Iglesia de los Cuervos

Iglesia de los Cuervos
Cabo de San Vicente. Algarve
© Fotos Héctor Garrido

Llevo en el macuto el libro ‘Las jarchas mozárabes’, de Álvaro Galmés de Fuentes (Crítica, 1994). Parto temprano desde Lagos hacia el Cabo de San Vicente (donde se inicia la costa vicentina, no bizantina, según deslizan algunas voces) para buscar una referencia, una ruina, lo que quede de la iglesia de Cuervos, que Galmés valora como ‘el más famoso de los santuarios cristianos del sur de al-Andalus subsistente hasta mediados del siglo XII, pues lo describe al-Idriī-sī [m. 1162. Edresi,  de l’Afrique et de l'Espagne, trad. del árabe por Dozy y Goeje] quien afirma que no había experimentado cambio alguno bajo la denominación islámica esta iglesia de los Cuervos (kanīsat al-Gurāb), situada en un promontorio, avanzado sobre el mar, del cabo de San Vicente, en el Algarve’. El texto citado, que documenta que en pleno siglo  existen en al-Andalus centros religiosos cristianos de gran vitalidad, dice que esta iglesia de los Cuervos ‘no ha sufrido ningún cambio desde la época de la dominación cristiana; posee tierras, procedentes de piadosas donaciones y de regalos concedidos por los cristianos que acuden allí en peregrinación. En su techumbre viven diez cuervos; jamás se les ha echado en falta, jamás se ha observado su ausencia. Los sacerdotes que sirven a la iglesia cuentan de estos cuervos cosas maravillosas, pero se dudaría de la veracidad del que quisiera repetirlas. De otra parte, es imposible pasar por ese lugar sin tomar parte en la abundante comida que proporciona la iglesia; es esta una obligación ininterrumpida, una costumbre de la que nunca se aparta... La iglesia está servida por sacerdotes y religiosos. Posee grandes tesoros y rentas muy considerables, que proceden de tierras que le han sido legadas en diferentes partes del Algarve’. Al hilo del relato hago mi trabajo de localización y, siguiendo la costumbre de la buena reposición de fuerzas de los antiguos peregrinos, tomo mi ‘pequenho almoço’ de media mañana en la venta que queda al otro lado del camino, donde, además del buen yantar, me confirman que lo que acabo de visitar es lo que se conoce en la zona desde siempre por iglesia de los Cuervos y que cuantas reliquias pudiera haber guardado en su tiempo, fueron trasladadas a Lisboa. El graznido de las gaviotas sobrevolando el fuerte oleaje se mezcla con el de unos cuervos, cuyos antepasados dieron nombre al sitio. Me pregunto si ellos lo sabrán. 

© Manuel Garrido Palacios

Hartmannus Schedel

Hartmannus Schedel
Liber Chronicarum
Norimbergae: Koberger, 1493

Isabel Greenberg

La ENCICLOPEDIA de LA TIERRA TEMPRANA
Una novela gráfica de Isabel Greenberg
Editorial Impedimenta


August Macke

Sombrerería (1914)
August Macke (1887-1914)
Folkwang Museum
Essen

JÁNOS SZÉKELY

JÁNOS SZÉKELY
Los infortunios de Svoboda
Trad. de Magdalena Palmer
Prólogo de Pablo d'Or
Editorial Impedimenta

"János Székely logra transfigurar el infierno bélico en una historia fantástica, tierna, satírica y trágica al mismo tiempo."
(Éva Vámos, Le Journal Francophone de Budapest)

Mariano Benlliure

Mariano Benlliure
(1862-1947)
Ante la estatua de Piedad Iturbe
Revista Nuevo Mundo (1922)
© Foto: Marín

