TOUCHES BLANCHES. TOUCHES NOIRES
Le Faiseur de Pluie
El Hacedor de Lluvia · Le
Faiseur de Pluie
Manuel Garrido Palacios
1ª ed. Calima Editores. Mallorca · 2ª ed. L'Harmattan. Paris
Manuel Garrido Palacios
1ª ed. Calima Editores. Mallorca · 2ª ed. L'Harmattan. Paris
Trad. al francés: Isabelle Toledo & William Rozemblat
Esta
novela: Le Faiseur de Pluie (El hacedor de lluvia) -segunda entrega de la
trilogía de Herrumbre- sigue narrando la vida del pueblo. La primera: El
Abandonario, la publicó L’Harmattan, Paris (L'Abandonnoir) y la tercera:
Memoria de las Tormentas, salió en España en Calima, Mallorca, cerrando así un
primer ciclo, porque Garrido Palacios continúa sacando sustancia escrita de ese
pozo sin fondo tan personal, ahora, en la editorial Le Soupirail, Francia, con
Touches blanches, Touches noires, que inicia y promete continuidad. Aunque
podría pensarse que los hechos se desarrollan exclusivamente en un ámbito
concreto, su autor los presenta como sucesos que pudieron –y pudieran– pasar en
cualquier tiempo, en cualquier sitio y ser protagonizados por cualquier grupo
humano, ya que la acción se universaliza y entran en juego las pasiones que
siempre movieron el mundo, presentes ayer y hoy en la más populosa ciudad como
en el pueblo más perdido: Herrumbre. Su autor “toma al ser humano como medida”
para que nos cuente, a modo de coro, la tragedia de un conflicto, nunca
resuelto, de unas gentes que, aunque saben que su existencia resbala por la
ladera del olvido –nada nació para durar–, antes quieren dejar el testimonio de
su paso por este “algo entre nadas” que es la vida.
Pour raconter l'histoire d'Herrumbre, petit village perdu dans un nulle
part maudit, il ne fallait pas moins d'une trilogie. Le faiseur de pluies en
est le deuxième tome. Dans ce roman, Manuel Garrido Palacios mesure la vie à
l'aune de l'être humain qui nous raconte, tel un choeur infatigable, la
tragédie d'un conflit, jamais résolu, la tragédie d'hommes et de femmes dont
l'existence, ils le savent, est condamnée à l'oubli (...) mais qui tiennent
quand même à raconter leur histoire, si modeste soit-elle, pour témoigner de
leur passage dans " ce quelque chose entre deux riens" qu'est la vie.
(Edit.)
L'ABANDONNOIR
L'ABANDONNOIR
Manuel Garrido Palacios
Traduc. al francés: Isabelle Toledo
Edit, L’HARMATTAN. Paris
Novela de Manuel Garrido Palacios construida como las antiguas tragedias griegas. En vez del carro sobre el cual el primer dramaturgo declamaba la historia de los héroes míticos para concurrir al premio representado por un bode (tragos), estamos en presencia de un muerto en su ataúd durante la vigilia que le hace el último vecino, mudo de soledad, en un pueblo perdido. En su soliloquio, el muerto hace desfilar a todos los habitantes que hubo en dicho pueblo con las anécdotas cotidianas, las intrigas, amores, odios y alegrías posibles de un lugar extinguido. La simplicidad brutal de los eventos, la unidad de tiempo y de espacio, las voces de los muertos que suben como un coro, parecen los elementos de una tragedia mediterránea que bien podría ser de Esquilo. Igual que en la vida, se reflejan también los momentos crueles o divertidos, las escenas burlescas, el humor corrosivo, la amargura, la pobreza y el hambre conocidos por tantas criaturas de la posguerra civil española. Ese pueblo escondido, llamado Herrumbre, es un microcosmos pero abarca toda la vida y la vida de todos nosotros. Conociendo el pasado del autor, escritor especializado en la etnografía, viajero y cineasta, el lector podría pensar que se trata de una obra de recopilación de cuentos, leyendas o anécdotas cosechadas durante toda una vida en contacto con los pueblos más rancios de España. Pero no. Pasa por la obra un soplo épico, una grandeza que solamente una experiencia vivida puede desenlazar y ofrecer. En efecto unas confidencias del autor confirman que muchas escenas son trasposiciones de su infancia en un pueblo similar a Herrumbre. Reviven los sonidos, los sabores, los rumores de ese mundo que hoy se desvanecería en el olvido si el autor no lo hubiera conservado en su memoria para nosotros. Hay en la novela El Abandonario unas invenciones lingüísticas que harán las delicias del lector. La riqueza del vocabulario, a veces inventado o inspirado en el lenguaje hablado, de los refranes, de los insultos, de las canciones populares, hace del texto una enciclopedia de la sabiduría del mundo rural, de un universo en desaparición. Existen escenas muy innovadoras en literatura, tal vez por influencia de la técnica cinematográfica, como por ejemplo, cuando se mezclan en el texto todas las conversaciones sobre la plazoleta del pueblo, como un rumor de fondo, donde respira la vida trivial de los habitantes. O cuando se entrecruzan los comentarios de las personas que preparan los pestiños en la cocina, escuchados por el niño desde su alcoba, donde fue recluido para que no incomodara los preparativos. Ese niño de ayer es el autor que escucha hoy las reminiscencias de estas voces de la felicidad simple.El lector francés entrará sin preámbulo en ese mundo mediterráneo ya familiarizado por sus lecturas de las novelas de Marcel Pagnol o Jean Giono. El Abandonario, de Manuel Garrido Palacios, no necesita de reflexiones metafísicas o escatológicas en ese contexto de vigilia mortuoria donde flota el espíritu colectivo resignado tanto a la vida como a la muerte.
