José Manuel Camacho






Invitación al lago
José Manuel Camacho
(Isla de Siltolá. Sevilla)




Invitación al lago es poesía esencial, poesía consciente, poesía hecha con entrañas y no con veleidades, poesía arriesgada en su desnudez del desconcierto, poesía de complejidad mínima ante la inmensidad de nuestra propia ignorancia, poesía joven de una honda madurez […] Invitación al lago conjuga perfectamente forma y fondo en una sólida incertidumbre no sólo sobre la creación en sí, sino también a propósito de la fragilidad de la existencia, especialmente cuando el ser humano duda y se enfrenta a las paradojas de la percepción. La imagen del lago, ─frente a la imagen del mar (que no refleja), o a la del río (que transcurre)─, con sus aguas tranquilas y delimitadas, nos atrae: por un lado porque refleja un pedazo de cielo al que podemos acceder y, por otro lado, esa misma imagen nos oculta la verdadera identidad del lago, su fondo incierto y desconocido que nada tiene que ver con el cielo y que, tal vez, incluso sea su contrario.

© Agustín Calvo Galán (Revista de Letras)

Fernando Puche






ASÍ TRABAJA EL FOTÓGRAFO
Fernando Puche




Fernando Puche (Madrid, 1966), que ha analizado la fotografía de naturaleza desde el ángulo artístico, que expone sus imágenes o las publica en FV, La Fotografía Actual, Iris, Contrastes, Arte y Naturaleza, Film Und Foto, Camera Natura, Black & White Magazine y Focus, que da conferencias e imparte clases en talleres y cursos sobre su especialidad, que tiene obras en colecciones privadas, en el Ayuntamiento de Córdoba, en el Instituto Cervantes de Moscú, en el Photomuseum de Zarautz o en la Fundación de los FF. EE., que ha escrito los libros Fotografía y naturaleza: más allá de la luz (2003), El Paisaje Interior (2005), Un Viaje Imaginario (2007) y Crónicas de un fotógrafo desconfiado (2009), ha sacado ahora Así trabaja Fernando Puche, donde habla de su trabajo como un viaje por su proceso creativo.
Pregunta: En pocas palabras…
Respuesta: Fotografiar el mundo natural es enfrentarse a cambios bruscos de luz, a condiciones climáticas impredecibles, a horarios sin horas, a un entorno a veces poco colaborador, a conocer el medio, a estar receptivo, a saber predecir ciertas condiciones ambientales...
P: ¿Cuándo deja la foto de ser mera técnica para ser arte?
R: Cuando la técnica pasa a un plano secundario y se pone al servicio de una idea original o creativa.
P: Lo digital ha abierto un campo de ensueño.
R: Se trata de que las nuevas tecnologías aporten su grano de arena a las posibilidades de plasmar, de forma más sencilla, nuestros sueños.
P: El fotógrafo busca la luz, las sombras, el encuadre … ¿qué más?
R: Sobre todo busca un sujeto que le apasione, que le ayude a expresarse y a través del cual pueda materializar sus ideas.
P: De los motivos, ¿… el gesto, el objeto inanimado…?
R: En el mundo natural prefiero los que son capaces de hacerme sentir; los que me obligan a parar y a no dejar de mirarlos.
P: Hacer un clic certero dura un segundo, una hora, un día…
R: He vuelto tantas veces al día siguiente o después de meses o años, que no me importa tanto que sea el momento preciso como tener claro que el sujeto merece una imagen. Entonces decido el momento.
P: Una imagen con la que haya luchado más de lo previsto.
R: Algunas que nunca encontré delante de mi objetivo, que aún sigo buscando.
P: El nuevo libro, ¿revela algún método secreto?
R: Explico cómo trabajo, de dónde me vienen las ideas, cómo elijo los motivos y los lugares y qué aprendizaje saco de todo. El método no está en cómo manejo mis herramientas, sino en el proceso previo que me lleva a decidir hacer las fotos que hago.
P: ¿Una fotografía es captar un instante mágico?
R: A veces es mágico, otras, es inmortalizar una experiencia a través de una imagen.
P: Hay opiniones sobre la iluminación.
R: Yo sólo utilizo luz natural. Me ciño a ella y en función de la misma decido captar o no la escena.
P: Se fotografían los cuerpos, las formas. Alguien quiso fotografiar el alma de las cosas…
R: Es una intención loable, pero el alma de las cosas no creo que pueda fotografiarse. Puede sugerirse, intuirse, y aún así nunca estaremos seguros de que el observador va a interpretar la imagen como nosotros lo hacemos.
P: En alguna exposición pictórica hiperrealista se ha dicho: Para eso, prefiero una fotografía.
R: Uno no debería adquirir una foto porque muestra la realidad tal como la vio el fotógrafo, sino porque expresa algo que alcanza algún punto de nuestra alma.
P: El blanco y negro, la gama de los grises…
R: Para mí siempre ha sido un reto, uno de los muchos que he tenido (y tengo) en mi desarrollo como fotógrafo.
P: Un día encuentra uno una máquina vieja en casa y prueba a ver qué hacer con ella. ¿Puede ser un inicio?
R: Por supuesto, toda herramienta es válida para empezar a expresarnos.
P: Para conseguir una foto, ¿cuántas se descartan?
R: Hay fotos que salen a la primera, otras necesitan varios intentos, otras nunca se logran…; para conseguir alguno de los efectos de mis últimas series he tenido que desechar hasta diez o quince fotos.
P: El fotógrafo hace su obra y la expone. Unos pasan de largo, otros se paran a mirar, otros preguntan…
R: Eso es lo bueno. Si todos pasan de largo, mal asunto. Si todos preguntan es que nadie ha entendido nada. Si todos se paran a mirar, quizá es que nos hemos vuelto demasiado parecidos. En la variedad está el gusto.


