social y Cultural de Caja España / Caja Duero


EDITORIAL

Uno de los aspectos que mayor interés suscitan en la sociedad actual, denominada generosamente “de la comunicación”, es el de la precisión del lenguaje. Muchas veces ni sabemos lo que significan nuestros nombres ni por qué se denomina de una u otra forma a los terrenos en los que vivimos. La palabra “paisaje” viene de “pagus”, término con el que los romanos designaban el terreno rústico en el que vivían o tenían alguna propiedad, de modo que se acabó llamando paganos a quienes vivían en zonas rurales y a quienes, precisamente por su menor proclividad a las novedades y cambios propios de los núcleos habitados, aceptaban con notables reticencias que la nueva religión cristiana viniese a sustituir su complejo mundo de divinidades adscritas a la naturaleza por la creencia en un solo Dios. Con el tiempo la palabra pago vino a designar a cada una de las tierras que componían el término de un pueblo y a las que se nombraba de forma peculiar para poder distinguirlas de sus vecinas, que probablemente mostraban otras características. Esa época en que cada fragmento del paisaje tenía nombre y además un nombre que significaba algo, pasó a la historia. El paisaje es hoy un panorama abarcable, más o menos hermoso, más o menos degradado, que se muestra como el resultado de multitud de aciertos y contradicciones históricas y sociales cuya principal consecuencia ha sido una modificación paulatina de su esencia. En la modificación del paisaje ha intervenido desde siempre la mano del hombre pero también innumerables y sucesivas tecnologías agropecuarias que han llegado a crear un medio ─que hasta ahora se denominaba rústico o rural para diferenciarlo del generado en espacios donde se concentraba la población─, cuyos patrones han cambiado con tanta celeridad en los últimos tiempos que ya no se pueden denominar con el término habitual sin provocar equívocos. Desde el momento en que el paisaje es el resultado de una serie de elementos relacionados entre sí y abarcables para la vista humana, cualquier intervención del individuo sobre aquél debería estar marcada por el respeto al estilo resultante de la evolución histórica, a las características medioambientales o ecológicas y al sociosistema. Observando el entramado de este último convendría advertir además que el paisaje no es sólo la representación de una realidad más o menos compleja, sino el conglomerado de sensaciones ─sentimientos estéticos y emocionales─ que produce su visión en el ser humano, para quien el paisaje viene a ser un libro sobre el que puede leer el pasado y el presente de aquella misma sociedad en la que ha nacido y vive. Las intervenciones que se realicen sobre el paisaje deberán responder en consecuencia a dos principios básicos, que son el conocimiento histórico de la evolución y alteración sufridas por ese mismo paisaje y la seguridad de que dichas intervenciones se realizarán en beneficio de un desarrollo sostenible e inteligente del territorio, ajustándose no sólo a técnicas sino a la valoración y al respeto ambiental. Sólo así podrá decirse que la relación entre cultura y paisaje tiene verdadero sentido y se ajusta a la lógica. Sin embargo, la mayoría de las normativas que han servido para crear jurisprudencia en torno al territorio y a su uso por el ser humano han ido deslizándose peligrosamente desde la defensa del patrimonio común hacia la atención a intereses particulares, primando la realidad productiva sobre el disfrute colectivo del paisaje y potenciando políticas socioeconómicas de corto alcance por encima de visiones de conjunto con más amplio futuro. El resultado de esas políticas es la creación de situaciones ficticias en las que ni siquiera importan el desarrollo agropecuario o la economía local, sino los vaivenes de intereses mercantiles o macroeconómicos cuyos orígenes o cuyas consecuencias están muy lejos del ámbito en que se aplican.

© Joaquín Díaz 


SUMARIO


Editorial


Toponomástica molinológica de la provincia de Burgos
Mario Sanz Elorza


Noticia de algunos exvotos desaparecidos de la ermita de la Virgen de la Granja de Yunquera de Henares (Guadalajara) 
José Ramón López De Los Mozos


Las Rogativas
Modesto Martín Cebrián

Francisca Gata Amate / 2 libros




FUERA DEL TIEMPO


“Aquí se urdió la historia” dentro del tiempo. Amalia Miguez convocó a quien quiso ir a Rociana para hacer la entrega del Premio Internacional de Poesía Odón Betanzos Palacios, y ella vino de Nueva York a presidir el acto en la Fundación que honra el nombre del esposo, poeta, compañero, hombre bueno, “en esta encrucijada de silencio / sintiendo la soledad / como si me hubiera devorado el horizonte; / la sangre manando para mí / y para las exangües fuerzas / de quien ha amado”.
De la obra que alcanzó el premio: “Fuera del tiempo”, su autora, Francisca Gata Amate, leyó algunos versos: “También fuera del tiempo me perteneces. / Es otro sueño que desea recobrarte junto al jardín, junto a las rosas. / Aunque nuestro cielo te halla derribado. / También fuera del tiempo negado en una lágrima, / alma que vagas y me ofreces la muerte que te lleva / más allá…”.
En “Fuera del tiempo” los versos están dichos a tiempo, a su tiempo, en su tiempo; no importa si se escribieron siglos atrás o si pudieran escribirse mañana: todos tocan la herida profunda del alma y dejan que el verso se eleve sobre sí mismo, se desprenda de autoría y se intemporalice, cualidad que hace que lo escrito por una mano determinada hoy, sea asumido por quien lo lea siempre: “Siento la calma / antes de estar perdida ya para siempre / o ser sólo una huella en el barro. / Sentir que todo me limita / como pequeña tierra bautizada en tu nombre. / Y qué más da si amaso esta virtud / o amaso el vicio y sueño y siento / y late mi corazón más todavía / y mi pupila se empeña en la ceguera. / Repleta estaba mi luz, / también mi negra noche / porque de tanto contarlas / las estrellas dormían en tus ojos”.
Uno se pregunta desde su silla de espectador pasivo, ¿cómo surge un poeta, es decir, se incorpora a la nómina humana una persona que entresaca de la nada visible un trozo de belleza para expresarse y, dado el caso, compartirlo con los demás?, como “reguero de amapolas, / como rastro sangriento para sentirme / más de carne y más de vida. / Qué misterio palpita en el camino, / cómo habla esta lengua tan osada, / qué deseo irrefrenable de continuar / con el alma más espesa y generosa. / Y este aroma de la tarde y el suspiro de sus árboles ante la eternidad. / Mirado así, aprendiendo la ternura de una soledad de pasos lentos”.
Cada día tiene su pregunta sin respuesta. La que flota hoy en el río que nos lleva puede valer para todo lo bello que nos mueve: ¿en qué limbo dormitaban los ecos hasta que los genios compositores los arrancaron de un tiempo fuera del tiempo para este tiempo nuestro? Y una vez más indagas en el impulso artístico y penetras en el túnel en cuyo origen habita el gran misterio, ese instante eterno de partida de toda creación al que no es posible regresar.
Dice Amate que “es tarde y todo duerme. / Es otra claridad la de esta noche / otro día llegado del revés / e igual de intenso. / Todo duerme, / pero este silencio es tan luminoso, / tan sabio en el enigma descifrado. / En esta llamarada se contempla la vida, / sus rincones, su mordedura mal curada. / Su memoria. Extraña luz, / reflejo en la paz de cuerpos inocentes. / Inusual, querida, / festejada luminosidad, / apetitosa danza. / No ha nacido la noche / sino otro amanecer de rojo eterno. / La vida se ha llevado el miedo / como una orquídea negra que dolía”.
No es fácil abrir un libro nuevo de versos y guardar la intención latente para reabrirlo mañana. Se da poco. En mitad de ese tiempo sin palabras habita el tiempo que nos cerca. Tiempo colectivo de un día hecho de tiempo en el que los versos fluyeron y lo que bullía dentro se hizo un fuera en voz alta o en palabra serena plasmada en el papel; ambas, voz y letra, venidas de un grito interior, de un “estar encerrada en mi cáscara, / protegiendo la clandestinidad de mis ojos, / enmudecida en mi estado de sitio. / Contar las sombras asumiendo mi reflejo / en todos los retrovisores. / Fingir que era audaz mi soledad. / Con el óleo de tu recuerdo goteando, / sin interpretar ese sollozo de tierra. / Agazapada, ajena. / Se deshacía la hermosura de vivir. / Qué lejos todo / y qué miedo no tener silueta para el amanecer”.
El dolor dilata el tiempo. El placer lo acorta. El poeta lo capta. Su llanto es calmo; su plegaria, leve: “se avino a amarme limpiamente y a limpio me supo su silencio”. Es todo.