© François-Luis Blanc (Francia)
LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL
Gustave Flaubert
LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL
Traducción de H. Giner de los Ríos
Ed. Mondadori
La
historia de un joven de provincias que se enamora de una mujer casada sirve a Flaubert
para crear uno de los hitos estilísticos de la literatura universal, quizá su
obra maestra, sin duda, una de las novelas más perdurables de todos los tiempos.
El escenario es el París de mediados del siglo XIX, donde la intensidad del placer
se mezcla con el tedio y el resplandor de uno de los períodos cruciales de la
historia europea: la revolución de 1848.
NUIT DE CHIENS
NOCHE DE PERROS • NUIT DE CHIENS
Manuel Garrido Palacios
1ª Edición: AR. Sevilla
2ª Edición: Calima. Mallorca
3ª Edición: L'Harmattan. Paris
Manuel Garrido Palacios se ha consagrado como uno de los narradores con más proyección del panorama español. Al margen de sus libros de estudio, en los que jamás ha descuidado un ápice el ángel de la escritura, y que a la postre le han servido para aquilatar un estilo tan propio como brillante, el autor ya había publicado un excelente libro de relatos que merece la pena leer y hasta releer: EL CLAN Y OTROS CUENTOS. En él, MGP, nos sorprendía con un desparpajo y una retranca poco habituales en el vademecum narrativo de este lado del Atlántico, tan metido en gravuras y realismos de cartón piedra. EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Calima. Palma 1998) guardaba una singular atención a la palabra oída, y en ella, como suele ocurrir siempre, al son, si se quiere mágico, de lo verdadero. Porque en Garrido Palacios, como en Rulfo, a cuyo magisterio no es ajeno, encontramos el polvo turbio y enfebrecido de los caminos, la desfiguración de quien intuye tras los rostros el rostro calvo y sarmentoso de la muerte. De sus campavías por el mundo MGP se ha traído la voz, el gusto por la plática y el filanderío. Porque sus textos poseen la virtud de poder ser contados en voz alta, frente a la chimenea encendida, esa especie de numen cuya virtud es despertar lo oscuro y lo dormido. A veces he tenido la impresión de que sus relatos se trataban en realidad de meras transcripciones magnetofónicas, hábilmente retocadas y llevadas a la embocadura de la palabra escrita. Por eso su obsesión rítmica, la natural cadencia de un discurso veteado de coloquialismos que, como ocurre con ciertos autores del otro lado del charco, transmiten todavía el peso de lo mágico. Como sucediera con Carpentier, su relación íntima con la música lo ha metido de sopetón en los médanos de la palabra, entendida ésta como respiración, como pálpito, como voluntad, si se quiere, convirtiéndose no sólo en el soporte, sino también en la razón de ser de una escritura minuciosa y rica, atenta a lo pequeño y siempre desdeñosa con lo grave y enjundioso, en la que no falta el gesto hilarante (pero no sometiéndose tramposamente a él), la observación canalla, la visión descorazonada del mundo: de ahí, quizás, sus muchos arrebatos de ternura, esa especie de air bag que en Garrido Palacios reviste el pesimismo. NOCHE DE PERROS, que abunda en todos estos referentes, es un libro de fábulas contadas al revés. Su eje central son, como se deja entrever en el título, los perros. Los perros desde su doble papel de observadores y protagonistas de la realidad. Los perros como inmaculados periscopios de nuestros dislates, de nuestra estupidez, acaso como su más rabioso contrapunto. Los perros que jalonan cada uno de estos cuentos algunos de ellos antológicos, como La forja de un lider, La canción del hambre, o los chispazos de La piel o Poemario, sin olvidar El lazo mortal, uno de esos relatos inolvidables, son perros perplejos, perros llenos de ternura, simples víctimas de nuestras veleidades e inquinas, perros esquineros, adosados y tiernos perros sinvergüenzas. Los perros que sobreviven en estos cuentos son perros cosidos a nuestras vidas y son, en realidad, la ropa con que nos vestimos, los ojos que nos asisten, la patria que hemos perdido. Arrobas de conmiseración y de ternura las que irradian estos personajes convertidos en sombras asombradas, que Garrido Palacios encuadra para hacer más plausible el banal atrezzo. El autor respira a través de estos perros de oscura procedencia y claro proceder. A ellos (y a todos esos nosotros que transpiramos en la piel de esos perros) ha querido entregar este libro ciertamente hermoso, escrito con el resplandor, pero también con el asombro de quien en el fondo de sí no deja de ser ciertamente un perro.
© Manuel Moya
REGRESO A BERLÍN
REGRESO A
BERLÍN
Verna B.
Carleton
Ed.
Periférica / Errata naturae
(Trad. L.
Salas Rodríguez)
Inédita,
refrescante visión del Berlín de finales de los años cincuenta. Poderosa y
seductora, transforma nuestra perspectiva
de esa parte de la historia, entre los escombros y la reconstrucción, con sus
alegrías, su oportunismo, sus miserias y sus remordimientos. Tiene potencia
narrativa, misterio, perfecto análisis de los personajes, disquisiciones
morales y la sutileza y la inteligencia femeninas de Verna B. Carleton, gran
nombre secreto de la literatura de su época.
CAFÉ AMARGO
CAFÉ AMARGO
Simonetta Agnello Hornby
TusQuets Editores
Desde la
creación de los fascis sicilianos o
la conquista de Libia hasta la segunda guerra mundial, la autora, nacida en
Palermo, residente en Londres, sigue las vicisitudes de la protagonista,
convirtiendo su vida poco convencional en un fragmento decisivo de la historia
de Sicilia y de Italia.