© Manuel Garrido Palacios

Milton M. Azevedo / ANLE


MILTON M. AZEVEDO
INGRESA EN LA ANLE



La Academia Norteamericana de la Lengua Española incorporó a su nómina de miembros al lingüista brasileño-estadounidense Milton M. Azevedo, quien disertó en la ceremonia de recepción sobre “Pérez-Reverte: el estilo de un escritor y periodista de nuestros siglos”.
El director de la ANLE, Gerardo Piña-Rosales, fue el encargado de contestar el discurso y e entregarle el diploma de Numerario de la ANLE, al que seguirá el de Correspondiente de la Real Academia Española.
La ceremonia se llevó a cabo en la New York University en el sur de Manhattan. Patricia López L.-Gay, de la ANLE, pronunció unas palabras de bienvenida, y el secretario general de la Academia, Jorge Ignacio Covarrubias, al alimón con Porfirio Rodríguez, también de la ANLE, tuvo a su cargo la presentación.
El nuevo académico recibió la licenciatura y el doctorado en la Universidad de Cornell, es profesor de español y portugués en la Universidad de California en Berkeley; ha enseñado también en la Universidad de Illinois, de Colorado y de Minnesota, y ha impartido conferencias y talleres en Australia, España, Portugal, Gran Bretaña y Holanda.
En una rara combinación de erudición y humor, Azevedo analizó el estilo de Pérez-Reverte con ejemplos concretos para dar al público una muestra del manejo del idioma del exitoso escritor, miembro de la RAE.
En su contestación, Piña-Rosales afirmó que en el análisis del discurso de Azevedo sobre Pérez-Reverte hay “un acendrado interés por sus aspectos formales: nos ha señalado la concisión del estilo revertiano, y nos ha mostrado cómo el autor maneja los más variados recursos narrativos, la onomatopeya, las extensiones pleonásticas, la jerga de la germanía y los procesos fonológicos del habla andaluza […] Milton Azevedo ha sabido, en este acercamiento a Pérez-Reverte, conjugar sabiamente sus conocimientos lingüísticos con la crítica literaria, jocunda coyunda de la que solo cabe esperar espléndidos frutos”.
En su presentación, Covarrubias trazó una semblanza de la personalidad de Azevedo, para trascender, según dijo, los meros datos y cifras del currículo. Contó con la colaboración de Rodríguez, quien leyó las respuestas textuales del lingüista brasileño a un formulario que reveló interesantes aspectos de su persona y aficiones culturales y literarias.
Entre el numeroso público se encontraban Leticia Molinero, Daniel Fernández, Alister Ramírez, Carmen Tarrab, Marta López-Luaces, Nuria Morgado y Rolando Pérez, todos ellos miembros de la Academia.

© ANLE

Clásicos de la Arqueología de Huelva (nº 12)






CLÁSICOS DE LA ARQUEOLOGÍA DE HUELVA (nº 12)
Edita: Dip. Huelva

DIRECTOR: Jesús Fernández Jurado
REDACTORAS: Pilar Rufete Tomico y Carmen García Sanz


SUMARIO:

APUNTES HISTÓRICOS REFERENTES
A LA CIUDAD DE MOGUER 
Celestino Pérez Ventana

CELESTINO PÉREZ VENTANA Y DE LA PORTILLA:
UN  LETRADO EN LA HISTORIA DE MOGUER 
Diego Ropero Regidor

Revista de Folklore (nº 360)




Revista de Folklore
(nº 360)

Febrero 2012
Director: Joaquín Díaz
Urueña



SUMARIO:

Editorial / Joaquín Díaz


La influencia del juego para potenciar el desarrollo infantil en el ambito educativo (I) / Mª Soledad Cabrelles Sagredo


El hoyo de Santa Marina de Tordesillas. Introducción e interpretación antropológica / Mariano García y García


Los traslados de la Virgen del Castañar, patrona del alfoz de Béjar, a la villa. Una forma de aproximación a las tradiciones y las formas de vida durante el siglo XVIII / Mª Carmen Cascón Matas


La lucha, el deporte más antiguo de la Montaña Palentina / Jorge Ibáñez Díaz.


http://www.funjdiaz.net/folklore/pdf/rf360.pdf

Manuel Marín Delgado


Hace siglos, o milenios, Manolo Marín era un directivo de Radio Popular (había más jefes que indios). Detrás del biombo de madera de la redacción tenía su mesa. Juan de Mata y yo éramos el cuerpo de redactores llanos, mondos y lirondos, sin más atributos que apencar, meter el hombro, clavar codos y todo eso; otros tiraban a locutores, creadores o 'loqueseadores', siempre cercanos a cargos mejor remunerados; pero no haré aquí un inventario de la prehistoria. ¡Aire!. Marín inspiraba un gran respeto a los bisoños. Lo veíamos como un tipo que hacía pregones (los inventó él antes que los griegos) comentarios en salas abarrotadas sobre las fotos de Segovia, teatros leídos en los que nos daba un papelito, ciclos, conferencias, concursos, juicios a figuras como la de Don Juan, retórica de la vendimia, lecturas en vivo (recuerdo el libro de Foxá y la voz de Marín cerrando: 'amigo nuestro') y un sin fin de perejiles de lo que ahora llaman ‘cosa lúdica’, que, por aquel Pleistoceno puro y duro, con sus Tiranosaurios y todo, constituían el referente cultural de una ciudad que Bada comparó, con razón y con escándalo, a una 'charca empantanada'. La labor de Marín podría haber llegado hasta hoy porque poco más se ha hecho. Manolo entraba en el locutorio y con su tono de voz cálido nos daba una soberana lección (a Mata y a mí; los demás, como eran jefes, ya sabían) que nos sirvió de mucho, en especial, a Mata, que entró por la brecha abierta de los pregones y habrá dado ya tres mil o más. Un día llevé a la redacción mi primer libro publicado: 'Brocal'. Junto al gran poeta José Manuel de Lara iniciaba con ese título la Colección Litoral de aquel Grupo Santafé 'que Dios guarde, siempre de bueno hasta los pies vestido'. Marín compró el primer ejemplar y comentó: 'Me gustaría que Garrido fuera a Moguer y escribiera sobre Juan Ramón lo que le diera la gana'. Un milenio más tarde del citado Pleistoceno radiofónico, o sea, hace poco, alguien me preguntó sobre gente ausente de valía que pudiera honrar con su pluma las páginas de cierta revista. Di el nombre de Marín. Hacía mucho que cada mochuelo había volado a su alcaparra y en ese periodo lo había visto en Madrid casualmente, por la calle, o intencionadamente en la exposición que hizo sobre trajes. De entonces acá, 'cartas iban y venían'. Manolo Marín regresó un día con la misma fuerza que cuando se fue. La distancia hizo imposible el poder asistir a todos sus pregones, aparte de que con la proliferación habida de pregoneros (él creó escuela) el mercado se saturó hasta el empacho. En una postal celebraba haber 'tenido con Huelva tres reencuentros preciosos: Exaltación de la Saeta en la Peña Flamenca, y pregones de Semana Santa en Huelva y del Carmen en Punta Umbría', actos que le dieron 'gran alegría y gratificación espiritual', a las que yo -ingrato amigo- no dediqué una línea en su momento. Lo hago ahora, porque 'hoy es siempre todavía', y al escribir noto que trazo las palabras con el mismo afecto que cuando lo sentía brujulear detrás del biombo de la emisora y lo consideraba un maestro en el arte del saber estar, que parece poco.