CREACIÓN



“Todo es mar y sobre su hilado / la mordedura de la vida se retuerce / hasta desecar el tronco. / Todo es mar, hasta la tierra sufre la suntuosa condena. / Un espíritu navegando en matices del azul. / Cielo tan ligero y desnudo, tan puro en el milagro. / Inmaculada razón de la existencia. / El eco de la nada tras el rito / de llegar y partir. / Qué murmullo es ése de perlas y de algas / descendiendo de Dios a las profundidades. / Qué furtivo tumulto sin medida / surge de la escritura divina. / De su silbo solitario. / De su pasar egregio, / de su empeño en la rotura de compuertas. / Han llovido fragancias / sobre sombras con escamas, / se han suicidado las estrellas del viejo lupanar. / Y el húmedo, infinito, sexo / recoge la experiencia de recibir / y dar la voz del agua en feraz cuenco. / Hasta el río, el motín de los alientos, / hasta el magma, / sólo desandar los pasos ya es vivir.”
Francisca Gata Amate nace en Monesterio, Badajoz: “Huevo. Útero. Ambarino esperma”, reside en Albacete: “se anuncia el cántico de amor por lo que se construye”, y vive “en, de, para” la literatura: “ungüento del gen asumido por mi barro”. Ha recibido premios de poesía de fuste: “esculpan los líquenes sombras para un solo ojo”, como el “Paul Beckett” o el “Odón Betanzos”, y de narrativa: “piedras dormidas y cansadas huellas, nutrientes de la solitaria melancolía”, como el “Francisco García Pavón” y el “Felipe Trigo”, entre otros.
“Creación” es un libro de poemas inspirados en la obra del pintor Eduardo Naranjo: aguafuerte, tinta, pigmento, lápiz, barniz blando, punta seca, acuarela, témpera, óleo, ácido puro, lienzo, papel, trapo, grabado, difumino, aguada, tabla lisa, gouache, grafito, madera negra…, palabras cuya fuerza interior sitúa la autora al inicio de cada poema o el pintor como señales de su técnica. Valga la muestra pictórica que acompaña a estas palabras, hecha con trazo tan firme, donde la realidad y la ficción conviven en armonía. Si se entra en el juego propuesto por la obra, se ve la pintura y se lee el poema, o se lee la pintura y se ve el poema, de modo que parece que la autora ha dividido el cuadro de Naranjo en porciones para sacar de cada una su esencia, como quien entra en el marco y pone los grises que no se ven, sólo suenan.
Dicen los versos de Amate sobre “La mirada de Dios” que “La pupila está ahí, alerta, enjoyada / por sueños. Más sueños que en bazar / de orate. Cayendo enardecida / sobre la huera superficie. Derramándose. / Entusiasmada con el caos / maleable. / La pupila es Dios. El verbo, / y el verbo crear. En silencio. / En el futuro. Dios será la muerte / y la culpa asume su melodía extrema y dolorosa. / Pero el iris desnudo limará los contornos / y de la nada al todo, / la poesía de lo eterno, que ya es un júbilo. / Libro de fuego y agua. / Primera linfa que habrá de confundir el deseo / de mar. / Luz atisbando los rincones. / Pliegues del enigma, resuelto por el plumón / de esa noche larga. / Mercenario tan suyo va creando / y, por toda moneda, / el puro desvarío / convencido de que ha de ser así / y así le nace / el junco dador de vida. / Y este Dios solitario / anegando de hierba su mirada.”
El libro expresa doblemente el arte. Se diría que verso y trazo se complementan, pero igual pueden degustarse las pinturas por un lado y los poemas por otro que juntos, como aquí, en una suma de sensaciones. Naranjo plasma en el lienzo y Amate interpreta que “El hombre es nada / en la memoria del fuego. Si acaso idea / sin manos. / Larva latente en los huesos / del mundo. Azogue agazapado / en una esquina. / Hambre de Dios por todas las palabras / o por la voz que niegue / su existencia. Tres veces: no. / Tres veces: imposible. / Fraude de fe. / El hombre nuevo será invicto en el paisaje / de la noche, más noche / porque el día festeje / su llegada, / que mastique su luz / y lo atormente, impar en danza. / Impecable en su piel / desgarrando la piel de su Hacedor. / Rivalidad humana y tan divina. / Incapaz de negarle los favores. / Sin la puerta al vacío / por ahora.”
Un libro es pan amasado en el sentir. Al lector le queda la impronta de que el arte es poliédrico, cuyas caras juegan solas su particular partida para que los demás miremos, participemos, a ver si entre todos desciframos el misterio creativo del ser humano.

© Manuel Garrido Palacios

Jesús Aguilar Marina







EL BRILLO DEL SABLE
Premio de Poesía
'Odón Betanzos'





Para mí ya no es tiempo
de buscar la gloria;
la única corona que puedo alcanzar
es la de los cabellos blancos.