DORA MAAR
DORA MAAR
PRISIONERA DE LA
MIRADA
Por Alicia Dujovne
Vaso Roto Ediciones
Dora Maar, musa de Man
Ray, compañera de Louis Chavance y de Georges Bataille, amante de Picasso, termina
convirtiéndose en «la mujer que llora». Se descubre en esta biografía como una
esteta, una artista cuya obsesión reside en su mirada, pasando a ser Mira-Dora.
Alicia Dujovne (Buenos Aires, 1940) describe una época y nos invita a
recorrerla junto a sus estrellas del arte de vanguardia, con el pretexto de
conocer a una mujer icónica, de la que desvela detalles de una personalidad
sensible, misteriosa. Dujovne nos conduce, a través de los hechos, las
relaciones y la psicología, a las razones que determinaron el doble encierro de
Dora Maar: el terrenal, en el manicomio de Sainte-Anne de París, y el
espiritual, en un misticismo solitario que se prolonga hasta su muerte en 1997.
GIOCONDA
Gioconda. Monna Lisa. Madonna Elisa
(1503-8)
Óleo sobre tabla de álamo (77 x 53)
Leonardo da Vinci
Louvre. Paris
De mirada socarrona de parisina sentada en un café de los grandes bulevares, ve la vida que pasa y se deja ver por los que pasan por la vida. Estaba junto al cuadro de Las Bodas de Caná, de Paolo Veronese, la cambiaron de sala para introducir medidas de seguridad y ya regresó a su sitio. Ella sola se basta para atraernos esté donde esté, no en balde es la dama más observada, más retratada de la Historia: hace siglos, una vez ante el maestro; hoy, miles de veces al día. Puede que Leonardo le imprimiera ese gesto que conmueve pensando en la de ojos altivos que la mirarían, en la de figuras alzadas que querrían acceder a su altura, en la de perfiles aderezados ante el espejo para llamar su atención, en la de asombros que provocaría su rostro intentando descubrir el gran secreto de su sonrisa insinuada. Hay quien cree que Leonardo se oculta tras ella y que parte de la pintura utilizada se mezcló -¿casualmente?- con su propia sangre por un leve percance en el estudio, lo que pone a caminar la imaginación hasta el punto de pensar que Gioconda está allí viva, y que sale cuando el Louvre cierra sus puertas para deambular a sus anchas por las galerías, y que tiene sus charlas con los personajes de otros cuadros, y que se asoma a los enormes ventanales por los que se ve París desde todos los ángulos. Hasta se puede precisar que permanece más rato por la fachada que da al Sena que cuando mira hacia las Tullerías o Rívoli...Vaya usted a saber. Lo cierto es que de noche se escuchan pasos en la inmensidad del Museo; energías que no detectan las alarmas, pero sí la mente sensible. A menudo suben los bedeles porque sienten una música de salón, o el paso de un ejército que va a vencer o que vuelve derrotado, o el recuento de monedas, o el peso de la avaricia, o el vuelo susurrante de la Victoria de Samotracia, o el siseo de la Venus pidiendo prudencia. Uno de los fenómenos más bellos es el del Escriba Sentado, que se afana cada madrugada en colmar de signos un papiro -crónica mística- para que al alba lo lleve en su pico una paloma a una biblioteca oculta de Alejandría, antesala del Paraíso, ese lugar en el que te prometen plaza si eres bueno en la vida. Sobre estos asuntos hay quien opina que son pura mentira de gente enamorada del Louvre. Suelen ser los expertos en verdades absolutas, graves señores que argumentan, después de meditar durante la “breve eternidad de un instante” (verso de Lara) que Gioconda no se puede mover del sitio en el que la han puesto porque, simplemente, ella no es más que una pintura. Los que no pertenecemos a este grupo de escogidos y vamos a nuestro aire, no sólo creemos que Gioconda sale y entra, sino que derrama ternura cuando se sonríe ante los que la miramos al ver el triste espectáculo de los conflictos humanos, conflictos que no discutimos hasta agotar todas las palabras, sino que somos capaces de llevarlos al maldito y repugnante campo de batalla. Para unos, su gesto no pasa de ser óleo sobre madera. Para otros, la misma dimensión del misterio. Cuando Marlon Brando fue al Louvre y se puso ante ella dijo: «Este sí que es un rostro impenetrable».
