PATRIMONIO INMATERIAL

PATRIMONIO INMATERIAL

Cuando después de Tordesillas el cielo se une con la tierra y crees que no vas a caber por el camino, aparece Urueña en un risco con la humildad que da la grandeza en su combate con el tiempo. Setenta vecinos, o un ciento largo de almas, o un rosario de puertas cerradas, o postigos que ya no abren, o nevisca en pleno abril si te dan de cara el agua y el frío juntos, o la soledad al asomo del lubricán, o la magia de lo sencillo. Todo eso es, o parece Urueña, pero también es el pueblo que luce diez librerías de primor, por lo que la llaman Villa del Libro, y un Museo de la Música con presencia de mil instrumentos generadores de la belleza sonora del mundo, y un exquisito estudio de grabación bajo la batuta de Luis Delgado, y un Museo de campanas con sus conciertos, y otro de la Imprenta, y uno en formación de gramófonos, y talleres de creación, y salas de exposiciones,  y puntos de aquí te veo para creativos, y restaurantes en los que se saborea de entrada la sopa castellana, sin olvidar los caldos de Toro o de la Ribera o de donde sean: caldos son. Y un motor como esencia: la Fundación Joaquín Díaz, con él al frente y a los flancos. Fundación con un corazón grande para albergar un ejemplario sobre la tradición en forma de biblioteca, museo, colecciones y fonoteca, sin dejar de lado la riqueza de documentales que dicen cómo era lo que ya no es. Np quisiera decir ‘y nunca volverá a ser’, pero lo he dicho.
          Puntualmente coincidimos en Urueña los asistentes al Simposio sobre el Patrimonio Inmaterial, con gentes venidas de América, Europa, Asia y con los escritores del Encuentro de Creación Literaria. Hasta hubo que adaptar horas y espacios para hacer posible que se hablara de genio e ingenio, de repentización oral, del gesto como lenguaje, de la comunicación religiosa, de los trovos, de la desarticulación del tiempo, del humor de una modernidad periférica, de la interpretación de los chistes, de libros –contra más viejos, más nuevos a veces-, de cuentos populares, de pensamiento mágico y de todo lo que abarca el saber tradicional.
          A la par de esto, brotaron las expresiones cantadas de esa América que conocemos poco, en la que un peruano canta, un mejicano le contesta, un chileno le hace ritmo, un colombiano el coro o un cubano le aporta la improvisación oportuna.
          Un milagro humano, una obra bella, irrepetible, que surge en su momento preciso estimulada por un campo bien labrado para que madure. Un campo de cultura cuyos surcos se le deben, sin duda, a nuestro Joaquín Díaz.
          En esta mirada hacia el Patrimonio Inmaterial organizada por la Fundación y la Cátedra de Estudios sobre la Tradición de la Universidad de Valladolid, Maximiliano Trapero habla de literatura oral y subraya que “nunca se había puesto el acento de manera monográfica sobre un aspecto como el ingenio”. Cita el caso del repentista cubano Orlando Laguardia, que ante un apagón del “período especial” (1997) fue invitado a un buen  refrigerio en el Festival de la Décima en Las Tunas. Dijo:

Tal parece que mi vida
es una pesada cruz:
cuando hay comida no hay luz
y cuando hay luz no hay comida.

Añade salsa con versos de Juan Antonio Díaz:

La memoria, a mi entender,
es la maquinaria humana
que hace llegar a mañana
lo que fue suceso ayer.
Pudiendo violada ser,
por diabólico motivo,
la memoria es el archivo
donde el hombre con acierto
transita después de muerto
como si estuviera vivo.

Jean-François Botrel indaga sobre el lenguaje y se pregunta si el “hablar de manos era cosa de villanos”. Luego hace un “atrevido intento de arqueología del gesto, buscando en lo escrito y/o lo representado y en la literatura oral, fundamentalmente narrativa, todo lo que en las prácticas del pueblo español histórico remite a la gestualidad para poder analizar la posible función expresiva de un ‘arte del cuerpo’, estudiando cómo, cuando lleva intención, contribuye a la función ingeniosa de la voz, llegando a sustituirla a veces”.
          El chileno Salinas Campos habla del tiempo colonial y su desarticulación por la risa, con el recuerdo de Juan Verdejo, “roto de Chile: representación viva de la otredad de Occidente en la historia”, cuyos rasgos de origen habría que buscar en tiempos de Felipe II, cuando mandó desterrar “a Chile a los individuos que consideró incorregibles y peligrosos para el gobierno y el orden establecido en el Nuevo Mundo”, Una pincelada de sus prontos:

Por mi abuela
que somos rotos fatales:
no poder comer cazuela con ají
por culpa de don Morales.