© Muhamad Shamsitd-Din “Hafiz” (1319-1389)

[Página 15]


Porque florece poco la clase de belleza
que tú ensalzas, no ha de honrarte la gloria;
a imagen de hoy ─todos ajenos
a tu música─, así futuros trovadores
olvidarán tu canto. Pero, consuélate,
lo mismo ocurre con las dalias de primavera:
son bellas y graciosas mientras dura
el tiempo alegre y joven, mas se extinguen
cuando el viento frío del otoño las agita,
y, entonces, para siempre, sin alcázares
de sol o plata, desaparecen de la tierra.

© Jesús Aguilar Marina

Héctor Garrido / Doñana en los ojos de un pájaro


DOÑANA A TRAVÉS DE LOS OJOS DE UN PÁJARO
(Fotografías)
Héctor Garrido

Edita Cuadernos de Almonte
(Número extraordinario)

Esperaba ver fotos más de ornitólogo, más científicas (ya sabes: paciencia, macro y tele) y me sales además con esta sensibilidad visual y cariño por la forma. Como sabes, lo difícil es saber ver y tú, afortunadamente, lo has conseguido (o nacido con ello, que nunca se sabe)

© Ramón Masats

Emilio Ruiz Barrachina







ARROYO
Emilio Ruiz Barrachina




“He abierto con mi herida / una herida sobre el agua […] abajo el río es el espejo / y es el tiempo; / las retamas son canciones, / las canciones son viejos retratos, / los retratos son espadas. / El agua te toca y la has creado, / la genialidad te mira y la has convencido; / el amor se arrodilla, te pregunta, / y no tienes más remedio que aceptarlo”.
Emilio Ruiz Barrachina dice de su libro “Arroyo” que es un “poemario robado al tiempo”. Lo edita Sial y es Premio Internacional Rubén Darío. Es, como diría la voz popular: “Arroyo claro, fuente serena” por cuyo cauce transcurren sensaciones traducidas a palabras. Agua siempre igual y siempre distinta. “Agua con peces y barro”, cantó Federico, pero “agua, agua, agua, agua”. La imagen de la dedicatoria de “robado al tiempo” es cierta. El tiempo es el marco en el que nos movemos; dentro está todo para que lo tomemos en la porción de tiempo que nos toque. Lo que ocurra tras el límite temporal de cada uno será eco, no más que eco.
El poeta pasa por las estancias de su tiempo y compone con versos su expresión. En este caso se llama Emilio Ruiz y su obra nueva trae por nombre “Arroyo”. ¿Qué quiere el bardo que lleve ese arroyo en su camino? Él escribe: “El arroyo es el crepitar / de Federico rompiendo bastones, / quebrando falos. / Y es la voz de un abanico verde y malva. / Es la voz del abanico de Adela frente a Bernarda. / Es el abanico de los negros. / Es el canto de las sirenas. / ¡Bendiga, señor cura, otra vez la falocracia! / Y es el esperma de los nuevos mares, / el padre de los desastres, / el turbio deseo del barro / por ser el añil del horizonte, / voz salada. Alba. / Pero antes de rugir en una playa / será hierba, trigo, vino, aceite, / los surcos en los ojos de Paquita, / las rosas blancas del pelo de Félix, / el paladar amargo que dejan las deudas, / la nostalgia de las ferias, / las uñas limadas de Federico. / El arroyo es el azogue / de la camisa de Luis Rosales. / Yo soy el arroyo. / Y como todo arroyo me siento una gestión / hacia una página en blanco. / Alba”.
Clara metáfora la de los “versos robados al tiempo”, a lo efímero; sucede que, en vez de dejarlo ir por los túneles que llevan a ese camino infinito y aburrido llamado Eternidad, el poeta lo retiene para decirse lo que siente, para transmitirnos el desasosiego, para contarnos apenas el dolor: “La tarde se muere de rojos. / Tienes ya la noche en las pupilas / como ese rumor en el bosque / que sabe la hora de la muerte. / La hora de todas las muertes. / Junto a la fuente fría, dijiste. / Y de allí estás viniendo en cada verso, / en cada infamia, / en cada lágrima, / en cada rayo de luz que atraviesa tu espalda. / De rojos. / La tarde. / Luis sigue sufriendo. Aún después de... / La calumnia, dice Félix. / El perro andaluz. / Estás aprendiendo a caminar sobre las aguas, / temeroso, acongojado como entonces, / con la chaqueta doblada en el brazo / y esa vocación irrefrenable de gemir. / Se muere. / El traje de lino blanco / está teñido de sangre. / Desde la muerte te has quedado solo, / casi solo, / con tus negros y tus monos, con Whitman, / con Dióscoro, con los banderilleros, / con nosotros”.
Dice Manuel Rico en el Prólogo que Arroyo “es un libro alejado de todo ensimismamiento, y a la vez, un libro cargado de intimidad, de reflexión, de emociones, de apelaciones a la memoria. Para su autor tiene algo de circunloquio, de conversación en voz alta con seres cercanos con los que ha compartido la experiencia de dirigir un documental clarificador y necesario: Lorca, el mar deja de moverse. Conversación con dos muertos inmortales, Federico García Lorca y Luis Rosales; conversación con dos amigos vivos, casi hermanos, como Paca Aguirre y Félix Grande; con la historia de cada uno de ellos, hecha de experiencias compartidas, con la Historia que rinde cuentas de tragedias, injusticias, sevicias y mentiras cuando clarifica y revela, cuando se hace verdad y denuncia”.
Cuando el poeta se va no deja con su robo vacíos los anaqueles del tiempo, sino enriquecidos con sus versos para que los que vengan inicien el ciclo propio como si fuera un descubrimiento, porque el tiempo tiene vocación de agua de arroyo: siempre la misma, siempre distinta; vocación de, como dice Gerardo Diego al río Duero, “cantar siempre el mismo verso / pero con distinta agua”.

© Manuel Garrido Palacios

Luis Vicente Elías Pastor





EL PAISAJE DEL VIÑEDO
Una mirada desde la Antropología
Luis Vicente Elías Pastor
Editorial Eumedia. Madrid



Este libro es un trabajo realizado dentro del marco del Proyecto Cultural de las Bodegas R. López de Heredia de Haro (La Rioja). El estudio hace un repaso al paisaje del viñedo desde una perspectiva antropológica, por lo que ninguna visión le es ajena. Se analiza el territorio, las condiciones medioambientales, las formaciones de las cepas, tanto horizontales como verticales, así como los elementos complementarios como cercados, accesos, terrazas, bancales, chozos, cobijos y otras construcciones tradicionales; todo desde un planteamiento basado en la máxima de que “el trabajo de la viña ha ido modelando el paisaje a lo largo de los siglos”. El autor estudia las legislaciones que a través de la historia han modificado el paisaje y hace especial mención a los paisajes del viñedo Patrimonio de la Humanidad, y a otros que gozan de algún tipo de reconocimiento. Además de analizar las propuestas de nuevos paisajes que pretenden conseguir ese tipo de galardones. El trabajo no se concreta en ejemplos exclusivamente españoles o europeos, sino que analiza con profundidad las muestras de paisajes de viñedo en América Latina a través de los cultivos aportados por los emigrantes en aquel continente. Un texto final dedicado a los impactos y modificaciones que está sufriendo este tipo de cultivos, muestra la actualidad del paisaje. Y concluye aportando una propuesta para la realización de una cartografía de los Paisajes Singulares de Viñedos más interesantes de España. La visión antropológica del autor hace que no se olviden manifestaciones simbólicas e inmateriales que tienen su desarrollo o su soporte y reflejo entre las cepas.