© Manuel Garrido Palacios
Ilustración: Zurbarán. Fray Jerónimo (detalle) 1632

Uberto Stabile


TRAZANDO PUENTES
Uberto Stabile
UIC. Foro Multidisciplinario
México 

La poesía y la literatura en general son lenguajes que permiten transformar la realidad, y en tanto que la transforman pueden considerarse revolucionarios. La literatura no es ajena a los flujos de uso y consumo dictados por los mercados. Me interesa más la literatura que transmite ideas, que propone cambios, que la otra que simplemente entretiene o incluso banaliza su propia naturaleza. Activar esa conciencia colectiva, que se reconoce en el otro, es parte de mi trabajo. Trazar puentes y cruzarlos, poner en contacto autores, que considero pueden nutrirse mutuamente, es en parte la razón de esta labor, Pero mi trabajo se centra más en el libro. Dar luz a la rica diversidad editorial que existe a ambas orillas del Atlántico, es luchar contra las políticas de deforestación editorial, y concentración que suelen dejar sin espacio a las pequeñas y medianas editoriales que apuestan por un tipo de obras más comprometidas y complejas.
La poesía es un arma cargada de futuro, siempre toma partido, lo queramos o no. Como dijeron los existencialistas franceses, ya nacemos comprometidos. Es una herramienta mucho más amplia, que tiene cualidades que trascienden su naturaleza artística y abarca un amplio radio de acción que puede integrar aspectos de tipo religioso, terapéutico, didáctico o revolucionario.
Me gustan los poetas que de alguna manera cuestionan el discurso único, el orden establecido, que son poética y políticamente incorrectos, comprometidos en su poesía y en ocasiones con su propia acción. Me gusta la poesía de la conciencia, la que toma partido. En mi trayectoria es muy importante el magisterio de mis coetáneos. Poetas como Jorge Riechman, Antonio Orihuela, Fernando Beltrán, Eladio Orta, Enrique Falcón, Isabel Pérez Montalbán, Inma Luna, Ana Pérez Cañamares o Carmen Camacho, son, entre otros y otras, los autores a los que me siento más cercano. Creo además que, con sus distintas variantes,son herederos de una tradición heterodoxa en la poesía española contemporánea que cubre un amplio espectro, desde poetas sociales como Blas de Otero o Gabriel Celaya a otros nombres de más difícil clasificación como Carlos Edmundo de Ory, José María Fonollosa, Agustín García Calvo, Leopoldo Mª Panero o Eduardo Haro Ibars entre otros. Pero en mi particular acervo, creo que en la maleta caben además tres grandes infuencias: por una parte la generación Beat, encabezada por la poesía de Allen Ginsberg, la tradición de poetas procedentes del mundo de la música como Bob Dylan, Lluis Llach, Leo Ferré, George Brassens, Patti Smith y sobre todos Leonard Cohen, y en tercer lugar y más recientemente, los poetas que escriben en la actualidad desde la frontera norte de México.
En cuanto a los escritores y su coherencia, conozco algunos nombres que pueden citarse como paradigmas éticos, y seguramente existan muchos más que desconozco, pero no me atrevo a juzgar esos aspectos. Creo que la coherencia es algo que uno mismo asume, incluso a partir de sus propias contradicciones. Lo importante es saber que existe esa posibilidad,y aunque no es un camino fácil, tampoco es imposible.