Tomás Lozano dice de Trovos y cañuteros en Nuevo México:

En la puerta de mi casa
tengo una mata e cirgüela,
no te chinquetes conmigo
chiquétate con tu abuela.

Luis Díaz interpreta chistes populares, Luis Resines da un recital sobre el gesto en su comunicación y Susan Campos viaja desde la Insula Barataria a la República de los Cocos con los perfiles de Sancho, Charlot y Cantinflas en una reivindicación del poder como individuos libres. Don Quijote escribe a Sancho: “sé bien criado y procura la abundancia de los mantenimientos". Charlot dirá: "Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que máquinas necesitamos tener más humanidad. Más que inteligencia, bondad y dulzura". Cantinflas aludirá a ello en Su Excelencia: "Estoy de acuerdo con lo que dijo el representante de Salchichonia: con humildad de albañiles no agremiados debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, barda de la incomprensión, de la desconfianza, del odio, pero no la barda de las ideas, ¡eso no!, ¡nunca!; el día que pensemos y actuemos igual dejaremos de ser hombres para ser máquinas […] Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, no sólo impulsado por su instinto de conservación, sino por el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada cada vez más digna de la especie humana, aspiración que no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social”.
Tras hablar de todo esto y mucho más en Urueña, pueblo erguido al borde del horizonte, y de mojar las palabras con sabrosos caldos castellanos, se podría fijar la idea de que el humor, además de Patrimonio común, es una de las cosas más serias que existen.

© Manuel Garrido Palacios

Juan Delgado / Pablo Neruda


Entrevista a
Juan Delgado
sobre
Pablo Neruda


MGP: Escribe Neruda:

"Quiero llorar como los ríos,
quiero oscurecer, dormir
como tu antigua noche mineral."

...y pregunto a Juan Delgado cuántos Nerudas hay.
JD: Muchos, y todos en el mismo poeta. Creo que Neruda es una gran figura de la poesía en lengua española. Crepusculario lo escribió con 19 años. Luego vinieron más poemarios, como Canto General, lienzo de amor al pueblo y denuncia al imperialismo:

"La mina es sólo el hombre
no sale de la tierra el mineral,
sale del pecho humano."

MGP: Y más libros hasta la edición póstuma de Confieso que he vivido.
JD: En todos con palabra preciosa y precisa. Hizo de la poesía su destino y su modo de existir; la buscó en la balada, la elegía, la oda, la gesta, lo íntimo, lo colectivo, lo sencillo, lo cósmico.
MGP: ¿El poeta tiene algo de cronista de su época?
JD: Él lo fue; en España defendió la causa republicana y ejerció de cónsul en Barcelona y Madrid en los años 34 y 35.
MGP: Dice Neruda:

"Saldremos de las piedras y del aire
para morderte;
saldremos de la última ventana
para volcarte fuego;
saldremos de las olas más profundas
para clavarte con espinas;
saldremos del surco
para que la semilla te golpee como un puño;
saldremos para negarte el pan y el agua;
saldremos para quemarte en el infierno”.

JD: Sus versos ponen el dedo en la llaga de las injusticias, de la lucha por un camino de paz y concordia. Está viva su voz.
MGP: ¿Qué poema tuyo le leerías ahora?
JD: 

“Estamos en los días del miedo y la miseria,
Campofrío, son los años cuarenta,
y yo era un niño turbio que leía
para mejor disimular el hambre.
Estamos en el negro Palacio de la Noche,
Riotinto, son los años cincuenta,
y yo era un joven inseguro
que intentaba clarificar los pasos de su vida.
Estamos en un tiempo de paz comprometida,
Sevilla, son los años sesenta,
y yo era un estudiante oscuro
que quería descubrir el valor de la palabra.
Estamos en la lucha ilusionante y dura,
Andalucía, son los años setenta,
y yo era un hombre serio
que creía en la canción del horizonte humano.
Estamos en la siembra del pan de cada día,
España, son los años ochenta,
y yo era un labrador de sueños
que intentaba edificar su mundo de ilusiones.
Estamos en el final del siglo,
el final del milenio,
Europa, son los años noventa,
y yo soy un viejo niño turbio
que escribe sus poemas
para mejor disimular el Tiempo,
la soledad del hombre”.