© Editorial.

José Manuel Camacho






Invitación al lago
José Manuel Camacho
(Isla de Siltolá. Sevilla)




Invitación al lago es poesía esencial, poesía consciente, poesía hecha con entrañas y no con veleidades, poesía arriesgada en su desnudez del desconcierto, poesía de complejidad mínima ante la inmensidad de nuestra propia ignorancia, poesía joven de una honda madurez […] Invitación al lago conjuga perfectamente forma y fondo en una sólida incertidumbre no sólo sobre la creación en sí, sino también a propósito de la fragilidad de la existencia, especialmente cuando el ser humano duda y se enfrenta a las paradojas de la percepción. La imagen del lago, ─frente a la imagen del mar (que no refleja), o a la del río (que transcurre)─, con sus aguas tranquilas y delimitadas, nos atrae: por un lado porque refleja un pedazo de cielo al que podemos acceder y, por otro lado, esa misma imagen nos oculta la verdadera identidad del lago, su fondo incierto y desconocido que nada tiene que ver con el cielo y que, tal vez, incluso sea su contrario.

© Agustín Calvo Galán (Revista de Letras)

Fernando Puche






ASÍ TRABAJA EL FOTÓGRAFO
Fernando Puche




Fernando Puche (Madrid, 1966), que ha analizado la fotografía de naturaleza desde el ángulo artístico, que expone sus imágenes o las publica en FV, La Fotografía Actual, Iris, Contrastes, Arte y Naturaleza, Film Und Foto, Camera Natura, Black & White Magazine y Focus, que da conferencias e imparte clases en talleres y cursos sobre su especialidad, que tiene obras en colecciones privadas, en el Ayuntamiento de Córdoba, en el Instituto Cervantes de Moscú, en el Photomuseum de Zarautz o en la Fundación de los FF. EE., que ha escrito los libros Fotografía y naturaleza: más allá de la luz (2003), El Paisaje Interior (2005), Un Viaje Imaginario (2007) y Crónicas de un fotógrafo desconfiado (2009), ha sacado ahora Así trabaja Fernando Puche, donde habla de su trabajo como un viaje por su proceso creativo.
Pregunta: En pocas palabras…
Respuesta: Fotografiar el mundo natural es enfrentarse a cambios bruscos de luz, a condiciones climáticas impredecibles, a horarios sin horas, a un entorno a veces poco colaborador, a conocer el medio, a estar receptivo, a saber predecir ciertas condiciones ambientales...
P: ¿Cuándo deja la foto de ser mera técnica para ser arte?
R: Cuando la técnica pasa a un plano secundario y se pone al servicio de una idea original o creativa.
P: Lo digital ha abierto un campo de ensueño.
R: Se trata de que las nuevas tecnologías aporten su grano de arena a las posibilidades de plasmar, de forma más sencilla, nuestros sueños.
P: El fotógrafo busca la luz, las sombras, el encuadre … ¿qué más?
R: Sobre todo busca un sujeto que le apasione, que le ayude a expresarse y a través del cual pueda materializar sus ideas.
P: De los motivos, ¿… el gesto, el objeto inanimado…?
R: En el mundo natural prefiero los que son capaces de hacerme sentir; los que me obligan a parar y a no dejar de mirarlos.
P: Hacer un clic certero dura un segundo, una hora, un día…
R: He vuelto tantas veces al día siguiente o después de meses o años, que no me importa tanto que sea el momento preciso como tener claro que el sujeto merece una imagen. Entonces decido el momento.
P: Una imagen con la que haya luchado más de lo previsto.
R: Algunas que nunca encontré delante de mi objetivo, que aún sigo buscando.
P: El nuevo libro, ¿revela algún método secreto?
R: Explico cómo trabajo, de dónde me vienen las ideas, cómo elijo los motivos y los lugares y qué aprendizaje saco de todo. El método no está en cómo manejo mis herramientas, sino en el proceso previo que me lleva a decidir hacer las fotos que hago.
P: ¿Una fotografía es captar un instante mágico?
R: A veces es mágico, otras, es inmortalizar una experiencia a través de una imagen.
P: Hay opiniones sobre la iluminación.
R: Yo sólo utilizo luz natural. Me ciño a ella y en función de la misma decido captar o no la escena.
P: Se fotografían los cuerpos, las formas. Alguien quiso fotografiar el alma de las cosas…
R: Es una intención loable, pero el alma de las cosas no creo que pueda fotografiarse. Puede sugerirse, intuirse, y aún así nunca estaremos seguros de que el observador va a interpretar la imagen como nosotros lo hacemos.
P: En alguna exposición pictórica hiperrealista se ha dicho: Para eso, prefiero una fotografía.
R: Uno no debería adquirir una foto porque muestra la realidad tal como la vio el fotógrafo, sino porque expresa algo que alcanza algún punto de nuestra alma.
P: El blanco y negro, la gama de los grises…
R: Para mí siempre ha sido un reto, uno de los muchos que he tenido (y tengo) en mi desarrollo como fotógrafo.
P: Un día encuentra uno una máquina vieja en casa y prueba a ver qué hacer con ella. ¿Puede ser un inicio?
R: Por supuesto, toda herramienta es válida para empezar a expresarnos.
P: Para conseguir una foto, ¿cuántas se descartan?
R: Hay fotos que salen a la primera, otras necesitan varios intentos, otras nunca se logran…; para conseguir alguno de los efectos de mis últimas series he tenido que desechar hasta diez o quince fotos.
P: El fotógrafo hace su obra y la expone. Unos pasan de largo, otros se paran a mirar, otros preguntan…
R: Eso es lo bueno. Si todos pasan de largo, mal asunto. Si todos preguntan es que nadie ha entendido nada. Si todos se paran a mirar, quizá es que nos hemos vuelto demasiado parecidos. En la variedad está el gusto.