NOCHE DE PERROS

NOCHE DE PERROS
Manuel Garrido Palacios
Ed. AR. Sevilla 

Un viernes de invierno, en Mairena del Aljarafe y diluviando, se concentraron más de 150 personas para dialogar sobre el pensamiento y la praxis de la liberación en América Latina. Conferencia, película sobre monseñor Romero y cine fórum fueron los tres momentos de la noche. Era una noche de perros. Sin pensarlo vino al recuerdo la obra de Manuel Garrido Palacios. El animal humano asusta a veces a los perros. Pero el perro soporta al hombre, le quiere; arriesga su vida por el amo. En torno al hambre bailan vocablos añejos la danza de la muerte. ¡Mierda! Cuestión espinosa la del sentido de la vida. El viejo del acordeón estruja el libro sonoro entre sus brazos..., así escribe Garrido Palacios, enraizado en los Baroja, repleto de rasgos dramáticos, anecdótico, categórico, adulto con ojos nuevos en vía muerta. Y, sin embargo, ansioso de libertad, no sólo negativa, no sólo política, sino vital. Rebelde, primario, amigo del perro que no sabe dónde ir y se echa aquí o allá con los ojos cerrados -como si tratara de vislumbrar en la oscuridad el regreso del alma-. «El perro se relame el hocico y nos mira como si acabara de descubrir a dos ingenuos filósofos recién llegados a este mundo». Sobre este mundo, «aldea global», cada uno se deja impresionar de forma bien distinta: sin fe en la espera o con esperanza: al atardecer de la vida o al clarear el día; en la bruma o en los sueños;rebuscando o indagando; en la taberna o junto a la chimenea; como una mota en el todo o siendo en los otros. Cada uno es uno mismo y el otro, así de relativo, así de prodigioso. ¡Bienvenida noche de perros!. Una noche de perros unos matones asesinaron a varios cerebros y a una madre y a su hija. Se hizo eÍ silencio, tras las ráfagas descargadas. Tampoco se quiso investigar. ¿Qué es importante? No es de describir la risotada del carnicero blandiendo el arma manchada. El libro sigue empapado en sangre. Era el fin de una secuencia: ¡Más vale el amor que la guerra! Amor y muerte son pulsiones bien distintas y, sin embargo, ambas anidan en los animales humanos. Después vendría una relativa paz. Frente a la sangre, la palabra. ¡Nunca más el loco ir y venir de los ejércitos que juegan con la tecnología de las armas mortíferas, Unos avanzan hacia la vida, otros retroceden hacia la muerte. Uno mismo avanza y retrocede. Pero ¡cómo duele el retroceso! Si me matan, dijo Romero en marzo de los ochenta, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Dejemos el asunto en manos del tiempo. El niño se anima por fandangos. Pare la perra, el perro ladra. Las mujeres ahogan sus voces enflorando las tumbas de los desaparecidos. ¡Nunca más la mortífera violencia! ¡Nunca más la guerra! ¡Ojalá se acallen las voces de los voceras! Que se paralicen las manos de quienes quieren exterminar tres mil millones de seres humanos. No se lo tomen ustedes a broma…«ladra el perro a lo que siente, /a lo que existe, al menor latido ladra...» Dice Manuel Garrido Palacios en Noche de perros: «el perro no siente por el hombre asco, sino miedo, terror». Va en serio. Mejor silenciar el contenido de una conversación al final de los diálogos del cine fórum, aquella noche de perros. Dos animales humanos pueden matar a ciento cincuenta personas. Pero, «a Dios gracias», se restablece la calma... y nieva en la sierra. ¡Qué frío! «Somos personas».

© José Mora Galiana

Miguel Veyrat

LA PUERTA MÁGICA
Antología
Miguel Veyrat
Prólogo de A. L. Prieto de Paula
Libros del Aire

ELEGÍA EN THOLOS
(a Martine Broda, in memoriam)