MGP: ¿Qué es la poesía?
JD: Un desierto con fuentes que fluyen, insondables, de la raíz del alma. Es, según el Maestro: La luz con el tiempo dentro.
MGP: Hay quien ve en la poesía una medicina, ¿contra qué?
JD: Contra la imbecilidad, el pasotismo, la brutalidad, la injusticia, la mediocridad, el papanatismo… Hay males a los que les vendría bien.
MGP: El poeta flota en una cierta locura.
JD: Si es soñar, o creer en la utopía, o buscar la justicia y la verdad, o pensar que el sentimiento dignifica, o sufrir con los demás, o luchar por la libertad de la palabra, estamos locos.
MGP: Hablamos, recitamos…
JD: Tras el golpe militar que derriba a tiros a Allende y días después muere Neruda, todo es recuerdo.
MGP: Ir al encuentro de ese recuerdo en 1997 fue como escribir versos tristes.
JD: Crucé esas calles, respiré su aire, lloré las ausencias, canté sus versos y fui a Isla Negra, donde quedó el amor de Matilde y su eco:

"Enterradme en Isla Negra
frente al mar que conozco."

MGP: ¿De dónde se sentía él?
JD: Del antiguo reino de Araucanía, sagrado lugar de los mapuches.
MGP: ¿De dónde te sentías tú?
JD: De la rosa profunda de Tartessos, donde las leyes se escribían en verso; de donde partieron velas a cruzar el Océano.
MGP: Amor a las palabras.
JD: Él dice: 

“Qué buen idioma el mío,
qué buena lengua heredamos
de los conquistadores torvos.
Éstos andaban a zancadas
por las Américas encrespadas
buscando papas, butifarras, frijolitos,
tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos,
con aquel apetito voraz
que nunca más se ha visto en el mundo.
Todo se lo tragaban con religiones, pirámides, tribus,
idolatrías iguales a la que ellos traían en sus bolsas.
Pero se les caían de las botas,
de las barbas, de los yelmos, de las herraduras… 
las palabras. 
Nos dejaron el tesoro: las palabras”.

MGP: Cierro aquí este 

“...pregón de sinceridades,
hilvanada y sencilla y loca conversación,
como una bandada de pájaros sonoros”.


© Manuel Garrido Palacios / Juan Delgado

Alfonso López Gradolí

Alfonso López Gradolí
LAS PROFUNDAS AGUAS
Calambur 

          Cuando el cartero llama dos veces es para traerme un libro. Así que recorro el camino bordeado de adelfas, recojo el envío y el regreso se convierte en el rito de abrir el sobre y ojear las páginas, hasta que, como un pájaro que deja el vuelo, el libro se posa en mi mesa de trabajo y la estancia vuelve a su ser sumando las palabras recién llegadas. De describir el cuadro entero tendría que añadir que suena un piano, que la luz que penetra por el ventanal lo dora todo y que el viejo reloj que canta el tiempo, pone fondo sonoro inesperado. En el caso de hoy, el libro es de Poesía, y ya sabemos que el desnudo del alma podría ser un manojo de versos. En ellos se aprieta la complejidad de la vida, no siempre triste, no siempre alegre. La comunicación entre el poeta y el lector sucede o no; a veces, falla. Lo que no admite un libro de versos es que algunos entendidos se atrevan a valorarlo como “bueno” o “malo”. Hay que dejar que el libro hable. Si no llega al oído interior podría ser cosa del lector, no del libro. Ninguna lectura requiere tanta atención como el verso, que no es una historia, sino el eco, el respiro, el pulso, la entraña, la sombra, el humo que liberó la llama en su momento.
          Calambur ha editado Las profundas aguas, del valenciano Alfonso López Gradolí, autor de El sabor del sol (1968), Los instantes (1969), El aire sombrío (1975), Una muchacha rodeada de espigas (1977), Las señales de fuego (1985), Una sucesión de encuentros (1997) y Los signos de la soledad (2000), a los que hay que sumar Los días luminosos (2000) y Quizá Brigitte Bardot venga a tomar una copa esta noche (1971), “un conjunto de collages y poemas narrativos considerado por el suplemento literario de The Times obra maestra de la poesía visual”.
          José Hierro dice que “escribir con miedo y sin demasiada fe es lo mismo que escribir por insoslayable necesidad. Y quien hace esto es ya un poeta. La poesía de Alfonso es necesaria y útil para el propio poeta, lo que equivale a decir que tiene que serlo para el lector. Es necesaria, porque escribe cuando no puede más, cuando necesita entregarse a un regazo maternal en el que descansar, confesándose. Es útil, porque la claridad que necesita en su vida es posible por medio de la poesía. No olvidemos que si ésta tiene mucho de diario en el que se registran los acontecimientos espirituales, no menos tiene de hilo de Ariadna que enseña al poeta a conocerse a sí mismo. La poesía perpetúa el sonido de la vida y ayuda a desvelar su sentido”.
          La lectura es el nombre del primer poema, Gradolí lo enmarca en…