© Manuel Garrido Palacios
EL CANCIONERO DE ALOSNO
EL CANCIONERO DE ALOSNO
(Para cantar, bailar y tañer a la guitarra)
(Para cantar, bailar y tañer a la guitarra)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de Antonio Gala
Castilla Ediciones · Valladolid
ÁLORA LA BIEN CERCADA
ÁLORA LA BIEN CERCADA
(Etnografía viva)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo: Odón Betanzos
Castilla Ediciones · Valladolid
(Etnografía viva)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo: Odón Betanzos
Castilla Ediciones · Valladolid
L'ABANDONNOIR · EL ABANDONARIO
EL ABANDONARIO ······· L'ABANDONNOIR
Manuel Garrido Palacios
Manuel Garrido Palacios
1ª Edición. Ed. Calima. Mallorca. Reseña de Manuel Moya
2ª Edición (en francés) Ed. Harmattan. Paris. Reseña de François-Luis Blanc
Tradución: Isabelle Toledo et William Rozemblat
Portadas: Óleo de Juan M. Seisdedos
EL ABANDONARIO
Manuel Garrido Palacios nos entrega en 'EL ABANDONARIO' su apasionante novela. Dedicado profesionalmente al cine y a la etnografía, sólo en estos últimos años ha ido publicando libros de ficción literaria. El sorprendente EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Ed. Calima, Palma de Mallorca) y esa variopinta fábula titulada NOCHE DE PERROS (Ed. AR, Sevilla, Calima, Mallorca y L'Harmattan, Paris) nos mostraban ya a un narrador premioso conocedor de su oficio y exhaustivo gozador de la alta, rica tradición castellana. En ambos libros latía el aliento de un hombre entrañado, investido en lo popular, en el que la ironía, el escepticismo, la retranca..., nos daban cuenta de un mundo personal, entretejido de realidad y ficción mágica, con un pie puesto en los estribos de la picaresca (con esa visión escéptica, amargosa del mundo) y el otro en ese prolijo mundo de lo escéptico y de lo soterráneo que encontramos también en la vasta tradición castellana, desde Cervantes a Rulfo, desde Quevedo a Valle o al Cela del Pascual Duarte. Pareciera que todos esos largos años emboscado detrás de la cámara, atento a las luces y a las penumbras, a las voces y al silencio, hubiesen propiciado en el autor un caudal vivo de sombras y máscaras que ahora, en su faceta más propiamente creativa, se nos revelan en toda su concertante, apabullada realidad. Estas tres coordenadas: la tradición escéptica, la visión mágica y el lenguaje popular , más que presentes en sus dos libros de relatos, constituyen ahora el soporte literario de este libro (EL ABANDONARIO) tan sorprendente como impagable. EL ABANDONARIO es un viaje hacia los médanos interiores de una memoria que se resiste a reconocerse en los parámetros realistas o mecanicistas, donde los hechos quedaban sepultados, envilecidos por un proceso de afirmación histórica o ramplonamente temporal. Muy al contrario, lo primero que sorprende en esta novela, es precisamente la ausencia del tiempo. El recuerdo, la memoria, ajenos a la contaduría de las horas, se superponen, se erigen, vivifican la realidad, construyendo una reconocible fantasmagoría de hechos simultáneos y envolventes que atrapan al lector ya desde sus primeras líneas, aventurándolo a un mundo de una sencillez, de una fantasía desaforada. En realidad, lo que Manuel Garrido Palacios, persigue a lo largo de esta obra inolvidable es recrear, alentar, producir una atmósfera interior reconocible, en la que vida y muerte, realidad y magia se entretejan de una manera creíble y lo que es más importante, natural, en torno a los pellizcos de la vida. Pero si ya en su larga obra cinematográfica Garrido Palacios trata de recoger la devastada memoria de los pueblos, afirmándolos en su identidad y sublimando precisamente aquellos elementos que hacían palpable esa identidad, aquí, en esta, su primera novela, se nos propone una vuelta de tuerca al introducirnos en un mundo de resonancias míticas que nos agarra desde la pura y abstracta identidad y donde el lenguaje, de una llaneza casi cegadora, consigue por sí mismo convertirse en el absoluto protagonista de esta historia en la que un muerto relata a quien lo vela la historia de un pueblo fenecido, atrapado en su propia fantasmagoría. Nos hallamos, pues, ante una novela sorprendente que consigue imantar al lector a las primeras de cambio, para mantenerlo en vilo durante toda la deslumbrante travesía. Y es que Garrido Palacios, seguro de su oficio, capaz de descubrir una atmósfera en unas pocas líneas, lejos de adentrarse en un discurso atolondradamente lírico, prefiere ponerse en manos de la naturalidad, de la fluidez de la palabra dicha, oída, metida en la matriz y en el estómago. Será, así, a través de los personajes que hablan a través del muerto, que se construya la peculiarísima memoria de Herrumbre, ese pueblo acosado por la nada, y cuya historia es la que se va enhebrando a lo largo de todo el libro. Mamuel Garrido Palacios se ha limitado, parece y aquí estriba gran parte del éxito del relato a dar sentido a todas esas voces, ordenándolas de manera que el lector se reconozca en cada una de ellas, removiendo en él los más dormidos soportales de la memoria. Una novela, en definitiva sugeridora y valiente, escrita con toda el alma, que se reconcilia con el arte de la prosa, tan demacrado, tan envilecido últimamente. Sin duda, y acabamos, una de las novelas más deslumbrantes escritas en los últimos tiempos en la lengua de Rojas, Cervantes o Rulfo.
Manuel Moya
Poemario de los juegos
CANCIONERO POPULAR INFANTIL
-Poemario de los juegos-
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de Concha Casado Lobato
Directora Honoraria de la
Revista de Dialectología y Tradiciones Populares del C.S.I.C.
Editorial Calima · Madrid – Mallorca
Revista de Dialectología y Tradiciones Populares del C.S.I.C.
Editorial Calima · Madrid – Mallorca
Este bellísimo Poemario de los juegos infantiles ‘sabe -como escribe el autor- a pura arqueología del alma, a eco de un algo que, por pasar tan rápido, parece que no existió’. Canciones y juegos recogidos en los pueblos de España, que nos hacen revivir un mundo íntimo y lejano a la vez, lleno de imaginación y de creatividad: una etapa que todos hemos vivido y cuya huella nos acompaña siempre.
Juegos en la calle o en la plaza, participativos, ingeniosos, alegres. El instrumento que emparejaba con determinados juegos era creado por el niño con los elementos simples que le facilitaba el entorno, como podía ser una piedra para jugar a la rayuela, una cuerda para saltar a la comba, un hueso de oveja o cordero para jugar a las tabas o unos palos para la chirumba. Había juegos que no necesitaban de ningún instrumento o juguete: juegos de saltar, correr y escondite, y tantos otros que han venido transmitiéndose oralmente durante generaciones.
Estos juegos en espacios abiertos, espontáneos y creativos, ocupaban muchas horas del día en la vida del niño. Ahora se tiende hacia otro tipo de juegos, en espacios cerrados y más en solitario, con máquinas y sofisticados juguetes: un juego posiblemente menos creativo, menos abierto, más individualizado.