Mas si creemos que nuestro único sujeto
es el deseo y al mismo tiempo
nuestra esencia, querríamos ser el objeto
perdido y olvidar todo lenguaje.
Dormir en la colina disfrazados de chopos
y cantuesos. Dormir junto a las cosas
enterradas bajo un horizonte
de leche negra -dormir entre las zarzas
jaras y sarmientos que un día fueron
sujetos abrasados. Y también con los muertos
de dolor o de una borrachera. Dormir
bajo la grava junto a las flores de Víznar
o Bagdad, crucificadas de noche
por el odio que despierta la conciencia
de ser libre. Dormir en la colina
de Spoon River tras un mausoleo cualquiera,
bajo el manzano de un huerto
o sobre una sima del mar. Ser para siempre
un ser aunque muerto deslumbrante
de deseo -y conseguir que dure al menos
el tiempo de regreso hasta el chispazo inicial.
Sólo un gesto. Y dormir para siempre
de la mano de nadie -como duerme Martine
con su enjuto cuerpo entregado
en ofrenda a sus amantes lares, Jouve
Juarroz, Celan o Lacan. Todos duermen
ahora en la colina de Tholos. Y nosotros también
muertos con ella como objetos cosas
húmedas entre la seca arena -este silencio.

© Miguel Veyrat

Alvaro de Mendonça

Alvaro de Mendonça
POESIA
Vila Nova de Famalicão. Portugal


Alvaro de Mendonça nace en Faro (Portugal) en 1959. Vive y estudia en Lisboa donde se forma en Pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes. Desde temprana edad su interés por la poesía lo lleva a conocer a gran parte de los autores portugueses, desde Camões a Pessoa y Alberto y algunos extranjeros, como Neruda y Borges. A lo largo de las dos últimas décadas ha ido conformando innumerables manuscritos propios, no publicados. Esta es la primera edición de una selección de sus textos más recientes, 2000-2004.

EXPOEMA

Um día
juntei todos os meus poemas
e queimei-os
numa fogueira 

o papel ardeu 
ardeu a alma 
não tinha mais 
para dizer 

agora
só os imagino
e sei
que não posso queimar
pensamentos.

© Alvaro de Mendonça

Memória e Futuro · Tavira

Exposição
Memória e Futuro
Museo Municipal
Palácio da Galeria
TAVIRA

T. C. Boyle

T. C. Boyle
LAS MUJERES
Trad. del inglés de Julia Osuna
Editorial Impedimenta

«..de una astucia y una curiosidad desbordantes»
(Annie Proulx)


 Boyle es uno de los grandes novelistas americanos vivos. Una recomendación sin reservas.
Andrés Ibáñez, ABC Cultural

No sólo supone un denodado trabajo de documentación, también un alarde de ficción que gana interés al rebasar cada página.
Ángeles López, La Razón

Novela que sumerge al lector en la inquietante vía de un personaje clave de la cultura contemporánea y nos desvela al monstruo que se encontraba tras el genio.
Luis Martín. Hoy Es Arte

Una novela de muy alto gramaje.
Eugenio fuentes. La Nueva España

Boyle ha conseguido retratar al arquitecto con todas las grietas abiertas sobre el papel.
Lauira Revuelta, ABC

Violeta C. Rangel

LA POSESIÓN DEL HUMO
Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”
Hiperión 

Violeta C. Rangel nace en Sevilla en 1968 y pasa la mayor parte de su vida en el Born barcelonés. En 1992 es recluida en el hospital Gosier, de Marsella, a causa de una enfermedad degenerativa, de donde escapa. Desde entonces conoce los dispensarios sociales de media España. Su obra se reduce a un puñado de poemas breves, algunos publicados en diversas revistas. Es autora de un fragmento de novela que permanece inédito. Su poesía, desgarradora y ácida, indaga en las zonas peor iluminadas de nuestra realidad, siempre desde el ángulo de un lenguaje provocador y tenso.

Día del libro

¡Maldita sea, acaba ya! ¡Muévete, vamos!
Enciendo un cigarrillo,
me acerco a la ventana.
¿Oye tía, no tendrás
una papela, algo de goma?
En la calle la cosa está animada:
el mismo frío,
el mismo personal
buscándose los cuartos,
unos maderos tronchados con un paisa
al que obligan, pipa en ristre,
a tirarse a la farola.
La pava de la tele
tranquiliza. Libros, rosas,
la importancia de Cervantes
(este año se lo han dado a una cubana),
el rey sonriendo, como siempre,
a la parroquia...
Un charnego se acerca a preguntar
por el pescado
y la Palmira, con el cuento,
se lo sube a la pensión.
Escucho aplausos.
Noches como esta te abren el estómago.