el momento, vacío de consuelo grande,
en el que al borde de una copa llena
de vino, tengo el desaliento
de este sabor que aturde,
sombría cautela del que espera golpes,
la conmoción que procura la nostalgia.
Recordamos unos ojos, playas,
el ardor de la luz, el rito
de mirar los juegos de unos cuerpos ágiles
entre las barcas, en la arena.
Me vuelven versos de un gran poeta,
palabras quietas y colores malvas
como trémulos, suavísimos sonidos
que llueven sobre el llovido silencio
del campo en penumbra. Las ramas
se mueven, un soplo casi música.
Batir de alas en la pequeña plaza.
Renglones de poemas con la pureza toda
nos dan sus extensiones de ternura,
está aquí mi vida, mis años reunidos,
las columnas de tiempo dejado atrás.
Y llega la anochecida, una mezcla
de dulzura y desconcierto, agrisado
el cielo tibio, oscuro, con olor a brezo.
Y llegan los recuerdos de mi tierra,
interrogante vida antigua, vuelve como
brisa tras la lluvia de septiembre.
Unos trozos de tiempo, rayas de derrota,
la insistente erosión. La lejanía lleva
desplegadas velas de lo que nos importa.
Racimos de instantes, son las grietas
hechas por los años. Historias, años,
soledad. Alto silencio. Propicia hora
para leer al escritor que preferimos.
Árboles como oscuras hogueras,
ya sin fuego. Todo se une para
explicar las tardes, o intentarlo.

          Pasa con el libro de Alfonso López Gradolí que la sensación del inicio pide tiempo y se hace necesario dejar la lectura por un rato con tal de saborear intensamente el aroma de cada poema.

© Manuel Garrido Palacios

VEINTE DÍAS DE ABRIL

Sol Ruiz
VEINTE DÍAS DE ABRIL
Ed.  Anaquel. Alicante

'El caso es que una tarde se abrieron las ventanas de repente'. Así abre el último poema de su libro, que parece respirar el  aire de la Sicilia oriental, en el que a la autora se le quedaron enredados para siempre los sentidos. Libro que obtuvo el Premio Torrevieja de Poesía. El caso es que Sol Ruiz arranca el verso del propio vuelo que la lleva, el 720. Aventura en la que se sumerge sin saber dónde termina el cielo y empieza ella. Inmersa en ese insistir encadenado que es la lluvia, le crecen alas de repente para estrenar el don de lo desconocido. Milán. Sueña que el amor no le pesa a la noche, ni el buzón perdido que se lleva las cartas del insomnio. Catania. Vía Umberto, donde se presiente un secreto de azúcar, ve girar un juguete en las manos de un hada octogenaria. Y gasta la melancolía de su  bagaje en el Caffé del Duomo, cuando al pie de las hogueras ya no se esperan regresos. El caso es que Sol Ruiz, sea al describir un paisaje con niños, o los marcos mágicos de Milo o Siracusa, emplea el verbo justo, lejano a los adjetivos, para compartir no sólo ese trayecto que ella cree que hace hacia las miradas oblicuas de Taormina, sino a la rica hondura de sí misma, a la duda reina de todas las dudas, a la pregunta madre: qué hacer en mitad del misterio de la vida, se sea un amor escrito con mayúsculas en todas las paredes del silencio, se sea un relámpago que salta en las vidrieras. Y el caso es que esta tarde se han abierto las ventanas de repente al leer a Sol Ruiz. Su palabra dice que nadie está tan solo en esta locura de creer en la Poesía. Sus versos dejan ver a los navegantes cómo la nave va, camina con su sombra, su fragilidad, su miedo, por un mar de Aguaclara en el que se pueden descubrir islas de belleza como 'Veinte días de abril', que así se llama su  libro. 