© Uberto Stabile

Seisdedos en la UHU

SEISDEDOS EN LA UHU

8 febrero 2012. La Universidad de Huelva organza un acto de homenaje al pintor Seisdedos en la Facultad de Ciencias del Trabajo. Intervienen Manuel José de Lara Ródenas y José María Morillas. He aquí el texto con el que el artista responde. Se proyecta al final el documental: 'Retrato de Seisdedos'.
“Antes que otra cosa, es lo primero expresar mi gratitud a la Universidad de Huelva, a su rector y a cuantas personas han colaborado en este acto. También a mi amigo Manuel Garrido Palacios y su hijo David por este estupendo regalo que ha sido para mí la realización del documental que se proyecta hoy. Igualmente doy las gracias a todos los que habéis empleado parte de vuestro tiempo en asistir a este acto.
Los artistas si no tenemos vanidad, más o menos controlada, no somos artistas; y creo que ello se debe a la necesidad, no gratuita, de atraer la atención de los demás, hacia nuestro trabajo. Y digo que no es una necesidad gratuita porque, como decía el crítico Eduardo Cirlot en uno de sus ensayos, la obra de arte no está completa sin la mirada del espectador. Cuando el espectador es un allegado; porque ese allegado entiende muchos porqués, y razones que a otros pueden escaparse. Cuando es una persona desconocida quién se interesa por la obra, sientes que has conectado a distancia con alguien que reconoce ese lenguaje críptico que es el arte de cada uno, y que esa obra ha provocado una respuesta. Muchas veces la emoción que una persona experimenta ante un cuadro, por ejemplo, no tiene las mismas motivaciones que tuvo el artista para realizarlo. Se produce algo nuevo. Aunque de forma intangible, se ha vuelto a crear algo, y la palabra recrear o recrearse cobra todo su sentido, porque la obra se completa con las proyecciones íntimas de ese contemplador.
A los que estáis aquí por amistad, por familiaridad, porque os pueda interesar el arte, o por las razones que sean, me gustaría corresponderos con unas claves que justificaran el sentido de mi trabajo de tantos años y su posible coherencia . La verdad es que mi trabajo puede tener sentido, pero no demasiada coherencia. Desde la época de aprendizaje con mis maestros Pedro Gómez, Antonio León Ortega y Manolo Moreno Díaz, fui adquiriendo ese lenguaje plástico que se hizo carne junto a mi forma adolescente de sentir la vida, junto a mis creencias y a mis ilusiones jóvenes de entonces. Y siempre continuó así. Nunca pude ni quise separar el arte de la conciencia, ni la razón de los sentidos, por eso mi obra, no demasiado prolija, puede a veces carecer de orden y de coherencia, tal como corresponde a mi forma de ser. He tenido etapas de mucha actividad y largos periodos de inacción. Etapas de tremendos deseos de ser; etapas de credulidad y de ideales (alguien dijo una vez que un ideal es una emoción inflamada en torno a una idea); si eso es así confío, al menos, en no perder las ideas aunque pierda la flama. También hubo momentos místicos, que no religiosos, (nunca la divinidad me concedió esa gracia). Etapas de perplejidad; de amor, de desamor… como casi todo el mundo…, pero estas vivencias, entre la gente que nos dedicamos al arte, suelen impregnar el hacer y convertirse en material creativo, de tal forma que uno va dejando en el trabajo su biografía emocional.
Como se verá en las imágenes que se proyectarán tras esta breve intervención, en las que se intenta resumir mi evolución profesional, hay un empezar figurativo, impresionista y romántico de mi etapa casi adolescente, que coincide con la asistencia al estudio de Pedro Gómez y Antonio León, en la calle San Cristóbal. Aquel taller acogedor, donde el tiempo no estaba acosado y el trabajo era calmoso.
Pronto se percibe la influencia de Manolo Moreno, y a través de él la de Vazquez Díaz y Pepe Caballero. Surgen toques surrealistas y expresionistas, y también una apertura hacia la abstracción. Por aquella época el joven que uno era vivía con los ojos abiertos buscando ventanas por las que divisar paisajes diferentes. Empiezan a publicarse en España los primeros libros con el arte de vanguardia, y llegan otros de museos y colecciones extranjeras. A los dieciocho o diecinueve años hago mis primeras salidas huyendo de la todavía asfixiante atmósfera cultural de aquella Huelva. Aunque mi amigo Domingo Prieto, de haber estado por allí, me hubiese dicho que me iba para coger barniz y dejar de pintar tanto barco escoñao. También hubiese tenido razón. Entonces no era fácil viajar. Estaban muy lejos las becas Erasmus y los viajes de bajo coste. Pero aquella mano que me servía para pintar también era buena para hacer auto-stop cuando era necesario y para darme algún dinerillo haciendo retratos. Y mereció la pena, porque aquellas estancias en Barcelona, en Madrid, en Holanda o en Bruselas fueron un buen aporte tanto técnico como humano para aquel joven, alocado, según el ojo conservador de algunos paisanos conspicuos. Incluso merecí un soneto de un conocido poeta reclamándome al redil y suponiendo las razones abyectas de mi partida. Si llego a hacerle caso no podría acariciar tantos recuerdos estupendos. Aunque como hoy es día de agradecimientos, le agradezco su buena intención.
Algo muy especial fue el grupo Santa fe. ¡Cuánto me aportaron los compañeros del grupo¡ ¡Cuantas páginas llenas de poesía, de música, de historia y de amistad¡ Gracias a los tres Manolos: Manolo Pizán, Manolo Crespo, y Manolo Garrido Palacios, a Victor Marquez Reviriego, a José Luis Gómez, a Paco Perez, y gracias a Paca y a Boni, mis padres, que también me enseñaron lo suyo, y estuvieron a punto de que la policía les cerrara el bar a causa de nuestras reuniones.
Una etapa bastante afortunada fue el año de trabajo con Jesús Mojarro. Una segunda exposición en Madrid con esta nueva forma de hacer, y las posteriores que hice solo, una vez disuelta, amistosamente, la sociedad.
Después de aquello, algunas regresiones y saltos hasta las últimas exposiciones con una mas clara definición abstracta. Actualmente estoy dando los sorbos finales a esta última faceta. Lourdes, mi musa compañera y yo hemos convertido nuestro molino-panadería de Trigueros en “Centro de Arte Harina de Otro Costal”, haciendo alusión al enclave. Está dedicado a la formación, a exposiciones y a hurgar en todo lo que tenga que ver con el arte.¿Qué haré a continuación si el tiempo lo permite?, y no me refiero al tiempo atmosférico, sino al que se desliza por la piel oxidándonos discreta y traidoramente. Creo que volveré a trabajar en tres dimensiones. Ese camino aún no lo he agotado y ahora me apetece retomarlo con otra capacidad de reflexión y mejores medios.
¿Es bueno lo que he hecho? ¿Es malo? A veces pienso que no es para tanto. Y otras lo encuentro bueno y descubro de vez en cuando, entre mis brochazos, cosas no previstas; hallazgos que ponen los materiales por su cuenta cuando te llevas bien con ellos. En cualquier caso a mí me sirve todo esto y se que hay gente que lo valora. Mi gratitud a esa gente y a los caminos que otros artistas han abierto y que me han permitido jugar con mis vísceras hasta la impudicia. Y mi gratitud, de nuevo, a la Universidad de Huelva por acogerme esta tarde, Por ser generadora de pensamiento en esta ciudad, y por ocupar el espacio de lo que fue un cuartel. No está mal levantar un templo a la razón donde antes hubo otro a la obediencia”.

© Juan Manuel Seisdedos

https://www.youtube.com/watch?v=_PqaFWbJWlM

Seisdedos








Gavilán. Águila
Dos óleos sobre tablas (1999)
https://www.youtube.com/watch?v=_PqaFWbJWlM




Juan Manuel Seisdedos nos pintaba el mundo con los colores que él lo veía y algo aportó a nuestra forma de mirar. Hablo de los 13, 14 o 15 años de edad. A partir de ahí fue figura inseparable y un referente para los cuatro perros callejeros que merodeábamos por las calles Aragón, Ginés Martín, Piojito, Carnicero, Vega, Merced, Molino y otros andurriales del entorno. Todos de la misma hornada: Picúo, Cuartoquilo, Paquiqui, Juanini, Trabuco. JMS trazaba en nuestro lienzo virgen, sin proponérselo, las líneas que intuía para buscar horizontes más allá de los patios de vecinos en los que vivíamos. Una imagen que se me talló de aquel tiempo fue el cruce que tuvimos en la Piterilla. Él cargaba con un macuto y se iba a Bélgica. Yo lo veía desde la esquina y quería irme. Cierto que poco después ya estábamos todos de pingoneo por esos mundos, pero él los pintó primero al dar forma a sus sueños. Su práctica pictórica no paró ahí. Ya cada cuervo en su olivo, Juan Manuel Seisdedos se esforzaba por dar a cada cosa su color, por mostrar una variedad de tonos capaces de convivir, por abolir del aire que respiráramos cualquier pincel dictatorial, todo extremo chirriante que enturbiara el vivir para vivir. Nunca quiso vivir por esto o por lo otro, sino vivir para vivir, por el simple placer de vivir. No lo vi jamás emborronar el retrato de un ausente, sino usar con arte la difícil técnica de la conllevancia –de esto lo sabía todo Boni, su padre– para evitar la menor chispa que pudiera prender en el campo sequerón de aquellos tiempos. Militamos en la aviación, donde quiso pintar con palabras al Che en una de las clases magistrales de adiestramiento. No se lo permitieron. En el entierro de mi padre estaba el amigo Juan –inolvidable escena– como figura autopintada de marrón en un paisaje triste y terso. Yo sólo me atreví a pintarle a los Beatles y, menos mal, un día que había corrido el tinto más que de costumbre, me concedió la autoría del cuadro: Si tú dices que son buenos, son buenos. En la década de los setenta fue el éxodo generacional a Madrid –antes se había instalado Pizán–, cuya galería de cuadros no pintados en semejante época sería interminable si pretendiera hacer relación de ella; valga con nombrar el menú diario de veinticinco pesetas frente al café en el Plaza por cincuenta; Galería Seiquer, Tato, Cuevas de Nemesio, Paco Toronjo, Jesús Mojarro... Eran retazos de aquel mundo que, seguramente, JMS guardaba en su mente para sacarlos un día en una exposición: 'Vibraciones', que disfrutamos en el Convento de Santa Inés, de Sevilla, como puros latidos del artista. Pintara aquello o esto, lo que sigue intacto en Juan Manuel Seisdedos es el asombro que despierta en los demás. Sin dejar de ser callejero, ni perro, continúa pintándonos el mundo con los colores que él lo ve, con las formas que lo siente, dando a cada acto de su vida, a cada cuadro que cuelga del muro de la amistad, ese punto de bonhomía con el que nació, desplegando esa paleta de sinceridad con la que se hizo.