© Violeta C. Rangel

ABELARDO BELLIDO

ABELARDO BELLIDO
Cámara de televisión

Viene de aquel gran fotógrafo que nutría las páginas de ABC un día sí y otro también con instantáneas sobre la historia diaria de este sur de Europa llamado Andalucía. Le dio al hijo la vida, el nombre y el oficio, además de un legado de imágenes, de una herencia artística, que constituyen hoy uno de los patrimonios culturales del pueblo.
-Abelardo estuvo presente en la primera Fiesta de la Vendimia. Hablamos de hace cincuenta años; ¿qué te queda en la memoria de aquel tiempo?
-De la primera Fiesta de la Vendimia… -mira de soslayo la fotografía de su padre, se levanta de la mecedora que ha movido sus recuerdos, camina de un lugar a otro buscando la respuesta que guarda y dice, como quien piensa en voz alta-: en aquel tiempo las armas del fotógrafo eran la luz, el talento y unas placas. No todo el mundo podía ser retratero. En 1961 se celebró esa primera Fiesta de la Vendimia y todo el pueblo fue engalanado para la ocasión. La Plaza de España presentaba una imagen nueva con la fuente. Sus chorros expulsaban vino en vez de agua, el motor hacía girar a los caldos de la vendimia del año. El viento que corría aquella tarde de septiembre hacía que salpicara las lozas con menudas gotas como si se bautizara la alegría colectiva de la fiesta. Recuerdo que el aroma que se respiraba alrededor de la fuente era tan intenso que afectó a más de uno. Entre ellos estaba yo, a mis catorce años, con mi cámara dispuesta para estrenarme en el oficio. Las Bodegas Morales y Pichardo se adornaron con todo esmero y sirvieron a palmerinos y forasteros los mejores productos madurados entre sus muros; hablo del vermú, del amontillado y de la calidad solera. Todavía andará por casa la imagen de una réplica de la fuente que fue testigo de todo aquello, aparte del inolvidable sabor de los caldos de degustación. Para mí fue la primera vez que hice un reportaje en serio con los bodegueros, sus familiares y sus amigos, hasta que tanto aroma y tanta degustación trago a trago acabaron por afectarme. Lo hice en blanco y negro. Tenía una cámara de 16 milímetros, de cuerda, y allá que me lancé a comerme y a beberme la Vendimia yo solito. Recuerdo el colorido de los dos escenarios que se montaron; uno a las puertas del Banco de España y la Pensión Ramírez, el otro en la fachada de la Iglesia. Durante los actos, el escenario sufría cambios bruscos de iluminación, tal y como el personal técnico había decidido, y todo quedaba a oscuras. Llegado ese momento, sacaba una antorcha a escena para poder seguir grabando, pero todo ese trajín hacía que mi trabajo quedara algo deslucido, aunque lo que salió, ahí está. Hoy día, cincuenta años después, no tendría ningún problema para captar lo mismo que entonces pero con las nuevas técnicas. Eso, en cuanto a rodar, a hacer una película documental de aquello. La fotografía en cambio se veía algo más favorecida; el material fotográfico podía ser más sensible que el usado para el cine; se utilizaba una cámara cargada con un carrete de más sensibilidad para esos momentos en los que el escenario quedaba a la suerte de la luz de la luna, y luego, además, cabía la posibilidad de reforzarlo durante el proceso de revelado en el laboratorio. Hoy es otro cantar. Las cámaras digitales han resuelto todos los problemas de iluminación; incluso tenemos la suerte de ver qué se está haciendo en cada momento.
-Pero aquella primera vez, aquel estreno fue heroico.
-Valoro lo de entonces y valoro lo de ahora. La técnica no es más que un medio. Depende del uso que le des. Y aunque fuera con todos esos inconvenientes que he dicho, tanto las placas como los rodajes de entonces tienen el valor de ser verdaderos documentos. Ahí están. Los quiero tanto como la fotografía que pudiera hacer hoy con la mejor cámara.