© Manuel Garrido Palacios

Revista de Folklore 424 y Parpalacio 88



Lazarillo en Armação de Pera

Lazarillo en Armação de Pera 


Por más que escribas sólo eres una pieza de la máquina invisible que lo hace, como si, en vez de sacar de ti el texto, una voz extraña te indicara hasta el entrecomado del discurso. Hoy quería tocar cierto tema pero, al ponerme a hacerlo en esta playa de Armação de Pera, la voz misteriosa me ha señalado otra cosa y he tenido que escribir lo que ella ha querido. He estado un rato pendiente de si se olvidaba de todo, pero no. Ya puesto frente al papel en blanco, la voz ha iniciado su dictado convirtiéndome en un escriba sentado.
En Armação se ha desarrollado en estos días un curso sobre la novela picaresca española con sesiones dedicadas a «La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades». En cada una se ha medido la obra a lo largo y a lo ancho entrando en lo social y lo literario desde sabrosos ángulos, siendo la estrella el tema común con el que han cerrado todos los oradores: la identidad del autor: enigma que acompaña a la obra desde su nacimiento en el siglo XVI, un gran secreto de la literatura en castellano, dato guardado en el aire, sin cajas fuertes, ni sótanos blindados ni otro esfuerzo que el de no declararlo jamás. Se han barajado nombres, pero no «el nombre». Las voces han recorrido los caminos que pudieran conducir a desentrañar la duda, y se han amasado valiosos estudios a ver si arrojaban una luz en el túnel de silencio, como el de Häns Krüggert, escritor sorprendido, a la par que el resto, de que ignoremos la autoría de una obra que en sus albores contó con tres ediciones simultáneas, ya que aparece en 1554 en Burgos, Amberes y Alcalá. Armação de Pera es un sitio calmoso que no necesita la publicidad que pudiera aportarle el curso. Le es –le será– suficiente el boca oído.
No tiene el Algarve ningún figurón que cante cifras de visitantes al ojo por ciento, ni que le ponga apellidos recurrentes como Algarve-la-espuma, o Algarve-las-olas, o monerías plagiadas de textos para ni se sabe qué. Algarve es Algarve de una punta a otra, sin más música celestial, lugar del sur de Europa al que acude gente del mundo entero porque él sitio se vale, sin voceros salvadores que vivan a costa del contribuyente. Tiene unos acantilados de margas terciarias, un paseo colgante desde donde cada puesta de sol –la luz– es, como en todo este sur de sures, maravillosa, y una exquisita cocina, que no se suele alabar porque no hace falta. Es así de suyo natural. Ya decía Ortega que no había que explicar lo obvio. Sin curso sobre la novela picaresca o con él, cualquier plato a la algarvía tiene rango para merecer el viaje y ocupar mesa en una de las cien tabernas que se asoman al mar para una degustación.
Armação de Pera es ideal para dedicar unas jornadas a teorizar sobre el autor de Lazarillo y marcharse tal cual se llegó: sin saberlo. Lo curioso es que para hablar de quien tanta hambre pasó hayamos gozado de tan buena mesa una veintena de lazarillos europeos.

© Manuel Garrido Palacios


Revista de Folklore 423

Revista de Folklore 423






JOAQUÍN SOROLLA


JOAQUÍN SOROLLA
Paseo del Faro · Biarritz 1906 
Museum of Fine Arts · Boston

Amadeo Modigliani

Amadeo Modigliani (1884 - 1920)
Jeune Femme aux boucles d'oreilles 1915
huile sur toile 56 x 38,2 cm
© Pinacotheque de París 

Ulrike Voswinckel

Contra la vida establecida
Ulrike Voswinckel
El paseo · Editorial

"Monte Veritá contiene una emocionante historia
de proyectos contra la vida establecida,
una historia de vida alternativa
que precisamente en los pasados
años setenta volvió con formas muy parecidas"