© Manuel Garrido Palacios

Antonio Martínez i Ferrer









EL RUMOR DEL PATIO


En la otra calle

los aceros de la muerte apuntan
a la cabeza del niño.
De todos los niños.
La mano de fuego consuela a la madre,
mientras
la tierra muerde sus tiernas carnes.


CORRE, CORRE, NIÑO DE ARENA



Con los días de la tragedia,

la mirada del verdugo
a nada humano se parece;
su belleza
de trasparencias engañosas,
se alimenta del apetito
y la sumisión al amo.
El señor de las verdades
es ignorado
mientras se ahoga
en los meandros
de un mar de mazmorras.


© Antonio Martínez i Ferrer

SENDEROS

“Estoy / aplaudiendo / en la esfera de los verdeazules / el tiempo / no recuerda esta sonrisa / mi descuido / ha impreso en la portada / una huella sin nombre / una rareza / escribe alborozada / en mi interior / vientos blancos / vientos”.


Son versos de Senderos, libro de Antonio Martínez i Ferrer (Alzira 1939), obrero de artes gráficas, luchador contra la dictadura franquista, represaliado hasta el despido laboral y el exilio. Martínez i Ferrer ha publicado en castellano, valenciano o portugués El rumor del patio, 2003; El soroll del pati, Angoixa y Corre corre xiquet d'arena, 2006, Editorial Germanía; el último también en Baile del Sol, 2009, libro que obtuvo mención especial en el Premio de Poesía Julio Tovar. En Ateneo Obrero de Gijón, El grito del oasis, 2007; y en Canto Escuro (Portugal) Efectos Secundarios / Efeitos secundarios, 2008.
Esta antología, que edita la Asociación Crecida, de Ayamonte -dice Antonio Orihuela en su prólogo- va “destinada a dar cuenta de las muchas voces, registros y confesiones con las que el poeta ha tratado de iluminar estos Senderos con los que es nuestra pretensión mostrar las huellas, las trazas y los desvelos que asedian la obra poética y la visión” de su mundo. Analiza la obra desde cuatro ángulos y empieza con los poemas que “parten del asombro del hombre que, casi en el tramo final de su vida, descubre la poesía. En ellos vuelve la mirada hacia donde el tiempo apenas recuerda las sonrisas y se hace consciente del descuido en el que ha vivido una vida entregada a un proyecto de transformación social y que, si bien también ha abierto surcos hacia un esperanzador barbecho para su cultivo interior, no había sabido conjugar, en la misma medida, ese afán”: “Retiro los escombros / desde aquel beso / sin huella / escupes / en la raíz y no crece el desprecio / rehaces / el guante del calvario / para asombro del sueño / escondes el báculo / en la orfandad / la agonía / reposa / junto al vuelo de los engaños / grazna desde el negro / acude al desorden / el deseo / es un horizonte / con enredaderas / de viento y distancia”.
Siguiendo el prólogo de Orihuela, el segundo ángulo nos deja ver “la otra raíz que anida en el ser para el mundo del poeta. La raíz materialista y dialéctica es también raíz histórica y sobre ella, el poeta construye un tiempo de ignominia, de las transacciones entre los grupos de poder del tardofranquismo en su adaptación al modelo de la democracia formal”: “Ese desierto / quebrado de golpes / ese dolor oceánico / ese rojo / mordiendo las arterias / esa soledad / hundida en sus raíces / esa inmovilidad / pesada / dura / ese restablecer / en la mirada / el gesto / ese andar por lugares / donde la mano / desnuda / se abre / y espera”. […] “El torrente compone / con sus volúmenes rotos / un nuevo artificio / de gritos / el final escaso / descompone los azules / seguir desnudo / seguir cayendo / seguir vacío”.
El tercero se abre “con una promesa de libertad individual, de fina y agreste rebeldía que quiere, desde lo personal, abrazar lo colectivo, recuperar el tiempo de las miradas, las sonrisas, la asamblea, el vértigo, los vínculos en los que volver a enredarnos para ganarnos en humanidad”: “Un verbo de columnas / sosteniendo / mañanas y tardes / espera en las hogueras / del hambre / yo trasiego / entre brotes jóvenes / la rebeldía / un tiempo / de revoluciones / espera en los sueños / un tiempo / de pan / espera en el camino / un tiempo / de muchedumbres / espera en las plazas / un tiempo para ellos / un tiempo para nosotros / las manos libres / esperan / esperan”
Por el cuarto ángulo de esta mirada paralela prólogo/versos entran “los poemas del consultante, del que espera, inquieto, lo excepcional por llegar, la revolución a la que el poeta no renuncia, siempre con su puerta abierta”: “Siento / la voz mordiendo / en el vientre / un volcán vomita / después / del miedo / están las esquinas / clavadas en el grito / me agarro / a la soledad / la ventisca recita sangrenegra”.
El libro me lo da Eladio Orta en Punta Umbría el día en el que Uberto Stabile estrena su documental sobre la poesía fronteriza México-EE.UU., marco idóneo para estas cosas que tanto calan en el sentir y que salen por los versos. Los poetas Augusto Thassio y Ramón Llanes, presentes en el acto, lo saben bien.

© Manuel Garrido Palacios

José Luis Rodríguez (Guitarrista)





José Luis Rodríguez
Guitarrista. Compositor



El guitarrista flamenco y compositor José Luis Rodríguez estrenó su espectáculo ‘Espacios Intimos’ en USA. Considerado uno de los guitarristas más importantes de su generación, continuador de la escuela de Mario Escudero, su música se caracteriza por su capacidad interpretativa y compositiva, apoyada en una técnica guitarristica impecable. Entre sus trabajos destaca ‘Yerma’, compuesto para la gran bailaora Cristina Hoyos, además de ‘Tierra Adentro’, ‘Al compás del Tiempo’ y ‘Viaje al Sur’; y ‘Dibujos’ y ‘Souvenir’ para Belén Maya, entre otros. Desde su llegada a USA, José Luis Rodríguez ha creado la música para el espectáculo ‘Cleopatra y César’, estrenado en el Colony Theatre de Miami Beach.
José Luis Rodríguez estrena ahora su nuevo proyecto ‘Resonancias’ en USA, que, como el anterior lo interpretará en el University Center for the Performing Arts, en Davie, Florida con el acompañamiento de Rómulo Bernal (percusión), Alex Jordan (guitarra), Niurca Márquez (danza) y la cantante sefardí Susana Behar.
‘Resonancias ─dice el músico─ es un reflejo de la memoria subconsciente que permanece en la obra de todo artista, como una huella esencial que llega a través de los recuerdos de otros y que, en nuestra mente aparecen como imágenes deformadas o distorsionadas’.
Desde su llegada a USA, José Luís Rodríguez continúa desarrollando su carrera en solitario, habiendo presentado sus proyectos Espacios Intimos y Flamenco abstractions, además de haber sido elegido representante de la Cultura Española en la inauguración del nuevo Centro Cultural Español en Miami. Nacido en Chaouen y criado en Huelva, José Luís Rodríguez es un guitarrista fundamental dentro del panorama flamenco internacional. Su música, renovada y fresca, se apoya en elementos sonoros universales y en un profundo conocimiento del flamenco.