© Manuel Garrido Palacios

Miguel Cane

DICCIONARIO DEL CINEMA PARA MITÓMANOS AMATEURS
Miguel Cane
Ilustra Ana Bustelo
Prologa Daniel Krauze
Editorial Impedimenta

Canaletto · Guardi · Venecia

Canaletto (1697-1768)
Le Grand Canal avec l'église San Geremia,
le palais Labia et l'accès
à Cannaregio, 1726-27.
Huile sur tole, 46x78,4 cm,
Londres, The Royal Collection, lent by Her
Majesty Queen Elizabeth II


Guardi (1712-1793)
Le Grand Canal avec
l'église San Geremia,
le palais Labia et l’aceès
à Cannaregio, 1769,
huile sur toile, 71,5x120 cm,
Munich, Alte Pinakothek

Revista de Folklore nº 399

Revista de Folklore nº 399

Sumario:

Editorial de Joaquín Díaz (Director):
La vecindad con Francia ha provocado en nuestra historia filias y fobias frecuentísimas. Desde las canciones infantiles hasta las esquelas que imprimían los establecimientos tipográficos y que copiaban motivos y modelos parisinos, todo recordaba a lo francés en la vida cotidiana... + 

Héctor Uribe Ulloa:

Antonio Vivaldi

Antonio Vivaldi
Concerti con molti instromenti
Encargaron a Antonio Vivaldi un concierto en el que cada miembro de la familia encargante quería que su instrumento (de música) favorito estuviera presente en la partitura. A uno le gustaba el oboe, a otro el tambor, a otro el violonchelo y todo así, porque las aficiones hogareñas llevadas a estos extremos vienen a ser muy complejas. Y el Mozart latino ─como lo llamó algún crítico─ no se inquietó por ello, sino que compuso esa magna obra que contiene ocho entradas y que llamó “Concerti con molti instromenti”, con la que posiblemente contentó a cada miembro del exigente clan y él quedó con su grandeza artística intacta. Otros cuentan que lo que hizo fue sumar varias piezas sueltas que tenía ya escritas y adaptarlas para la ocasión. Da lo mismo. Lo cabal es que resolvió tamaño encargo con la gracia y el genio de quien sabe moverse en todas las plazas.

© Manuel Garrido Palacios

LEXIQUE DE GREC CARGÉSIEN

LEXIQUE DE GREC CARGÉSIEN
Précédé d'un bref historique du peuplement grec de Cargèse (Corse)
Jean-Christophe Eon
Études grecques
Edit. L'Harmattan
Paris 

Cargèse est une petite ville située à 52 kms au nord d'Ajaccio, née de l'exil de populations grecques venues du Péloponnèse. En 1676, fuyant l'oppression ottomane, ces populations obtinrent de la République de Gènes, alors métropole de la Corse, la possibilité de s'y installer. A partir du XIXe siècle, les Cargésiens purent vivre en paix sur cette terre devenue la leur. Voici donc une étude sur le parler grec de Corse (néanmoins en voie d'extinction).

Guillermo López Lacomba

EN PLENO DESCONCIERTO
Guillermo López Lacomba
Isla Varia Ed. (Granada) 

El autor (Granada, 1949) ha publicado Tragaluz, Los oráculos, Historia de Arcadia o tratado sobre el saber usos y costumbres de gallos y gallinas (novela), Bestiario, Al corazón que venza, Al fin en frente y Podrás amor (poesía). Colaboraciones en Cuadernos de Matemático y Litoral. 

2 poemas:

(Pág. 11)
Es así que no pude cruzar,
que el agua me detuvo
al lado equivocado de la orilla.
Que ya no hube camino.