Harald Szeemann

CULTURA

CULTURA
Asisto a lo que llaman un acto cultural. Lagarto, lagarto. Los que me acompañan llenan el regreso de opiniones sobre el evento. Escucho y cato. La queja común es que se confunde ocasión con tradición, sabiduría con datos, palabreo con reflexión, hábil con artista, listillo con inteligente, entendederas con atrevimiento, hambre con ganas de comer y todo así. Repito algunos de los ejemplos expuestos:
1) Un político que tenía que recibir a una figura literaria de poso y peso, en vez de saludarlo como lo que representaba, le espetó: «Yo también soy poeta».
2) Un... -¿cómo llamar a éste?- le largó a un escritor tallado y reconocido: «Yo quiero tener las tardes libres para escribir como usted».
3) Un caso lastimoso le dijo a un recién llegado que en el Sur sólo había dos poetas de valía: Juan Ramón y él.
Como es interminable la lista de disparates pongo punto porque estas osadías no merecen más atención. Aunque son empobrecedoras en sí mismas y no resistirían un análisis, dan norte en conjunto de lo difícil que resulta entender el significado de Cultura, palabra que tanta resistencia opone a ser definida porque tiene un corazón tan tierno que cualquier vaivén podría herirla. Gracias a que por venir de dar culto a lo superior conserva un halo misterioso que la protege. Hay quien se mueve en lo que le parece Cultura y con ello recorre el camino de la autocomplacencia. Los que andan encariñados con ella ven ese camino cultural poblado de saberes, de formación, de personalidad, de gusto, de sensibilidad, de inteligencia, de tomar las grandes obras como modelos para aprender, no para plagiar, de sentirlas como tesoro de la humanidad, sean tradiciones artísticas, científicas, religiosas, filosóficas; todo eso que conforma un modo de vida: arte, moral, ley, costumbres, hábitos. Como alimento del espíritu nunca hubo empacho por la Cultura, sino sensación de bondad por permitir que nos abriera paso hacia ideas que nos enseñaran a sentir que nadie es el eje del mundo; p sea, para universalizarnos.
La Cultura es el grano que queda limpio en la era cuando se aventa la paja. Ella se defiende de la confusión porque está hecha a distinguir la voz del grito, el hablar mucho del decir poco, o nada, el auditorio vacío aunque parezca lleno, de discursos superficiales, alharacas pelotilleras, autobombo y aplausos subvencionados a costa del contribuyente. En cierto despacho no sabían qué cargo darle a un «compromiso» y le dieron "Cultura mismo". Toma ya.
Habría que elevar el listón, no bajarlo a niveles infames bajo el pretexto de poner no se sabe qué al alcance de todos. Lo grande es que suban esos todos. Que no parezca que somos incapaces de ser más que figurantes de una obra manida que sólo sabe justificarse a diario. Por cierto, ¿de qué acto llamado cultural venía yo para escuchar estas perlas durante el regreso?
© foto: mgp
© Manuel Garrido Palacios