© Manuel Garrido Palacios

Milton M. Azevedo / ANLE


MILTON M. AZEVEDO
INGRESA EN LA ANLE



La Academia Norteamericana de la Lengua Española incorporó a su nómina de miembros al lingüista brasileño-estadounidense Milton M. Azevedo, quien disertó en la ceremonia de recepción sobre “Pérez-Reverte: el estilo de un escritor y periodista de nuestros siglos”.
El director de la ANLE, Gerardo Piña-Rosales, fue el encargado de contestar el discurso y e entregarle el diploma de Numerario de la ANLE, al que seguirá el de Correspondiente de la Real Academia Española.
La ceremonia se llevó a cabo en la New York University en el sur de Manhattan. Patricia López L.-Gay, de la ANLE, pronunció unas palabras de bienvenida, y el secretario general de la Academia, Jorge Ignacio Covarrubias, al alimón con Porfirio Rodríguez, también de la ANLE, tuvo a su cargo la presentación.
El nuevo académico recibió la licenciatura y el doctorado en la Universidad de Cornell, es profesor de español y portugués en la Universidad de California en Berkeley; ha enseñado también en la Universidad de Illinois, de Colorado y de Minnesota, y ha impartido conferencias y talleres en Australia, España, Portugal, Gran Bretaña y Holanda.
En una rara combinación de erudición y humor, Azevedo analizó el estilo de Pérez-Reverte con ejemplos concretos para dar al público una muestra del manejo del idioma del exitoso escritor, miembro de la RAE.
En su contestación, Piña-Rosales afirmó que en el análisis del discurso de Azevedo sobre Pérez-Reverte hay “un acendrado interés por sus aspectos formales: nos ha señalado la concisión del estilo revertiano, y nos ha mostrado cómo el autor maneja los más variados recursos narrativos, la onomatopeya, las extensiones pleonásticas, la jerga de la germanía y los procesos fonológicos del habla andaluza […] Milton Azevedo ha sabido, en este acercamiento a Pérez-Reverte, conjugar sabiamente sus conocimientos lingüísticos con la crítica literaria, jocunda coyunda de la que solo cabe esperar espléndidos frutos”.
En su presentación, Covarrubias trazó una semblanza de la personalidad de Azevedo, para trascender, según dijo, los meros datos y cifras del currículo. Contó con la colaboración de Rodríguez, quien leyó las respuestas textuales del lingüista brasileño a un formulario que reveló interesantes aspectos de su persona y aficiones culturales y literarias.
Entre el numeroso público se encontraban Leticia Molinero, Daniel Fernández, Alister Ramírez, Carmen Tarrab, Marta López-Luaces, Nuria Morgado y Rolando Pérez, todos ellos miembros de la Academia.

© ANLE

Clásicos de la Arqueología de Huelva (nº 12)






CLÁSICOS DE LA ARQUEOLOGÍA DE HUELVA (nº 12)
Edita: Dip. Huelva

DIRECTOR: Jesús Fernández Jurado
REDACTORAS: Pilar Rufete Tomico y Carmen García Sanz


SUMARIO:

APUNTES HISTÓRICOS REFERENTES
A LA CIUDAD DE MOGUER 
Celestino Pérez Ventana

CELESTINO PÉREZ VENTANA Y DE LA PORTILLA:
UN  LETRADO EN LA HISTORIA DE MOGUER 
Diego Ropero Regidor

Revista de Folklore (nº 360)




Revista de Folklore
(nº 360)

Febrero 2012
Director: Joaquín Díaz
Urueña



SUMARIO:

Editorial / Joaquín Díaz


La influencia del juego para potenciar el desarrollo infantil en el ambito educativo (I) / Mª Soledad Cabrelles Sagredo


El hoyo de Santa Marina de Tordesillas. Introducción e interpretación antropológica / Mariano García y García


Los traslados de la Virgen del Castañar, patrona del alfoz de Béjar, a la villa. Una forma de aproximación a las tradiciones y las formas de vida durante el siglo XVIII / Mª Carmen Cascón Matas


La lucha, el deporte más antiguo de la Montaña Palentina / Jorge Ibáñez Díaz.


http://www.funjdiaz.net/folklore/pdf/rf360.pdf

Manuel Marín Delgado


Hace siglos, o milenios, Manolo Marín era un directivo de Radio Popular (había más jefes que indios). Detrás del biombo de madera de la redacción tenía su mesa. Juan de Mata y yo éramos el cuerpo de redactores llanos, mondos y lirondos, sin más atributos que apencar, meter el hombro, clavar codos y todo eso; otros tiraban a locutores, creadores o 'loqueseadores', siempre cercanos a cargos mejor remunerados; pero no haré aquí un inventario de la prehistoria. ¡Aire!. Marín inspiraba un gran respeto a los bisoños. Lo veíamos como un tipo que hacía pregones (los inventó él antes que los griegos) comentarios en salas abarrotadas sobre las fotos de Segovia, teatros leídos en los que nos daba un papelito, ciclos, conferencias, concursos, juicios a figuras como la de Don Juan, retórica de la vendimia, lecturas en vivo (recuerdo el libro de Foxá y la voz de Marín cerrando: 'amigo nuestro') y un sin fin de perejiles de lo que ahora llaman ‘cosa lúdica’, que, por aquel Pleistoceno puro y duro, con sus Tiranosaurios y todo, constituían el referente cultural de una ciudad que Bada comparó, con razón y con escándalo, a una 'charca empantanada'. La labor de Marín podría haber llegado hasta hoy porque poco más se ha hecho. Manolo entraba en el locutorio y con su tono de voz cálido nos daba una soberana lección (a Mata y a mí; los demás, como eran jefes, ya sabían) que nos sirvió de mucho, en especial, a Mata, que entró por la brecha abierta de los pregones y habrá dado ya tres mil o más. Un día llevé a la redacción mi primer libro publicado: 'Brocal'. Junto al gran poeta José Manuel de Lara iniciaba con ese título la Colección Litoral de aquel Grupo Santafé 'que Dios guarde, siempre de bueno hasta los pies vestido'. Marín compró el primer ejemplar y comentó: 'Me gustaría que Garrido fuera a Moguer y escribiera sobre Juan Ramón lo que le diera la gana'. Un milenio más tarde del citado Pleistoceno radiofónico, o sea, hace poco, alguien me preguntó sobre gente ausente de valía que pudiera honrar con su pluma las páginas de cierta revista. Di el nombre de Marín. Hacía mucho que cada mochuelo había volado a su alcaparra y en ese periodo lo había visto en Madrid casualmente, por la calle, o intencionadamente en la exposición que hizo sobre trajes. De entonces acá, 'cartas iban y venían'. Manolo Marín regresó un día con la misma fuerza que cuando se fue. La distancia hizo imposible el poder asistir a todos sus pregones, aparte de que con la proliferación habida de pregoneros (él creó escuela) el mercado se saturó hasta el empacho. En una postal celebraba haber 'tenido con Huelva tres reencuentros preciosos: Exaltación de la Saeta en la Peña Flamenca, y pregones de Semana Santa en Huelva y del Carmen en Punta Umbría', actos que le dieron 'gran alegría y gratificación espiritual', a las que yo -ingrato amigo- no dediqué una línea en su momento. Lo hago ahora, porque 'hoy es siempre todavía', y al escribir noto que trazo las palabras con el mismo afecto que cuando lo sentía brujulear detrás del biombo de la emisora y lo consideraba un maestro en el arte del saber estar, que parece poco.