(Pág. 25)
Y de retorno por las calles,
de regreso a la nada en la que habito
escruto sombras;
rumor de aguas profundas,
recuerdo de su voz.
Faroles que no alumbran en las esquinas,
luces mortecinas en las ventanas,
aldabas con herrumbre en los portones,
en pleno desconcierto.

© Guillermo López Lacomba

Morten Sendergaard

Morten Sendergaard
Un paso en la dirección correcta
Trad. de Daniel Sancosmed
Libros del Aire

Francisca Aguirre

ESPEJITO, ESPEJITO
Francisca Aguirre
Ed. Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes
Portada e ilustraciones: José Hierro
Universidad Popular

INTRODUCCIÓN (pg. 13)

Había una vez un país desdichado y hermoso, como todos los países; con una historia hermosa y desdichada, como la historia de todos los países. En ese país, igual que en todos los países, las abuelas contaban cuentos a sus nietos. En esas historias hay buenos y malos, brujas y hadas, dragones y príncipes y, sobre todo, princesas encantadas. Casi todas las niñas de este mundo han debido soñar alguna vez que eran una de esas princesas. Casi todas las niñas, alguna vez, han preguntado como en el cuento: "Espejito, espejito ..."
Yo fui, quizás, una de las pocas niñas que no se atrevió a preguntar.
Pasaron los años. Y un día, cuando mi corazón creyó, como lo habían creído Giner de los Ríos y don Antonio Machado, que había empezado "un nuevo florecer de España", me acerqué hasta la niña que fui y pregunté con ella: "Espejito, espejito"
[Este libro] es la respuesta que me dio el espejo.

(pg. 63-64)

(El 6 de octubre de 1942
mi padre fue ejecutado
en la Prisión de Porlier)

Decía Pepe Hierro "Paca,
¿te acuerdas de aquel verso de Neruda…
'nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos'?"
Querido Pepe, qué mal entonces
tuvimos tú y yo. Yo, servidora,
como a menudo me sueles corregir,
tuvo un entonces de lo peorcito.
Qué le vamos a hacer, hermano,
"nadie elige su amor", ha dicho don Antonio.
Nadie elige tampoco su infancia.
Casi nadie elige el dolor,
y menos todavía en el tiempo de las sorpresas,
en el tiempo de los milagros súbitos,
en aquel tiempo en que la mañana
se estiraba como un acordeón
y algunos días, cuando queríamos recordar;
ya no quedaba tarde
y nos teníamos que ir a la cama
después de una mañana larguisima,
tan larga que nos había durado hasta la noche.
Qué año, Pepe, aquel de tu Quinta del 42.
Cómo dudábamos del porvenir entonces,
tú empezando a hacer versos,
yo empezando a hacer vida.
Qué mal año aquel año cuarenta y dos.
Pero ya ves, hermano, todo pasa
y, como decía Machado, todo queda:
han. quedado tus versos y mi infancia:
tu Quinta del 42 jugando al corro con mis doce años,
"agáchate y vuélvete a agachar",
seguro Pepe, que si hubieses andado cerca,
te habrías acercado a aquella niña:
"Baronesa, ¿qué hace usted agachada en ese rincón?",
seguro, Pepe, segurísimo,
lástima que no lo supieses
en aquel interminable mil novecientos cuarenta y dos.

© Francisca Aguirre


Conversaciones con mi animal de compañía
Francisca Aguirre
Ed. Rilke

 (Para Marta y Jordi)

Si hablo con la fiera que siempre va conmigo
Sin duda es porque espero que tal vez algún día
lograré comprender
quién es el animal
que nunca me abandona
que me araña la vida
que me la descoloca
y ni en sueños me permite soñar
con dejarme vivir
sin su gruñido.

© Francisca Aguirre


NANAS PARA DORMIR DESPERDICIOS
Francisca Aguirre
Premio Valencia de Poesía
Hiperión.

