
Alfonsa Acosta recoge en su libro ‘Al hilo de los días’ una selección de prosa y verso arrancados de su entorno vital: esa porción mágica del cuadro general llamada Almonte. Su voz bate los aires prologada por Odón Betanzos.
Es un convencimiento, una creencia que cada mujer es un mundo y cada hombre un proyecto, tal como alguien dice a Tasio en El Abandonario. Por eso leo con gozo el libro de Alfonsa de Almonte, como la llama Odón, porque dice lo que parece dicho pero que siempre está por decir: la poesía. Sin entrar en sus páginas lo presiento. Y ya abierto de par en par, lo confirmo.
Amanece el libro con una toma de aliento que Alfonsa Acosta necesita para decirse que ‘hoy es vida y canto de libertad’, que parece seguir la senda que traza Machado en Juan de Mairena: ‘Hoy es siempre todavía’, porque ella sabe que lo infinito es el deseo, no la vida, que la vivimos, como dijo el viejo maestro, bajo el señuelo del principio del placer. Se pregunta: ‘¿Quién dice que sea fácil sucumbir al vértigo?’. Y sigue: ‘¿De qué vive la vida y de qué vive?’ Sabe que las ilusiones fertilizan lo humano, que son ‘las cosas de verdad’, frente a las ‘salas solemnes donde el mundo se ordena a gusto de unos pocos’. Pide sensaciones ‘desde todos los ángulos de su cuerpo, porque ‘en la gran comitiva del color nos espera la vida’, que es lo único que tenemos.
Sabe, porque supo un día, que ‘la vida era algo inquietante’ que ‘todo era ya la otra orilla’, Vida de la que dice que ‘si lograra saber una pequeña parte de lo que ignoro de ella, sería yo un camino’. Sabe que al tren de sus versos se agarrarán muchas manos porque ella es ‘esperanza conseguida en el hecho de crear’. Contra la pobre cultura del crucigrama diario sabe que es verdad que tenemos que poner nosotros los valores, en palabras de Delibes. y que lo mismo que ‘el gorrión es el señor del alero’, el sentimiento reina sobre la razón.
Eso y más sabe Alfonsa Acosta. Y nos lo da a compartir en su libro ‘Al hilo de los días’, como quien se desprende de una porción de alma.
© Manuel Garrido Palacios