La mayoría de los juegos tradicionales, principalmente de las niñas, iban acompañados de canciones, un tesoro ya casi olvidado que Manuel Garrido Palacios nos ofrece, con su sugerente prosa, para nuestro gozo. Y no ha querido presentarnos estos juegos y canciones ordenados por sexos o temas; ha preferido dejarlos sueltos en su libro ‘hecho plaza pública donde todos los juegos se juegan a la vez en medio del juego de la vida’. Una forma sorprendente. Juegos y canciones que podríamos calificar como reliquias de ese mundo infantil que, aunque se fue, seguimos llevando dentro.
© Concha Casado Lobato
DE VIVA VOZ
DE VIVA VOZ
Romancero y cancionero al paso
Manuel Garrido Palacios
Editorial Nueva Castilla · Valladolid
PRÓLOGO
No voy a descubrir nada si digo que Manuel Garrido Palacios es una de las personas que más y mejor han ‘observado’ el hecho etnográfico; ahí quedan para la historia series de televisión en las que vimos por sus ‘ojos cinematográficos’ multitud de personas y cosas dignas de recuerdo. A ese curriculum extenso y nunca bien valorado -pese a la intensidad e influencia que tuvo- hay que añadir además su cualidad de buen escritor. Y es que Manolo Garrido escribe como filma: elige el tipo, le encuadra, deja que rueden las bobinas y solo cambia de carrete cuando tercia entre cámara e informante para exponer una duda o encaminar una plática que andaba ya por los cerros de Úbeda. Su palabra tiene entonces la cualidad de las fuentes de los caminos, que estaban donde debían de estar y en el momento oportuno. No es fácil servir de frontón y dar juego en el trinquete: hace falta saber mucho para devolver la palabra siempre con el mismo temple y dejar que continúe el tanto hasta su desenlace natural; o haber viajado mucho, que también educa al que quiere educarse. Y Garrido Palacios ha corrido tanto como esos viajeros ingleses del siglo XIX cuyos escritos encandilaban la imaginación de sus sedentarios compatriotas describiendo con increíble precisión los hábitos, costumbres o maneras de unos personajes -no importa cuál fuera el telón de fondo-. Y ahí es donde, a mi parecer, reside la magia del discurso de Manuel Garrido Palacios: sus descripciones tienen -como los grabados de Pérez Villaamil o las fotografías de Clifford- al ser humano como medida.
JOAQUÍN DÍAZ · Valladolid
ÍNDICE
Nací maragata. Maragata muero
Val de San
Lorenzo. León · 11
Los crímenes de Granada y Salamanca
Cantados en
Cantabria · 27
Canciones de Pandorga o de Zambomba
Villena.
Alicante · 33
Las cosas, la casa, el hombre
Garganta la
Olla. Cáceres · 41
Masio el trovador
La Hayuela.
Cantabria. Santander · 61
La tragedia de Agustinica y otras historias
Alto Aragón. Huesca
· 83
El romancerillo al paso
Gamonal.
Toledo · 97
Una voz en La Mola
Formentera.
Baleares · 113
EL ABANDONARIO
Manuel Garrido Palacios
1ª Edición. Calima. Mallorca
2ª Edición (en francés) L'Harmattan. Paris
Manuel Garrido Palacios nos entrega en 'EL ABANDONARIO' su apasionante novela. Dedicado profesionalmente al cine y a la etnografía, sólo en estos últimos años ha ido publicando libros de ficción literaria. El sorprendente EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Ed. Calima, Palma de Mallorca) y esa variopinta fábula titulada NOCHE DE PERROS (Ed. AR, Sevilla, Calima, Mallorca y L'Harmattan, Paris) nos mostraban ya a un narrador premioso conocedor de su oficio y exhaustivo gozador de la alta, rica tradición castellana. En ambos libros latía el aliento de un hombre entrañado, investido en lo popular, en el que la ironía, el escepticismo, la retranca..., nos daban cuenta de un mundo personal, entretejido de realidad y ficción mágica, con un pie puesto en los estribos de la picaresca (con esa visión escéptica, amargosa del mundo) y el otro en ese prolijo mundo de lo escéptico y de lo soterráneo que encontramos también en la vasta tradición castellana, desde Cervantes a Rulfo, desde Quevedo a Valle o al Cela del Pascual Duarte. Pareciera que todos esos largos años emboscado detrás de la cámara, atento a las luces y a las penumbras, a las voces y al silencio, hubiesen propiciado en el autor un caudal vivo de sombras y máscaras que ahora, en su faceta más propiamente creativa, se nos revelan en toda su concertante, apabullada realidad. Estas tres coordenadas: la tradición escéptica, la visión mágica y el lenguaje popular , más que presentes en sus dos libros de relatos, constituyen ahora el soporte literario de este libro (EL ABANDONARIO) tan sorprendente como impagable. EL ABANDONARIO es un viaje hacia los médanos interiores de una memoria que se resiste a reconocerse en los parámetros realistas o mecanicistas, donde los hechos quedaban sepultados, envilecidos por un proceso de afirmación histórica o ramplonamente temporal. Muy al contrario, lo primero que sorprende en esta novela, es precisamente la ausencia del tiempo. El recuerdo, la memoria, ajenos a la contaduría de las horas, se superponen, se erigen, vivifican la realidad, construyendo una reconocible fantasmagoría de hechos simultáneos y envolventes que atrapan al lector ya desde sus primeras líneas, aventurándolo a un mundo de una sencillez, de una fantasía desaforada. En realidad, lo que Manuel Garrido Palacios, persigue a lo largo de esta obra inolvidable es recrear, alentar, producir una atmósfera interior reconocible, en la que vida y muerte, realidad y magia se entretejan de una manera creíble y lo que es más importante, natural, en torno a los pellizcos de la vida. Pero si ya en su larga obra cinematográfica Garrido Palacios trata de recoger la devastada memoria de los pueblos, afirmándolos en su identidad y sublimando precisamente aquellos elementos que hacían palpable esa identidad, aquí, en esta, su primera novela, se nos propone una vuelta de tuerca al introducirnos en un mundo de resonancias míticas que nos agarra desde la pura y abstracta identidad y donde el lenguaje, de una llaneza casi