www.joseluisrodriguez67.blogspot.com

Martín Gambarotta






PUNCTUM
Martín Gamboretta
Ed. Liliputienses




¿Por qué ahora aquí y allá? ¿Por qué Punctum? Desde luego que el título voluntariamente pretencioso, como el autor ha señalado varias veces, no ofrece la clave de la cosa sino una de sus efectivas descolocaciones pragmáticas. La reciente reedición del poemario en Argentina por parte de Mansalva/Vox y esta primera edición en España de parte de la Biblioteca Gulliver, no pueden resultar sino exactas recolocaciones de la cosa en un contexto geopolítico tan particular como global. La cosa es, antes que nada, un libro con su lomo y con sus tapas que en su día se volvió inencontrable gracias al culto que le profesaban las pequeñas hordas de lectores argentinos de poesía. La cosa era tan necesaria a esos lectores que al escritor del texto que la cosa contenía o que contenía la cosa, según dicen, una vez le negaron un ejemplar expuesto en una librería. El libro, dicen, colgaba de una cuerda sujeto por una pinza. Había dejado de ser tal para convertirse en algo más, acaso una lectura generacional; desde luego que un bien común no privatizable por aquel astuto cliente que decía llamarse Martín Gambarotta para quedarse con el ejemplar único de Punctum expuesto en aquella librería. No estoy segura de si dicho aura podrá ser traducida “aquí” – aunque estemos viviendo un momento probablemente perfecto para el trasvase – pero para intentar la traslación me atrevo con este breve postfacio (no tan) paradójicamente introductorio.

© María Salgado

José Manuel Caballero Bonald

Foto Héctor Garrido
Adornar la vida





La religiosidad del andaluz tiene un componente supersticioso muy acentuado, dándole al término superstición de tan amplio eco mediterráneo su más primario sentido de creencia en lo sobrenatural. Podría decirse que el andaluz, que convivió tan largo tiempo con religiones distintas a la católica, tiene una idea muy vaga de lo que es un feligrés ortodoxo. Los mandamientos de la Santa Madre Iglesia no se le antojan por lo común como de obligado cumplimiento. Sus efusiones devotas son casi de orden folklórico. Se dirige a sus Vírgenes predilectas como si hablara con una mujer, a quien vitorea y piropea en la lengua de cada día. Y las Vírgenes pasan contoneándose al son de la música y como alardeando del barroco y deslumbrador conjunto de sus ornamentos: esos ‘pasos’ atestados de flores, con los varales, candelabros y respiraderos de plata repujada, el largo manto bordado con hilo de oro, las joyas y coronas. No es una celebración rigurosamente religiosa, o no es sólo eso; es como el triunfo de la vida en un tiempo cristianamente considerado como de recogimiento y sacrificio.
Pero el gran momento de exaltación colectiva en este sentido es el de la romería del Rocío. Un episodio que, con toda probabilidad, pone de manifiesto las más recónditas y complejas intimidades del pueblo andaluz. Ese pequeño enclave de El Rocío, perteneciente al onubense término municipal de Almonte, se convierte cada Pascua de Pentecostés en un multitudinario y espectacular teatro del mundo andaluz. Existen también otras romerías famosas sobre todo la de la Virgen de la Cabeza, en Sierra Morena, ya citada por Cervantes , pero la del Rocío es la que atrae a más cientos de miles de enfervorizados devotos o asombrados espectadores. Son muchos elementos mezclados: la fe, el fanatismo, la piedad, la paganía, la unción, el desenfreno, los contagios de la moda, los lucimientos personales, las penitencias.
El escenario concreto de El Rocío se reduce a un arenal próximo a las marismas y al monte bajo del paradisiaco Coto de Doñana. El conjunto del caserío y de los campamentos circundantes recuerda un poco al de un poblado del oeste americano, y más cuando aparece absolutamente invadido de caballos, carricoches, caravanas de carretas, peatones más o menos vestidos de camperos. Por todas partes se bebe casi por imposición ritual y por todas partes se escucha el orgiástico redoble de las sevillanas ‘rocieras’, otra manifestación folklórica andaluza puesta últimamente de moda por todo el país.
La Virgen del Rocío, venerada hasta el frenesí por los almonteños y aún por gentes de muy distintos lugares, es más bien una diosa, la ‘Blanca Paloma’, la reminiscencia evidente de antiguos cultos tribales transferidos a la también llamada ‘Reina de las Marismas’. Como en las ferias, el caballo es aquí el signo manifiesto de un cierto privilegio social, y el vino y el entusiasmo, unos nexos democráticos muy prodigados en esos días. La Virgen es la gran madre primera, la que imparte beneficios y favores, la que exige un ceremonial casi lindante con el paroxismo y cuyas andas solo podrán ser sostenidas y aun tocadas por los iniciados y exaltados almonteños. Parece ser que las casitas de El Rocío cada vez más numerosas sólo pueden ser adquiridas a título de concesión de la parte edificada, ya que los terrenos pertenecen oficialmente a la Virgen no en vano los muy católicos han llamado a Andalucía ‘la tierra de María Santísima , la cual ni puede enajenar su propiedad ni pagar impuestos. Una figura jurídica perfectamente andaluza.
A medio camino entre lo dionisiaco y lo apolíneo, el andaluz parece reservar todos los excedentes de su pasión para las fiestas y todas las constantes de su filosofía natural para la vida cotidiana. Lo dionisiaco coincide como esta mandado con lo barroco, con lo tumultuoso, y lo apolíneo con lo clasicista y ordenado. Cuando no celebra colectivamente algo, el andaluz suele inventarse algún que otro sucedáneo de celebración privada, si no se dedica a soñar calmosamente con sus festividades predilectas. En algunos bares de la Baja Andalucía, junto a la imagen de la Virgen del Rocío, aparece una pizarra donde se van anotando los días, horas y minutos que faltan para la próxima romería. Una ocurrencia que tiene mucho de desorbitada, pero que tampoco deja de corresponderse con una cierta filosofía de la vida.
La capacidad de espera, la paciencia del andaluz es muy notable y debe estar relacionada con los imperativos fatalistas de la cultura campesina. O con ciertos influjos de la presunta indolencia oriental. Pero tampoco en este, como en muchos otros casos, hay términos medios. Junto al andaluz impertérrito, estoico, paciente, está [...] el exaltado, el bullicioso, el anhelante. Este último es el que cultiva el exhibicionismo, mientras el primero es el que gusta del intimismo. También podrían buscarse por ahí otras trazas distintivas, otras contradicciones. Por ejemplo y en especial las que condicionan de hecho un extenso campo de la vida andaluza: esas enfrentadas actitudes entre el que se afana por aprender y el que ‘desprecia cuanto ignora’.