© Manuel Garrido Palacios
Ilustración: Zurbarán. Fray Jerónimo (detalle) 1632

Uberto Stabile


TRAZANDO PUENTES
Uberto Stabile
UIC. Foro Multidisciplinario
México 

La poesía y la literatura en general son lenguajes que permiten transformar la realidad, y en tanto que la transforman pueden considerarse revolucionarios. La literatura no es ajena a los flujos de uso y consumo dictados por los mercados. Me interesa más la literatura que transmite ideas, que propone cambios, que la otra que simplemente entretiene o incluso banaliza su propia naturaleza. Activar esa conciencia colectiva, que se reconoce en el otro, es parte de mi trabajo. Trazar puentes y cruzarlos, poner en contacto autores, que considero pueden nutrirse mutuamente, es en parte la razón de esta labor, Pero mi trabajo se centra más en el libro. Dar luz a la rica diversidad editorial que existe a ambas orillas del Atlántico, es luchar contra las políticas de deforestación editorial, y concentración que suelen dejar sin espacio a las pequeñas y medianas editoriales que apuestan por un tipo de obras más comprometidas y complejas.
La poesía es un arma cargada de futuro, siempre toma partido, lo queramos o no. Como dijeron los existencialistas franceses, ya nacemos comprometidos. Es una herramienta mucho más amplia, que tiene cualidades que trascienden su naturaleza artística y abarca un amplio radio de acción que puede integrar aspectos de tipo religioso, terapéutico, didáctico o revolucionario.
Me gustan los poetas que de alguna manera cuestionan el discurso único, el orden establecido, que son poética y políticamente incorrectos, comprometidos en su poesía y en ocasiones con su propia acción. Me gusta la poesía de la conciencia, la que toma partido. En mi trayectoria es muy importante el magisterio de mis coetáneos. Poetas como Jorge Riechman, Antonio Orihuela, Fernando Beltrán, Eladio Orta, Enrique Falcón, Isabel Pérez Montalbán, Inma Luna, Ana Pérez Cañamares o Carmen Camacho, son, entre otros y otras, los autores a los que me siento más cercano. Creo además que, con sus distintas variantes,son herederos de una tradición heterodoxa en la poesía española contemporánea que cubre un amplio espectro, desde poetas sociales como Blas de Otero o Gabriel Celaya a otros nombres de más difícil clasificación como Carlos Edmundo de Ory, José María Fonollosa, Agustín García Calvo, Leopoldo Mª Panero o Eduardo Haro Ibars entre otros. Pero en mi particular acervo, creo que en la maleta caben además tres grandes infuencias: por una parte la generación Beat, encabezada por la poesía de Allen Ginsberg, la tradición de poetas procedentes del mundo de la música como Bob Dylan, Lluis Llach, Leo Ferré, George Brassens, Patti Smith y sobre todos Leonard Cohen, y en tercer lugar y más recientemente, los poetas que escriben en la actualidad desde la frontera norte de México.
En cuanto a los escritores y su coherencia, conozco algunos nombres que pueden citarse como paradigmas éticos, y seguramente existan muchos más que desconozco, pero no me atrevo a juzgar esos aspectos. Creo que la coherencia es algo que uno mismo asume, incluso a partir de sus propias contradicciones. Lo importante es saber que existe esa posibilidad,y aunque no es un camino fácil, tampoco es imposible.