cegadora, consigue por sí mismo convertirse en el absoluto protagonista de esta historia en la que un muerto relata a quien lo vela la historia de un pueblo fenecido, atrapado en su propia fantasmagoría. Nos hallamos, pues, ante una novela sorprendente que consigue imantar al lector a las primeras de cambio, para mantenerlo en vilo durante toda la deslumbrante travesía. Y es que Garrido Palacios, seguro de su oficio, capaz de descubrir una atmósfera en unas pocas líneas, lejos de adentrarse en un discurso atolondradamente lírico, prefiere ponerse en manos de la naturalidad, de la fluidez de la palabra dicha, oída, metida en la matriz y en el estómago. Será, así, a través de los personajes que hablan a través del muerto, que se construya la peculiarísima memoria de Herrumbre, ese pueblo acosado por la nada, y cuya historia es la que se va enhebrando a lo largo de todo el libro. Mamuel Garrido Palacios se ha limitado, parece y aquí estriba gran parte del éxito del relato a dar sentido a todas esas voces, ordenándolas de manera que el lector se reconozca en cada una de ellas, removiendo en él los más dormidos soportales de la memoria. Una novela, en definitiva sugeridora y valiente, escrita con toda el alma, que se reconcilia con el arte de la prosa, tan demacrado, tan envilecido últimamente. Sin duda, y acabamos, una de las novelas más deslumbrantes escritas en los últimos tiempos en la lengua de Rojas, Cervantes o Rulfo.
© Manuel Moya
Manuel Garrido Palacios nos entrega en 'EL ABANDONARIO' su apasionante novela. Dedicado profesionalmente al cine y a la etnografía, sólo en estos últimos años ha ido publicando libros de ficción literaria. El sorprendente EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Ed. Calima, Palma de Mallorca) y esa variopinta fábula titulada NOCHE DE PERROS (Ed. AR, Sevilla, Calima, Mallorca y L'Harmattan, Paris) nos mostraban ya a un narrador premioso conocedor de su oficio y exhaustivo gozador de la alta, rica tradición castellana. En ambos libros latía el aliento de un hombre entrañado, investido en lo popular, en el que la ironía, el escepticismo, la retranca..., nos daban cuenta de un mundo personal, entretejido de realidad y ficción mágica, con un pie puesto en los estribos de la picaresca (con esa visión escéptica, amargosa del mundo) y el otro en ese prolijo mundo de lo escéptico y de lo soterráneo que encontramos también en la vasta tradición castellana, desde Cervantes a Rulfo, desde Quevedo a Valle o al Cela del Pascual Duarte. Pareciera que todos esos largos años emboscado detrás de la cámara, atento a las luces y a las penumbras, a las voces y al silencio, hubiesen propiciado en el autor un caudal vivo de sombras y máscaras que ahora, en su faceta más propiamente creativa, se nos revelan en toda su concertante, apabullada realidad. Estas tres coordenadas: la tradición escéptica, la visión mágica y el lenguaje popular , más que presentes en sus dos libros de relatos, constituyen ahora el soporte literario de este libro (EL ABANDONARIO) tan sorprendente como impagable. EL ABANDONARIO es un viaje hacia los médanos interiores de una memoria que se resiste a reconocerse en los parámetros realistas o mecanicistas, donde los hechos quedaban sepultados, envilecidos por un proceso de afirmación histórica o ramplonamente temporal. Muy al contrario, lo primero que sorprende en esta novela, es precisamente la ausencia del tiempo. El recuerdo, la memoria, ajenos a la contaduría de las horas, se superponen, se erigen, vivifican la realidad, construyendo una reconocible fantasmagoría de hechos simultáneos y envolventes que atrapan al lector ya desde sus primeras líneas, aventurándolo a un mundo de una sencillez, de una fantasía desaforada. En realidad, lo que Manuel Garrido Palacios, persigue a lo largo de esta obra inolvidable es recrear, alentar, producir una atmósfera interior reconocible, en la que vida y muerte, realidad y magia se entretejan de una manera creíble y lo que es más importante, natural, en torno a los pellizcos de la vida. Pero si ya en su larga obra cinematográfica Garrido Palacios trata de recoger la devastada memoria de los pueblos, afirmándolos en su identidad y sublimando precisamente aquellos elementos que hacían palpable esa identidad, aquí, en esta, su primera novela, se nos propone una vuelta de tuerca al introducirnos en un mundo de resonancias míticas que nos agarra desde la pura y abstracta identidad y donde el lenguaje, de una llaneza casi cegadora, consigue por sí mismo convertirse en el absoluto protagonista de esta historia en la que un muerto relata a quien lo vela la historia de un pueblo fenecido, atrapado en su propia fantasmagoría. Nos hallamos, pues, ante una novela sorprendente que consigue imantar al lector a las primeras de cambio, para mantenerlo en vilo durante toda la deslumbrante travesía. Y es que Garrido Palacios, seguro de su oficio, capaz de descubrir una atmósfera en unas pocas líneas, lejos de adentrarse en un discurso atolondradamente lírico, prefiere ponerse en manos de la naturalidad, de la fluidez de la palabra dicha, oída, metida en la matriz y en el estómago. Será, así, a través de los personajes que hablan a través del muerto, que se construya la peculiarísima memoria de Herrumbre, ese pueblo acosado por la nada, y cuya historia es la que se va enhebrando a lo largo de todo el libro. Mamuel Garrido Palacios se ha limitado, parece y aquí estriba gran parte del éxito del relato a dar sentido a todas esas voces, ordenándolas de manera que el lector se reconozca en cada una de ellas, removiendo en él los más dormidos soportales de la memoria. Una novela, en definitiva sugeridora y valiente, escrita con toda el alma, que se reconcilia con el arte de la prosa, tan demacrado, tan envilecido últimamente. Sin duda, y acabamos, una de las novelas más deslumbrantes escritas en los últimos tiempos en la lengua de Rojas, Cervantes o Rulfo.
