LA INVENCIÓN DE LA MÚSICA

Ángel músico
Rosso Fiorentino. 1494-1540 (det.)
Galería de los Oficios (Florencia)

Alguien sopla un hueso hueco y otro lo machaca con una piedra. Acciones tan simples dan paso, sin saberlo, a una de las grandes revoluciones de la especie, pues el que sopla encuentra, sin buscarla, la melodía, y el que machaca el hueso topa, sin proponérselo, con la percusión. A poco que lo hagan con más o menos energía, ligero o cansinamente, dan con el ritmo. De ahí a Bach, Mozart, Beethoven o Vivaldi median milenios, pero así pudo empezar el milagro de la música, cuya secuencia casi completa hasta ahora puede verse, por ejemplo, en el Museo de Arte e Historia Natural parisino, Galería de la Evolución, 

© Manuel Garrido Palacios