© Uberto Stabile

Seisdedos en la UHU

SEISDEDOS EN LA UHU

8 febrero 2012. La Universidad de Huelva organza un acto de homenaje al pintor Seisdedos en la Facultad de Ciencias del Trabajo. Intervienen Manuel José de Lara Ródenas y José María Morillas. He aquí el texto con el que el artista responde. Se proyecta al final el documental: 'Retrato de Seisdedos'.
“Antes que otra cosa, es lo primero expresar mi gratitud a la Universidad de Huelva, a su rector y a cuantas personas han colaborado en este acto. También a mi amigo Manuel Garrido Palacios y su hijo David por este estupendo regalo que ha sido para mí la realización del documental que se proyecta hoy. Igualmente doy las gracias a todos los que habéis empleado parte de vuestro tiempo en asistir a este acto.
Los artistas si no tenemos vanidad, más o menos controlada, no somos artistas; y creo que ello se debe a la necesidad, no gratuita, de atraer la atención de los demás, hacia nuestro trabajo. Y digo que no es una necesidad gratuita porque, como decía el crítico Eduardo Cirlot en uno de sus ensayos, la obra de arte no está completa sin la mirada del espectador. Cuando el espectador es un allegado; porque ese allegado entiende muchos porqués, y razones que a otros pueden escaparse. Cuando es una persona desconocida quién se interesa por la obra, sientes que has conectado a distancia con alguien que reconoce ese lenguaje críptico que es el arte de cada uno, y que esa obra ha provocado una respuesta. Muchas veces la emoción que una persona experimenta ante un cuadro, por ejemplo, no tiene las mismas motivaciones que tuvo el artista para realizarlo. Se produce algo nuevo. Aunque de forma intangible, se ha vuelto a crear algo, y la palabra recrear o recrearse cobra todo su sentido, porque la obra se completa con las proyecciones íntimas de ese contemplador.
A los que estáis aquí por amistad, por familiaridad, porque os pueda interesar el arte, o por las razones que sean, me gustaría corresponderos con unas claves que justificaran el sentido de mi trabajo de tantos años y su posible coherencia . La verdad es que mi trabajo puede tener sentido, pero no demasiada coherencia. Desde la época de aprendizaje con mis maestros Pedro Gómez, Antonio León Ortega y Manolo Moreno Díaz, fui adquiriendo ese lenguaje plástico que se hizo carne junto a mi forma adolescente de sentir la vida, junto a mis creencias y a mis ilusiones jóvenes de entonces. Y siempre continuó así. Nunca pude ni quise separar el arte de la conciencia, ni la razón de los sentidos, por eso mi obra, no demasiado prolija, puede a veces carecer de orden y de coherencia, tal como corresponde a mi forma de ser. He tenido etapas de mucha actividad y largos periodos de inacción. Etapas de tremendos deseos de ser; etapas de credulidad y de ideales (alguien dijo una vez que un ideal es una emoción inflamada en torno a una idea); si eso es así confío, al menos, en no perder las ideas aunque pierda la flama. También hubo momentos místicos, que no religiosos, (nunca la divinidad me concedió esa gracia). Etapas de perplejidad; de amor, de desamor… como casi todo el mundo…, pero estas vivencias, entre la gente que nos dedicamos al arte, suelen impregnar el hacer y convertirse en material creativo, de tal forma que uno va dejando en el trabajo su biografía emocional.
Como se verá en las imágenes que se proyectarán tras esta breve intervención, en las que se intenta resumir mi evolución profesional, hay un empezar figurativo, impresionista y romántico de mi etapa casi adolescente, que coincide con la asistencia al estudio de Pedro Gómez y Antonio León, en la calle San Cristóbal. Aquel taller acogedor, donde el tiempo no estaba acosado y el trabajo era calmoso.
Pronto se percibe la influencia de Manolo Moreno, y a través de él la de Vazquez Díaz y Pepe Caballero. Surgen toques surrealistas y expresionistas, y también una apertura hacia la abstracción. Por aquella época el joven que uno era vivía con los ojos abiertos buscando ventanas por las que divisar paisajes diferentes. Empiezan a publicarse en España los primeros libros con el arte de vanguardia, y llegan otros de museos y colecciones extranjeras. A los dieciocho o diecinueve años hago mis primeras salidas huyendo de la todavía asfixiante atmósfera cultural de aquella Huelva. Aunque mi amigo Domingo Prieto, de haber estado por allí, me hubiese dicho que me iba para coger barniz y dejar de pintar tanto barco escoñao. También hubiese tenido razón. Entonces no era fácil viajar. Estaban muy lejos las becas Erasmus y los viajes de bajo coste. Pero aquella mano que me servía para pintar también era buena para hacer auto-stop cuando era necesario y para darme algún dinerillo haciendo retratos. Y mereció la pena, porque aquellas estancias en Barcelona, en Madrid, en Holanda o en Bruselas fueron un buen aporte tanto técnico como humano para aquel joven, alocado, según el ojo conservador de algunos paisanos conspicuos. Incluso merecí un soneto de un conocido poeta reclamándome al redil y suponiendo las razones abyectas de mi partida. Si llego a hacerle caso no podría acariciar tantos recuerdos estupendos. Aunque como hoy es día de agradecimientos, le agradezco su buena intención.
Algo muy especial fue el grupo Santa fe. ¡Cuánto me aportaron los compañeros del grupo¡ ¡Cuantas páginas llenas de poesía, de música, de historia y de amistad¡ Gracias a los tres Manolos: Manolo Pizán, Manolo Crespo, y Manolo Garrido Palacios, a Victor Marquez Reviriego, a José Luis Gómez, a Paco Perez, y gracias a Paca y a Boni, mis padres, que también me enseñaron lo suyo, y estuvieron a punto de que la policía les cerrara el bar a causa de nuestras reuniones.
Una etapa bastante afortunada fue el año de trabajo con Jesús Mojarro. Una segunda exposición en Madrid con esta nueva forma de hacer, y las posteriores que hice solo, una vez disuelta, amistosamente, la sociedad.
Después de aquello, algunas regresiones y saltos hasta las últimas exposiciones con una mas clara definición abstracta. Actualmente estoy dando los sorbos finales a esta última faceta. Lourdes, mi musa compañera y yo hemos convertido nuestro molino-panadería de Trigueros en “Centro de Arte Harina de Otro Costal”, haciendo alusión al enclave. Está dedicado a la formación, a exposiciones y a hurgar en todo lo que tenga que ver con el arte.¿Qué haré a continuación si el tiempo lo permite?, y no me refiero al tiempo atmosférico, sino al que se desliza por la piel oxidándonos discreta y traidoramente. Creo que volveré a trabajar en tres dimensiones. Ese camino aún no lo he agotado y ahora me apetece retomarlo con otra capacidad de reflexión y mejores medios.
¿Es bueno lo que he hecho? ¿Es malo? A veces pienso que no es para tanto. Y otras lo encuentro bueno y descubro de vez en cuando, entre mis brochazos, cosas no previstas; hallazgos que ponen los materiales por su cuenta cuando te llevas bien con ellos. En cualquier caso a mí me sirve todo esto y se que hay gente que lo valora. Mi gratitud a esa gente y a los caminos que otros artistas han abierto y que me han permitido jugar con mis vísceras hasta la impudicia. Y mi gratitud, de nuevo, a la Universidad de Huelva por acogerme esta tarde, Por ser generadora de pensamiento en esta ciudad, y por ocupar el espacio de lo que fue un cuartel. No está mal levantar un templo a la razón donde antes hubo otro a la obediencia”.

© Juan Manuel Seisdedos

https://www.youtube.com/watch?v=_PqaFWbJWlM

Seisdedos








Gavilán. Águila
Dos óleos sobre tablas (1999)
https://www.youtube.com/watch?v=_PqaFWbJWlM




Juan Manuel Seisdedos nos pintaba el mundo con los colores que él lo veía y algo aportó a nuestra forma de mirar. Hablo de los 13, 14 o 15 años de edad. A partir de ahí fue figura inseparable y un referente para los cuatro perros callejeros que merodeábamos por las calles Aragón, Ginés Martín, Piojito, Carnicero, Vega, Merced, Molino y otros andurriales del entorno. Todos de la misma hornada: Picúo, Cuartoquilo, Paquiqui, Juanini, Trabuco. JMS trazaba en nuestro lienzo virgen, sin proponérselo, las líneas que intuía para buscar horizontes más allá de los patios de vecinos en los que vivíamos. Una imagen que se me talló de aquel tiempo fue el cruce que tuvimos en la Piterilla. Él cargaba con un macuto y se iba a Bélgica. Yo lo veía desde la esquina y quería irme. Cierto que poco después ya estábamos todos de pingoneo por esos mundos, pero él los pintó primero al dar forma a sus sueños. Su práctica pictórica no paró ahí. Ya cada cuervo en su olivo, Juan Manuel Seisdedos se esforzaba por dar a cada cosa su color, por mostrar una variedad de tonos capaces de convivir, por abolir del aire que respiráramos cualquier pincel dictatorial, todo extremo chirriante que enturbiara el vivir para vivir. Nunca quiso vivir por esto o por lo otro, sino vivir para vivir, por el simple placer de vivir. No lo vi jamás emborronar el retrato de un ausente, sino usar con arte la difícil técnica de la conllevancia –de esto lo sabía todo Boni, su padre– para evitar la menor chispa que pudiera prender en el campo sequerón de aquellos tiempos. Militamos en la aviación, donde quiso pintar con palabras al Che en una de las clases magistrales de adiestramiento. No se lo permitieron. En el entierro de mi padre estaba el amigo Juan –inolvidable escena– como figura autopintada de marrón en un paisaje triste y terso. Yo sólo me atreví a pintarle a los Beatles y, menos mal, un día que había corrido el tinto más que de costumbre, me concedió la autoría del cuadro: Si tú dices que son buenos, son buenos. En la década de los setenta fue el éxodo generacional a Madrid –antes se había instalado Pizán–, cuya galería de cuadros no pintados en semejante época sería interminable si pretendiera hacer relación de ella; valga con nombrar el menú diario de veinticinco pesetas frente al café en el Plaza por cincuenta; Galería Seiquer, Tato, Cuevas de Nemesio, Paco Toronjo, Jesús Mojarro... Eran retazos de aquel mundo que, seguramente, JMS guardaba en su mente para sacarlos un día en una exposición: 'Vibraciones', que disfrutamos en el Convento de Santa Inés, de Sevilla, como puros latidos del artista. Pintara aquello o esto, lo que sigue intacto en Juan Manuel Seisdedos es el asombro que despierta en los demás. Sin dejar de ser callejero, ni perro, continúa pintándonos el mundo con los colores que él lo ve, con las formas que lo siente, dando a cada acto de su vida, a cada cuadro que cuelga del muro de la amistad, ese punto de bonhomía con el que nació, desplegando esa paleta de sinceridad con la que se hizo.