© Manuel Moya
© Manuel Moya
Touches blanches. Touches noires
Touches blanches. Touches noires
(roman)
Manuel Garrido Palacios
Edit. Le Soupirail (France)
Traduction de l’espagnol:
Marie-Claire Durand Guiziou et Jean-Marie Florès
E. Viala Moysan. M. Garrido Palacios. J. M. Florès
(Editora. Autor. Co-traductor)
Presentación en Biarritz
Retour en images sur la
rencontre du samedi à la Médiathèque de Biarritz autour de
Touches blanche. Touches noires, roman
Touches blanche. Touches noires, roman
de Manuel Garrido Palacios.
Très agréable
rencontre, en présence de l'auteur et d'un des traducteurs
Jean-Marie-Florès
autour des thèmes de la Guerre civile, du conte, des noms des personnages et de
l'écriture...
Un grand merci pour l'accueil et l'organisation
Un grand merci pour l'accueil et l'organisation
à Cécile Pougnand, directrice-adjointe de la Médiathèque...
.
Presentación en Liceo Molière
LOS MUNDOS SOÑADOS
LOS
MUNDOS SOÑADOS
JULIO CARO BAROJA
Portada JCB
Gutenberg-Círculo
de Lectores
Me piden que cite un libro y lo hago con éste porque quiero
recordar al maestro en la dimensión de su obra. Se trata de una deliciosa
incursión por el Trastévere romano, en cuyo inmenso rastro simula encontrar una
serie de dibujos –a lo Bosco, a lo Brueghel, a lo Baroja- firmados con
iniciales claras: J.C.B. Son escenas en las que, al decir de Areilza, el mejor
y real J.C.B. se desnuda, freudianamente, «dando rienda suelta a su vena critica,
mordaz, irónica y bien humorada. Dibujos en apariencia propios del Carnaval,
burlones, en los que late una complicidad con el lector porque entremete
revelaciones del íntimo pensamiento del autor. Son recuerdos de una vida plena
y compleja: sucesos. anécdotas, episodios. efemérides de viajes, experiencias,
visitas y estancias en otras ciudades; apuntes mentales que su curiosidad ha
ido registrando en las infinitas galerías de su memoria, donde esperaban turno
para volver a existir»
En sus 140 páginas predomina el dibujo, para el que la
literatura que viene es ilustración, no al revés. Están los paisajes
inexistentes, inactuales, los albergues sospechosos y las alegorías del
caballero, el leproso y la Muerte. De Italia recoge el pálpito monacal, el de
la ciudad gibelina, el capriccio, la paranzella. Del mezzogiorno se
fija en el triunfo de la pasta, sin dejar atrás la visión con lupa de la
inferioridad de los pueblos septentrionales frente a los sureños. En la parte
de Old Spain refleja escenas que
integran patria y religión, la melonera, los cruzados de la casa, la
diligencia, las fantasías madrileñas, el tío del cartelón y el ciego de los
romances, cerrando con que «el peligro de esta ciudad está en los masones y
librepensadores» El último dibujo
responde a su visión de la Feria de libros de Madrid.
Don Julio, intentado plasmar el perfil del supuesto J.C.B.,
autor de tan bella obra gráfica, dice que era «un hombre rebelde e inquieto,
que quería saltar por encima de su sombra: cosa imposible, como lo es también
saltar al pasado» Bella y rara obra, como todas las suyas, esta vez con la
esencia a flor de página, a primera vista, con el ánima de cientos de
personajes coloreados deambulando por ellas. Libro-gozo por lo que enseña a la
chita callando, por ser un postigo a través del cual adivinamos algo más de la
portentosa figura de uno de los lujos intelectuales que tuvo España, cuya
memoria sigue ahí, para muchos, tal cual fue. Basta con pronunciar su nombre
para que la mente haga una reverencia.
Me decía poco antes de ese viaje: «Mi sobrino quiere que lo
acompañe a Roma y le he dicho que vale, pero que me busque un hotel con
ventanas que tengan buena luz porque me llevaré trabajo y lectura» Se trajo el
Trastévere entero en el corazón, en el imaginario, tesoro que da, junto a otras
improntas, en Los mundos soñados con
la humildad de querer permanecer detrás de la obra de un supuesto J.C.B.
Si como fondo a su lectura, suena Bach, nada más hay que
decir.