© José Manuel Caballero Bonald

José María Vaz de Soto







Para el libro

'Una mirada a Huelva'
Col. La Espiga Dorada
Foto MGP.




Manuel me pide una mirada a Huelva para su libro del mismo título, y, tras repasar diversos archivos y disquetes y varios pasajes de mis novelas en los que Huelva sale sin ser nombrada, se me queda, por último, la mente tan en blanco que, como desquiciado homeópata (similia similibus curantur), vuelvo buscando remedio a la pantalla igualmente en blanco del ordenador, a la espera del correspondiente reflejo condicionado para teclear lo que me salga. La cosa parece que surte efecto, un efecto acaso excesivo, porque enseguida fluyen hacia las yemas de mis dedos tantas imágenes, e incluso tantas ideas, que no sé por donde tirar. Si tiro por aquí, me va a pasar como a Proust con la magdalena, que volveré al vasto jardín de mi infancia en Paymogo y en La Antilla; si tiro por allá, acabaré rememorando la Huelva capital de los años 50 vista o entrevista desde el interior de un siniestro edificio de la calle San Andrés o en los largos paseos dominicales en disciplinadas filas a la Cinta, a la cárcel o a la Punta del Sebo; y si me atengo a lo más reciente, quién sabe si no acabaré hablando del Recreativo, del que por aquellos mismos años fui socio y al que vi partirse la cara en el Velódromo durante seis largas ligas sin salir de Tercera.
Ninguna parte del mundo, lo tengo claro, ha influido en mí tanto como Huelva y su provincia; en ninguna parte del mundo, a lo largo de mi ya bastante larga existencia, he vivido tan intensamente como en la provincia de Huelva. Ni en mi adolescencia sevillana y madrileña, ni en mi juventud madrileña y vitoriana, ni mucho menos en mi vida adulta, española y francesa y otra vez sevillana, me han marcado la piel con hierros tan candentes ni me han pasado por ella con tanta suavidad, como al arpa de Bécquer, esa mano de nieve que todavía arranca notas dormidas en las cuerdas de la memoria.
Pero por este camino, ya se ve, podemos pasarnos de sentimentales, e incluso ponernos un pelín cursis si nos dejamos ir. En la mente humana, como en la vida misma, hay laberintos inextricables, pero también hilos de Ariadna. Recuerdo ahora -no porque a mí me interesen los aniversarios o centenarios más que la carabina de Ambrosio- dos poemas de Cernuda, Es lástima que fuera mi tierra y Bien está que fuera tu tierra. En ambos, desde su exilio ya definitivo, nos habla Cernuda de España; pero la España a la que se refiere en el primero de ellos -la de los años 50- la viví yo desde dentro, aunque niño, en Huelva. Quizá por eso, por ser niño, no me resultó tan ajena y hostil como a Cernuda, ni como acabaría resultándome a mí mismo posteriormente en Sevilla o en Madrid, sintiéndome yo también condenado ya por aquellos años a una especie de exilio interior. En todo caso, en las calles de la Huelva de entonces, aquellas procesiones ‘con restaurados restos y reliquias / a las que dan escolta hábitos y uniformes’ todavía desfilan a veces por la pantalla de mi memoria.
En el segundo de los poemas citados, aparece otra España, una España siempre amada por Cernuda, la España imaginada y recreada por Galdós en sus Episodios y en sus novelas, ‘la patria imposible, que no es de este mundo’, como él dice. Tampoco lo es, y a esto quería yo llegar, la provincia de mis sueños, y aunque Huelva no haya tenido un Galdós que la recreara para mí como lector, yo mismo, como autor, he aspirado un poco, aunque me esté mal el decirlo, a que se halle trasmutada y presente en mi modesta obra novelística.
A lo mejor Manolo hubiera preferido que yo le hablase aquí del Andévalo y Paymogo o de Lepe y La Antilla, y tentado he estado, ya queda dicho, de recurrir a algún pasaje de mis novelas, pero el límite de uno o dos folios que nos hemos marcado ha hecho que me incline por este breve artículo, que no es otra cosa que una impresión muy subjetiva. Podría haber hablado también de cosas más objetivas, como la literatura, el habla o el paisaje onubenses, pero tampoco me he atrevido a salir de mi concha. No sé si me aceptarán como disculpa que la Huelva que mejor conozco es esta que llevo dentro de mí.