© Manuel Garrido Palacios

Antonio Martínez i Ferrer









EL RUMOR DEL PATIO


En la otra calle

los aceros de la muerte apuntan
a la cabeza del niño.
De todos los niños.
La mano de fuego consuela a la madre,
mientras
la tierra muerde sus tiernas carnes.


CORRE, CORRE, NIÑO DE ARENA



Con los días de la tragedia,

la mirada del verdugo
a nada humano se parece;
su belleza
de trasparencias engañosas,
se alimenta del apetito
y la sumisión al amo.
El señor de las verdades
es ignorado
mientras se ahoga
en los meandros
de un mar de mazmorras.


© Antonio Martínez i Ferrer

SENDEROS

“Estoy / aplaudiendo / en la esfera de los verdeazules / el tiempo / no recuerda esta sonrisa / mi descuido / ha impreso en la portada / una huella sin nombre / una rareza / escribe alborozada / en mi interior / vientos blancos / vientos”.


Son versos de Senderos, libro de Antonio Martínez i Ferrer (Alzira 1939), obrero de artes gráficas, luchador contra la dictadura franquista, represaliado hasta el despido laboral y el exilio. Martínez i Ferrer ha publicado en castellano, valenciano o portugués El rumor del patio, 2003; El soroll del pati, Angoixa y Corre corre xiquet d'arena, 2006, Editorial Germanía; el último también en Baile del Sol, 2009, libro que obtuvo mención especial en el Premio de Poesía Julio Tovar. En Ateneo Obrero de Gijón, El grito del oasis, 2007; y en Canto Escuro (Portugal) Efectos Secundarios / Efeitos secundarios, 2008.
Esta antología, que edita la Asociación Crecida, de Ayamonte -dice Antonio Orihuela en su prólogo- va “destinada a dar cuenta de las muchas voces, registros y confesiones con las que el poeta ha tratado de iluminar estos Senderos con los que es nuestra pretensión mostrar las huellas, las trazas y los desvelos que asedian la obra poética y la visión” de su mundo. Analiza la obra desde cuatro ángulos y empieza con los poemas que “parten del asombro del hombre que, casi en el tramo final de su vida, descubre la poesía. En ellos vuelve la mirada hacia donde el tiempo apenas recuerda las sonrisas y se hace consciente del descuido en el que ha vivido una vida entregada a un proyecto de transformación social y que, si bien también ha abierto surcos hacia un esperanzador barbecho para su cultivo interior, no había sabido conjugar, en la misma medida, ese afán”: “Retiro los escombros / desde aquel beso / sin huella / escupes / en la raíz y no crece el desprecio / rehaces / el guante del calvario / para asombro del sueño / escondes el báculo / en la orfandad / la agonía / reposa / junto al vuelo de los engaños / grazna desde el negro / acude al desorden / el deseo / es un horizonte / con enredaderas / de viento y distancia”.
Siguiendo el prólogo de Orihuela, el segundo ángulo nos deja ver “la otra raíz que anida en el ser para el mundo del poeta. La raíz materialista y dialéctica es también raíz histórica y sobre ella, el poeta construye un tiempo de ignominia, de las transacciones entre los grupos de poder del tardofranquismo en su adaptación al modelo de la democracia formal”: “Ese desierto / quebrado de golpes / ese dolor oceánico / ese rojo / mordiendo las arterias / esa soledad / hundida en sus raíces / esa inmovilidad / pesada / dura / ese restablecer / en la mirada / el gesto / ese andar por lugares / donde la mano / desnuda / se abre / y espera”. […] “El torrente compone / con sus volúmenes rotos / un nuevo artificio / de gritos / el final escaso / descompone los azules / seguir desnudo / seguir cayendo / seguir vacío”.
El tercero se abre “con una promesa de libertad individual, de fina y agreste rebeldía que quiere, desde lo personal, abrazar lo colectivo, recuperar el tiempo de las miradas, las sonrisas, la asamblea, el vértigo, los vínculos en los que volver a enredarnos para ganarnos en humanidad”: “Un verbo de columnas / sosteniendo / mañanas y tardes / espera en las hogueras / del hambre / yo trasiego / entre brotes jóvenes / la rebeldía / un tiempo / de revoluciones / espera en los sueños / un tiempo / de pan / espera en el camino / un tiempo / de muchedumbres / espera en las plazas / un tiempo para ellos / un tiempo para nosotros / las manos libres / esperan / esperan”
Por el cuarto ángulo de esta mirada paralela prólogo/versos entran “los poemas del consultante, del que espera, inquieto, lo excepcional por llegar, la revolución a la que el poeta no renuncia, siempre con su puerta abierta”: “Siento / la voz mordiendo / en el vientre / un volcán vomita / después / del miedo / están las esquinas / clavadas en el grito / me agarro / a la soledad / la ventisca recita sangrenegra”.
El libro me lo da Eladio Orta en Punta Umbría el día en el que Uberto Stabile estrena su documental sobre la poesía fronteriza México-EE.UU., marco idóneo para estas cosas que tanto calan en el sentir y que salen por los versos. Los poetas Augusto Thassio y Ramón Llanes, presentes en el acto, lo saben bien.

© Manuel Garrido Palacios