© Manuel Garrido
Palacios
PATRIMONIO INMATERIAL
PATRIMONIO INMATERIAL
Cuando después de
Tordesillas el cielo se une con la tierra y crees que no vas a caber por el
camino, aparece Urueña en un risco con la humildad que da la grandeza en su combate
con el tiempo. Setenta vecinos, o un ciento largo de almas, o un rosario de
puertas cerradas, o postigos que ya no abren, o nevisca en pleno abril si te
dan de cara el agua y el frío juntos, o la soledad al asomo del lubricán, o la
magia de lo sencillo. Todo eso es, o parece Urueña, pero también es el pueblo
que luce diez librerías de primor, por lo que la llaman Villa del Libro, y un
Museo de la Música con presencia de mil instrumentos generadores de la belleza
sonora del mundo, y un exquisito estudio de grabación bajo la batuta de Luis
Delgado, y un Museo de campanas con sus conciertos, y otro de la Imprenta, y
uno en formación de gramófonos, y talleres de creación, y salas de exposiciones,
y puntos de aquí te veo para creativos,
y restaurantes en los que se saborea de entrada la sopa castellana, sin olvidar
los caldos de Toro o de la Ribera o de donde sean: caldos son. Y un motor como
esencia: la Fundación Joaquín Díaz, con él al frente y a los flancos. Fundación
con un corazón grande para albergar un ejemplario sobre la tradición en forma
de biblioteca, museo, colecciones y fonoteca, sin dejar de lado la riqueza de
documentales que dicen cómo era lo que ya no es. Np quisiera decir ‘y nunca
volverá a ser’, pero lo he dicho.
Puntualmente coincidimos en Urueña los asistentes al
Simposio sobre el Patrimonio Inmaterial, con gentes venidas de América, Europa,
Asia y con los escritores del Encuentro de Creación Literaria. Hasta hubo que
adaptar horas y espacios para hacer posible que se hablara de genio e ingenio,
de repentización oral, del gesto como lenguaje, de la comunicación religiosa,
de los trovos, de la desarticulación del tiempo, del humor de una modernidad
periférica, de la interpretación de los chistes, de libros –contra más viejos,
más nuevos a veces-, de cuentos populares, de pensamiento mágico y de todo lo que
abarca el saber tradicional.
A la par de esto, brotaron las expresiones cantadas de esa
América que conocemos poco, en la que un peruano canta, un mejicano le
contesta, un chileno le hace ritmo, un colombiano el coro o un cubano le aporta
la improvisación oportuna.
Un milagro humano, una obra bella, irrepetible, que surge
en su momento preciso estimulada por un campo bien labrado para que madure. Un
campo de cultura cuyos surcos se le deben, sin duda, a nuestro Joaquín Díaz.
En esta mirada hacia el Patrimonio Inmaterial organizada
por la Fundación y la Cátedra de Estudios sobre la Tradición de la Universidad
de Valladolid, Maximiliano Trapero habla de literatura oral y subraya que
“nunca se había puesto el acento de manera monográfica sobre un aspecto como el
ingenio”. Cita el caso del repentista cubano Orlando Laguardia, que ante un
apagón del “período especial” (1997) fue invitado a un buen refrigerio en el Festival de la Décima en Las
Tunas. Dijo:
Tal parece que mi vida
es una pesada cruz:
cuando hay comida no hay
luz
y cuando hay luz no hay
comida.
Añade salsa con versos
de Juan Antonio Díaz:
La memoria, a mi
entender,
es la maquinaria humana
que hace llegar a mañana
lo que fue suceso ayer.
Pudiendo violada ser,
por diabólico motivo,
la memoria es el archivo
donde el hombre con
acierto
transita después de
muerto
como si estuviera vivo.
Jean-François Botrel indaga
sobre el lenguaje y se pregunta si el “hablar de manos era cosa de villanos”. Luego
hace un “atrevido intento de arqueología del gesto, buscando en lo escrito y/o
lo representado y en la literatura oral, fundamentalmente narrativa, todo lo
que en las prácticas del pueblo español histórico remite a la gestualidad para
poder analizar la posible función expresiva de un ‘arte del cuerpo’, estudiando
cómo, cuando lleva intención, contribuye a la función ingeniosa de la voz,
llegando a sustituirla a veces”.
El chileno Salinas Campos habla del tiempo colonial y su desarticulación
por la risa, con el recuerdo de Juan Verdejo, “roto de Chile: representación
viva de la otredad de Occidente en la historia”, cuyos rasgos de origen habría
que buscar en tiempos de Felipe II, cuando mandó desterrar “a Chile a los
individuos que consideró incorregibles y peligrosos para el gobierno y el orden
establecido en el Nuevo Mundo”, Una pincelada de sus prontos:
Por mi abuela
que somos rotos fatales:
no poder comer cazuela
con ají
por culpa de don
Morales.
Tomás Lozano dice de
Trovos y cañuteros en Nuevo México:
En la puerta de mi casa
tengo una mata e
cirgüela,
no te chinquetes conmigo
chiquétate con tu
abuela.
Luis Díaz interpreta chistes
populares, Luis Resines da un recital sobre el gesto en su comunicación y Susan
Campos viaja desde la Insula Barataria a la República de los Cocos con los
perfiles de Sancho, Charlot y Cantinflas en una reivindicación del poder como
individuos libres. Don Quijote escribe a Sancho: “sé bien criado y procura la
abundancia de los mantenimientos". Charlot dirá: "Pensamos demasiado,
sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos tener más humanidad. Más que
inteligencia, bondad y dulzura". Cantinflas aludirá a ello en Su
Excelencia: "Estoy de acuerdo con lo que dijo el representante de
Salchichonia: con humildad de albañiles no agremiados debemos de luchar por
derribar la barda que nos separa, barda de la incomprensión, de la
desconfianza, del odio, pero no la barda de las ideas, ¡eso no!, ¡nunca!; el
día que pensemos y actuemos igual dejaremos de ser hombres para ser máquinas
[…] Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, no sólo impulsado
por su instinto de conservación, sino por el deber que tiene de superarse y de
hacer del mundo una morada cada vez más digna de la especie humana, aspiración
que no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad
colectiva y justicia social”.
Tras hablar de todo esto
y mucho más en Urueña, pueblo erguido al borde del horizonte, y de mojar las
palabras con sabrosos caldos castellanos, se podría fijar la idea de que el
humor, además de Patrimonio común, es una de las cosas más serias que existen.
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