Aunque la poesía de Aguirre precede a su propio verso, vale asomarse a sus páginas para ver algunas claves.
Juan Cueto me dijo en Gijón que una nana podía ser un arrullo, un conjuro para que huyera el duende que robaba el sueño inocente y un aviso para que el amante rondador cayera en que no eran horas para escarceos.
Sobre el vocablo “desperdicio”, tan presente en la obra, Aguirre dice: “No sé muy bien cómo explicarles / lo que resulta ser un desperdicio, / porque lo grave de esta historia / es que nadie conoce realmente / eso que, de forma extraña y muy precipitada, / denominamos desperdicio; // aquello que asían nuestras manos, / de tan difícil catalogación, / tan raro, tan absurdo / que apenas si nos atrevíamos a nombrarlo, / eso, precisamente eso, / [que] sobraba en nuestro espacio. / Tal vez fuera un desperdicio // aquel resto, aquel aquello”. Entramos en el corpus del poemario siguiendo el rastro de algo que es “dolorosamente nuestro” y que viene “cargado de asombros y temores”. Por ejemplo, sin perder el hilo de los versos: “No cabe duda de que el peso, / si nos referimos a los desperdicios / es de suma importancia / para determinar su naturaleza. / Hay desperdicios minuciosos, / desperdicios ingrávidos / y, debido a ello, el peso es decisivo. / Es el caso de la cicatriz”.
Insiste Aguirre en que “lo imposible es a veces / tan sumamente desperdicio / que yo no sé qué hacer”. El envés de un poema es la sensación que deja en el ánimo: “¿Quién iba a imaginar el desperdicio que vivía / en el moho de aquel recuerdo jadeante?” La autora, que ve “extraño / llamar a un sobresalto desperdicio”, cree que lo importante es “cantar para que duerma al fin / eso que llora y llora sin parar / dentro del corazón aquel / lleno de escombros”.
En otra página asegura que “nadie sabe qué música ponerle a los desechos. / Aunque parezca raro / hay desechos resplandecientes”, porque “hay que ver lo que vive en los cajones, / cada cajón es como un universo / en el que duerme todo: desperdicios, estampas, lapiceros. // ¿Cómo no vamos a cantarle una nana a aquel pañuelo de la abuela?” Entre las músicas que habitan el alma, “casi todo el mundo ha oído / la música de las baratijas, / puesto que la baratija es un brillante desperdicio. // Las esquinas son el desperdicio perfecto”.
Aguirre canta al crepúsculo: “un desperdicio muy equívoco; / mi nana / unas veces termina demasiado pronto / y el crepúsculo sigue muy despierto, / otras, yo canto sin parar / y el crepúsculo duerme ya bajo las estrellas”; y a las sobras “para dormir el hambre / mientras el hambre nos dormía”; y a las hojas caídas: “criaturas parlanchínas / voz de nuestros árboles”; y al dormir de los relojes: “como nadie conoce dónde empieza la muerte // me gustaría creer que el tiempo es sólo un sueño, un escuálido desperdicio”. Canta a las cartas con “el olor desvalido del abandono / y el tono macilento del silencio”, que son “desperdicios de la memoria, residuos de dolor”; a las tachaduras, a las que “les cuento la vida de las otras palabras / para que vean que son un desperdicio”. Y así discurren las nanas, hurgando a ver qué se fue con cada desperdicio. Aguirre pasa su vista por los hilos en barullo, las flores mustias, las espinas, la ceniza, los aparentemente simples cordones, un pingo o las mondas de patata de 1943: “¿qué hubiera sido de nosotros / sin el apoyo de los desperdicios?”. Observa los despojos, los libros viejos: “prendas tan de abrigo”, el humo, “que tiene muchos detractores”, y añade: “le canto la nana del silencio / para que no se sienta solo”; nanas para el odio, la tristeza o el miedo: “compañero de la especie”.
Puede que Francisca Aguirre cante estas “Nanas para dormir desperdicios” en un afán de ponerlos en la balanza que el ser humano tiene dispuesta en sus dentros para hacer mediciones puntuales. Y así asistimos desde la íntima distancia del verso a una escenografía de los sentimientos, sin perder de vista el “prestigio de la ceniza” de la vida y “cuanto recuerda a la muerte”, en el convencimiento de que “hay que entonar la nana que nos pide” cada momento, “aún sabiendo / que esa canción de cuna nos aterra”.