MANUEL MOYA

ZORROS PLATEADOS
MANUEL MOYA
Edhasa

L'ABANDONNOIR

L'ABANDONNOIR
Manuel Garrido Palacios

Traduc. al francés: Isabelle Toledo
Edit, L’HARMATTAN. Paris

Novela de Manuel Garrido Palacios construida como las antiguas tragedias griegas. En vez del carro sobre el cual el primer dramaturgo declamaba la historia de los héroes míticos para concurrir al premio representado por un bode (tragos), estamos en presencia de un muerto en su ataúd durante la vigilia que le hace el último vecino, mudo de soledad, en un pueblo perdido. En su soliloquio, el muerto hace desfilar a todos los habitantes que hubo en dicho pueblo con las anécdotas cotidianas, las intrigas, amores, odios y alegrías posibles de un lugar extinguido. La simplicidad brutal de los eventos, la unidad de tiempo y de espacio, las voces de los muertos que suben como un coro, parecen los elementos de una tragedia mediterránea que bien podría ser de Esquilo. Igual que en la vida, se reflejan también los momentos crueles o divertidos, las escenas burlescas, el humor corrosivo, la amargura, la pobreza y el hambre conocidos por tantas criaturas de la posguerra civil española. Ese pueblo escondido, llamado Herrumbre, es un microcosmos pero abarca toda la vida y la vida de todos nosotros. Conociendo el pasado del autor, escritor especializado en la etnografía, viajero y cineasta, el lector podría pensar que se trata de una obra de recopilación de cuentos, leyendas o anécdotas cosechadas durante toda una vida en contacto con los pueblos más rancios de España. Pero no. Pasa por la obra un soplo épico, una grandeza que solamente una experiencia vivida puede desenlazar y ofrecer. En efecto unas confidencias del autor confirman que muchas escenas son trasposiciones de su infancia en un pueblo similar a Herrumbre. Reviven los sonidos, los sabores, los rumores de ese mundo que hoy se desvanecería en el olvido si el autor no lo hubiera conservado en su memoria para nosotros.Hay en la novela El Abandonario unas invenciones lingüísticas que harán las delicias del lector. La riqueza del vocabulario, a veces inventado o inspirado en el lenguaje hablado, de los refranes, de los insultos, de las canciones populares, hace del texto una enciclopedia de la sabiduría del mundo rural, de un universo en desaparición. Existen escenas muy innovadoras en literatura, tal vez por influencia de la técnica cinematográfica, como por ejemplo, cuando se mezclan en el texto todas las conversaciones sobre la plazoleta del pueblo, como un rumor de fondo, donde respira la vida trivial de los habitantes. O cuando se entrecruzan los comentarios de las personas que preparan los pestiños en la cocina, escuchados por el niño desde su alcoba, donde fue recluido para que no incomodara los preparativos. Ese niño de ayer es el autor que escucha hoy las reminiscencias de estas voces de la felicidad simple.El lector francés entrará sin preámbulo en ese mundo mediterráneo ya familiarizado por sus lecturas de las novelas de Marcel Pagnol o Jean Giono. El Abandonario, de Manuel Garrido Palacios, no necesita de reflexiones metafísicas o escatológicas en ese contexto de vigilia mortuoria donde flota el espíritu colectivo resignado tanto a la vida como a la muerte.

© François-Luis Blanc

EL ABANDONARIO

EL ABANDONARIO
M. Garrido Palacios 
1ª Edición. Editorial Calima. Mallorca
2ª Edición (en francés) Editorial Harmattan. Paris