© José Mª Vaz de Soto

Marcos Gualda







‘Teoría del choquero trocho’ es un libro de Marcos Gualda que viene marcado con el sello de las buenas iniciativas que asoman por acá. La última -muy nombrada- fue la de Colón en su empeño por ir a un lugar complicado, aunque luego encontrara aparcamiento en otro y allí pusiera el chiringuito bajando de los barcos a un tiempo la cruz y la espada. No cayó en que con tres carabelas es difícil andar de mar en mar buscando un guardia de circulación con tridente al que preguntar: «Oiga, ¿llevo buen rumbo para las Indias?» Seguro que topó con uno que tenía el día malo y por eso lo mandó a otro sitio, como me cuentan que ocurrió la vez que hubo un escape en el Polo Químico de Huelva y el guardia, confundido el hombre, se puso a dirigir el tráfico hacia el peligro, hasta que lo avisaron: «¡Oye, que es al revés!» y por esa simpleza se salvó el personal.
No tan trocho, no sólo porque diga con la gracia de buen escriba lo que dice en sus páginas, sino por la oportunidad de hacerlo, que vaya si hacen falta obras así por estos lares, lo que ofrece Marcos Gualda es la crónica de muchas verdades agazapadas en el insufrible «Huelva es así» que se suelta para justificar tantas cosas. El libro es un excelente viagra para erectar la conciencia, para que sepamos que aún es tiempo de restañar el daño que hace esa torpe resignación. Apurando, parece decir con Juan de Mairena que «Hoy es siempre todavía» y romper la costra de conformidad que nos lastra. No tan trocho, ahí voy, no sólo por las verdades como puños que trae, sino porque si extrapolamos la esencia hacia la lamentable desnudez que padecemos, podemos sacar conclusiones que nos alegrarían el día más allá de esa alegre tristeza de la que no se sabe salir sino a golpe de carcajada, a borbotón de chiste, a espasmos que nunca acaban en algo, siempre en nada. Una vez presentado el libro de Gualda por Stabile y Pimentel, en un soplo de días no habrá ejemplares disponibles. Estábamos de acuerdo en esto ayer Manuel Moya y quien esto escribe. Y sucederá porque aún hay quien busca enjundia propia en los textos cercanos, claves del cómo y por qué se es, esencia más allá de las pajas mentales que se advierten en cualquier rincón. El libro es grano puro que moler en la trastienda de la mente, útil para despertar y cuestionarse si seguir siendo lo que se ha sido o empezar a ser lo que se puede ser. En suma, para tratar de avanzar a lomos de las denuncias travestidas de trocherías impresas en sus páginas. Por eso presume Isabela que será un best seller sureño. Bienvenida la idea, el autor y la obra. Bienvenida Almuzara, por revolver con su iniciativa la charca empantanada de publicaciones en esta ciudad, merced al ¿criterio? restringido para publicar a amiguetes y familiares, pero con fondos de todos; bienvenido Marcos Gualda, fiel a las tres cosas importantes que hay que hacer en la vida; y mejor venida la Teoría del choquero trocho porque es un libro-espejo donde mirarse por un módico precio. Espejo nada de trocho porque lo que se ve dentro no es sino la imagen de la realidad reflejada. Lo trocho es el modelo, el arquetipo, el prototipo, el tipo que se mira el ombligo ante el cristal. Seguro que su lectura no será del gusto de todos: eso es bueno. Recomendable para cualquier obra. Me mojo y digo que a mí me ha gustado, entre otras razones, porque no enlirica paisajes para situar calcomanías, sino que corta a tajo los perfiles para hacerlos más humanos, si cabe; ni rebusca a ver qué es lo que le gusta más a mamá, sino que tiene la virtud de encontrarlo todo en su sitio justo, sea áspero como lija o dulce como meloja, para darlo tal cual de pasto al azogue. Se me da que Marcos Gualda sólo ha tenido que mirar para ver y luego escribir lo que sentía, soberanamente además, por si fuera poco.

© Manuel Garrido Palacios

Manuel Francisco Reina





Las rosas de la carne
Manuel Francisco Reina
Ed. Calambur





“Rosas secas sobre mi corazón agotado / como un tintero exhausto para escribir de amores, / donde los cuervos criados con la ternura antigua / de quien creía su pecho nido de palomas, / secaron mi fuente para el amor y las lágrimas / como monstruos sedientos de pasión y de vida”.
Son versos de Manuel Francisco Reina (Jerez de la Frontera, 1974) novelista, dramaturgo y crítico, ha publicado “Razón del incendiario” “Naufragio hacia la dicha” “Del insumiso amor” “Consumación de estío” “Las islas cómplices” “El amargo ejercicio” y “La lengua de los ángeles”, obras que han merecido, entre otros premios, el Ciudad de San Fernando, el Ciudad de Irún o el Ibn Al-Jatib.
“Y qué más da si olvidé vuestros nombres, / cadáveres de rosas exquisitas, / cuerpos espléndidos que amé con fuego / de noches extenuadas con pasión de agonías. / Qué importa si de mí me olvido cuando os otorgo / natura de dioses ahogados en mi memoria, / ungidos de eternidad por mi daño / que es mi herida antigua de antes de haber nacido. / Con tanto amor exhumo vuestros restos / que inmaculados volvéis a la vida / como si el pasado fuera sólo ruina y humo; / como si vosotros me llamaseis desde el alba / y el cuerpo despertara de su ahora / sabiendo que es cadáver de sí mismo, / aroma agonizante de su estío”.
El poeta se encomienda en los previos a Juan Ramón Jiménez: “El recuerdo / florece ahora en cada rosa, / entre los besos castos, hay un beso / ardiente, inexorable”; a Luis Rosales: “Los ángeles son de rosa / viva, las rosas de carne, / y anda el sueño confundiendo / los árboles con los ángeles”; a Pilar Paz Pasamar: “De rodillas aquellos, los que ignoren / que pueden encontrarte en una rosa / o en la terrible soledad espesa”; o a Héctor Rojas: “Me gustan esas rosas ardiendo en sus tiestos. Están henchidas de una alegría y un ímpetu que recuerdan el odio”.
Manuel Francisco Reina estructura su libro en tres partes: Naturaleza de la rosa: “Porque soy un mártir de la belleza, / testigo que no escapa al deseo tan ingenuo / de dejarse herir por la fugitiva hermosura / cada vez más escasa de este mundo”; Las rosas de la carne (No os engañen las rosas): “El párpado cerrado ante el que el hombre / sucumbiese inevitablemente a su destino, / como la amada tierna al poder abrasador / de un dios del cielo”; y Exhumaciones: “Habéis dejado el tiempo de ser flores, / perdisteis la razón de la ternura / y el cálido temblor de la inocencia. / Perdisteis todo al fin, y no me importa”.
Se incorpora el poeta al fragor del verso convencido de que no hay tregua y redescubre a través de la rosa la virtud de ser consciente de que siente, late, sueña; y busca un signo de identidad con el ser amado, paso decisivo, esencial de su vivencia: “Por el suelo empedrado de los siglos / desgastaron tu nombre y tu figura, / como tea que arrastra sus rescoldos, / deshojando sus pétalos ardientes. / Del motivo fatal de tu belleza / al cansancio leve de la palabra, / la misma culpa tiene el torpe amante / y el mal poeta, ladrones de gracia. / Cuánto canto anodino por tus logros, / cuánta vana metáfora de verdes / aguzados de espina traicionera / como mantis florida y predadora. / Pero al fin tú sigues siendo igual: tú, / la misma rosa mil veces ajada, / protagonista ajena del idilio, / confesora de amor o su pañuelo, / lecho de mortajas o ramo de novias, cáliz de la sed que prende el deseo. / Porque nada cambia: decimos rosa / y florece en el aire su presencia, / inmutable espíritu fiel al fuego / como fénix del tallo florecida. / Sin más. pensamos rosa y simplemente / nos vuelve a despertar la primavera, / nos arde la pasión sobre los labios, / y olemos su perfume en nuestro lecho”.
Versos que se enredan con lo más complicadamente simple: lo que el amor pintaba y que bien podría traducirse como inocencia. El poeta sabe que encontrar la voz deseada viene a ser un milagro sólo capaz de realizarse con los versos, aunque se revuelve contra las lindes propias de la expresión y tema no llegar a lo que busca. El tiempo se comprime en el gozo mientras el placer se dilata en el dolor. Bienvenido sea este tratado de lo bello, y sea así todos los días y todas las noches porque, como decía Pessoa: “No quiero rosas mientras haya rosas. / Las quiero cuando no las pueda haber”.

© Manuel Garrido Palacios