© Manuel Garrido Palacios


HISTORIA DE UNA ANATOMÍA
 
Francisca Aguirre 
Premio Internacional Miguel Hernández 2010 
Hiperión. Madrid, 2010. 86 págs. 

PREMIO NACIONAL DE POESÍA 2011

Francisca Aguirre (Alicante, 1930) es una poeta/lateral de la generación del medio siglo; Y tardía respecto a sus coetáneos en la publicación de su primer libro, ya qué Ítaca data de 1971. El conjunto de su obra, que en buena medida descansa en la memoria y en una mirada ácida y tierna a la vez sobre los años de nuestra posguerra, tiene el extraño equilibrio que aporta la mezcla de un lirismo intenso y una expresión directa, conversacional: Es además una poesía de raíz existencialista y apegada a lo cotidiano. Aguirre, que en su libro anterior, Nana para dormir desperdicios (2007}, había situado en el centro de sus preocupaciones los recuerdos de infancia y menesterosidad bajo el primer franquismo, opta en Historia de una anatomía por desnudarse, por indagar en los ingredientes, reales e imaginarios, que conforman una biografía. Se trata de un diálogo sereno y lúcido, en el que la ternura acompaña a la introspección y en el que juega un papel esencial el distanciamiento a través de la ironía. El libro, que se abre con una cita de Coetzee “Un cuerpo dice la verdad”, es un recorrido por los espacios físicos (las manos, la boca, el pelo, la piel), psíquicos (la memoria, la voluntad, los sueños) y por los sentidos que conforman la subjeti vidad de un ser humano. Sólo en los últimos poemas (en el apartado titulado “Anamnesis” incorpora elementos ajenos, nos muestra indicios del otro, de los otros, de quien está al otro lado de la "anatomía". La poesía de Francisca Aguirre ha ido, con el paso del tiempo, reforzando el tono conversacional de sus primeros libros —especialmente de Los trescientos escalones (1977)—.despojándose de todo artificio y reforzando su expresión más clara, en algunos momentos próxima a lo naíf, lo que acerca su verso a algu nos de los poetas de la generación del 50 que cultivaron un lenguaje directo, casi coloquial (Ángel González, Sahagún, Cabañero),
El verso libre, el uso de la comparación en apariencia sencilla pero inteligente y polisémica, los encabalgamientos y quiebros que pone en juego dan lugar a una lírica de confesión serena, para leer en voz baja, como invitando a un diálogo íntimo.

© Manuel Rico.



(2 POEMAS DEL LIBRO)

LA MEMORIA



¡Ah memoria memoria!

Dónde está la palabra 
que alumbró la vida 
dónde están las palabras 
que cantaban siempre. 
¡Ah memoria memoria! 
Dónde sucede el manantial 
que riega la inocencia. 
Juegan al escondite las palabras 
y el alma las persigue inútilmente. 
Deben de estar detrás del tiempo 
contándole su vida a los recuerdos 
mientras llueve en La Alhambra 
mientras llueve en mi infancia 
como llovía en París 
hace ya mucho tiempo. 



LA PIEL 

Lo de la piel es realmente asombroso. 
Es sorprendente que una cosa tan fina 
sea capaz de contener algo 
tan inquietante 
como lo es el cuerpo humano. 
Pareciera que al primer embate la piel 
ese tejido tan precario y tan frágil 
caería hecho pedazos 
o más bien 
hecho polvo. 
Pero lo cierto es que resiste 
lo verdaderamente raro 
es que la piel 
resiste más que el corazón 
o la cabeza. 
A veces las palabras 
nos entierran el corazón. 
A veces la cabeza nos envenena el corazón. 
Pero la piel aguanta 
se tiñe de escarlata 
y aguanta 
le rechinan los poros 
pero aguanta. 
Es como una armadura 
un pequeño telón que nos defiende 
contra el dolor que intenta destruirnos. 

© Francisca Aguirre