Manuel Garrido Palacios nos entrega en 'EL ABANDONARIO' su apasionante novela. Dedicado profesionalmente al cine y a la etnografía, sólo en estos últimos años ha ido publicando libros de ficción literaria. El sorprendente EL CLAN Y OTROS CUENTOS (Ed. Calima, Palma de Mallorca) y esa variopinta fábula titulada NOCHE DE PERROS (Ed. AR, Sevilla, Calima, Mallorca y L'Harmattan, Paris) nos mostraban ya a un narrador premioso conocedor de su oficio y exhaustivo gozador de la alta, rica tradición castellana. En ambos libros latía el aliento de un hombre entrañado, investido en lo popular, en el que la ironía, el escepticismo, la retranca..., nos daban cuenta de un mundo personal, entretejido de realidad y ficción mágica, con un pie puesto en los estribos de la picaresca (con esa visión escéptica, amargosa del mundo) y el otro en ese prolijo mundo de lo escéptico y de lo soterráneo que encontramos también en la vasta tradición castellana, desde Cervantes a Rulfo, desde Quevedo a Valle o al Cela del Pascual Duarte. Pareciera que todos esos largos años emboscado detrás de la cámara, atento a las luces y a las penumbras, a las voces y al silencio, hubiesen propiciado en el autor un caudal vivo de sombras y máscaras que ahora, en su faceta más propiamente creativa, se nos revelan en toda su concertante, apabullada realidad. Estas tres coordenadas: la tradición escéptica, la visión mágica y el lenguaje popular , más que presentes en sus dos libros de relatos, constituyen ahora el soporte literario de este libro (EL ABANDONARIO) tan sorprendente como impagable. EL ABANDONARIO es un viaje hacia los médanos interiores de una memoria que se resiste a reconocerse en los parámetros realistas o mecanicistas, donde los hechos quedaban sepultados, envilecidos por un proceso de afirmación histórica o ramplonamente temporal. Muy al contrario, lo primero que sorprende en esta novela, es precisamente la ausencia del tiempo. El recuerdo, la memoria, ajenos a la contaduría de las horas, se superponen, se erigen, vivifican la realidad, construyendo una reconocible fantasmagoría de hechos simultáneos y envolventes que atrapan al lector ya desde sus primeras líneas, aventurándolo a un mundo de una sencillez, de una fantasía desaforada. En realidad, lo que Manuel Garrido Palacios, persigue a lo largo de esta obra inolvidable es recrear, alentar, producir una atmósfera interior reconocible, en la que vida y muerte, realidad y magia se entretejan de una manera creíble y lo que es más importante, natural, en torno a los pellizcos de la vida. Pero si ya en su larga obra cinematográfica Garrido Palacios trata de recoger la devastada memoria de los pueblos, afirmándolos en su identidad y sublimando precisamente aquellos elementos que hacían palpable esa identidad, aquí, en esta, su primera novela, se nos propone una vuelta de tuerca al introducirnos en un mundo de resonancias míticas que nos agarra desde la pura y abstracta identidad y donde el lenguaje, de una llaneza casi cegadora, consigue por sí mismo convertirse en el absoluto protagonista de esta historia en la que un muerto relata a quien lo vela la historia de un pueblo fenecido, atrapado en su propia fantasmagoría. Nos hallamos, pues, ante una novela sorprendente que consigue imantar al lector a las primeras de cambio, para mantenerlo en vilo durante toda la deslumbrante travesía. Y es que Garrido Palacios, seguro de su oficio, capaz de descubrir una atmósfera en unas pocas líneas, lejos de adentrarse en un discurso atolondradamente lírico, prefiere ponerse en manos de la naturalidad, de la fluidez de la palabra dicha, oída, metida en la matriz y en el estómago. Será, así, a través de los personajes que hablan a través del muerto, que se construya la peculiarísima memoria de Herrumbre, ese pueblo acosado por la nada, y cuya historia es la que se va enhebrando a lo largo de todo el libro. Mamuel Garrido Palacios se ha limitado, parece y aquí estriba gran parte del éxito del relato a dar sentido a todas esas voces, ordenándolas de manera que el lector se reconozca en cada una de ellas, removiendo en él los más dormidos soportales de la memoria. Una novela, en definitiva sugeridora y valiente, escrita con toda el alma, que se reconcilia con el arte de la prosa, tan demacrado, tan envilecido últimamente. Sin duda, y acabamos, una de las novelas más deslumbrantes escritas en los últimos tiempos en la lengua de Rojas, Cervantes o Rulfo.
© Manuel Moya

ARCHIVO DE LA MEMORIA


La escritura, archivo de la memoria
Georges Jean
(Besançon, 1920) antiguo alumno de la Escuela Superior de Saint Cloud. Profesor de lingüística y semántica en la Universidad de Maine (1967-81) 
Aguilar, 1989
Título original: L’écriture, mémoire des hommes. 
Gallimard.
Traducción: Beatriz Morla.

PIO BAROJA


PIO BAROJA
DESDE EL EXILIO
Editorial Caro Raggio

JIŘÍ WEIL

JIŘÍ WEIL
VIDA CON ESTRELLA
Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús.
Editorial Impedimenta

Admirada por Harold Pinter, Arthur Miller y Philip Roth, esta novela es la crónica de la parte olvidada del Holocausto.

Literatura hispanounidense

ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

DE LA PALABRA A LA IMAGEN. DE LA NOVELA A LA REVISTA
Reflexiones sobre la literatura hispanounidense contemporánea

Tres revistas
“VENTANA ABIERTA”
“BAQUIANA”
“REVISTA DE LA ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA” (RANLE)
Gerardo Piña-Rosales · Director de la ANLE

Visiones de la ciudad líquida
‘EN CAÍDA LIBRE’, de Tina Escaja
’LA EDAD GANADA’, de Mar Gómez González
‘LOS TRADUCTORES DEL VIENTO’, de Marta López Luaces
Nuria Morgado · The City University of New York (ANLE)

Ecos quijotescos en la literatura texto visual contemporánea
‘DESDE ESTA CÁMARA OSCURA’ de Gerardo Piña-Rosales
Patricia López-Gay · Bard College (ANLE)

City College of New York
25 Broadway · Jueves 25 mayo 2017 · 10 de la mañana